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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 4 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

A un héroe anónimo

En respuesta al texto de ayer sobre los relatos que marcaron nuestra infancia, Djuna recogió el guante y mencionó sus favoritos. Uno de los que anotó llamó mi atención: “Moby Dick, naturalmente,” escribió en su comentario. Lo primero que pensé fue que el libro de Melville había cruzado por mi mente al redactar mi propia lista, pero que lo había desechado porque durante mi infancia sólo había leído versiones adaptadas. Los libros que yo había mencionado eran relatos que un niño puede leer en su versión original: las novelas de Salgari o Dumas (que leí en la ediciones de Tor que pertenecían a mi abuelo Ángel), La espada en la piedra, David Copperfield. Pero sin dudas no es posible que ningún niño más o menos convencional lea Moby Dick tal cual Melville la escribió. Es una novela larga, densa, abrumadora y compleja, cuya música constante es la desolación de la existencia: Moby Dick la asume y la lleva hasta sus últimas consecuencias, con una impiedad que no he vuelto a encontrar en la literatura –tan sólo en King Lear y en ciertas escenas de Beckett–. La pregunta que se me ocurrió entonces fue: ¿quién habrá sido el primer editor a quien se le ocurrió que Moby Dick podía ser versionada como un relato infantil? Por lo pronto, debe haber sido alguien que se arrogó el derecho cuando Melville ya había muerto; porque de haber estado vivo el pobre Herman lo habría ido a buscar y lo habría colgado de un árbol para luego destriparlo. ¿Su novela más dolorosa, más terrible, más ambiciosa, convertida en un pasatiempo para niños? Melville padeció en vida el sufrimiento de aquel que no obtiene el reconocimiento esperado, pero aun así no debe haber imaginado, siquiera, un destino semejante; nada más fácil que malinterpretar la versión infantil, que sin dudas le habría sonado a burla póstuma. Está claro que las imágenes que Moby Dick sugiere a simple vista son atractivas para todo público: la mar interminable, la ballena blanca y el capitán obsesionado por la cacería. Lo más probable es que el editor no haya leído nunca el original. Debe haberle pedido a un empleado que fatigue el libro para después relatarle la historia, y haber concluído, al oír la sinopsis, que era un material lo suficientemente colorido como para atraer la febril imaginación infantil. Algo parecido a lo que hacen todavía hoy la mayor parte de los productores de cine: pedirle a un subordinado que resuma la anécdota de una novela en dos palabras, para proceder a la reserva de derechos si le parece un material potable para la pantalla. ………………………………………… Pero también existe la posibilidad de que se haya tratado de un editor responsable, que leyó Moby Dick hasta la palabra finis y aun así tuvo ánimo suficiente para imaginar que los niños valorarían la historia tal cual era. Porque algunas historias clásicas han sido edulcoradas, como la de Robin Hood, que suele culminar con el regreso triunfal de Ricardo Corazón de León para evitar a los lectores la amargura de los tragos por venir. O La sirenita en su versión disney-ficada. Pero no Moby Dick, que hasta en su relectura más pedestre culmina siempre de la misma manera: con Ishmael flotando en el océano aferrado a un ataúd. ¿Será posible concebir una imagen que describa con mayor precisión el destino último del ser humano? Si el caso fue como aquí imagino, este editor debería ser considerado un héroe. Al igual que aquel que intuyó que La Ilíada y La Odisea podían ser bien recibidas por los más pequeños. Al igual que aquel que versionó Las mil y una noches. Y La Morte d’Arthur. Y Dr. Jekyll and Mr. Hyde. En su momento Charles y Mary Lamb adaptaron las obras shakespirianas a la forma del relato corto, pensando en la formación de los más pequeños. Sus textos familiarizaron a varias generaciones de ingleses con las historias del dramaturgo de Stratford, aunque no con su poesía. Aquella decisión de los Lamb, suscrita por sus editores, tampoco estuvo exenta de locura. ¿En qué habrán pensado cuando imaginaron que esas historias de ambición, venganza, locura, celos y crímenes indescriptibles podían ser adecuadas para el paladar de un niño? Cualquiera que haya sido la razón, le debemos a los Lamb y al editor de Moby Dick en plan infantil y a aquellos que pusieron a Poe y a Homero y a Victor Hugo y a Conrad y a Lovecraft y al Quijote a circular entre los niños, a todos ellos les debemos, insisto, una deuda tan enorme que se vuelve impagable. Porque hicieron posible que quedásemos expuestos a historias imperecederas en el momento más tierno de nuestra existencia, y al hacerlo nos modificaron para siempre. Desde entonces hemos creído que el marco en que transcurrían nuestras vidas podía ser tan bello y trascendente como aquellas historias. Sin las versiones infantiles de Melville, de Shakespeare y de tantos otros gigantes, nuestra existencia hubiese sido infinitamente más pobre.

[Publicado el 02/12/2005 a las 11:12]

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Comentarios (4)

  • Cierto es que este tema es complicado de tratar. Muchas de las adaptaciones de los clásicos que se han hecho para los niños han presentado ideas falaces de los textos. Los niños deberían de estar más preparados para enfrentarse con estos tipos de textos y así poder comprenderlos por sí solos, pero ya con ciertas "armas" para su mejor comprención. Aún cuando el niño tarde en poder leer un clásico, cuando llegue el momento podrá sacarle más provecho a la lectura, en lugar de enfretarse a un resúmen o adaptación mal hecha.

    Comentado por: Alma Itzel el 08/12/2005 a las 05:12

  • Efectivamente, Marcelo. Mi primer "Moby Dick" fue una versión adaptada para niños. No estoy segura, pero quizá descubrí a Melville, como a tantos otros, en aquella colección de Bruguera llamada Historias Selección que ofrecía una versión en cómic de la novela en las páginas impares y una versión más larga y sin ilustraciones en las pares. A lo mejor es la nostalgia, pero recuerdo aquellos libritos como excelentes ejemplos de adaptación de clásicos de la literatura: muchos de ellos fueron la ventana a la lectura de las versiones adultas.

    Comentado por: djuna el 05/12/2005 a las 18:12

  • Estimado Marcelo:

    Estamos frente a un problema complejo, aunque en este caso sea Moby Dick la que nos ocupa el comentario, no hay que perder de vista las demás obras literarias destinadas como lectura infantil. Tenemos claro que el "método Disney" de caricaturizar cuentos clásicos es una mosntruosidad perversa,o que podría pensar Dickens de ver "La Sirenita", o Kipling viendo a Shere Khan bailar.

    El punto es poder incluir la literatura como parte integral del aprendizaje de cualquiern niño a cualquier edad,pero sin robar o destruir la esencia de las obras como fueron ceoncebidas por su autor, por lo cual se debe revisar con más severidad que lectura se recomienda y que fin se quiere obtener con ella. Por ello debemos abandonar el pragmatismo y recatalogar los clásicos para poder ofrecerlos de forma que aporten de forma optima al individuo,no creo que sea fácil, pero considerando que las adaptaciones hacen que el clásico pierda fuerza,creo que deben de dejarse integros y su lectura llevarse a cabo de acuerdo a la edad o preparación.

    Pero no deja de ser complejo. Felicidades por el sitio.

    Angel Pastrana

    Comentado por: Angel Pastrana el 05/12/2005 a las 00:12

  • Aunque de acuerdo en la esencia..., como educador y editor no puedo dejar de preguntarme por los problemas que toda edición infantil de un clásico conlleva consigo. En parte, el hecho de que textos como Los viajes de Gulliver o incluso Alicia en el país de las maravillas vean limitado su alcance se debe a la obcecación de las editoriales por venderlos en formatos adaptados y donde se vean desprovistos de su enorme crítica social e intelectual. El propósito es bueno, pero puede evitar que muchos adolescentes, jóvenes y adultos reconozcan en las páginas de estas obras la aguda visión del mundo que nos muestran.

    Comentado por: FJ el 02/12/2005 a las 12:12

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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