El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 4 de julio de 2008
Fruta extraña
¿Cuáles son las canciones más tristes del mundo? El flamante libro de Tom Reynolds I Hate Myself and I Want to Die: The 52 Most Depressing Songs You’ve Ever Heard trata de responder esa pregunta. Entre su selección figuran algunas canciones obvias: Strange Fruit interpretada por Billie Holliday, Prayers for Rain de The Cure y hasta la versión que Celine Dion hizo de All By Myself. Pero por supuesto, cada uno de nosotros podría confeccionar su propia lista. Y eso sin necesidad de entrar en la discusión que el libro presenta, porque una cosa son las canciones depresivas, como el título las define, y otra muy distinta las canciones tristes –que son las que yo prefiero.
En mi lista seguramente figuraría la versión del Aleluya de Leonard Cohen interpretada por Jeff Buckley. (Tardé varios meses en dejar de llorar cada vez que la escuchaba, y eso que la oía varias veces al día.) Cuando era más chico me pasaba con algunas canciones de Simon & Garfunkel, como Scarborough Fair / Canticle, The Boxer y The Only Living Boy in New York. Aunque imagino que en buena medida la melancolía adolescente tuvo mucho que ver, siguen siendo canciones de una tristeza exquisita.
Tampoco podría faltar Romance de Curro el Palmo, del disco que Serrat le dedicó a los poemas de Miguel Hernández. ¿Es posible concebir un verso final más triste que: “Tanto penar para morirse uno”? Charly García aportaría varias melodías: Rasguña las piedras de su época de Sui Generis, una canción dirigida a una amada muerta y enterrada (“Y escarbo hasta abrazarte / Y me sangran las manos”), y Viernes 3 A.M. de su etapa con el grupo Serú Girán, que no es otra cosa que la crónica de un suicidio. Su último verso dice simplemente: “Los que no pueden más / Se van”.
Las canciones tristes de The Smiths, y de Morrissey como solista, deberían tener un libro aparte puesto que son y han sido su especialidad. Páginas como Reel Around the Fountain, Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me y November Spawned a Monster elevan la tristeza a la categoría de arte. Algo parecido podría predicarse de R.E.M., el grupo de otros apóstoles de la melancolía: entre sus canciones tristes prefiero Nightswimming, que es simplemente una de mis canciones favoritas.
Se me ocurren otras miles. My Funny Valentine en la versión de Chet Baker. Clouds, de Joni Mitchell. Luka, de Suzanne Vega. Not Dark Yet, de Bob Dylan. Y por favor, no me hagan meterme con el tango. Deben existir pocas cosas más desoladoramente tristes que Gardel cantando Sus ojos se cerraron: “Por qué sus alas tan cruel quemó la vida / Por qué esa mueca siniestra de la suerte / Quise abrigarla y más pudo la muerte…”.
Una de las condiciones sine qua non de la perfecta canción triste es ese matiz que, precisamente, la separa de una canción depresiva. Aún en su infinita tristeza, las canciones que prefiero incluyen una dosis de alegría. Y no cualquier alegría, sino una alegría profunda y contemplativa, la que se desprende de los momentos en que uno observa la vida con perspectiva y comprende que en sus circunstancias definitorias es siempre así, triste y alegre a la vez, que nos pone en simultáneo lágrimas en los ojos y sonrisas en la boca; esa clase de emociones complejas que la ópera alcanza con tanta facilidad. En esta cuestión es inevitable coincidir con Billie Holliday: la vida es, en efecto, un fruto extraño.
[Publicado el 17/5/2006 a las 10:06]
Jeff Buckley... Una pena que desapareciera tan pronto...Seguramente hubiera sido uno de los grandes en la música de los 90... Però nos dejo un regalo...El disco "Grace". Al menos el desgarrador mundo comercial no le dio tiempo a poner sus zarpas en su arte...
Comentado por: Jordi el 24/3/2007 a las 02:56
Pibe, sos un eterno optimista!!
Creo que cuando te refieres a esas canciones melancólicas pero perfumadas de alguna esperanza, o de una nota triste que toca una fibra nostálgica, hablas (o así lo entiendo yo) de esas que te embargan de una tristeza emanando de una herida relacionada con la felicidad, con la añoranza, como perder un amor, dejar un lugar, equivocarse. Un dolor que te deja ganas de vivir.
Aunque me gustan muchísimo esas (puede que no conozca tantas clásicas de otras epocas porque me tocó la generación del reggaetón y la descomposición), sin duda me hieren más a fondo las cínicas y tragicómicas, las embriagantemente negras, entre las que suelen llenarme las instrumentales del jazz. Tanta sensualidad y melancolía en Round Midnight de Miles, o en las baladas de John Coltrane (In A Sentimental Mood, con Duke Ellignton, es la mejor). También los nocturnos de Chopin. La experiencia es para mí como abrazar la oscuridad sin remedio, y amarla porque es tu única compañera. Tu compatriota, Fito, tiene un par que me gustan mucho, pero casi siempre con ese toque de luz al final del túnel. La Despedida es una de sus canciones más bellas, lírica y musicalmente, un triste homenaje al amor, que sin culpables ni excusas, terminó.
Discúlpame el atrevimiento, si puedo, déjame lanzarle un beso a Malena, ese tango armonioso cantado por una voz a la que por falta de consideración le pongo el mismo nombre de la canción (no puedo estar senil tan joven, coño!). Piazzolla, fijáte bien, ché, es un bandoneón que comparte su amargura, su pena, con el que te manchás de sangre. Esperá que conozca mejor a Gardel.
Saludos.
Comentado por: Carlos, preso en Disneworld el 19/5/2006 a las 04:03
Pibe, sos un eterno optimista!!
Creo que cuando te refieres a esas canciones melancólicas pero perfumadas de alguna esperanza, o de una nota triste que toca una fibra nostálgica, hablas (o así lo entiendo yo) de esas que te embargan de una tristeza emanando de una herida relacionada con la felicidad, con la añoranza, como perder un amor, dejar un lugar, equivocarse. Un dolor que te deja ganas de vivir.
Aunque me gustan muchísimo esas (puede que no conozca tantas clásicas de otras epocas porque me tocó la generación del reggaetón y la descomposición), sin duda me hieren más a fondo las cínicas y tragicómicas, las embriagantemente negras, entre las que suelen llenarme las instrumentales del jazz. Tanta sensualidad y melancolía en Round Midnight de Miles, o en las baladas de John Coltrane (In A Sentimental Mood, con Duke Ellignton, es la mejor). También los nocturnos de Chopin. La experiencia es para mí como abrazar la oscuridad sin remedio, y amarla porque es tu única compañera. Tu compatriota, Fito, tiene un par que me gustan mucho, pero casi siempre con ese toque de luz al final del túnel. La Despedida es una de sus canciones más bellas, lírica y musicalmente, un triste homenaje al amor, que sin culpables ni excusas, terminó.
Discúlpame el atrevimiento, si puedo, déjame lanzarle un beso a Malena, ese tango armonioso cantado por una voz a la que por falta de consideración le pongo el mismo nombre de la canción (no puedo estar senil tan joven, coño!). Piazzolla, fijáte bien, ché, es un bandoneón que comparte su amargura, su pena, con el que te manchás de sangre. Esperáte que conozca mejor a Gardel.
Saludos.
Comentado por: Carlos, preso en Disneworld el 19/5/2006 a las 04:02
Esto me hizo recordar una escena de la infancia. Mi vieja se sentaba a tocar la guitarra y cantaba:
Ha muerto el indio poeta, silencio le hacen los herques, y en los arroyos del... lloran los sauces su muerte.
Yo me iba al rincón más solitario de la casa para llorar como los sauces. Que tristeza!!
Hoy, casi todas las canciones cantadas por Jeff Buckley, me parten el corazón.
Comentado por: Jose Villalonga el 18/5/2006 a las 05:49
Hola:
Encontré tu blog al buscar el Aleluya que oí en la serie Dr. House y no sabía quien la interpretaba. Gracias a tí se que es Jeff Buckley.
Por ello te doy las gracias y te informo que conseguiste crearme dos adicciones, una la llorera y escalofríos que gustosamente me pego cada vez que escucho la cancion y otra muy importante, que me enganché a tu blog.
Muchas gracias Marcelo.
Comentado por: Aurora (Navarra-España) el 17/5/2006 a las 23:59
Hola, Marcelo, buenas tardes.
Por suerte, es tanta la creatividad musical como nuestros diversos estados de ánimo. Unas veces nos sorprende, y otras buscamos ese efecto de rozar la planicie, de perforar la superficie y desaparecer en el subsuelo, o de volar con las nubes, hacia alguna estrella lejana y brillante a la que con anhelo vemos brillar más... Eso es lo que me parece como más definidor de esa tristesa con tinte melancólico: el anhelo, el soñar despiertos con algo mejor, desde un mundo ambivalente como el nuestro.
Entre tantas, algunas piezas musicales, como 'Everybody Knows' de Leonard Cohen, mezclan sentimientos de tristeza con rabia; hay otras como 'Who will take my dream away' de Marianne Faithfull, que expresan una tristeza depresiva; y están 'Imagine' de John Lennon, 'Qualsevol nit pot sortir el sol' de Jaume Sisa, o 'Llamando a las puertas del cielo' de Bob Dylan, que mezclan tristeza y nostalgia. Pero para esos días en que me adentro en lo más íntimo, suelo elegir composiciones que asocio con vivencias de esas que marcan, y la lista es larga, vaya.
Abrazos
Comentado por: francesca el 17/5/2006 a las 20:30
Comentado por: Ana María Berasategui el 17/5/2006 a las 16:17
Yo lloré con su artículo de ayer; y eso que se pretendía optimista (o precisamente por eso).
Un saludo.
Comentado por: Ana María Berasategui el 17/5/2006 a las 16:15
buffff,figueras cuando empiezas a hablar de musica anglo-sajona,me aburro...triste? como coño no va a ser triste si esa gente son patetica......yo lo q quiero es alegria,salsa,samba,...hala,hala,...q hay un sol q te ciega,hay birra,playita y el cielo es azul intenso
a mi no me comen el coco esa gente con sus paranoias de borrachos y cocainomanos
Comentado por: jevi-llano el 17/5/2006 a las 13:44
Marcelo: "¡Cuánto penar para morirse uno!" es el verso final de un soneto de Miguel Hernández ("Umbrío por la pena") que, en efecto, cantaba Serrat. El "Romance de Curro el Palmo" es una canción del propio J.M. Serrat que, por cierto, también es triste.
Comentado por: Aquiles el 17/5/2006 a las 13:03
El punto de fuga nos proporciona serenidad, qué duda cabe. Estoy contigo cuando concluyes en el sabor agridulce que deja una canción que te llega. Pero añado en este comentario la esperanza, esa rara capacidad de enfrentarse a los hechos de la vida con incurable optimismo. Por eso recalamos tanto en tales canciones, porque son magníficos compendios no de la tristeza, sino de la esperanza.
Por cierto, Dark Was The Night, de Blind Willie Johnson, ni siquiera necesita palabras.
Comentado por: elkenarra el 17/5/2006 a las 12:10
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
03/7/2008 23:55
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Publicado por: carlos
01/7/2008 23:10
vender, vender, vender..., esta...
Publicado por: Alba
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