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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 4 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Dulce condena

Pensaba escribir sobre otra cosa, pero tuve la peregrina idea de ir al supermercado ayer domingo (los escritores también hacemos las compras, por lo menos cuando tenemos con qué… o cuando nuestras tarjetas de crédito todavía no transpasaron sus límites de gastos) y allí me topé con infinidad de anaqueles llenos de lápices, carpetas, gomas de borrar y un cartel omnipresente que proclamaba su mensaje con pretendida alegría: ¡Volvemos a clases! Mi primera reacción, producida desde el vientre, fue de malestar. Hace ya algún tiempo que no voy a clase alguna, pero como dice Jerry Lewis en la última edición de Esquire, todos tenemos nueve años, y nuestras reacciones más instintivas manan de un corazón que continúa siendo aquel que portábamos entonces. El mío fue un malestar solidario, un reconocimiento de la tristeza que sentirán tantos niños al entrar a un supermercado donde se les anuncia la inminencia de su ejecución como si se tratase de la mejor de las noticias; las burlas del destino. No me opongo a la educación formal. De hecho salí bien parado del trance, y agredeciéndole no pocas cosas: la alfabetización, el disfrute del juego numérico, la Historia, mis primeros contactos con la mitología griega, con Borges y con Cortázar. Pero aunque lidiaba bien con las demandas del sistema, sufrí como la inmensa mayoría las indignidades de su ejercicio. Levantarse temprano, por ejemplo; todavía recuerdo madrugadas en las que, habiéndome despertado por las mías, rezaba para que el despertador no sonase o planeaba incursiones en el dormitorio paterno con propósitos de sabotaje. También la sensación de haber sido condenado a formar parte de un rebaño, donde se perdía el valor de la voz individual o de las peculiaridades de cada uno. Y por supuesto, la sumisión a una autoridad que a menudo era injusta, o insostenible por sus propios méritos. Por supuesto, estas pequeñas miserias forman parte de un aprendizaje que ya no es académico, sino que nos prepara para lo que los victorianos gustaban llamar la batalla de la vida. Pero aunque estoy agradecido a mis educadores y a mis escuelas (forzado cuando niño a dejar los estudios para convertirse en sostén económico de su familia, Charles Dickens describió a su biógrafo John Forster el horror de quien, al ser condenado a la ignorancia, se descubre marginado de la sociedad: “¡Lo que habría dado, si hubiese tenido algo para dar, para que me enviasen de regreso a cualquier escuela, para que me enseñasen algo en alguna parte!”), no puedo menos que sentir empatía con tantos pequeños para quienes su libertad tiene las horas contadas. Los abrazo a todos, así como abrazo a los adultos conminados a cumplir con un deber para el que no tienen escapatoria, desde lo más profundo de mi corazón de nueve años.

[Publicado el 13/2/2006 a las 10:02]

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Comentarios (1)

  • Lo que más me gustaba de empezar las clases era la parte en que íbamos a la librería y nos comprabamos las chucherías para el colegio.
    Recuerdo a todas las maestras, desde las de jardín hasta las de el último año del secundario, es maravilloso que todos puedan pasar por la experiencia ir a la escuela no solo para aprender matemáticas y otras ciencias sino también para aprender a vivir en sociedad y a dar con otras realidades diferentes de la suya.
    Yo le debo mucho a mi escula,y una de las cosas que le voy a agradecer toda la vida es que me dió una gran amiga que conservo desde hace más de 20 años.

    Comentado por: La gass el 13/2/2006 a las 16:02

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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