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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

lunes, 7 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Una oportunidad desperdiciada

No existe nada más difícil de crear que una bella historia de amor. Por infinidad de motivos, pero en especial por los más obvios: porque se trata de relatos que sólo funcionan si uno consigue involucrar a lectores y público en la ensoñación de los enamorados, tan distante de la lógica que impulsa la vida real; y porque la ficción ha abusado del género, probando todas sus variantes imaginables. Los géneros populares siguen tratando de convencernos de que sus odres viejos contienen vino nuevo, y nos ofrecen, ¡como si no lo hubiesen hecho ya mil veces!, romances entre ricos y pobres, entre gente de izquierdas y de derechas, entre delincuentes y víctimas, entre gente del presente y del pasado (o del presente y del futuro), entre negros y blancos… ¿Cuánto falta para que algún productor olfatee que el relato del momento debería narrar el amor entre un musulmán y una mujer occidental, o viceversa? Pero aún así uno sigue creyendo en las historias de amor, básicamente porque sigue creyendo en el amor. Creo porque es absurdo, decía San Agustín cuando trataba de justificar su fe en Dios. El cantante Lloyd Cole lo ponía de forma parecida en Forest Fire: “Creo en el amor. Creo en cualquier cosa”. Quizás sea por eso que la película Brokeback Mountain me decepcionó tanto: porque no logré creer en ella. Para empezar, diría que no está a la altura de su infinita promoción. Es apenas una película correcta: una media hora inicial promisoria, después de la cual la montaña rompe-espaldas del título se convierte en una butaca rompe-espaldas. Creo que Brokeback Mountain funciona mucho mejor como concepto (dos cowboys que se involucran en un amor maldito) que como relato. Podría esbozar múltiples explicaciones, pero creo que alcanza con aplicarle las reglas que rigen a los buenos relatos románticos: si yo, como público, no siento que esos personajes se aman de verdad, la historia no funciona. Alguien dirá que en el caso de Brokeback Mountain el amor entre Ennis y Jack debe ser reprimido, y que por eso es lógico que los personajes lo disimulen y escondan. Pero como lo prueban tanto la historia de la literatura como el cine desde sus tiempos mudos, nada funciona mejor en el relato amoroso que el deseo postergado. Los besos señalan un climax posible, pero los momentos en que sentimos el amor verdadero con su intensidad más arrasadora son, precisamente, aquellos en los que el amado y la amada deben tragarse sus sentimientos; disimular; sonreír aun cuando su alma llora. Y en los largos años que Ennis y Jack pasan separados no logramos sentir su dolor; Jack llega a decirlo con palabras, pero las imágenes lo muestran apenas aburrido, burgués e insatisfecho. (Y víctima, dicho sea de paso, de pelucas, patillas y bigotes que lo convierten en una caricatura de sí mismo.) Quizás si los personajes femeninos tuviesen algún espesor la historia de Jack y Ennis se recortaría mejor, pero su pintura es tan esquemática (¿o debería decir misógina, sin temor alguno?) que lejos de ayudar a dar textura, lo achata todo. Si en vez de la estética Marlboro que la fotografía de Rodrigo Prieto resalta se hubiese apelado a la luz descarnada de Midnight Cowboy; si los protagonistas se hubiesen parecido algo más a los muchachitos feos y desdentados del relato original de Annie Proulx (o cuanto menos al Ratso Rizzo de Midnight Cowboy); y si en vez de Ang Lee hubiese dirigido John Schlesinger, o dado que Schlesinger ya ha muerto digamos Wong Kar-wai, es posible que Brokeback Mountain hubiese sido la película de la que todos hablan. Pero no lo es. Todavía recuerdo la época en que quedaba mal hablar de una película que denostaba a los militares de la dictadura, porque si la causa que defendía era buena, la película debía serlo también. Por fortuna ese tiempo pasó, al menos en la Argentina. Aunque la existencia de Brokeback Mountain sea beneficiosa en términos sociales y políticos, por los debates que genera y la conciencia que despierta, muchos de los que disfrutamos del buen cine seguiremos esperando la llegada de la próxima película romántica inolvidable –esa película que Brokeback Mountain, sin dudas, no es.

[Publicado el 07/2/2006 a las 11:02]

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Comentarios (3)

  • A mí la película me encantó. Y logró transmitirme que los vaqueros se aman.
    Claro que sobre gustos no hay nada escrito.

    Comentado por: Eva el 06/5/2006 a las 13:12

  • Es curioso, llegue al blog buscando comentarios sobre Capote cuando leí lo de brokeback mountain me sentí muy identificado, de hecho, (si pudiera escribir tan bien) creo que firmaría yo mismo esa crítica. Cuando salí del cine lo comenté, la película no es mala, pero esos dos no se aman de verdad. El amor, concebido desde un punto de vista más literario o romántico, tiene muchos ingredientes de los que carece la relación de la película. La relación entre Ennis y Jack es la que puede tener cualquier hombre casado con una querida. No es una gran historia de amor, y por eso creo que la película no convence.

    Comentado por: Ray el 11/2/2006 a las 11:02

  • Creo que la película no logra hacerte sentir, ni querer a los personajes, es poco profunda la manera en que se mostro el amor y la homosexualidad,creo que ese es el motivo por el cual no logró conmoverme.

    Comentado por: lulu el 07/2/2006 a las 15:02

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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