Un nuevo estilo de pensar la política
Cuando haya pasado el tiempo, y las convulsiones de hoy sean recordadas como el fruto amargo de un mal sueño, quizá podamos pararnos a considerar la convicción con que Obama elaboró su discurso político.
Para hacer frente a la crisis el Presidente de los USA reclama una ley contra los excesos de la avaricia, restaura la autoridad que regulará la disciplina financiera y moviliza los recursos económicos destinados a impedir que el tejido social se deshaga en mil pedazos. Al mismo tiempo anuncia la regeneración de una sociedad obligada a dar lo mejor de sí misma.
No se trata tan sólo de presidir un programa gubernamental aprobado por la mayoría de la Cámara de representantes. Obama impulsa una movilización que haga factible lo que parece imposible. La cordialidad que ofrece a los gerifaltes del mundo, sin evidenciar la diferencia que los distancia, es parte esencial de esa reinvención moral implícita en su estilo de hacer política. Obama habla a los que desean escuchar pero se dirige especialmente a los que pueden comprender la magnitud de un inaplazable desafío ético. La idea que sostiene su vigorosa puesta en escena es una constante apelación al sentido común: o acabamos nosotros con el conflicto o el conflicto acabará con nosotros.
Nos encontramos al borde de una catástrofe (millones de parados sin nada que llevarse a la boca son un paisaje escalofriante) y sólo una convicción de este calibre podrá encauzar las necesarias voluntades, esperanzas y paciencias.
[Publicado el 13/4/2009 a las 18:37]
[Etiquetas: Obama, crisis financiera, paro]
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Estimado don Basilio...!Ay!, la política y sus votantes. Un abrazo desde Barcelona.
DESCRÉDITO EN LA POLÍTICA ESPAÑOLA. ¿QUÉ HAY DE LO MÍO?
Desencantado en tiempos de crisis, el ciudadano, criatura que tiende a introspecciones varias, disputando con el banco la hipoteca y ajustando sus haberes que le permitan llegar a final de mes. Estremecido de nostalgia, recordando el estado del bienestar abultado que hemos vivido estos últimos años. Y quizás, erróneamente, culpando a sus legisladores de tal situación compleja de crisis cíclica actual.
Impopularidad y reputación se pueden conjugar erróneamente. Pensando que los políticos, desmerecidos unos y alabados otros, sean iguales en sus haceres y suelan convenir para pactar oscuros entramados confabulando a su connivencia. Y eso, no es cierto. Eso podría ser un error de perspectiva. Algunos, probablemente habrán hecho traición a su jura o promesa, generando y suscitando la desconfianza en el elector. Pero otros, -la mayoría-, intentarán adquirir el compromiso y las metas que se propusieron para alcanzar el logro, como la ola de la mar lo hace a cada momento con la varada en la orilla, suma de sincronización de ley natural y de vida.
Pero cuando las cosas van medianamente bien también se suele cargar contra los políticos. ¿No será una primitiva costumbre que tenemos adornada de justificación de nuestras propias frustraciones?
El político decente, el político íntegro y comprometido puede ver su esfuerzo deslucido y decaído ante la desconfianza y recelo del ciudadano. Puede ser injusto tal irracional manera de pensar de que todos pueden ser medidos con la misma vara, pues hay aspirantes a legislar, y otros que yá legislan, que hacen de su vocación un buen hacer con hechos y verdades tangibles. A veces, hasta se nota su esfuerzo en el resultado de su trabajo, aunque no siempre acabe contentando a todos por igual.
Es muy fácil descargar a nuestras frustraciones y desengaños de los reveses normales venidos de la vida. Pero…, ¿donde está escrito que la vida sea algo fácil de asenderear?
Y a veces podemos escuchar el penitente lamento:
-¡La culpa es de los políticos! Estos sí que viven bien. ¿Y de lo mío qué?
El ciudadano se puede volver egoísta e ingrato, esperando que por defecto se le puedan solucionar todos sus problemas, como si de prestidigitación se tratara. Y de los políticos, se esperara que tuvieran una “vara mágica” y encantadora como lo tuvieran las hadas del bosque. Magia y política no casan lo que se dice bien. Otra cosa es el ilusionismo, donde nos puedan hacer creer lo que no es, -eso es otro tema y asunto-, pues no todos los legisladores tienen truco ni cartas marcadas debajo de la manga.
Hay políticos honestos, comprometidos e íntegros, ¡faltaría más!. La prueba está en la evolución y el desarrollo desde nuestra difícil transición. Si miramos desde atrás hacia adelante, podremos ver el cambio de forma evolutiva en nuestra política, como una mudanza, de una dictadura lejana a nuestra consensuada e impermeable democracia. A veces con errores de cálculo, pero también de vez en cuando con afino y aciertos.
Un servidor, desconoce si los políticos viven bien o medianamente con holgura y abundancia, o se apañan como pueden y mejor saben. Pero todo esto, no nos ha de llevar al subjetivo tópico de culparles de todas las miserias e infortunios, que como excusa, nos puede desviar de la senda de nuestra propia responsabilidad. Porqué nosotros, los ciudadanos, también somos un poco “políticos” y gestores de nuestro destino, responsables de dar nuestro voto y confianza a quien creamos merecedor para el ejercicio del poder. Y nuestra implicación pasiva, ha de ser de cumplir en las urnas y respetar el resultado, aunque este no siempre pueda contentar a todos.
Es el sistema, que como un lienzo hemos de colorear para darle vida a un paisaje de secano. Puede que no nos gusten algunos matices de purpuras y morados, ni de texturas y tactos en el basto tejido social. Algunos políticos pintan al óleo, otros al acrílico y algunos incluso al gris carboncillo. Algunos con colores fríos y otros con colores calientes, unos marinas y otros paisajes. Pero la democracia es el mejor pincel y paleta que tenemos en nuestras manos para mezclar colores y pigmentos. Para así, poder plasmar en lienzo la expresión y la pluralidad del pueblo. Y sin nuestro voto, -que es nuestra pincelada barnizada-, quedaría inacabada la obra, de la tela de ámbitos públicos y de expresiones varias que es la política.
Ahora más que nunca, los políticos, los “elegidos”, los íntegros y cumplidores, necesitan nuestro apoyo en estos confusos y cambiantes tiempos. Sí, quizás sea hora de empujar todos juntos el carro de la colectividad y el consorcio que es nuestra estructura social. No seamos necios, ni almas de bronce, ni títeres que manipulan sus propios hilos que nos sirva como excusa impía.
Demos un margen de confianza, independientemente de la orientación del político. Miremos hacia el futuro sin quitar la vista al presente. Porque mañana, el futuro de hoy ya será presente otra vez. Nadie nos puede quitar la ilusión de tener un mundo mejor, pero pongamos nosotros de nuestra parte. Críticos, sí, pero constructivos y con fundamento. La confianza en nuestro sistema democrático no debe llevarnos a vacilar ni a titubear. Y como este artículo se ha deslizado caminado por el arte de la pintura, como dice el refrán: Ni el ciego juzga de colores ni el sordo de razones.
Sergio Farras www.escritortremendista.blogspot.com
Comentado por: Sergio Farras el 14/4/2009 a las 10:12
Comentado por: amalia el 14/4/2009 a las 09:02
Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.
Tengo una pregunta para mí
En la 2 de RTVE
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