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Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Basilio Baltasar

Reivindicación de Nerón

De tarde en tarde tenemos la fortuna de conocer investigaciones reveladoras sobre la antigüedad y llegan hasta nosotros los sagaces ejercicios de interpretación que facilitan una más fidedigna comprensión del pasado. Nos ocurrió hace años con La Biblia desenterrada –de Filkenstein y Silberman (Siglo XXI, 2003) y ahora mismo con Nerón (Edward Champlin, Turner-Fondo de Cultura Económica, 2006).
Coincide la lectura del libro con la esperada abertura en Roma de los restos arqueológicos de la Domus Aurea, el descomunal palacio que Nerón mandó construir después del incendio de Roma.

El discípulo de Séneca ha pasado a la historia como un modelo de atrocidad, preludio enfermizo del fin de una época. Su figura ha cargado con el oprobio de la historiografía cristiana por razones obvias –alumbraba sus jardines con los cuerpos de los mártires ardiendo como teas- pero también ilustres historiadores y biógrafos romanos nos han transmitido su escandalizado juicio ante los excesos de Nerón.

Tácito, Suetonio y Dión Casio, ampliamente citados por Champlin, testimonian con relatos pormenorizados la permanente orgía en que vivía el excéntrico emperador romano y el espanto que semejante depravación produjo en los respetables miembros de la aristocracia imperial.

Pero a la luz de la investigación de Champlin, el Nerón que cometió incesto con su madre antes de asesinarla, pateó a su esposa hasta la muerte, arrancó a mordiscos los testículos de sus esclavos y dilapidó el tesoro imperial en fiestas y parodias que hacían enrojecer de vergüenza -y palidecer de miedo- a los senadores romanos, fue un personaje que no merecía ningún eximente clínico.

Nerón, efectivamente, nunca estuvo loco y Champlin nos lo presenta como un gobernante con una sofisticada estrategia de legitimación concebida para escenificar ante el pueblo romano la grandeza heredada de los griegos. Nerón hizo de Roma el gigantesco escenario de un acontecimiento irrepetible: ante la mirada atónita de los ciudadanos romanos él mismo encarnaría a las poderosas figuras del repertorio mítico de la antigüedad, los arquetipos consagrados por la tradición literaria y religiosa.

Las vinculaciones subrayadas por Champlin entre las supuestas excentricidades de Nerón y las leyendas del acervo cultural greco romano son asombrosas y deslumbran por la precisión de propósito del que hasta ahora se consideraba un desquiciado arpista romano.

Los crímenes cometidos por Nerón responden con tanta fidelidad a los dramas o historias de Orestes o Penandro, que el autor, profesor de clásicas en Princenton, debe dejar en el aire la cuestión de si Nerón utilizó a estos personajes para reconocer su culpa o imitó sus crímenes para vivir, como ellos, ensalzado en los relatos de la posteridad.

Los Misterios de Mitra o las profecías de los oráculos pertenecían también al argumento que Nerón utilizó a su conveniencia para hacer excelso y espectacular su mandato.

Pero entre otras muchas observaciones, Champlin nos ofrece una perspectiva todavía más sorprendente: nos presenta a Nerón como un gran sátiro populista que irrita a la aristocracia romana con una permanente fiesta saturnal. La grotesca pantomima neroniana no era la bufonada de un perturbado, sino la maquinación de un emperador harto de sus nobles.

Quizá fuera éste, y no sus crímenes, el motivo que le granjeó la hostilidad de los historiadores de Roma y, por la interesada enumeración de los hechos transmitida en sus libros, la unánime condena de la posteridad.

[Publicado el 30/1/2007 a las 02:58]

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Comentarios (3)

  • El único libro que leí sobre Nerón es el de Phillip Vandenberg.
    Nerón era un "artista", dice el autor, lo pusieron en el poder, pero lo que él disfrutaba era el escenario.
    ¿Cuales fueron sus últimas palabras antes de cumplir la orden de suicidio?

    ¡Que artista muere conmigo!

    Descuartizaba a aquellos que no lo aplaudían, ¡Genial!
    (sonrisas, eh!!!)

    Comentado por: Sandra el 06/2/2007 a las 20:22

  • la Domus Aurea, el descomunal palacio que Nerón mandó construir después del incendio de Roma.

    El discípulo de Séneca ha pasado a la historia como
    .....hasta ahí... ok! reivindicar a Nerón, Nerón no representa a Roma... no he leído ese libro así qué duro ha sido leer su escrito ( qué mareo...., uf, bueno así es)
    menuda señora la madre... sí... hay que matar lo racional Séneca en la envoltura de un excéntrico que llegó al fin a ponerse los laureles... bueno ( no me gusta Nerón, forma parte de la historia, no es Roma ni el Senado ni lo que representa buscar la justicia para los romanos)

    recuerdo uno de los últimos emperadoires.. qué ( por no nombrar a otros, me resulta ingrato, la rabia del personaje que teniendo poder no sabe gobernar.... )

    uno de los últimos emperadores hizo crucificar a más de mil ( vivos, claro, llantos, sangre y gritos incluídos) adversarios... bueno eso no es Rome...
    pero el palacio y la necesidad de intentar empezar algo nuevo es sólo una parte de Nerón que estaba herido, según dicen en su interior y ... ni siquiera era sádico era simplemente un hombre encolerizado... eso es lo que pude concibir

    Publicado por: A. | 30/01/2007 21:02:01
    .......

    qué fuerte, ya pensé que alucinaba.. lo veía y no lo encontraba, y para mayor INRI no sé si con "h", lo puse en... uf! que comida para los psicoanlaístas... aaay!

    es que me costó leerle... uf!

    Comentado por: A. el 30/1/2007 a las 21:31

  • Cada dia se acortan los defectos y locuras de Neron porque ya existen personas muy parecidas en la cumbre de no pocos estamentos y si no relean los periodicos de los últimos años, por el año 1995, creo con la historia de un ministro llamado Boyer que revoluciono el mundo del alquiler de viviendas y locales iniciandose por arrastre de simpatia al precio de los pisos en España. Y como consecuencia la aparición de la gran corrupción a todos los niveles que ya estamos empezando a padecer.

    Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 30/1/2007 a las 17:57

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Biografía

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. En 1986 fundó la revista literaria Bitzoc y la revista de arte y arquitectura Gala. Fue editor de Seix Barral y convocó de nuevo el Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria y reunió al jurado que hasta su fallecimiento presidió Guillermo Cabrera Infante. Entre 1989 y 1996 dirigió un programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March y, en la actualidad, es vicepresidente de la Fundación Yannick y Ben Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo. Desde el año 2005 es Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa, director de La Oficina del Autor y editor de El Boomeran(g).

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