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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

En defensa del niño que hay en mí

No sé por qué tiendo cada vez más a meter niños en mis ficciones. Mi amiga Ana Tagarro me lo preguntó hace ya tiempo, cuando la tendencia estaba mucho más oculta que hoy. Todo lo que podía servir por entonces como prueba era el hecho de que mi primer novela, El muchacho peronista, y también la tercera, Kamchatka, estuviesen narradas por niños en primera persona. Hoy ya no podría alegar casualidad. Mi cuarta novela, La batalla del calentamiento, tiene entre sus protagonistas a una niña bastante peculiar. (No se preocupen, que no está narrada en primera persona. Para ser preciso, está narrada por una voz omnisciente que se expresa en la primera del plural…) Y ahí está mi primer libro para chicos, Gus Weller rompe el molde, a poco tiempo de salir a la calle. Y el cortometraje que estoy por filmar, Pibe, que utiliza a un personaje infantil del que espero sea mi primer largo. Mi hija Agustina comentó la cuestión hace pocas semanas: “A papá le gustan las historias con nenitos, qué tierno,” con esa mezcla de respeto e ironía simultáneas que tan bien manejan los jóvenes. Quizás deba atribuírselo al hecho de haber pasado casi diez meses en el vientre de mi madre, en vez de los nueve convencionales. Me sacaron por la fuerza, dado que yo no di opciones. Debo haber pensado que había logrado engañar a los médicos definitivamente, y creído que podría permanecer en mi escondite para siempre: un niño eterno.

Este fin de semana vi dos películas en las que los niños juegan roles centrales. Una es la iraquí-iraní Las tortugas también vuelan. La otra es la italiana Domicilio privado, de Saverio Costanzo. Por cierto, están muy lejos de ser películas infantiles. Las tortugas cuenta la vida cotidana de un grupo de niños iraquíes en vísperas de la invasión norteamericana de 2003, muchos de los cuales sobreviven vendiendo las minas que abundan en el territorio lindante con su campo de refugiados. A uno de los actorcitos le falta una pierna. A otro los dos brazos. Y no se trata, aquí, de efectos especiales. Domicilio privado cuenta la historia de una familia palestina cuya casa es ocupada por soldados israelíes. El matrimonio tiene cinco hijos: dos son todavía niños y los otros tres todavía no dejaron del todo de serlo. Los efectos de esta violación del espacio privado sobre los niños son los más insoportables, así como lo son también sobre las criaturas de Las tortugas, y por eso producen en sus narraciones el suspenso más intolerable que haya experimentado en mucho tiempo con película alguna.

El efecto es el mismo que perseguía Kamchatka: transparentar el horror de una política de Estado al narrar sus efectos sobre un niño, que es el inocente por antonomasia. Utilizar un protagonista maduro hace que el lector / espectador levante las barreras de sus prejuicios o de sus posturas fijadas, porque bien o mal el adulto toma decisiones respecto de su destino y por ende lidia con las consecuencias de sus actos. Pero el niño no, el niño tan sólo está ahí, no ha elegido nada, no ha decidido nada, las culpas que paga son siempre ajenas: no le queda otra que tratar de sobrevivir a la desgracia que le imponen, echándole al mal tiempo su mejor cara. El protagonista niño demuele todas las argumentaciones políticas e ideológicas de los adultos, ¡todas esas excusas!, porque ¿quién que no sea un cínico o un supremacista nato puede defender las bondades de una política que necesita torturar niños para imponerse?

Tengo otras razones para preferir a los niños como protagonistas de mis ficciones. (También los prefiero en la vida real; mis hijas se ríen de mí porque en las reuniones tiendo a huir del conclave de los adultos para jugar con los más chicos, que por cierto son más divertidos.) No pretendo originalidad al argumentar que encuentro en los niños lo mejor del animal humano: su exuberancia, su sentido del humor, su creatividad, su capacidad para encontrar el juego en todo, su desenfado, el surrealismo con el que discurre su pensamiento y la naturalidad con que se relacionan con las inmundicias que el cuerpo produce en todo momento. También tiendo a ver a los adultos en relación a la fidelidad o infidelidad con que se han comportado respecto de los sueños que alentaban de niños, quizás porque mis mejores momentos son aquellos en que permanezco más fiel a aquel aliento. Y no niego que en ellos también veo el germen del egoísmo y de la crueldad; pero al tratarse de niños, sé que el daño que hacen y se hacen al comportarse así no puede ser sino minúsculo; y que no podría decir lo mismo respecto de los adultos.

Dejé este texto a medio hacer durante unos minutos, para acompañar a Agustina hasta la parada del autobús. En el ascensor le dije que la había mencionado en el blog, y le expliqué por qué. Entonces sonrió con buena leche y dijo: “Es que vos siempre fuiste un nenito, y siempre vas a serlo”. Lo cual, imagino, hace innecesaria ninguna otra explicación.

[Publicado el 05/6/2006 a las 11:03]

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Comentarios (12)

  • ¡Altísimo Marcelo!

    Comentado por: Alba el 10/6/2006 a las 19:13

  • ich finde, dass Ihre Tochter einen sehr schönen Namen hat
    mit freundlichen Grüssen

    Comentado por: Marcus Freund el 06/6/2006 a las 11:27

  • ¿Un texto duro?
    No entiendo en absoluto cómo puede afirmar algo así.
    Es un texto humano, CALIDO.
    Lo último que diría de ese texto es que es un texto "duro". ¿En qué estaba usted pensando cuando afirmo lo que afirmó?

    Comentado por: Ana María Berasategui el 06/6/2006 a las 09:39

  • Sabe?, el otro día cuando vi la fotografía del sargento ( creo que es sargento) norteamericano vestido todo él con el uniforme militar y debajo él mismo, él? o un niño jugando a ir a caballo encima de un perro torturando a un iraqui atado en el suelo? pensé... me gustaría ser juez para enseñarle la foto y preguntarle, dónde te gustas más.... ?

    Torturar, se debió ver él, el militar cabalgando a un perro negro para asustar a un hombre en el suelo?

    Uy! los cuentos, la niñez, creo que es de lo más perverso ser pederasta o torturador de niños... no lo entiendo.
    Es duro su texto

    Comentado por: Enea el 05/6/2006 a las 22:25

  • Creo que recordaré 8siempre) el texto donde comentó que un niño espraba a sus padres y murió, no de infarto ( lo comenté con un compañero). No odio la tortura, no la entiendo, y menos en la infancia. Creo en todas las épocas de la ... vida, no es mejor una que otra para mí es distinto, creces con recuerdos bellos y desagrdables, la vida...
    Es duro su texto pero hermoso
    Enea

    Comentado por: Enea el 05/6/2006 a las 22:17

  • Mozart fue un niño eterno.
    ¿Han leído sus cartas? Ese prodigio de espontaneidad, frescura, libertad, y, en cierto modo, ingenuidad.
    Mozart siempre estuvo conectado a la fuente de la vida, porque la vida lo es todo: la infancia, la juventud, la madurez, la ancianidad...
    Mozart poseía la alegría, gracia y frescura de un niño
    la vitalidad, el arrebato, el romanticismo de un joven
    el equilibrio de una persona madura
    la sabiduría y la experiencia de un anciano
    ¡No estaba mutilado!

    Mozart es uno de mis héroes, el eterno niño (como Höderlin).

    Comentado por: Ana María Berasategui el 05/6/2006 a las 21:57

  • Creo que una de las pocas cosas que puede enfurecerme de verdad en mi vida cotidiana es el ataque contra la pureza de los niños.
    ¡Puedo convertirme en una ménade y sacar los ojos a quien intente corromper a un niño!
    Una auténtica furia, en serio.
    Todo un espectáculo.

    Comentado por: Ana María Berasategui el 05/6/2006 a las 21:44

  • ¡Qué casualidad, Andrea! (¿Eres la Andrea que conozco?) Yo también tengo siete sobrinas, y lo que más me gusta en este mundo es jugar con ellas.

    Me gustan las personas que aún conservan al niño que fueron dentro de sí.
    Significa que no están domados, al menos no del todo.
    Significan que aún conservan en lo esencial una mirada pura y curiosa, siempre dispuestos a aprender.
    Significa que saben jugar, que su espíritu es lígero y audaz.

    Los niños son muy importantes en mi vida.

    *** Siempre me ha conmovido especialmente este mensaje de jesús:
    Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más vale que le cuelguen al cuello una de esas pieza de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar.

    Comentado por: Ana María Berasategui el 05/6/2006 a las 21:38

  • Bien Figueras
    Ya leeré Gus Weller rompe el molde.

    Nuevamente agradezco por las palabras de todos los días

    Un saludo


    Comentado por: José el 05/6/2006 a las 21:36

  • Me ha gustado mucho su artículo, señor Figueras, y comparto esencialmente sus puntos de vista.
    Cuando la familia se reúne, yo también prefiero, siempre, como usted, jugar con los niños antes que conversar con los adultos, quienes me consideran muy cría en este aspecto y a veces "alucinan" conmigo. Los niños me revivifican; los adultos, no.
    El gran problema que me suscita su texto es que hoy en día a los niños casi no se les deja ser niños porque no se les permite desarrollar libremente su imaginación.
    No es que los padres sean muy malos y quieran cortarles las alas a sus hijos, pero lo cierto es que la mayoría no hace nada para impedir que sus retoños estén menos pegados a la tele y consuman menos videos.
    Tengo siete sobrinas, hablo por experiencia. Cuando dos de ellas eran muy pequeñitas (aún no habían cumplido los tres años) les encantaba que les contara cuentos, pero ahora (que ya tienen cinco y seis) casi prefieren ver el video de la Pocahontas que escuchar un cuento.
    Claro que los padres tienen mucho que ver con este comportamiento de sus hijos. Llegan cansados del trabajo y lo que les resulta más cómodo es "enchufar" a sus hijos a la tele (disney chanel y así).
    Le parecerá que ahora describo tal situación con mucha frialdad pero le aseguro que tal estado de cosas me ha partido siempre el corazón (quizás ahora lo asuma más, eso sí).

    Por otro lado pienso que la educación (la educación que normalmente se imparte) es, básicamente, un proceso de doma del niño (habrá progenitores que sean conscientes de ello, otros no).
    Por eso se entiende que personas que fueron niños maravillosos, luego se conviertan en adultos frustrados: porque no les dejaron desarrollarse libre y plenamente.

    Yo agradezco enormente a mis padres que me hayan dejado crecer en libertad, que no me hayan encauzado más de lo imprescindible.

    Abrazos.

    Comentado por: Andrea de Niro el 05/6/2006 a las 20:20

  • felicidades

    Comentado por: rigoberta el 05/6/2006 a las 19:59

  • Sí, ya dijo Hölderlin:
    Die Schönheit ist den Kindern eigen (la belleza es inherente a los niños)

    Y Rousseau: La nature veut que les enfants soient enfants avant que d'être hommes

    Saludos.

    Comentado por: Juana Sánchez el 05/6/2006 a las 19:27

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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