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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 4 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Sin palabras

Entre las toneladas de literatura que ya produjo la decisión de apurar el pago de la deuda que la Argentina mantenía con el FMI, me llamó la atención un artículo que David Cufré publicó ayer domingo en Página 12. Allí, al intentar describir cómo cambiará la vida del país a partir de esta iniciativa del gobierno de Kirchner, Cufré optó por listar nombres y palabras que dejarán de forma parte de nuestros padecimientos cotidianos: “Michel Camdessus, Rodrigo Rato, Anne Krueger… Stand by, crédito puente, metas cuantitativas, waiver, revisiones trimestrales, consenso de Washington…” ¿Mejorarían nuestras vidas si pudiésemos olvidar ciertas palabras? A primera vista podría tratarse de un cometido ofensivo para un escritor, que naturalmente ve en cada palabra el equivalente de una herramienta. Inventar palabras que enriquezcan el lenguaje debería ser, incluso, un motivo de orgullo; el idioma inglés, sin ir más lejos, le debe a Shakesperare el haber acuñado no menos de un centenar de ellas. Pero los escritores también sabemos de la necesidad del despojamiento. Corregir es ante todo tachar: despojarnos de lo superfluo debería resultarnos un imperativo. Pocas cosas me enseñaron más sobre la construcción de un texto narrativo como las correcciones que Rodolfo Walsh hizo a la primera edición de Operación masacre. Preparando una segunda edición, Walsh tachó a lo loco. Y la lectura de las dos frases, la original y la expurgada, demostraba de forma categórica que en efecto, el texto aligerado era el texto mejor. Salvo casos anotados, en literatura menos siempre suele ser más. ……………………… (El despojamiento también puede formar parte del juego creador. Cuando comencé a escribir mi cuarta novela se me ocurrió, sabrá Dios por qué, no usar ni un solo adverbio terminado en mente. Varios centenares de páginas después creo haberlo logrado, con la única, deliberada excepción de un neologismo: pequeñamente, que usé para explicar la voluntad del protagonista de vivir casi escondiéndose y deponiendo toda ambición. Hace pocos días, con el libraco ya terminado, leí en alguna parte que ahora está bien visto que los escritores no recurran a esos malditos adverbios. Detesto la idea de que se piense que lo hice por estar au courant, pero confío en que el resto del texto demostrará, ¡y sobradamente!, que me paso las modas por el forro.) ………………… Creo que viviría mejor sin las palabras opinólogo, nosocomio y repartición. Creo que mi calidad de vida aumentaría de forma sustancial si ya no oyese ni leyese las palabras encuesta, sarpullido, lifting y podólogo. O expresiones como riesgo país y unidad móvil y en vivo. (¿Acaso existe la posibilidad de que algo sea en muerto?) Por el contrario, creo que la vida de muchos contemporáneos no podría ser descripta con justicia si perdiésemos palabras como encarajinado, sexópata o lábil. Pero si tuviese que elegir una sola palabra a la que guillotinar, me quedaría con guerra. No porque aliente la ingenua pretensión de que la desaparición de la palabra conduzca a la prescripción del hecho, sino porque creo que la creación de la palabra guerra fue una decisión política de aquellos que crearon los lenguajes. Hay algo dignificado en la palabra guerra, un matiz que sugiere la posibilidad de que exista un enfrentamiento bélico justo aun cuando la experiencia nos demuestre lo contrario. La mayoría de las acciones que hoy llamamos guerra serían descriptas con mayor precisión y justicia con expresiones como agresión injustificada o violencia legalizada. Un mundo en el que sintiésemos el mismo rechazo por la palabra guerra que el que experimentamos cuando oímos cáncer, impotencia o bancarrota, sería a todas luces un mundo mejor.

[Publicado el 19/12/2005 a las 11:12]

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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