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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 29 de agosto de 2008

Blog de Marcelo Figueras

¿Adiós a las armas?

Esta historia es real.

El hombre compró el juguete para su hijo por tan sólo cinco pesos con cincuenta, el equivalente a poco más de un euro. Pensó que se había llevado una ganga, que haría feliz a su niño con tan poco. Había examinado la mercadería superficialmente, debido al apuro por llegar a casa antes de que cayese la noche: vio la pistolita de plástico, el par de esposas atadas al cartón por tiritas y cubiertas por un plástico transparente. Police Set, decía el cartón que oficiaba de base. Made in China. (Siempre Made in China).

Fue después, cuando el pequeño ya había destrozado plástico, cartón y tiritas, que advirtió algunas de las idiosincracias del set. Para empezar, la pistolita tenía como accesorio un silenciador. Se preguntó: ¿desde cuándo la policía dispara con silenciador, como si tuviese algo que ocultar? Pero nada lo preparó para el más colorido de los accesorios: una pequeña picana, cargada con una pila para producir descargas eléctricas –descargas leves, pero no por ello menos reales.

Una vez repuesto de su impresión, el hombre tuvo el tino de acudir a la Justicia y la Defensoría del Pueblo actuó de inmediato, solicitando a los comerciantes el retiro del Police Set de todos los estantes y vidrieras. La Defensora, Alicia Pierini, destacó ante la prensa la contradicción que emanaría del enseñarles a los niños sobre la cuestión de los derechos humanos –que figura en la currícula escolar, como uno de los correctivos a la experiencia de la dictadura en los 70- y después sugerirles, desde el juego, que es normal que un policía dispare envuelto en la protección del silencio y que torture a sus detenidos.

Yo no soy de los que creen que hay que prohibir el uso de las armas de juguete. Si lo hiciese sería infiel al disfrute que me ofrecieron cuando niño. Siempre me fascinaron, todavía hoy colecciono espadas y réplicas de pistolas y practico tiro con arco y flechas. (Lo cual me inhabilitaría moralmente para fingirme contrario a las armas de juguete; gracias al cielo que tan sólo tuve hijas mujeres, al menos hasta hoy). Sin embargo nunca utilicé un arma real en contra de nadie, y conste que la vida en este país me ha dado más de una excelente excusa para hacerlo.

El universo Barbie que subsumió la experiencia de juego con mis hijas me eximió de poner a punto una política sobre las armas de juguete, pero si debiese formular una de apuro diría: la violencia es parte de la vida, y en particular de la experiencia humana. Yo no querría formar criaturas violentas, pero tampoco criaturas que no supiesen cómo desenvolverse en este mundo. Si empezase prohibiéndoles las armas de juguete debería continuar prohibiéndole los programas de TV que ven todos sus compañeros, y terminaría vedándoles la visión de los noticieros. Y así formaría personalidades desgajadas de la realidad, y por ende débiles a la hora de plantarse ante la vida. Mi objetivo sería más bien mostrarles las cosas que ocurren a diario en el mundo, para que sepan dónde están parados, e imbuirlos a la vez de un respeto a todas las formas de vida que no convierta a la violencia en tabú, en algo oculto y por ello tentador, sino a la no violencia en una elección consciente –la elección superior, propia de los más fuertes.

Celebro la decisión de este padre, que enseñó a su hijo que la tortura constituye un delito y que por ello cualquiera que la practique es un delincuente –aún tratándose de un policía. Ese niño no sufrirá shock alguno cuando preste atención a los noticieros, por el contrario, estará preparado para asimilar la verdad. Y celebro la eficiencia de la Defensoría del Pueblo, que esta vez hizo honor al rimbombante título de su oficina.

[Publicado el 16/6/2006 a las 09:30]

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Comentarios (17)

  • Siempre nos quedará Kamchatka.

    Comentado por: Lucas el 18/6/2006 a las 18:43

  • Siempre nos quedará Kamchatka, ¿no?

    Comentado por: Ana María Berasategui el 18/6/2006 a las 16:09

  • Se celebra al padre que recurrió a la Defensoría del Pueblo y se celebra a la Defensoría por su eficiencia.
    Acá en Centro América, por desgracia, las Defensorías son bastante ineficientes y en El Salvador, por ejemplo, ya han asaltado a más de alguno con esos Police Sets.
    Saludos.

    Comentado por: Jacinta el 17/6/2006 a las 07:20

  • Yo también me sumo a la celebración, ¡faltaría más!:

    El libro que estaba leyendo por entonces era de Paul West, un autor inglés, aunque parecía haberse liberado de las preocupaciones nimias de la novela inglesa. Su libro trataba de Hitler y de la gente que intentó asesinar a Hitler en la Wehrmacht, y les estaba gustando hasta que llegó a los capítulos que describían la ejecución de los conspiradores. ¿De dónde podía haber sacado West aquella información? ¿Es posible que aquella noche hubiera testigos que se fueran a sus casas y antes de olvidarse, antes de que se les borrara la memoria para salvarse a sí misma, escribieran, con unas palabras que debieron de calcinar la página, un relato de lo que habían visto, incluyendo las palabras que el verdugo había dicho a las almas asignadas a sus manos, en su mayoría viejos balbuceantes, despojados de sus uniformes, ataviados para su última hora con ropa vieja de la cárcel, pantalones de sarga llenos de roña, jerséis con agujeros de polilla, sin zapatos ni cinturones, despojados de sus dentaduras postizas y sus gafas, temblando, con las manos en los bolsillos para evitar que se les cayeran los pantalones, gimiendo de frío, tragándose las lágrimas, obligados a escuchar cómo aquella hosca criatura, aquel verdugo con las uñas sucias de la sangre de la semana pasada, los hostigaba, les decía lo que les iba a pasar cuando la soga se tensara, les explicaba que la mierda les caería por sus canillas de ancianos y que sus penes flácidos y viejos temblarían por última vez? Uno tras otro fueron al cadalso, situado en un espacio anodino (…), bajo unas luces de arco de carbono destinadas a que en su guarida Adolf Hitler, el comandante en jefe, pudiera ver la filmación de sus sollozos y de sus temblores y luego de su inmovilidad, la inmovilidad inerte de la carne muerta, y quedarse satisfecho de su venganza.

    Esto es lo que el novelista Paul West había escrito, página tras página tras página, sin dejar nada fuera. Y eso es lo que ella leyó,
    harta del espectáculo, harta de sí misma, harta de un mundo en que pasaban aquellas cosas, hasta que finalmente dejó el libro y se sentó con la cabeza apoyada en las manos. “¡Obscenidad!”, quería gritar, pero no lo hizo porque no sabía a quién iba dirigida la palabra: a sí misma, a West, o al comite de ángeles que observan impasibles todo lo que pasa. Obscenidad porque esas cosas no deberían suceder, y nuevamente obsceno
    porque después de que hayan tenido lugar nadie debería sacarlas a ala luz, sino que habría que taparlas y esconderlas para siempre en las entrañas de la tierra, igual que lo que pasa en los mataderos de todo el mundo, si
    uno quiere conservar la cordura.
    (…)
    ¿Y si intenta suavizar su tesis? ¿Y si sugiere que, al representar el funcionamiento del mal, el escritor puede conseguir “sin saberlo” que el mal resulte tractivo y por tanto esté haciendo más mal que bien?
    (…)

    Ella es muy consciente de lo anticuado que suena todo esto. A West le saldrán millares de defensores. “¿Cómo podemos conocer los horrores de los nazis –dirán esos defensores–, si prohibimos que nuestros artistas los recreen para nosotros? Paul West no es un diablo, sino un héroe: se ha aventurado en el laberinto del pasado de Europa, se ha enfrentado al Minotauro y ha regresado para contarlo.”
    (…)
    [La lectura de esa novela] no la ha enriquecido en modo alguno; más bien la ha ensuciado, enmelándole el espíritu con algo de las miasmas de inhumanidad y salvajismo que exhalaban sus páginas.


    Elizabeth Costello, J.M. Coetzee

    *******
    ¡Cuánto me gustaría que alguien argumentase contra Elizabeth Costello, de un modo civilizado y racional, claro, de un modo tranquilo y mesurado, por supuesto (¡y dejando de lado las alusiones a los futbolistas!)

    Arguméntenme, por favor.

    (Y también está lo que dejó dicho Manuel Vincent: Consideraba que vivir sin que el telediario le contaminara era su mejor obra de arte...)

    Comentado por: Isabel Mercedes el 16/6/2006 a las 19:25

  • WALRUS NO SÉ EN QUÉ MUNDO VIVES, ¿es OSCURO y horripilante?, porque es una necedad atribuir la exclusiva de la moral a los curas.


    Comentado por: Lucio el 16/6/2006 a las 19:14

  • El libro que estaba leyendo por entonces era de Paul West, un autor inglés, aunque parecía haberse liberado de las preocupaciones nimias de la novela inglesa. Su libro trataba de Hitler y de la gente que intentó asesinar a Hitler en la Wehrmacht, y les estaba gustando hasta que llegó a los capítulos que describían la ejecución de los conspiradores. ¿De dónde podía haber sacado West aquella información? ¿Es posible que aquella noche hubiera testigos que se fueran a sus casas y antes de olvidarse, antes de que se les borrara la memoria para salvarse a sí misma, escribieran, con unas palabras que debieron de calcinar la página, un relato de lo que habían visto, incluyendo las palabras que el verdugo había dicho a las almas asignadas a sus manos, en su mayoría viejos balbuceantes, despojados de sus uniformes, ataviados para su última hora con ropa vieja de la cárcel, pantalones de sarga llenos de roña, jerséis con agujeros de polilla, sin zapatos ni cinturones, despojados de sus dentaduras postizas y sus gafas, temblando, con las manos en los bolsillos para evitar que se les cayeran los pantalones, gimiendo de frío, tragándose las lágrimas, obligados a escuchar cómo aquella hosca criatura, aquel verdugo con las uñas sucias de la sangre de la semana pasada, los hostigaba, les decía lo que les iba a pasar cuando la soga se tensara, les explicaba que la mierda les caería por sus canillas de ancianos y que sus penes flácidos y viejos temblarían por última vez? Uno tras otro fueron al cadalso, situado en un espacio anodino (…), bajo unas luces de arco de carbono destinadas a que en su guarida Adolf Hitler, el comandante en jefe, pudiera ver la filmación de sus sollozos y de sus temblores y luego de su inmovilidad, la inmovilidad inerte de la carne muerta, y quedarse satisfecho de su venganza.

    Esto es lo que el novelista Paul West había escrito, página tras página tras página, sin dejar nada fuera. Y eso es lo que ella leyó,
    harta del espectáculo, harta de sí misma, harta de un mundo en que pasaban aquellas cosas, hasta que finalmente dejó el libro y se sentó con la cabeza apoyada en las manos. “¡Obscenidad!”, quería gritar, pero no lo hizo porque no sabía a quién iba dirigida la palabra: a sí misma, a West, o al comite de ángeles que observan impasibles todo lo que pasa. Obscenidad porque esas cosas no deberían suceder, y nuevamente obsceno
    porque después de que hayan tenido lugar nadie debería sacarlas a ala luz, sino que habría que taparlas y esconderlas para siempre en las entrañas de la tierra, igual que lo que pasa en los mataderos de todo el mundo, si
    uno quiere conservar la cordura.
    (…)
    ¿Y si intenta suavizar su tesis? ¿Y si sugiere que, al representar el funcionamiento del mal, el escritor puede conseguir “sin saberlo” que el mal resulte tractivo y por tanto esté haciendo más mal que bien?
    (…)

    Ella es muy consciente de lo anticuado que suena todo esto. A West le saldrán millares de defensores. “¿Cómo podemos conocer los horrores de los nazis –dirán esos defensores–, si prohibimos que nuestros artistas los recreen para nosotros? Paul West no es un diablo, sino un héroe: se ha aventurado en el laberinto del pasado de Europa, se ha enfrentado al Minotauro y ha regresado para contarlo.”
    (…)
    [La lectura de esa novela] no la ha enriquecido en modo alguno; más bien la ha ensuciado, enmelándole el espíritu con algo de las miasmas de inhumanidad y salvajismo que exhalaban sus páginas.


    Elizabeth Costello, J.M. Coetzee





    Comentado por: Araceli Llompart el 16/6/2006 a las 19:10

  • Adiós, a mí también me llegó el momento de despedirme.
    Gracias por todos los buenos momentos que me han proporcionado.

    Comentado por: Lucio el 16/6/2006 a las 19:09

  • ¿No les gusta Coetzee? ¡Qué fácil cargarse a las voces disonantes!, ¿no?

    Otro que habla desde el púlpito: Manuel Vincent en "Travesía" (artículo aparecido en "El País" el 23 de junio de 2002:

    Consideraba que vivir sin que el telediario le contaminara era su mejor obra de arte, porque el crimen que contemplara en la pantalla era un crimen que en cierto modo él también cometía, puesto que un espectáculo siempre lo completa el espectador cuando lo asimila.


    WALRUS NO SÉ EN QUÉ MUNDO VIVES, ¿es OSCURO y horripilante, porque es una necedad atribuir la exclusiva de la moral a los curas.
    ¿En qué mundo vivimos, estimado Marcelo?

    Comentado por: Lucio el 16/6/2006 a las 19:07

  • Otro que habla desde el púlpito: ¡No se lo pierdan!:

    El libro que estaba leyendo por entonces era de Paul West, un autor inglés, aunque parecía haberse liberado de las preocupaciones nimias de la novela inglesa. Su libro trataba de Hitler y de la gente que intentó asesinar a Hitler en la Wehrmacht, y les estaba gustando hasta que llegó a los capítulos que describían la ejecución de los conspiradores. ¿De dónde podía haber sacado West aquella información? ¿Es posible que aquella noche hubiera testigos que se fueran a sus casas y antes de olvidarse, antes de que se les borrara la memoria para salvarse a sí misma, escribieran, con unas palabras que debieron de calcinar la página, un relato de lo que habían visto, incluyendo las palabras que el verdugo había dicho a las almas asignadas a sus manos, en su mayoría viejos balbuceantes, despojados de sus uniformes, ataviados para su última hora con ropa vieja de la cárcel, pantalones de sarga llenos de roña, jerséis con agujeros de polilla, sin zapatos ni cinturones, despojados de sus dentaduras postizas y sus gafas, temblando, con las manos en los bolsillos para evitar que se les cayeran los pantalones, gimiendo de frío, tragándose las lágrimas, obligados a escuchar cómo aquella hosca criatura, aquel verdugo con las uñas sucias de la sangre de la semana pasada, los hostigaba, les decía lo que les iba a pasar cuando la soga se tensara, les explicaba que la mierda les caería por sus canillas de ancianos y que sus penes flácidos y viejos temblarían por última vez? Uno tras otro fueron al cadalso, situado en un espacio anodino (…), bajo unas luces de arco de carbono destinadas a que en su guarida Adolf Hitler, el comandante en jefe, pudiera ver la filmación de sus sollozos y de sus temblores y luego de su inmovilidad, la inmovilidad inerte de la carne muerta, y quedarse satisfecho de su venganza.

    Esto es lo que el novelista Paul West había escrito, página tras página tras página, sin dejar nada fuera. Y eso es lo que ella leyó,
    harta del espectáculo, harta de sí misma, harta de un mundo en que pasaban aquellas cosas, hasta que finalmente dejó el libro y se sentó con la cabeza apoyada en las manos. “¡Obscenidad!”, quería gritar, pero no lo hizo porque no sabía a quién iba dirigida la palabra: a sí misma, a West, o al comite de ángeles que observan impasibles todo lo que pasa. Obscenidad porque esas cosas no deberían suceder, y nuevamente obsceno
    porque después de que hayan tenido lugar nadie debería sacarlas a ala luz, sino que habría que taparlas y esconderlas para siempre en las entrañas de la tierra, igual que lo que pasa en los mataderos de todo el mundo, si
    uno quiere conservar la cordura.
    (…)
    ¿Y si intenta suavizar su tesis? ¿Y si sugiere que, al representar el funcionamiento del mal, el escritor puede conseguir “sin saberlo” que el mal resulte tractivo y por tanto esté haciendo más mal que bien?
    (…)

    Ella es muy consciente de lo anticuado que suena todo esto. A West le saldrán millares de defensores. “¿Cómo podemos conocer los horrores de los nazis –dirán esos defensores–, si prohibimos que nuestros artistas los recreen para nosotros? Paul West no es un diablo, sino un héroe: se ha aventurado en el laberinto del pasado de Europa, se ha enfrentado al Minotauro y ha regresado para contarlo.”
    (…)
    [La lectura de esa novela] no la ha enriquecido en modo alguno; más bien la ha ensuciado, enmelándole el espíritu con algo de las miasmas de inhumanidad y salvajismo que exhalaban sus páginas.


    Elizabeth Costello, J.M. Coetzee



    Comentado por: Lucio el 16/6/2006 a las 19:00

  • A los niños hay que prepararlos para todo, pero de forma paulatina. El problema de la TV es que (si no hay censura por parte de los padres) nos muestra ese "todo" de golpe y porrazo, sin filtros.

    Mis hijos hasta los 6 años solo veían canales infantiles (realmente infantiles, no esos dibujos animados psicóticos), luego se les fue ampliando el rango de canales y ahora ven History Channel. Violencia histórica y real, pero conversada con ellos.

    A sus 9 años todavía no dejamos que vean noticieros ni menos telenovelas. Lo que ambos nos muestran son desviaciones de la conducta humana, que aún no están listos para asimilar.

    Comentado por: Fátima el 16/6/2006 a las 18:58

  • Alentador el camino que toma la historia, en definitiva.
    Me sumo a su celebración, Figueras.
    Tengo arriba de setenta canales en mi servicio de cable y no miro más de siete u ocho horas de televisión por semana. Cosas buenas hay, solo hay que saber buscarlas y no asustarse en el intento.
    En definitiva creo que privarme de un canal de comunicación y expresión cultural mundial -nunca tanto como hasta ahora- tan importante como la tv, sería un error.
    Restar, nunca suma.

    Pd. Giulius Ud habla desde un autoimpuesto púlpito. (La última vez que oí hablar desde un púlpito fue al ex obispo castrense argentino Antonio Baseotto, quien sugirió colgarle una piedra al cuello al ministro de salud argentino Gines González y tirarlo al rio, emulando los vuelos de la muerte que el govierno militar argentino de facto, llevó a cabo durante la última dictadura militar, por expresarse a favor de un debate sobre el aborto.)
    ¿Ud. enarbola una bandera que reza: "NO A LA TV, SI A LA VIDA" ...?
    Pero, ¿de que estamos hablando ?

    Comentado por: Walrus el 16/6/2006 a las 18:32

  • ¡Qué excepcional y conmovedor el artículo de Manuel Vincent!
    ¿Cómo reconstruir la cultura?
    ¿A qué oído prestar más atención? ¿Al oído derecho, lleno de alegría por los cánticos de las aves?
    ¿O al izquierdo, inundado de miseria por la voz INSISTENTE del locutor de radio?
    ¡Terrible dilema!
    ¿Nos llenan de paz, de alegría los cantos de los pájaros? ¿De felicidad?
    Esa felicidad es transmisible...
    La miseria, no.
    Creo que ser feliz es nuestro único imperativo moral...., aquí en la tierra. ¡En serio!
    besos

    Comentado por: Olga Trevijano el 16/6/2006 a las 14:44

  • Así, se corre el riesgo de pasar la vida dormitando ante cualquier pantalla y olvidar que fuera de ese cuadro reluciente hay todo un mundo bello que vale la pena aquilatar.

    Manuel Vincent lo explica en cita larga, pero sin desperdicio: «En la colonia donde vivo empiezan a cantar los mirlos a las seis de la ma?ana. Tengo el privilegio de que me despierten sus gorjeos tan delicados antes de la salida del sol. A esa misma hora pongo la radio y me quedo en la cama sumido en una suave somnolencia mirando al techo sin pensar en nada.
    Por la ventana entran los cánticos de estas aves que me llenan de alegría el oído derecho,
    desde la mesilla de noche llega la voz persistente de un locutor que me inunda de miseria el oído izquierdo.
    Me debato entre ambos mensajes. (?)
    Si me dejo llevar por la voz de las aves, ellas me conducen hacia un refugio maravilloso donde toda la gente se encuentra a salvo. Si me dejo seducir por la voz del locutor,
    ella me adentra en un laberinto de corrupción, crímenes, guerras,
    escándalos, calumnias, injurias, insultos y fragilidades humanas.

    La somnolencia de esta primera hora de la mañana forma parte aún de mi inconsciente y no sé distinguir muy bien qué es lo irreal, si la vida que canta en las acacias o la muerte que se ha apoderado de la radio. (?)

    En realidad se trata de dos concepciones modernas del mundo. Ante el deterioro absoluto de la existencia humana unos creen que hay que adelantar el infierno a la muerte para que se purifiquen previamente los que van a ser condenados.
    La otra opción consiste en reconstruir de nuevo la cultura desde una flor y el canto de un pájaro»[ix].
    ------------

    Sí, habrá que ir pensando en despedirse.

    ------------
    El canto de un pájaro o...
    _____________
    El artículo entero:
    http://www.istmoenlinea.com.mx/articulo.html?ID=25005&PHPSESSID=d0e14df6998dee7f04d9500aa2b0becd



    Comentado por: Nicolás el 16/6/2006 a las 14:27

  • No quería decir "sólo nos muestran en muerte", sino "sólo nos muestran la muerte", claro.

    Queridos míos, me olvidaba, tendréis que ir pensando en despediros de vuestros amigos de la otra parte del Atlántico. Sí, ya sé, es triste, pero no os queda otro remedio, lo sabéis.
    Yo me despido, esta vez de verdad (a veces cuesta tanto...)
    Un abrazo.

    Comentado por: Giulius el 16/6/2006 a las 13:46

  • Mis queridos negadores de la realidad, mis eternos adolescentes (en el mejor sentido de la palabra), me llena de hondísima satisfacción ver que al menos una lección sí la tenéis profunda, irreversiblemente asimilada:
    los medios de formación de masas (¡genial término acuñado por el insigne Agustín García Calvo, espíritu visionario donde los haya!), los medios de formación de masas, repito, no tienen más finalidad que malear conzienzuda, sistemáticamente el espíritu humano.
    Sí, si al menos eso tenéis claro os felicito, os jaleo: ¡bravo!
    Mis circunstancias personales no interesan, ya lo sé, pero no puedo resistir la tentación de deciros que también yo he prescindido, hace ya tantos años que ni me acuerdo, del maléfico televisor. ¡De qué manera ha mejorado mi calidad de vida -como se dice vulgarmente- desde entonces!
    El mal que transmiten las pantallas de los televisores se consuma en el espíritu de los televidentes.
    ¡Digamos no a los señores del aire!
    Pero muramos pronunciando un sí rotundo a la vida, que no está allá donde nos la muestran (sólo nos muestran en muerte) sino en otra parte.
    Sí a la vida
    sí al arte
    sí al amor, a la amistad
    No a la guerra y a los medios de formación de masas.

    Comentado por: Giulius el 16/6/2006 a las 13:43

  • Desde luego que en una gran ciudad es como imposible pretender que un padre, una madre, una pareja pueda conseguir que sus hijos prescindan de la televisión y demás.
    Pero en otros ambientes todo es más fácil.

    Estoy de acuerdo con Nicolás en que se da un tratamiento demasiado morboso a las noticias en la televisión. Aquí en España el tratamiento televisivo de la muerte, de enfermedades, desgracias, cataclismos, etc. es absolutamente indecente, escandaloso. Tan inmoral que te petrifica delante del aparato.

    Yo también he dejado de ver noticieros hace mucho tiempo. Me informo por los diarios. Y no siempre. De todos modos de lo importante siempre acabas informándote.

    La complacencia en el mal de los medios de comunicación de masas es, repito, absolutamente repugnante.
    Y todos esos que siguen con tanto anhelo, cada día, a traves de sus televisores lo que va ocurriendo en el mundo, ¿actúan luego en consecuencia con lo que ven? Ya no pido ni siquiera que actúen, ¿cómo asimilan el mal que cada día, gota a gota, absorben desde las pantallas de sus aparatos?
    ¿Cómo se encuentran después? ¿Se sienten animosos, llenos de ganas de ayudar a mejorar la terribles circunstancias de tantos grupos sociales y de tantos países explotados y denigrados?
    ¿Cómo se sienten? ¿Animosos?, como digo. ¿O abatidos y desanimados? ¿O quizás incluso aliviados de que ellos no vivan según que terribles situaciones?
    Lo he vivido, lo he visto, lo he oído: la mujer que después de haber sido informada de la cifra anual de niños que mueren de hambre en África, exclama: ¡Ay, qué suerte, que bien que estamos nosotros!
    ¿No cumplen también los medios de formación de masas esa función? La de asegurarnos a los habitantes del así llamado primer mundo que vivimos en el mejor de los mundos posibles.
    ¡Coca Cola y Walt Disney para todos!


    Comentado por: Ana María Berasategui el 16/6/2006 a las 12:34

  • "Si empezase prohibiéndoles las armas de juguete debería continuar prohibiéndole los programas de TV que ven todos sus compañeros, y terminaría vedándoles la visión de los noticieros. Y así formaría personalidades desgajadas de la realidad, y por ende débiles a la hora de plantarse ante la vida."
    -------------
    Muy interesante, señor Figueras. Sí señor. Pero una previa: ¿qué es la realidad en su opinión?
    Si veda la visión de los noticieros a sus chicas, las desgaja de la realidad. Muy interesante. Sí señor.
    Pero ¿qué es la realidad?
    ¿De qué realidad desgajamos a niños y adolescentes si no les damos opción a ver los noticieros?
    ¿Cree que la realidad de un adolescente tiene algo que ver con lo que sucede diariamente en Irak, en Ghana, o en Palestina?
    Yo no estoy por prohibir la visión de los noticieros a personas en formación, no, estoy por prohibir directamente la existencia de la televisión en sus vidas?
    ¿Qué les aporta? ¿Qué nos aporta? Es una falacia pensar que así creamos a personas más conscientes del mundo en que vivimos.
    De todos modos acabas por darte cuenta de cómo es este mundo, con televisión o sin televisión.
    Me niego a que me impongan una realidad que no tiene nada que ver conmigo.
    Al final acabamos por creer que la única realidad que existe es la que echan por la tele.
    La televisión explota por lo general el morbo de la gente.
    ¿Por qué me tienen que informar de que una mujer de Huelva (España) ha degollado a sus siete hijos y luehçgo ha acabado suicidándose?
    ¿Interesa esta noticia a un chino o a un argentino? ¿NO? Pues entonces a mi tampoco me interesa tal información.
    ¿No cree usted, como yo, que la televisión perpetúa la convicción de las gentes de que todo está muy mal y que no hay nada que hacer?

    Comentado por: Nicolás el 16/6/2006 a las 12:10

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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