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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Cazador cazado

Me quedé pensando que a partir del texto de ayer alguien podía colegir que desprecio a los críticos. Eso sería un error, puesto que no es verdad. Tengo el más profundo de los respetos por la función del crítico. Durante toda mi etapa de formación, fueron los artículos de un sinnúmero de críticos los que me abrieron camino hacia los más grandes artistas. La semana pasada, sin ir más lejos, escribía un artículo sobre Wim Wenders para una revista argentina y comprendí que aún recordaba una crítica de El amigo americano que Ángel Faretta había escrito a comienzos de los 80 para un medio hoy desaparecido. ¡Pasaron más de veinte años y todavía recuerdo sus razonamientos!

Yo mismo he oficiado de crítico durante largo tiempo, y todavía lo hago ocasionalmente. Cuando escribo un texto crítico trato de seguir siempre los mismos, sencillos lineamientos. Para empezar, prefiero hablar de lo que me gustó antes de hablar de algo que odié. Sé que aquí me diferencio de la mayoría de mis colegas, que sienten un placer casi sexual al destrozar a alguien. Quizás como consecuencia de las luces que tantos críticos encendieron en mi adolescencia (y que me condujeron hacia artistas que hoy forman parte de mi vida como Wenders, REM, el primer Ridley Scott, Patricia Highsmith, Bob Dylan y tantos otros), siento que no existe nada más gratificante que encontrarme con un artista o con una obra que valen la pena y poder transmitirle al público mi entusiasmo. ¡Siempre es mejor colaborar con la creación o multiplicación de una nueva tribu que ejecutar a alguien!

También creo que una crítica que no ofrece ideas no vale la pena. Los textos que se limitan a glosar un argumento y decir que la obra es buena o mala no merecen el calificativo de críticas. Como parte del público, espero que una crítica haga algo más que contarme de qué va el libro o la película y subir o bajar un pulgar: le exijo que me ilumine, que me haga pensar en algo distinto de la obra que se está juzgando, ya sea porque me hable del contexto, porque relacione con otras obras artísticas u otro tipo de fenómenos o porque establezca ligazones hasta entonces secretas con el mundo en que vivimos. No me importa que las asociaciones que el crítico haga sean extremas, y hasta insólitas. Uno de los motivos por los que venero a Greil Marcus es por su capacidad de asociar ideas. Puede empezar hablando del punk y terminar hablando del situacionismo, como hace en Lipstick Traces (Trazos de carmín, creo que se llamó la traducción al español); o empezar hablando de Dylan para saltar a El séptimo sello y terminar hablando del Eclesiastés, como hace en uno de los artículos reunidos en el libro The Dustbin of History. Marcus nunca olvida que, en primer lugar, un texto crítico debería estimular el pensamiento; y en segundo lugar, que siendo la crítica un subgénero literario, no puede dejar nunca de ser creativa.

Ahora que tengo un pie en la otra orilla del río y que me he vuelto objeto de crítica, padezco más que nunca la pereza intelectual de tantos periodistas. Estoy cansado de descubrir al instante que los razonamientos de ciertas críticas ya los he leído antes en otro lado. (Buena parte de los críticos de cine compran acríticamente cualquier moda que venga de afuera: pasaron por su momento de veneración al cine iraní, después adoraron al cine de género chino-coreano-japonés, ¡cualquier cosa que ya venga con el imprimatur de cierta crítica europea!) O de verlos moverse como manada, produciendo operaciones políticas en vez de pensamiento y tratando de reinventar la nouvelle vague sin Godard, Resnais ni Truffaut.

En aquella vieja crítica de El amigo americano, Faretta subrayaba que la profesión del protagonista Jonathan era la de enmarcar cuadros, lo que en inglés se llama framer; y que Jonathan caía en la trampa de Ripley, cuando caer en la trampa se dice to be framed. Así Jonathan se convertía en un framed framer, lo que en español solemos denominar un cazador cazado. Así me siento ahora que en buena medida he dejado de criticar para ser criticado.

[Publicado el 09/5/2006 a las 10:05]

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Comentarios (16)

  • Marcelo,
    Lo que decís, desgraciadamente, es muy real. Te hacen la reseña y emiten opiniones a modo de slogans publicitarios. De manera tal que se termina confundiendo opinión con verdadera crítica. Como decía Harold Clurman, no interesan esos epítetos que indican agrado o desagrado porque sólo indican los efectos de la obra y el verdadero crítico se interesa por las causas que produjeron esos efectos. Es más, ni siquiera interesa que le dé nombre al efecto- ¿qué me importa si te gustó o no?, ¡limitate a darme tu lectura!. Pero para arrojar luz sobre la obra el tipo tiene que tener herramientas que, sospecho, no siempre están o no sobrepasan las del espectador más o menos formado en el tema.

    Honestamente, estoy poseída por unas ganas tremendas de decir lo que realmente opino de los críticos- aunque me valga el archibizarro cyberlinchamiento en la aventura. La gente que SABE, que sabe de verdad, está dando clases en las universidades, investigando, publicando (me refiero a las publicaciones académicas) Uno conversa con esa gente que, a pesar de estar doctorada en un área puntual de su rama artística de estudio, vive con la conciencia de saber que- valga la redundancia- nunca va a terminar de saber sobre el tema. Decime, ¿cuántos Jorge Dubatti trabajan en los medios?

    Supongo que existe el prejuicio de que una eminencia en un tema es incapaz de bajar del pedestal para dirigirse a "la plebe". Verso. Es todo lo contrario, la gente que sabe de verdad es la que sabe bajar- sin mentir, porque no todo en materia de arte es factible de ser simplificado. El que puede darle clases a borregos de dieciocho años -¡que ni saben cómo pasaron el CBC!-, lograr que entiendan y hasta se interesen en el tema, es perfectamente capaz de escribir o hablar ante el gran público.

    Otro tema: la crítica como subgénero. Caso paradigmático el de Radar- dado que la practican los mismísimos escritores. Y está bien y no. Cito un ejemplo que me toca por dos razones: todavía recuerdo la crítica que hizo hace unos años Rodrigo Fresán sobre una muestra de Marc Chagall en Barcelona. Moooooon Dieu... (El estilo impecable, 100% fresaniano, el chiste al pie y toda la parafernalia tan suya que adoro) Pero estaba diciendo cualquier bolazo, con cero elementos teóricos en materia de artes plásticas y es algo que puedo discutir hasta el hartazgo porque es mi rubro académico. Son gente creativa, lúcida, con un panorama cultural amplio, pero pregunto: ¿haber leído, no sé, ¿20? libros de arte los habilita a criticar arte? Perdón, pero se necesitan muchos años y muchos más libros y muestras para ser SERIO y RESPONSABLE. Se requiere ser especialista. Luego, si los especialistas se mueven a través de las políticas que mencionás- ¡no vi una mísera película iraní hasta que se dejaron de joder con el tema!- es un tema aparte pero, al menos, ¡que sean especialistas y no opinólogos de oficio como Quiroga!

    Para finalizar, como decía George Bernard Shaw: "La crítica es, ha sido y será eternamente lo peor que puede ser". Lo que quería decir Shaw- explica el gran Harold Clurman- es que los críticos nunca satisfarán a aquellos a quienes les interesa, siempre cometerán errores horrendos, que a veces están obligados a causar algún daño y que la medida de sus beneficios siempre quedará ensombrecida por serias dudas ( Y no se salvan ni los auténticos especialistas)

    Perdón por la extensión y la redacción chapucera, pero son las 2:30 AM y me caigo de sueño sobre el monitor.

    Saludos,
    Matilde.

    Comentado por: Matilde ( de Stendhal) el 10/5/2006 a las 07:46

  • comparar a robert mitchum con un pasmarote como redford es un sacrilegio
    mitchum fue tan grande q creo pa'el cine un mismo personje..pero que personaje!..con esa cara de pasmo con q recibe los golpes de la vida...un mito

    cat-woman....siento decirtelo,mi experiencia me ha hecho encontrarme con diferentes gallegos..la gente mayor es diferente,esta mas de vuelta pero la gente mas envidiosa q he visto son gente de procedencia rural q emigra a la ciudad:no estan acostumbrados a la vida urbana..cualquier pequeño lujo de la ciudad lo considera una ofensa,y los gallegos jovencetes,unos envidiosos.....no desprecio a los irlandesee por ser casi todos de granja..ES QUE SON RACSITAS,nazis(jajaja..suena eso a pitorreo)....fuiste a irlanda,..pero trabajaste entre ellos?...has escuchado los comentarios q hacen sobre los negros o los moros incluso españoles?..lo dudo...y lo digo directamente: irlanda es una cultura y pais inferior....
    q te sientes mas agusto en irlanda gales....yo alli pongo un pie y me deprimo,no solo su clima,es su cultura sus gentes,su arquitectura...no se,quiza sea un priviegiado porq vivimos en las ciudades mas hermosas de toda europa...
    figueras!...me machacan!....jamas entendi ayer q le tuvieras tirria a los criticos....eran a esos peasos mamones q acorralaron al gran lean y q hicieron q solo dirigiese una sola pelicula mas
    ciao

    Comentado por: jevi-llano el 09/5/2006 a las 23:05

  • De todos modos no es un cuento para niños...

    Comentado por: Ana María Berasategui el 09/5/2006 a las 21:47

  • (17:59)
    Igual tiene usted razón. Yo a veces soy muy cándida, como una niña.
    Saludos.

    Comentado por: Ana María Berasategui el 09/5/2006 a las 18:25

  • Querida Ana María, creo que este cuentito, adaptado, no necesita lupa. Lo primero que ves
    es : niña, camita, dormir, con sapo viejo, mamá, pervertida, aconseja dormir con sapo para pronto ser abuela. No creo ser puritana, pero todo lo que se refiere a los niños y el sexo tiene que tomarse en cuenta.

    Comentado por: MaryNewYork el 09/5/2006 a las 17:59

  • 16:43
    Es que ¡lo que hay que hacer para comer en estos días!!!!, sobre todo los pobres lobos, que ya se están volviendo carroñeros, no les queda otra. Seres expulsados de sus territorios, obligados a vivir entre humanos, se contagian de nuestras manías y estratagemas. Pero siempre sale por ahí un fornido cazador disfrazado de heterosexual que "se carga" al lobo-lobito.

    Comentado por: cat-woman el 09/5/2006 a las 16:57

  • (¿Se habían percatado que el lobo de Caperucita es un lobo travesti?)




    Comentado por: Fátima el 09/5/2006 a las 16:43

  • Gracias por su aclaración, Marcelo.
    Siempre es un placer leerle.
    Que pase un buen día.

    P.S. Yo también he leído ese cuento que recomienda Olga Trevijano, MaryNewYork, y la verdad es que me ha hecho bastante gracia. Pero por supuesto no lo encuentro adecuado para un niño. ¡A quién puede ocurrírsele contarlo a hijos o sobrinos!
    Y respecto al componente pedófilo que usted señala... ¿Cuántos cuentos presuntamente dirigidos a un público infantil pasarían el examen de una lupa puritana? ¿Cuántos cuentos no contienen un elemento perverso?

    Comentado por: Ana María Berasategui el 09/5/2006 a las 16:39

  • RESPUESTA A JEVI-LLANO. A VER SI SE ACLARA DE UNA VEZ ESTA CUESTIÓN.
    Mira Jevi, si te lo tengo que explicar es porque no te enteras. En primer lugar considerar lo rural primitivo, palurdo y envidioso, es ser tan racista y prejuicioso como tú declaras a otros. La cultura rural es de la que todos procedemos y el desprecio urbano significa un clasismo e ignorancia que creí estaba ya erradicado. En los países Latinoamericanos también se desprecia lo rural, es decir, lo indígena, el origen y lo auténtico que queda por estas tierras. En “La España cañí” lo mismo, los indígenas somos lo gallegos, y los andaluces rurales y los extremeños etc.. ¿Y qué sucede con los irlandeses?, que siempre fueron aplastados por los ingleses, que literalmente los mataron de hambre, los masacraron –eso está reconocido hasta por los propios ingleses- mientras no consiguieron convertirse en República y liberarse del yugo inglés el pueblo irlandés sufrió como pocos. Por otra parte, considero que gallegos e irlandeses tenemos bastante en común, históricamente, mitológicamente y en las manifestaciones culturales, hasta ambos somos los “comedores de patatas” por excelencia; emigrantes, cantores y PARA NADA ENVIDIOSOS (el carácter gallego responde perfectamente al lema del vive y deja vivir). Sin despreciar esa tierra maravillosa te informo que siempre nos molestó la imagen generalizada del español como andaluz. Eso de llegar al extranjero y que, por ser española, piensen que sabes bailar flamenco, te hablen de toros y esperen que resultes una morena agitanada es un auténtico “coñazo”. No ataco a tu Sur pero prefiero el Norte, mi cultura es la música de raíz celta y no el flamenco, prefiero la luz tamizada por la bruma, lo verde, la melancolía, la gente más discreta, menos “farolera” y ruidosa. En definitiva que soy gallega y, por afinidad, me identifico más con lo irlandés que con lo andaluz o mediterráneo en general....¡pero si ni siquiera entramos en la misma clasificación climática ni pertenecemos a la misma región geobotánica!. El mediterráneo, como su nombre indica, pertenece a la clasificación climática y botánica mediterránea (semi-árido), el norte entra en el clima templado-húmedo (atlántico) y la región geobotánica eurosiberiana. No tenemos el mismo tipo de sustrato geológico, ni los mismos suelos ni paisajes, no producimos lo mismo, no comemos lo mismo, somos la España verde. Hasta tiene más sentido la siguiente clasificación, las siete naciones celtas unidas por una música común: Irlanda, Escocia, Gales, Isla de Man, Cornualles, Bretaña francesa y Galicia. Todo mi “rebote” vino de ahí. ¡Ah! Y te diré que uno de los lugares donde me he sentido más amablemente tratada ha sido en Irlanda, absolutamente cierto.

    Comentado por: cat-woman el 09/5/2006 a las 16:23

  • Considero la crítica y, sobre todo la autocrítica, esenciales para no caer en la complacencia y la falsedad. Como crítico lo complicado es mantenerse ecuánime e imparcial, evitar que las pasiones negativas introduzcan su zarpa en tu análisis. Y como criticado ser capaz de asimilar una visión negativa, poseer la suficiente fortaleza para integrar lo que consideres acertado de esa visión y no dejar que te dañe lo que creas superfluo o no-fundamentado.

    Comentado por: cat-woman el 09/5/2006 a las 16:10

  • No dudo de que Mitchum sea un buen actor, pero al igual que su tocayo Redford, prácticamente sólo tiene un registro. Es bueno en lo suyo, es decir, cuando no le exigen interpretar otros personajes que los que sabe interpretar.
    Considero que Johnny Deep, sin ir más lejos, ofrece un repertorio más variado que el de Mitchum. O Kevin Spacey. O Dustin Hoffman. O incluso Tom Hanks...

    Comentado por: B. Betancour el 09/5/2006 a las 15:58

  • Seguí tu consejo Olga, leí esta versión del Rey Sapo, no me gustó para nada. Me pareció un relato supremamente grotezco para contárselo a una niña. Y cuando la madre reina aconseja que duerma con el sapo asqueroso y pedófilo, casi me caigo del asiento. Quizá, si se lo cuento a mi marido,el sapo, un sábado por la noche, se puede sacar algo bueno. ----------
    "Cuando el victimizador se convierte en víctima, no se acuerda con que mano inflingió el dolor"BAS Menos mal que no es tu caso Marcelo, parece que eres un crítico constructivo. Y, sobre todo, con una buena base académica y moral.
    No como ciertos críticos que libran una batalla personal con la obra o el author . Ahí se desdibuja el rol importante que tienen en la literatura o el periodismo como guías e informadores.

    Comentado por: MaryNewYork el 09/5/2006 a las 15:52

  • Dear Ana María,

    lo de cazador cazado apuntaba al hecho de que antes yo sólo criticaba, y ahora también soy criticado. Si le gusta más, la expresión precisa debería ser en este caso "criticador criticado".

    Un beso,

    Figueras

    Comentado por: figueras el 09/5/2006 a las 15:04

  • Por cierto..., a mí me gusta muchísimo David lean, pero "Ryan’s Daughter...": un poco sí me cansó, ciertamente.
    Un tema muy burgués, el del adulterio.
    ¡Cómo consiguió seducir Mitchum a Sarah...! Impresionante. Todo mentira: el personaje interpretado por Mitchum, al que detesto cordialmente, repito...

    Comentado por: Olga Trevijano el 09/5/2006 a las 13:18

  • "La noche del cazador"...
    El cazador cazado.
    Robert Mitchum es un excelente actor.
    Pero podemos reconocer objetivamente la excelencia de alguien sin que ello nos obligue a sentir "simpatía" por él.
    Es una cuestión de feeling...
    P.S. ¿Han leído por cierto el delicioso cuento de Jordi Soler "El rey sapo" publicado hoy en "El boomeran(g)? ¡Me encanta!

    Comentado por: Olga Trevijano el 09/5/2006 a las 13:09

  • No veo por qué se siente usted un "cazador cazado". No lo entiendo. Por otro lado le digo sinceramente que su artículo de ayer fue excelente.
    Es evidente que los críticos se mueven a manadas. Y es evidente, al menos para mí, que de los sesenta a esta parte las películas sentimentales ("Ryan’s Daughter", "Memories of Out of Africa", etc) ya no gozan en general del favor de los críticos: ya lo explicaba usted maravillosamente ayer:

    Lo que ocurría en 1970 era que se estaba poniendo de moda otro cine. Ya se veía venir la revolución de los Coppola, los Scorsese, los Altman, los Bogdanovich, los Friedkin: películas más crudas, más realistas, con un feel documental, que estaban en las antípodas del romanticismo de Lean y de su sentido del gran espectáculo.

    Se ve que los críticos actuales consideran por principio cualquier película sentimental como carnaza para la gran masa. ¿No está usted de acuerdo?
    Los críticos de ahora quieren películas que demuestren que el mundo en que vivimos es una gran porquería (¿una gran mierda?) y que no hay sitio para la esperanza.
    Los críticos de ahora consideran las películas sentimentales -sin tener en cuenta su calidad objetiva- como opio para el pueblo.
    Un abrazo.

    Comentado por: Ana María Berasategui el 09/5/2006 a las 12:38

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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