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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 3 de agosto de 2020

 Blog de Basilio Baltasar

Quién ha sido

El saludable escepticismo de los tiempos modernos ha moderado las aspiraciones heroicas de la condición humana y mediante un informado ejercicio de buen humor ha conseguido sosegar la ansiedad de los hombres inclinados a sentir la llamada del destino.

Pero del mismo modo que formas vegetales arcaicas perduran gracias a casi extinguidos sistemas de fecundación, subsisten en nuestras sociedades individuos dispuestos a resucitar caducas maneras de conducir a los hombres.

El anhelo que distingue a los héroes imbuidos por este furtivo instinto de predestinación suele ser un irreprochable fervor altruista, pues la ambición de poner un poco de orden en la sociedad es la única que alienta sus generosos desvelos.

Thomas Carlyle creyó que un solo hombre puede enderezar el rumbo del mundo y dedicó a este héroe su elegía: "Al capitán, al superior, al que asume el mando, al que está por encima de los demás hombres; aquél a cuya voluntad se someten los otros, a éste debe considerársele como el más importante entre los grandes hombres".

No hace falta indagar en las profundidades psicológicas del personaje para comprender la influencia que esta escuela de pensamiento político ha tenido en la formación de José María Aznar. Ya en el congreso de Sevilla, cuando en 1990 conquistó la jefatura del Partido Popular, Aznar se presentó como portador de las cualidades que adornan al héroe: "Abnegación, entrega, hombría de bien y sufrimiento".

Muchos de sus colaboradores creyeron seguir al actor de los discursos que allanan el camino de La Moncloa, pero poco a poco hasta los más incautos adivinaron lo que estaba sucediendo: Aznar se precipitaba a fundir en una única figura su imaginación y su identidad.

La modesta y tímida incubación del espíritu providencial fue dando sus frutos y procurándole la elocuencia que tronaría más allá de nuestras fronteras: "los débiles gobiernos de las democracias occidentales cederán al chantaje de los cuerpos mutilados y sus frágiles sociedades terminarán derrumbándose como naipes".

Los gestos autoritarios y las declaraciones intempestivas podían parecer consecuencia del satisfecho mandato alcanzado en dos citas electorales, pero en realidad pertenecían a un género más elevado de impaciencia. Su mímica delataba sin cesar esa irritación que distingue a los grandes hombres conscientes de estar perdiendo el tiempo. "Hacen falta", decía en Jerusalén, "líderes fuertes y firmes con un claro sentido de su misión".

Sólo un combativo altruismo transmuta el sacrificio personal en la más duradera fuente de placer. Pero comprender la figura heroica de Aznar requiere además saber cómo se propuso pasar a la Historia.

No era suficiente haber salido ileso de un atentado ni entrar en guerra contra Irak. Para dotarse con los rasgos de una personalidad admirable, Aznar debía escenificar la envergadura mítica de su gallardía y mostrarnos el camino que toma un hombre destinado a convertirse en héroe: la renuncia al poder.

Ya en 1996 especulaba sobre sí mismo indirectamente preguntándose en público: "¿Cómo será España cuando la deje dentro de ocho años?".

Con la singular determinación de abandonar el poder, Aznar no sólo quiso asombrar a una población resignada al duradero empecinamiento de los políticos profesionales, sino elevarse por encima de sus colegas y avergonzar a sus adversarios con una grandilocuente lección moral.

Que la ingeniería financiera del Partido Popular garantizara este atajo a la gloria sin cerrar la puerta de su retorno triunfal, no empañaba el lustre que su figura paseó por medio mundo.

En declaraciones al diario francés Le Monde, hechas poco antes de las elecciones de 2004, José María Aznar citaba las dos grandes figuras históricas a las que puede compararse un gobernante sin apego al poder: el emperador romano Cincinnatus y el emperador Carlos V.

Teniendo como antepasados tan ilustres precedentes, es fácil caer en la angustiada desazón, la perturbada confusión y el inquieto desánimo que sufrirá el hombre empujado a ser de nuevo un simple mortal. Pero el acontecimiento que desmoronó la heroica complacencia de su figura, tan disciplinadamente tallada, no fue la bomba de los integristas en Atocha ni la catástrofe electoral del 14-M.

El carisma de la figura a la que Aznar había conseguido insuflar vida propia no provenía tan solo de la abnegada renuncia al mando sino del constante alarde de una rara cualidad: el valor de la palabra dada.

En un mundo sometido a la frivolidad de los charlatanes, hete aquí que surge con orgullo el que habiendo dicho "me voy", añade: "El arte de gobernar no es sólo tomar decisiones y saber mantenerse en el timón cuando soplan vientos huracanados en contra, sino también saber dejarlo".

Cetro diamantino de la misión trascendente que aceptó cumplir, la palabra del presidente Aznar fue la más temible amenaza que podía dirigir contra sus enemigos y el más fiable de los pendones ofrecidos a sus partidarios. ¿No era acaso esta palabra dada y cumplida un motivo de temor y reverencia?

Pero la voluble fortuna altera con crueldad los sueños de los hombres. Explotó la bomba en Atocha, murieron los ciudadanos de Madrid y el temor a perder el poder que había prometido entregar a su sucesor -"para no aprovechar las tendencias caudillistas de España"- le obligó a empeñar su palabra de honor ante los más fidedignos testigos de su confidencia. Durante los tensos momentos posteriores a las explosiones del 11-M, el presidente Aznar telefoneó a los directores de los principales periódicos españoles para hacerles partícipes de su documentada convicción: ha sido ETA, vino a decir.

Temeraria declaración, como comprobaron luego los que no quisieron desconfiar de la palabra de honor dada por un presidente en tan aciagas circunstancias.

Fue suficiente un dramático encontronazo con el destino adverso para que Aznar perdiera el temple propio de los héroes.

Pocas horas después, el presidente en funciones entraba con su esposa en el colegio electoral de Nuestra Señora del Buen Consejo de Madrid y frunciendo el ceño atravesó el tumulto ciudadano reunido para abuchearle. Quién ha sido, quién ha sido, gritaba igualmente furiosa la muchedumbre.

Ahora da comienzo el juicio que sentenciará la autoría de los brutales atentados de Atocha. Después de meses de descabellada polémica, el Partido Popular redoblará sus esfuerzos de agitación, será insistente el despliegue de sus periódicos y vocinglero el oratorio radiofónico contra los jueces y policías responsables de la investigación.

Pero una más completa comprensión del proceso judicial nos exigirá no perder de vista el origen de esta infatigable campaña de sospechas, bagatelas y clamores: el arrojo que un héroe caído puso en rehabilitar su fama.

Artículo publicado en: El País, 16 de febrero de 2007

[Publicado el 16/2/2007 a las 09:17]

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Comentarios (9)

  • Creo que "Besugo Parlanchin" tiene mucha razón, pero lo primero que se hace en cualquier censo es poner el nombre genuino de cada cual. y perdonad los que tengan algún motivo para ocultarse, pero a esos yo no podria incribirlos, me parece lógico, ¿No?

    Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 25/2/2007 a las 23:01

  • Este no sera un foro serio de debate hasta que se censen sus participantes. La democracia resulta un fraude cuando pueden introducirse tantas papeletas como convenga en las urnas. Se llama pucherazo. Aqui pasa igual con las opiniones.
    Pedimos una voz, un voto. Una persona, una mascara. Una opinión, un responsable.
    Evitar el fraude esta en manos de quien gobierna este sitio.

    Comentado por: besugo parlanchin el 23/2/2007 a las 16:16

  • Durante los tensos momentos posteriores a las explosiones del 11-M, el presidente Aznar telefoneó a los directores de los principales periódicos españoles para hacerles partícipes de su documentada convicción: ha sido ETA, vino a decir.
    ............

    documentada convicción... qué poco tardó Acebes en decirlo, sí... y aún lo intentan...
    bueno Nerón no dejó el poder...se suicidó..., su primera etapa , la de Nerón, como llegó al poder! brutal Nerón para llegar al poder, brutal...gobernó bien al principio...después...

    algo así hizo Aznar

    me gustó mucho su escrito es necesario tener presente lo que quieren que olviden pues no...

    Comentado por: A. el 21/2/2007 a las 15:07

  • ¿Pero es que usted se cree lo que dicen los politicos? ¿Es que aún no se ha dado cuenta de que el poder les pone bellas palabras en la boca, que despues se las lleva el viento? ¡vamos, vamos, dejemos de ser inocentones y la proxima vez votemos al mejor, no al más mentiroso, aunque hable mil idiomas y por los codos.

    Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 20/2/2007 a las 21:07

  • Begonia tiene razón. Cincinato fue un dictador, no un emperador. Pero el error en mi transcripción -inocente- ha mitigado lo que a lo largo del artículo he deseado subrayar: las ególatras pretensiones de Aznar. Las figuras retóricas usadas por el ex-presidente para hablar de si mismo no tienen desperdicio y ayudan a poner de relieve los índicios de una personalidad singularísima. Compararse a un dictador romano, por ejemplo, no deja de ser una valiente osadía.
    Gracias a Begonia por la meticulosa observación.

    Comentado por: Basilio Baltasar el 19/2/2007 a las 15:40

  • Allí van:

    “El saludable escepticismo de los tiempos modernos”
    (¿De quién, específicamente? ¿Escepticismo hacia o respecto a qué? ¿Hacia todo? ¿Saludable, por qué? ¿Qué tiempos modernos? ¿Hoy? ¿Desde este siglo?)

    “ha moderado las aspiraciones heroicas de la condición humana”
    (¿Se refiere a Franco, Hitler, Martín Chambi, Borges o a Raúl del Real Madrid? ¿Y 'moderado'? ¿Desde cuándo, para celebrarlo?)

    “y mediante un informado ejercicio de buen humor“
    (¿Qué ejercicio? ¿Informado, cómo? ¿Qué buen humor? ¿Quién dice que efectivamente es bueno? ¿Quién lo practica?)

    “ha conseguido sosegar la ansiedad de los hombres”
    (¿Sosegar? ¿Cuándo? ¿Qué ansiedad? ¿Cuáles hombres? ¿Usted? ¿Mi ansiedad? ¿La suya, para felicitarlo?)

    “hombres inclinados a sentir la llamada del destino”
    (¿Quiénes? ¿Los terroristas? ¿Los dos ecuatorianos? ¿Usted? ¿Todos?
    ¿Y ‘sentir’? ¿Cómo? ¿Tratando de descifrar línea por línea lo que el señor quiso poner?)


    Uno puede comulgar con una idea y decir las cosas como son. Yo trato de ser fiel a mi espíritu crítico de lector atento. No a ninguna camiseta.

    Otra cosa es leer lo que uno 'quiere' leer.

    Pero eso a mí me aburre. Y me cansa. Como me cansé -puede verlo arriba- apenas ya con el primer párrafo. Debe ser cuestión de gustos.

    Atentamente

    (He alabado ya más de un artículo del señor Baltasar.)

    Comentado por: HjorgeV el 17/2/2007 a las 20:34

  • Lastima que Cincinato no fuese un emperador romano, sino un dictador repúblicano que abandonó su cargo una vez cumplido el plazo de su mandato.
    Lástima que el ejemplo a admirar sea el Sr. Hugo Chávez, manipulando las leyes a su atojo para matenerse en el poder. O Castro, o el señor Gónzalez, que quiso perpetuarse 17 años (por lo menos).
    Y lástima de la incultura histórica (y no sólo)
    que el Sr. Marchiesi y los socialistas han extendido en España.

    Comentado por: begonia el 17/2/2007 a las 17:25

  • Desde que vi el resultado electoral del 14M, creo que todo este tinglado irritante que está creando el PP se basda en la teoría que se desprende del artículo (aunque realmente al que no soy capaz de descifrar es a HjorgeV). Felicito al articulista y me alegro de ver plasmada tan clara esa teoría y de no ser el único que la piensa.

    Comentado por: eupinle el 17/2/2007 a las 15:19

  • Me rindo.
    El tema me interesa y ya había conseguido descifrar los escritos más cortos del ponente.

    Esta vez me rindo.

    Mis conocimientos de mi lengua -el castellano- parecen ser insuficientes para mantener mi mente atenta a su texto, en una lectura amena, interesante e ilustrativa. Que es lo que se desea cualquier lector atento. No un curso de anfibología.

    (Esto también se lo tendría que decir al señor Verdú. Esporádicamente, le da por escribir con uno de esos estilos anfibológicos del siglo antepasado, olvidando que las palabras suelen tener dos o más acepciones, y que es necesario evitar la ambigüedad para no caer en una especie de árbol genealógico, pero sustituyendo ésta última palabra por la palabra semántico.
    Amén de toda la sarta de figuras retóricas que cada quien domina -a su aire-, aunque muchos no sepan para qué. Todavía existe gente que considera que es el lector el que tiene que descifrar el texto.
    La pregunta es, ¿quieren comunicarse los señores? ¿O no?)

    (Lo que muchas veces equivale a decir: ¿Tienen las ideas claras, o no? Y, de ser positiva la respuesta, ¿las quieren soltar, o no?)

    Tendré que inscribirme en un curso de castellano. O seguir el recurso Chandler de la puerta que, si ha servido para entrar, debe seguir en su lugar. Por lo del sentido contrario. (Un modesto aporte mío, a propósito del ajedrez aquél.) (El punto fuera del paréntesis es un absurdo: si el punto pertenece al sentido de la oración, es decir, si es parte de ella, ¿para qué separarlo, entonces?)(Otro aporte más.)

    Ruego perdonen mi ignorancia. Pero cansa. Y un lector atento también tiene que ser fiel.

    No espero que se enteren.

    Comentado por: HjorgeV el 17/2/2007 a las 09:58

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Biografía

Basilio Baltasar, es escritor, editor y periodista. Presidente del Premio Formentor y director de la Fundación Formentor. Fue director de la Fundación Santillana desde donde inició la organización de las Conversaciones de Formentor. Ha sido editor fundador de la revista literaria Bitzoc; como director editorial de Seix Barral recuperó el Premio Biblioteca Breve. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Culturas del Mundo. Arte y Antropología). Fue patrono de la fundación musical Área de Creación Acústica, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober y dirigió el periódico El Día del Mundo. Miembro correspondiente de la Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona. Autor de la novela Pastoral iraquí (Alfaguara, 2013).

 

 

 

 

 

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     Basilio Baltasar, editor

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