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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 29 de agosto de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Este libro te salvará la vida

No recuerdo cuándo fue que comprendí que existía una separación entre la literatura “seria” y la que simplemente producía placer. Imagino que de niño no percibiría más diferencia que la que me marcaban entre los libros que me estaban permitidos y los libros de los adultos. (Mi padre escondió una vez una novela picante de Irving Wallace, pero se olvidó de esconder El amante de Lady Chatterley; a esa altura ya había comprendido que las novelas de los grandes apuntaban a otro tipo de placer.) Lo cierto es que durante largos años pensé que, más allá de las obligaciones escolares, no existía otra razón para agarrar un libro que no fuese la de visitar otro mundo para divertirse como loco. Quizás mi abuelo haya tenido algo de culpa en la pérdida de mi inocencia. Debía yo tener 10 años cuando le pedí una revista de Batman y me preguntó muy seriamente “cuándo iba a dejar de leer esas cosas”. Pero pronto entendí que la prédica de mi abuelo carecía por completo de autoridad. El gordo se leía todas las novelitas del Oeste de Silver Kane y Marcial Lafuente Estefanía, tenía la obra entera de Dumas fils publicada por la mexicana Tor y también unas ediciones de los libros de Ian Fleming que incluían fotos de las películas de James Bond. ¡Era el menos indicado para recomendar lecturas serias! ………………… Recordé todas estas cosas cuando leí la lista que Stephen King confeccionó con los libros que, a su juicio, eran los mejores de este año. Más allá de la lista en sí, que incluye cosas discutibles (como el último Harry Potter), algunas elegantes (como Saturday de Ian McEwan, la última de Cormac McCarthy y la novela aún inédita de A.M. Homes, cuyo título es impagable: Este libro te salvará la vida) y muchos policiales (George Pelecanos, Michael Connelly, Elmore Leonard), lo que me impresionó fue que los libros favoritos de King no fuesen los que le iluminaron el alma, ni los que lo apabullaron con su estilo y con su erudición, ni los que convenía mencionar para quedar como un erudito, sino los que le habían producido más placer, y punto. “Las novelas,” se explica King en el artículo de Entertainment Weekly, “siguen siendo la mejor opción para el entretenimiento. Hasta un libro de tapas duras es más barato que dos entradas de cine, y más aun cuando le sumás el precio de la nafta, el estacionamiento y el pago de la babysitter… Además los efectos especiales son siempre perfectos (porque se los inventa uno)… y aunque leo aproximadamente 80 libros al año, no me he cruzado con las gemelas Olsen ni una sola vez”. …………………… No voy a discutir el derecho de los autores a escribir obras que pretendan algo más que entretener. Pero me reservo, como lector, el derecho a exigir que los libros me entretengan de manera insoslayable: si no cumplen con ese ABC, si no respetan ese imperativo categórico, no dudo en cerrarlos y en olvidarlos. Por supuesto, mi noción del placer ha variado con los años (hoy siento placer leyendo a Shakespeare, cuando hace años hubiese sido algo impensable), pero sigo exigiéndole al autor, ya se trate de Homero o de Stephen King, que me convenza de las bondades de emprender el viaje –y eso significa, sí o sí, que me entretenga. Quedó atrás la época en que sufría al leer un libro por deber intelectual, o porque estaba de moda. Nunca sentí la tentación de leer a Proust. Nunca terminé The Virgin Suicides, y tampoco Middlesex. Leí a Kundera a fines de los 90, cuando ya había dejado de ser cool, porque una amiga insistió y porque La insoportable levedad del ser me partió la cabeza desde la primera página. Creo que no hay que separar la lectura del placer, habida cuenta de que existen tantas interpretaciones del placer como personas, porque la marca que un libro deja en nuestras vidas es directamente proporcional a ese disfrute. Y estoy convencido de que un libro puede salvar la vida, porque la mía fue así salvada muchas veces. Siempre que leo un listado de novedades, o cuando atiendo a un artículo como el de Stephen King, lo hago en busca del libro que me la salvará la próxima vez.

[Publicado el 20/12/2005 a las 10:12]

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Comentarios (9)

  • querida andrea, yo tmbién necesito entretenimiento y cambio cuando cierro las tapas de un libro. a veces he leido infinidad de cosas que no merecían la pena sólo por el hecho de que "eran buenas" y era casi obligado leerlas.
    con el paso de los años, cuando algo no em apetece, cierro el libro y a otra cosa.busco cosas distintas y he vuelto a releer aquellos libros que me interesaron como walden dos, la escuela de summerhill, .. tan descatalogados.
    no quiero decir, que no sirvan, pero pertenecen a un momento distinto para mí.
    garcia marquez nunca me ha sugerido nada pero borges siempre está presente. no se .. ahora tengo entre manos, "divisadero" y estoy encantada.
    un saludo

    Comentado por: keer hauregi el 05/6/2008 a las 20:16

  • En esa diferencia entre la literatura "seria" y la que nos produce placer esta; en mi opinion, la clave para hacer que mas gente se interese por la lectura, se que para mucha gente es un dolor de cabeza leer a Dante u Homero, o cualquier otro libro por obligacion, pero no por eso deben excluir la lectura de sus vidas. Hay autores cuyas obras cumplen con el proposito de hacernos placentera, agradable y hasta divertida la lectura. Bien por los que leen a Stephen King aunque digan "que es comercial", bien por los que leen todas las "novelitas de vaqueros", bien por los que leen.....
    Elena Valdez

    Comentado por: Elena el 05/3/2008 a las 19:35

  • Hola Marcelo,
    Yo creo que lo más importante es que nadie se traicione: ni escritores ni lectores. Los primeros, porque siempre han de escribir aquello que desean, que necesitan, que les conmueve, independientemente de lo comercial, de lo intelectualmente "correcto", porque cada lector es un mundo y por tanto no pueden contentar a todos, sobre todo si ellos mísmos no son felices con lo que hacen. Y los lectores por la mísma razón, porque sentarse y leer un libro es ante todo disfrutar, apenas disfrutar, sino no tiene sentido. Los lectores debemos leer aquello que nos hace soñar, sea Proust, Shakespeare... y crecer poco a poco con lo que leemos, pero sin olvidar que, también en la lectura, seguimos conservando una pequeña parte de nuestra infancia.

    un saludo
    Ana García

    Comentado por: Ana el 21/12/2005 a las 10:12

  • Interesante artículo... Saludos!

    Comentado por: Laetitia el 21/12/2005 a las 04:12

  • Estimado Marcelo:

    Es muy grato para mi, en lo personal, leer este tipo de comentario. Aplaudo también tu valor porque sabemos que en este medio la erudición es un baluarte intocable, sin embargo recordar la idea de leer por el simple placer de leer es simplemente refrescante. Debemos de recordar como fue que los grandes se hicieron grandes; Shakespeare, Homero, Cervantes proporcionaron placer al lector de su tiempo, ahora puede que el lenguaje o el ritmo de sus obras hagan que leer a los clásicos sea un deber de párvulos, pero como en la cocina, podemos refinar el gusto, y así poder devorar un manjar literario así como cualquier bocadillo casero que sea sabroso. A final de cuentas,como en todo, es cuestión de gustos.

    Un abrazo.

    Angel Pastrana

    Comentado por: Angel Pastrana el 21/12/2005 a las 03:12

  • ¡Al fin, alguien que habla mi idioma! No sabes la andanada de coscorrones digitales que me han caido por opinar lo mismo en otros blogs. Creo que es un defecto muy peruano ese de buscar cierta solemnidad en los libros antes que entretenimiento. Y Stephen King es uno de mis escritores favoritos (al que conoci tardiamente, por cierto, por que estaba envenenado con comentarios que lo tildaban de "comercial"...)

    Saludos, y exitos en el blog
    Dagberty

    Comentado por: Dagbertty el 21/12/2005 a las 01:12

  • Qué lindo tema para comentar. Justamente ayer comencé a leer una antología que todos los años se publica en USA de los mejores cuentos del año (de USA). Cada año invitan a un escritor consagrado a hacer la antología, y esto implica leer cientos de cuentos. Aquel año la antologadora era Barbara Kingsolver (que me entretuvo enormidad con "The Poisonwood Bible") y escribió un prólogo que me pareció fantástico. Comentaba cómo había partido con diversas técnicas de evaluación, tics, signos más y menos, para darse cuenta muy luego que esto no funcionaba: los cuentos habían sido ya preseleccionados y todos eran buenos cuentos. Y decidió que lo que haría sería anotar, debajo de cada título, cuál era la lección de vida que el cuento le daba. Así hizo una pila de cuentos con lecciones de vida notables: cuentos que le enseñaron algo que no sabía o que le cambiaron totalmente la perspectiva de algo que sí sabía. Y los cuentos con lecciones del orden de "el amor de juventud es egoísta" se fueron al tacho por obvios, por muy bien escritos que estuvieran.
    Yo me sumo a esto. Si bien coincido en querer de la literatura que me entretenga, para mí no es suficiente si me entretuvo un libro mientras lo leía y lo olvidé en cuanto lo cerré. Jamás leería un libro aburrido por obligación, pero me gustan los libros que hacen que al cerrarlos yo sea una persona sutilmente distinta que al momento de abrirlos. "Cien años de soledad" no lo olvidé jamás; tampoco "El mundo según Garp", ni "Amnesia" de Douglas Cooper, ni varios de los cuentos de Cortázar, ni "Seda", de Baricco... en fin; varios, por suerte. Que me entretengan pero que me cambien, que me muevan la mirada, que me den vuelta las entrañas también.
    (Acepto sugerencias)

    Comentado por: Andrea M el 20/12/2005 a las 20:12

  • Qué lindo tema para comentar. Justamente ayer comencé a leer una antología que todos los años se publica en USA de los mejores cuentos del año (de USA). Cada año invitan a un escritor consagrado a hacer la antología, y esto implica leer cientos de cuentos. Aquel año la antologadora era Barbara Kingsolver (que me entretuvo enormidad con "The Poisonwood Bible") y escribió un prólogo que me pareció fantástico. Comentaba cómo había partido con diversas técnicas de evaluación, tics, signos más y menos, para darse cuenta muy luego que esto no funcionaba: los cuentos habían sido ya preseleccionados y todos eran buenos cuentos. Y decidió que lo que haría sería anotar, debajo de cada título, cuál era la lección de vida que el cuento le daba. Así hizo una pila de cuentos con lecciones de vida notables: cuentos que le enseñaron algo que no sabía o que le cambiaron totalmente la perspectiva de algo que sí sabía. Y los cuentos con lecciones del orden de "el amor de juventud es egoísta" se fueron al tacho por obvios, por muy bien escritos que estuvieran.
    Yo me sumo a esto. Si bien coincido en querer de la literatura que me entretenga, para mí no es suficiente si me entretuvo un libro mientras lo leía y lo olvidé en cuanto lo cerré. Jamás leería un libro aburrido por obligación, pero me gustan los libros que hacen que al cerrarlos yo sea una persona sutilmente distinta que al momento de abrirlos. "Cien años de soledad" no lo olvidé jamás; tampoco "El mundo según Garp", ni "Amnesia" de Douglas Cooper, ni varios de los cuentos de Cortázar, ni "Seda", de Baricco... en fin; varios, por suerte. Que me entretengan pero que me cambien, que me muevan la mirada, que me den vuelta las entrañas también.
    (Acepto sugerencias)
    Abrazos
    Andrea M

    Comentado por: Andrea M el 20/12/2005 a las 18:12

  • Qué lindo tema para comentar. Justamente ayer comencé a leer una antología que todos los años se publica en USA de los mejores cuentos del año (de USA). Cada año invitan a un escritor consagrado a hacer la antología, y esto implica leer cientos de cuentos. Aquel año la antologadora era Barbara Kingsolver (que me entretuvo enormidad con "The Poisonwood Bible") y escribió un prólogo que me pareció fantástico. Comentaba cómo habí partido con diversas técnicas de evaluación, tics, signos más y menos, para darse cuenta muy luego que esto no funcionaba: los cuentos habían sido ya preseleccionados y todos eran buenos cuentos. Y decidió que lo que haría sería anotar, debajo de cada título, cuál era la lección de vida que el cuento le daba. Así hizo una pila de cuentos con lecciones de vida notables: cuentos que le enseñaron algo que no sabía o que le cambiaron totalmente la perspectiva de algo que sí sabía. Y los cuentos con lecciones del orden de "el amor de juventud es egoísta" se fueron al tacho por obvios, por muy bien escritos que estuvieran.
    Yo me sumo a esto. Si bien coincido en querer de la literatura que me entretenga, para mí no es suficiente si me entretuvo un libro mientras lo leía y lo olvidé en cuanto lo cerré. Jamás leería un libro aburrido por olbigación, pero me gustan los libros que hacen que al cerrarlos yo sea una persona sutilmente distinta que al momento de abrirlos. "Cien años de soledad" no lo olvidé jamás; tampoco "El mundo según Garp", ni "Amnesia" de Douglas Cooper, ni varios de los cuentos de Cortázar, ni "Seda", de Baricco... en fin; varios, por suerte. Que me entretengan pero que me cambien, que me muevan la mirada, que me den vuelta las entrañas también.
    (Acepto sugerencias)
    Abrazos
    Andrea M

    Comentado por: Andrea M el 20/12/2005 a las 17:12

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Foto autor

Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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