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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

martes, 13 de mayo de 2008

Blog de Basilio Baltasar

(Un paréntesis)

Imre Kertész

Imre Kertész y Péter Esterházy relatan su accidental encuentro con una popular figura literaria. Hoy parece inevitable que la alusión nos remita al modelo que sólo Kafka supo llevar a su más alta perfección teológica e ineludible que leyendo a los escritores húngaros nos resulte fácil imaginar al autoritario y sombrío funcionario. Cuando los autores reconstruyen el miedo que impone el aduanero, nos impresiona la vigencia de esta maquinaria de humillación espiritual. (Una historia: dos relatos. Galaxia Gutenberg).

/upload/fotos/blogs_entradas/diario_de_un_genio_med.jpgAntes de su desagradable tropiezo con el revisor, sentado en el vagón del tren que lo conduce a Viena, Kertész lee el Diario de un genio y medita el vínculo que Salvador Dalí dice haber descubierto entre el oro y las heces. Kertész sigue con dificultad el razonamiento del artista ampurdanés pero cree intuir el alcance de su hallazgo. Y es justo en el preciso momento en que el autor menciona a Dalí cuando siento un desagradable malestar, como si el nombre del pintor removiera antiguas aprensiones.

Y es en verdad muy extraño pues siempre he sentido simpatía por la avezada familia de los surrealistas. ¿A qué debo atribuir un rechazo que va en aumento hasta aflorar como declarada hostilidad? Lo cierto es que la inesperada reacción de mi organismo me produce al mismo tiempo un placentero alivio. Como si me hubiera quitado de encima un estorbo insufrible.

Molesto por haber ignorado durante quién sabe cuánto tiempo mi secreta aversión por Dalí, no me queda más remedio que averiguar de dónde procede tan furiosa manía. Aunque hace años organicé una exposición con grabados y pinturas de Dalí, no recuerdo haberlo hecho a regañadientes. ¿Tan hábil puede llegar a ser nuestra diligencia profesional?

Siguiendo la pista de mi animosidad me remonto, ¡nada menos!, a mis lejanos tiempos de estudiante en la universidad de Barcelona, cuando además de empeñarme en mil tareas me ganaba unas pesetas dando clases a obreros en paro. No necesariamente debía entusiasmarles escuchar mis disertaciones pero era un requisito de obligado cumplimiento que asistieran pues de otro modo no cobraban el exiguo subsidio que el Ministerio de turno les proporcionaba.

Entre los aburridos alumnos, todos ellos emigrantes procedentes de Andalucía, camareros y albañiles sometidos al capricho de la contratación temporal, había un catalán malcarado con gafas de aumento y cristales oscuros, un tipo alto de mejillas rosadas, un pagés del Pirineo.

Aquellos hombres curtidos, ridículamente sentados en pupitres de escuela primaria, me contemplaban con una sonrisa sardónica mientras yo me devanaba los sesos haciendo interesantes unas estúpidas lecciones de alfabetización obligatoria.

Yo firmaba las cartillas que cada semana los alumnos entregaban en la oficina de empleo, por irregular que hubiera sido su asistencia o escaso su interés por la cultura general. Pero mi buena disposición a engañar a los burócratas del Sindicato Vertical -causa de mi posterior despido- no fomentaba la complicidad que un joven lector de Gorki consideraba inherente a la condición humana. En realidad, a los contratados eventuales les parecía muy bien que yo cumpliera mi verdadera obligación. Algo que no merecía ningún comentario.

El único que demostró tener suficiente sentido del humor para detectar mi desconcierto fue el corpulento campesino pirenaico. Mientras tomamos una cerveza en el bar de la esquina, me contó afablemente su vida y los enrevesados episodios de un lamentable drama familiar. Revivió con lánguida resignación la pérdida de sus tierras de labranza y la apenada subsistencia que desde entonces llevaban él y su hermano gemelo. Iban tirando mientras se ganaban los garbanzos trabajando en la industria hotelera de la costa catalana.

En cierta ocasión, durante una de sus frecuentes temporadas sin empleo, se encontraron junto a la casa de Dalí en Figueras y decidieron probar suerte y entrar a pedir limosna. Tocaron la puerta y le explicaron al mayordomo su intención. Dalí les hizo pasar al salón y escuchó la desdichada historia de los gemelos haciendo divertidos comentarios sobre la precisión geométrica de sus rostros. Expresaba su admiración con entusiasmo y le maravillaba la sincronía cósmica que creía reconocer en la accidental aparición de los dos mendigos, a los que consideró como la encarnación de los extraviados Cástor y Pólux. Con fruición les explicó el significado del origen onírico del dinero que imploraban y la razón por la que no merecían recibir pura mierda. Esto es lo que dijo Dalí mientras los sacaba a la calle sin darles un duro.

El encuentro había tenido lugar un par de días antes. Los gemelos hacían auto stop por las carreteras de la comarca catalana cuando un coche atropelló por despiste al hermano y lo mató.

[Publicado el 09/3/2008 a las 12:45]

[Etiquetas: Kertész. Esterházy. Dalí.]

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Comentarios (7)

  • El genio (como quizá lo fue Nietzsche, o Buñuel, y con plena conciencia Dalí) da lecciones de perplejidad terapéutica, justo como hace miles de años el chamán, a la vez abyecto (ningún primitivo quiere serlo de su grado) y necesario. Imagino que Dalí elogiaba a los gemelos como Cástor y Pólux y todo eso, porque era lo único de valor que les podía ofrecer. Al margen de haber podido tener el gusto de Sócrates, otro linchado, otro abyecto. Imagino su terror al ver de frente las heridas de la miseria, frente a la que, demos o no demos dinero cada uno, sólo se puede expresar impotencia.

    Comentado por: Manuel Montero el 08/4/2008 a las 08:33

  • Espero que se entendiera, hay un error en mi primer comentario

    "los genios NO deberían morir"

    Comentado por: chiqui el 10/3/2008 a las 19:05

  • Ah, es usted el mismos Maleas. Con su - no provocado - insulto ni lo pude reconocer; pensé que otra persona usaba su alias. Cosa de los blogs...No hace mucho estuve con la sobrina del poeta que se encargaba de la fundación Lorca en Granada, pero no hablamos de su tío… Haré un ‘esfuerzo’ la próxima vez. Pero, el piano fue comprado por sus padres. Con la estrecha amistad que tenían con Falla, hasta se lo pudo haber recomendado. Esto último son lucubraciones mías, a las que soy muy dada.
    Pero es cierto que no leo comentarios de más de un cuarto de página, es lo que me permite mi tiempo y capacidad de concentración!

    Comentado por: chiqui el 10/3/2008 a las 19:01

  • Chiqui,gracias por el enlace y condolencias por su desmemoria,¿ no recuerda que hice un comentario en su blog a proposito de Jorge Santayana?,ese desconocido del que bien podria hacernos una glosa Basilio.
    Y ademas recuerde que se comprometió vd. a interesarse por la cuestión de la autenticidad del piano de Federico.
    Caigo en la cuenta de que sin pretenderlo he citado aqui a los tres de Toledo.¿Será eso surrealismo?.

    Comentado por: maleas el 10/3/2008 a las 10:02

  • Rilke me enseñó a apreciar la pintura de Dalí.En cuanto a su calidad humana,la respuesta a Buñuel cuando este le pidió ayuda para hacer una pelicula," no estropees la amistad de Toledo" le respondió,queda puesta de manifiesto.La anecdota que cuenta Basilio acaba retratando al personaje.El artista se jactaba de ser asi.

    Comentado por: maleas el 10/3/2008 a las 09:55

  • Nunca me gustó demasiado la pintura de Dalí. Aún reconociendo lo que haya que reconocerle, la sensación que causa en mí contemplar un cuadro suyo es la de algo plástico, sintético, demasiado brillante y derretido. Lo opuesto a la calidez de la madera, la sencillez, lo cercano. No tengo idea de cómo sería humanamente, no será el primero que niega una limosna.

    Las aversiones se crean así, siempre, es algo entero adentro nuestro que responde.

    Comentado por: andy el 10/3/2008 a las 01:55

  • Interesante historia, por lo mucho que dice de usted. Dalí…lo último que recuerdo de él fue su salida del hospital, en silla de ruedas: apenas pudiendo balbucear dijo a la prensa algo así ‘los genios de deberían morir’. Estábamos en un bar, en Salamanca, era la hora del café, una docena de personas rompieron en una estrepitosa carcajada. No los acompañé, pero tampoco sentí lastima por él.
    Sabe que pasó con ese estudiante? Espero que viva bien hoy!

    Comentado por: chiqui el 10/3/2008 a las 00:46

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Biografía

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. En 1986 fundó la revista literaria Bitzoc y la revista de arte y arquitectura Gala. Fue editor de Seix Barral y convocó de nuevo el Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria y reunió al jurado que hasta su fallecimiento presidió Guillermo Cabrera Infante. Entre 1989 y 1996 dirigió un programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March y, en la actualidad, es vicepresidente de la Fundación Yannick y Ben Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo. Desde el año 2005 es Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa, director de La Oficina del Autor y editor de El Boomeran(g).

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