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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

El duro oficio del lector

¿Imagina el común de la gente que los escritores vivimos leyendo? Supongo que la fantasía romántica que los siglos construyeron en torno del autor puede sugerir a algún ensoñado que los escritores nos pasamos los días encorvados encima de volúmenes canónicos, tratando de aprehender lo inapresable. La realidad indica que los escritores nos pasamos los días tratando de sobrevivir, como cualquier hijo de vecino: lidiando con amores y desamores, pañales y reuniones escolares, fechas de entrega y vencimientos de impuestos y por supuesto, luchando siempre por el dominio del control remoto. En medio de ese ajetreo, leemos no lo que queremos ni lo que debemos, sino apenas lo que podemos. A veces pienso que el único motivo por el cual todavía leemos es el hecho de que, a diferencia de lo que ocurre con el control remoto, nadie nos disputa la posesión de los libros. Quizás por eso me divierte tanto la consigna de The Polysyllabic Spree, el libro que recopila artículos que Nick Hornby escribió para la revista Believer. Hornby, autor de novelas entrañables como High Fidelity y About a Boy, se comprometió a describir una vez al mes sus aventuras como lector: cuántos libros se compraba, cuántos le enviaban –y cuántos de ellos leía, y en qué medida, durante ese lapso. El resultado es tan divertido y humano como sus mejores ficciones. Hornby desmitifica el lugar de los libros en la vida del escritor. Como buena parte de la gente, lee mucho en verano y poco una vez empezada la temporada futbolística, confiesa desconocer infinidad de clásicos (por ejemplo Franny and Zooey, de F. Scott Fitzgerald), mezcla géneros como quien frecuenta a un barman y se mueve de manera indiscriminada entre autores respetados y autores populares, que no suelen ser la misma cosa. Al igual que tantos de nosotros, Hornby se hace sus huequitos para la lectura en medio del trajín diario; por ejemplo mientras espera que su hijo salga del baño. (Este escritor, en cambio, es de los que leen mientras los demás esperan que salga de una vez.) ¿Y qué sería de nuestras vidas si no existiesen los medios de transporte? ¿O acaso no hemos visitado el Marte de Bradbury, la Londres de Amis y el Maine de Stephen King mientras el subterráneo conducía nuestros cuerpos hasta la Plaza de Mayo? Leemos lo que podemos y como podemos. A menudo tenemos excusa para leer a causa de nuestro trabajo cosas que jamás habríamos escogido porque sí. Durante la escritura de mi última novela, por ejemplo, alterné un libro de frases en latín con otro sobre los números primos y uno sobre leyendas irlandesas. Todavía recuerdo la mirada de sospecha que un vendedor me dirigió cuando le pedí que envolviese para mí un título esotérico: La música como medicina del alma. Las cosas que hacemos por el arte. Lo único que importa para mí es la preservación del placer de la lectura, el hecho de que la profesión no ha atemperado el goce que deviene de la compra y la posesión de un libro esperado. Este disfrute es físico además de espiritual, los libros nuevos huelen bien, las cubiertas flamantes brillan y son suaves al tacto; dije físico, pero quizás debería decir erótico. Debe ser por eso que cada vez que viajamos, mi mujer y mis hijas compran ropa y maquillaje y yo atiborro mi maleta con libros, libros y más libros.

[Publicado el 02/2/2006 a las 10:02]

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Comentarios (5)

  • Dear Jacinta, tienes razón. El error es mío. Ignoro a qué se debió el lapsus, ya que estaba con Nine Stories al alcance de la mano y pensando que nunca había leído Seymour: An Introduction... y aún así me escapé para el lado de Fitzgerald. Cosas que pasan... Beso y gracias por la corrección.

    Comentado por: figueras el 02/2/2006 a las 20:02

  • No sé si es un error de redacción, pero... Franny and Zooey es de J.D.Salinger, no de Fitzgerald.

    Comentado por: Jacinta el 02/2/2006 a las 19:02

  • Tu post me trajo reminiscencias de mi casa en Barranco, un balneario de Lima donde pasé gran parte de mi infancia recluido -obligado por el asma- en la bilbioteca, leyendo como un condenado, viviendo todas las vidas que no podía vivir en tiempo real.
    Hoy, lleno de responsabilidades, horarios y cubierto con la pátina de molicie con que te regalan las grandes urbes, añoro esos tiempos en que solo leía, en que solo podía leer.
    Mi memoria liga tu post también con el artículo de Fresán donde habla sobre los libros robados. Es cierto, hay una innegable carga erótica en la adquisición de libros nuevos, pero hay un plus perverso más agradable aún en la obtención de un libro por la vía prohibida. Qué tiempos los idos. Quién pudiera.

    Víctor Coral

    Comentado por: vico el 02/2/2006 a las 18:02

  • Perdonar a los que leeis mis comentarios, pero no acostumbro a releer y corregir, y así salen. Coleccionar, etc.

    Además, a veces soy caótica y lo que digo no sé si tiene mucho sentido para el que lo lee.

    Comentado por: Jean el 02/2/2006 a las 13:02

  • mi madre no la habían dejado leer de pequeña porque decían que era perder el tiempo, que había que estudiar, así que desde que supe leer y escribir, comenzé a leer, primero tebeos y cuentos, luego de aventuras, después empezé a "robar libros" de las estanterías de mis padres (recuerdo, en particular, "El amante de Lady Chaterley", porque lo leí muy niña porque ponía en la portada que había sido censurado muchos años)y cogía libros de la biblioteca del colegio. Los devoraba,así que no tengo constancia de ninguno en particular. Mi infancia la recuerdo leyendo, cosa de la que no estoy orgullosa, porque quizás me perdí más de un juego que me hubiera enseñado otras cosas. Me dificultó mi relación con los demás y darme más de un tropiezo en la vida al contraponer la realidad con la ficcion. Cada edad tiene su lectura, y cada viviencia real es mucho más enriquecedora.

    Recuerdo a mi amigo profesor de la adolescencia que me decía... Sí, aprovéchate ahora, porque nunca en tu vida vas a poder leer tanto. Entonces no le dí importancia, pero lo he recordado intímamente muchas veces.

    Ahora, me dedico a colecionar libros. No me gusta ir de compras. Sólo me gusta comprar libros. Y ahí, sí que lo hago de forma nada ordenada.

    De todas maneras, imagino que escritores los hay de todos los "colores". En particular, conozco a uno, que practica el ascetismo. Vive apartado de la ciudad, en un chalet lleno de libros y con una gran chimenea. Eso sí, no tiene hijos, ni mujer, ni pareja..., ni amante. Se ha autoexcluído de los placeres cotidianos.

    Comentado por: Jean el 02/2/2006 a las 13:02

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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