Burma, tragedia y necedad

Un hombre se encara a los militares birmanos.
Estuve en Burma el pasado verano mientras se gestaba el levantamiento de los monjes budistas. Los miembros de la resistencia lo alentaban con esperanza pero lo temían fatalmente. El recuerdo de la última matanza perpetrada por los militares mantenía viva la secuela del horror y hacía previsible el desenlace de la protesta. Aún así, la población, adornada con extrañas virtudes, se encaminó de nuevo hacia el sacrificio y de nuevo fueron degollados.
La opinión pública internacional se soliviantó, los gobiernos democráticos protestaron, las Naciones Unidas condenaron el abuso de poder, la prensa de todo el mundo difundió las imágenes de una represión brutal pero indolente, cansina. Lobos saciados matando ovejas en un cercado.
Los militares birmanos se apoderaron de su país antes de organizarse las complicidades de la Guerra Fría y desde entonces gobiernan inmunes a la deriva ideológica y económica de nuestra época. Aislados del mundo por el recelo de su autarquía castrense, ejercen con impunidad el dominio feudal sobre unos súbditos sometidos a su indigencia moral. Astutos y codiciosos, los militares gozan los privilegios de un prepotente mandato desde la satisfecha ignorancia de su inconcebible necedad. No saben nada de economía, industria, agricultura, educación o sanidad. Su pericia son los desfiles y a juzgar por la prominente barriga que se distingue bajo sus uniformes verde olivo no parece que ni siquiera de eso sean capaces.
No concluyen aquí los episodios de la tragedia birmana. Cuando los militares hayan saqueado las riquezas de Burma (bosques y minerales) y la quiebra del país amenace sus cuentas corrientes abandonarán un Estado destartalado y lo dejaran a merced de los oportunistas que, aprovechando la ausencia de instituciones reguladoras y la candidez de una población bondadosa, se abalanzarán sobre los restos del botín y harán más perfecto el expolio y la explotación.
Una descomunal tormenta ha devastado al país y nada tienen los birmanos para hacer frente al hambre, las plagas, los heridos y los enfermos que se arrastran por los campos anegados. Con el rictus de su estúpida mueca autoritaria, un grupo de militares contempla la riada de escombros y los cuerpos sin vida que flotan en las aguas pestilentes. Su primera orden ha sido tajante: prohibir la llegada de la ayuda internacional.
[Publicado el 11/5/2008 a las 14:54]
[Etiquetas: Birmania, represión, monjes budistas]
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Me encantaría recibir informacion periodistica y difundirla en favor de la gente mas debil. una protesta unida en favor de la paz.
Comentado por: carlos Albarracin el 05/12/2008 a las 01:55
Gracias Ossa. Desde que Salí de España, más de la mitad de mi vida, han cambiado los nombres de tantos países que tendría que tomar un par de lecciones en español…en ingles intento estar al día.
Pero no es para tanto ¿no? Ustedes le llaman a los seudónimos “nik” que no quiere decir nada, sería “nickname”. Pero le agradezco que se encargue de la limpieza de sangre en la lengua madre...madre de quién?
Comentado por: chiqui el 14/5/2008 a las 19:36
Comentado por: me el 14/5/2008 a las 19:30
Hoy,trece de mayo,a las 22:30, Documentos TV ofrecerá un reportaje sobre FIBROMIALGIA Y FATIGA CRÓNICA.
Comentado por: kjdj el 13/5/2008 a las 20:50
¿Burma? ¿Qué diablos es Burma? O bien se escribe Birmania, como siempre, o bien Myanmar, nombre que le han dado los dictadores en el poder. Acabaremos todos hablando en inglés.
Comentado por: ossa el 13/5/2008 a las 17:15
Gracias Basilio por esta entrada. Es esa ignorancia del gobierno, a la que usted se refiere, que está haciendo imposible que la ayuda humanitaria de otros países llegue a Burma lo antes posibles. A escala menor, esto me recuerda el desastre de huracán Katrina en el Golfo de Méjico, y los cuatro días que tardó el gobierno de Bush en reaccionar
Comentado por: chiqui el 12/5/2008 a las 22:23
Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.
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