El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 29 de agosto de 2008
Este libro te salvará la vida
[Publicado el 20/12/2005 a las 10:12]
querida andrea, yo tmbién necesito entretenimiento y cambio cuando cierro las tapas de un libro. a veces he leido infinidad de cosas que no merecían la pena sólo por el hecho de que "eran buenas" y era casi obligado leerlas.
con el paso de los años, cuando algo no em apetece, cierro el libro y a otra cosa.busco cosas distintas y he vuelto a releer aquellos libros que me interesaron como walden dos, la escuela de summerhill, .. tan descatalogados.
no quiero decir, que no sirvan, pero pertenecen a un momento distinto para mí.
garcia marquez nunca me ha sugerido nada pero borges siempre está presente. no se .. ahora tengo entre manos, "divisadero" y estoy encantada.
un saludo
Comentado por: keer hauregi el 05/6/2008 a las 20:16
En esa diferencia entre la literatura "seria" y la que nos produce placer esta; en mi opinion, la clave para hacer que mas gente se interese por la lectura, se que para mucha gente es un dolor de cabeza leer a Dante u Homero, o cualquier otro libro por obligacion, pero no por eso deben excluir la lectura de sus vidas. Hay autores cuyas obras cumplen con el proposito de hacernos placentera, agradable y hasta divertida la lectura. Bien por los que leen a Stephen King aunque digan "que es comercial", bien por los que leen todas las "novelitas de vaqueros", bien por los que leen.....
Elena Valdez
Comentado por: Elena el 05/3/2008 a las 19:35
Hola Marcelo,
Yo creo que lo más importante es que nadie se traicione: ni escritores ni lectores. Los primeros, porque siempre han de escribir aquello que desean, que necesitan, que les conmueve, independientemente de lo comercial, de lo intelectualmente "correcto", porque cada lector es un mundo y por tanto no pueden contentar a todos, sobre todo si ellos mísmos no son felices con lo que hacen. Y los lectores por la mísma razón, porque sentarse y leer un libro es ante todo disfrutar, apenas disfrutar, sino no tiene sentido. Los lectores debemos leer aquello que nos hace soñar, sea Proust, Shakespeare... y crecer poco a poco con lo que leemos, pero sin olvidar que, también en la lectura, seguimos conservando una pequeña parte de nuestra infancia.
un saludo
Ana García
Comentado por: Ana el 21/12/2005 a las 10:12
Comentado por: Laetitia el 21/12/2005 a las 04:12
Estimado Marcelo:
Es muy grato para mi, en lo personal, leer este tipo de comentario. Aplaudo también tu valor porque sabemos que en este medio la erudición es un baluarte intocable, sin embargo recordar la idea de leer por el simple placer de leer es simplemente refrescante. Debemos de recordar como fue que los grandes se hicieron grandes; Shakespeare, Homero, Cervantes proporcionaron placer al lector de su tiempo, ahora puede que el lenguaje o el ritmo de sus obras hagan que leer a los clásicos sea un deber de párvulos, pero como en la cocina, podemos refinar el gusto, y así poder devorar un manjar literario así como cualquier bocadillo casero que sea sabroso. A final de cuentas,como en todo, es cuestión de gustos.
Un abrazo.
Angel Pastrana
Comentado por: Angel Pastrana el 21/12/2005 a las 03:12
¡Al fin, alguien que habla mi idioma! No sabes la andanada de coscorrones digitales que me han caido por opinar lo mismo en otros blogs. Creo que es un defecto muy peruano ese de buscar cierta solemnidad en los libros antes que entretenimiento. Y Stephen King es uno de mis escritores favoritos (al que conoci tardiamente, por cierto, por que estaba envenenado con comentarios que lo tildaban de "comercial"...)
Saludos, y exitos en el blog
Dagberty
Comentado por: Dagbertty el 21/12/2005 a las 01:12
Qué lindo tema para comentar. Justamente ayer comencé a leer una antología que todos los años se publica en USA de los mejores cuentos del año (de USA). Cada año invitan a un escritor consagrado a hacer la antología, y esto implica leer cientos de cuentos. Aquel año la antologadora era Barbara Kingsolver (que me entretuvo enormidad con "The Poisonwood Bible") y escribió un prólogo que me pareció fantástico. Comentaba cómo había partido con diversas técnicas de evaluación, tics, signos más y menos, para darse cuenta muy luego que esto no funcionaba: los cuentos habían sido ya preseleccionados y todos eran buenos cuentos. Y decidió que lo que haría sería anotar, debajo de cada título, cuál era la lección de vida que el cuento le daba. Así hizo una pila de cuentos con lecciones de vida notables: cuentos que le enseñaron algo que no sabía o que le cambiaron totalmente la perspectiva de algo que sí sabía. Y los cuentos con lecciones del orden de "el amor de juventud es egoísta" se fueron al tacho por obvios, por muy bien escritos que estuvieran.
Yo me sumo a esto. Si bien coincido en querer de la literatura que me entretenga, para mí no es suficiente si me entretuvo un libro mientras lo leía y lo olvidé en cuanto lo cerré. Jamás leería un libro aburrido por obligación, pero me gustan los libros que hacen que al cerrarlos yo sea una persona sutilmente distinta que al momento de abrirlos. "Cien años de soledad" no lo olvidé jamás; tampoco "El mundo según Garp", ni "Amnesia" de Douglas Cooper, ni varios de los cuentos de Cortázar, ni "Seda", de Baricco... en fin; varios, por suerte. Que me entretengan pero que me cambien, que me muevan la mirada, que me den vuelta las entrañas también.
(Acepto sugerencias)
Comentado por: Andrea M el 20/12/2005 a las 20:12
Qué lindo tema para comentar. Justamente ayer comencé a leer una antología que todos los años se publica en USA de los mejores cuentos del año (de USA). Cada año invitan a un escritor consagrado a hacer la antología, y esto implica leer cientos de cuentos. Aquel año la antologadora era Barbara Kingsolver (que me entretuvo enormidad con "The Poisonwood Bible") y escribió un prólogo que me pareció fantástico. Comentaba cómo había partido con diversas técnicas de evaluación, tics, signos más y menos, para darse cuenta muy luego que esto no funcionaba: los cuentos habían sido ya preseleccionados y todos eran buenos cuentos. Y decidió que lo que haría sería anotar, debajo de cada título, cuál era la lección de vida que el cuento le daba. Así hizo una pila de cuentos con lecciones de vida notables: cuentos que le enseñaron algo que no sabía o que le cambiaron totalmente la perspectiva de algo que sí sabía. Y los cuentos con lecciones del orden de "el amor de juventud es egoísta" se fueron al tacho por obvios, por muy bien escritos que estuvieran.
Yo me sumo a esto. Si bien coincido en querer de la literatura que me entretenga, para mí no es suficiente si me entretuvo un libro mientras lo leía y lo olvidé en cuanto lo cerré. Jamás leería un libro aburrido por obligación, pero me gustan los libros que hacen que al cerrarlos yo sea una persona sutilmente distinta que al momento de abrirlos. "Cien años de soledad" no lo olvidé jamás; tampoco "El mundo según Garp", ni "Amnesia" de Douglas Cooper, ni varios de los cuentos de Cortázar, ni "Seda", de Baricco... en fin; varios, por suerte. Que me entretengan pero que me cambien, que me muevan la mirada, que me den vuelta las entrañas también.
(Acepto sugerencias)
Abrazos
Andrea M
Comentado por: Andrea M el 20/12/2005 a las 18:12
Qué lindo tema para comentar. Justamente ayer comencé a leer una antología que todos los años se publica en USA de los mejores cuentos del año (de USA). Cada año invitan a un escritor consagrado a hacer la antología, y esto implica leer cientos de cuentos. Aquel año la antologadora era Barbara Kingsolver (que me entretuvo enormidad con "The Poisonwood Bible") y escribió un prólogo que me pareció fantástico. Comentaba cómo habí partido con diversas técnicas de evaluación, tics, signos más y menos, para darse cuenta muy luego que esto no funcionaba: los cuentos habían sido ya preseleccionados y todos eran buenos cuentos. Y decidió que lo que haría sería anotar, debajo de cada título, cuál era la lección de vida que el cuento le daba. Así hizo una pila de cuentos con lecciones de vida notables: cuentos que le enseñaron algo que no sabía o que le cambiaron totalmente la perspectiva de algo que sí sabía. Y los cuentos con lecciones del orden de "el amor de juventud es egoísta" se fueron al tacho por obvios, por muy bien escritos que estuvieran.
Yo me sumo a esto. Si bien coincido en querer de la literatura que me entretenga, para mí no es suficiente si me entretuvo un libro mientras lo leía y lo olvidé en cuanto lo cerré. Jamás leería un libro aburrido por olbigación, pero me gustan los libros que hacen que al cerrarlos yo sea una persona sutilmente distinta que al momento de abrirlos. "Cien años de soledad" no lo olvidé jamás; tampoco "El mundo según Garp", ni "Amnesia" de Douglas Cooper, ni varios de los cuentos de Cortázar, ni "Seda", de Baricco... en fin; varios, por suerte. Que me entretengan pero que me cambien, que me muevan la mirada, que me den vuelta las entrañas también.
(Acepto sugerencias)
Abrazos
Andrea M
Comentado por: Andrea M el 20/12/2005 a las 17:12
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
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