El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 5 de julio de 2008
La moda del doctor House
Cuando caen sobre la ciudad las últimas luces de la tarde, una amable penumbra invade la sala de espera. Las sombras del retrato colgado en el recibidor se vuelven más oscuras y hacen confusa la figura del patriarca. Seguramente el óleo perteneció al lote de alguna subasta benéfica. Las sillas se alinean vacías junto a la pared y en la mesita se amontonan las revistas que hojean los pacientes.
El hombre que espera no tiene ganas de leer. Observa con recelo el rostro que le sonríe despampanante desde la portada de la revista. Le ofende la alegría de la bella mujer y le lanza un reproche del que pronto se arrepiente.
¿Qué culpa tendrá la pobre? –piensa.
Cuando mira de nuevo el reloj le sorprende no sentirse insultado –esperar a los demás le producía una febril irritación.
¡Querido amigo!
El doctor, al que nunca antes había visto, lo recibe con un formidable apretón de manos. Tiene aspecto de atleta y una melodiosa voz de tenor.
El diván no hará falta –dice, mientras le invita a sentarse junto al escritorio.
Dos son las cosas que hoy debe saber –y aquí empieza el monólogo.
Bienvenido al gran equipo europeo de los depresivos. Media Europa toma medicación. La otra media, no se atreve. Así que vaya haciéndose a la idea y acostúmbrese a ser tan vulgar como ellos.
La segunda cosa que usted debe saber es por qué me he convertido en el mejor psiquiatra de la ciudad.
¿Quiere usted saberlo? –el doctor no espera la respuesta.
A usted le ha costado mucho admitir su malestar. Seguramente ha perdido un tiempo precioso intentando evitarlo. Pero al fin ha dado su brazo a torcer y aquí lo tenemos. Como un corderito.
No ha sido fácil ¿verdad? ¿Escuece? ¿Duele?
Y para una vez que consigue ser sincero consigo mismo, me encuentra a mí. ¡Es usted un hombre afortunado! Ha reconocido el fracaso de su personalidad y se topa con el único médico dispuesto a negarle consuelo. ¡Enhorabuena!
Supongo que le han contado que lo suyo tiene remedio, que nadie es perfecto, que dentro de poco ni se acordará de haber tenido la cabeza metida en el infierno. ¿Es eso, verdad?
Pues lo siento. Lo que le han contado sobre la depresión es mentira. En realidad, querido amigo, lo peor está por llegar y no tiene usted ni idea de lo que le espera.
Si todo va bien –y eso es algo que deseo de todo corazón- usted no podrá salir del agujero en el que se ha metido. Y si todo va mejor, dentro de un tiempo habrá sido totalmente destruido. ¿Qué le parece?
Entiéndame. No es que me regocije su sufrimiento. Es que no hay otro modo de acabar con el tipo que le causa tantos pesares. ¿Comprende? Usted es la causa de sus males y el único modo de curarse es acabar con el idiota que ha conseguido ser. Lo único que le sacará del antro de estupidez en que ha convertido su vida es la depresión.
No voy a recetarle pastillas. Si engañamos al dolor, usted no llegará a nada. Así que prepárese para aguantar solito las consecuencias de sus actos.
Amigo mío, ésto es la depresión. El retorno apresurado de lo que hicimos. O de lo que no hicimos. Quién sabe. ¿Le parece injusto? Pero si es un mecanismo inteligentísimo. ¡Benditos aquéllos que lo padecen!
Bien. Creo que ya he dicho bastante.
Voy a cobrarle mil euros, o dos mil. Quizá más. Nunca algo tan valioso le habrá salido tan barato.
[Publicado el 03/1/2007 a las 09:30]
Judith sabe mucho.Leer cosa buena es bueno pero vivir es mejor.No tienen por que ser incompatible ambas cosas,hay un tiempo para todo,es mas cosa de afición y en mi caso procuro que nada humano me sea ajeno.
Comentado por: maleas el 03/1/2007 a las 23:12
La ironia puede doler mas que un navajazo albert.
Mas blogs no.Puede ser abrumador.Tal vez haya ya demasiados.Lo de Arcadi es una voragine.Hay otros que resultan mas tristes que una solterona esperando su primer amor,bueno o un solteron para evitar suspicacias.En el termino medio esta la virtud.Imagina un mundo en que todo el mundo tiene su blog en el que no entra nadie mas que el pobre titular,independientemente de la calidad de sus contenidos.Penoso.
Comentado por: maleas el 03/1/2007 a las 23:05
meleas
El principio Esperanza , lo buscare .
Ayer con JUDITH hablamos de usted , ELLA lee siempre sus comentarios y me dijo ,Pla dile a meleas que podria hacer un blog , asi que yo le trasmito la idea . Judith no le mucho pero tiene algo que la hace especial , un dia le comente : JUDITH tendrias que leer mas asi serias mas culta y ella , claro Pla como tu . A veces es cruel .
Comentado por: albert pla el 03/1/2007 a las 21:24
Enhorabuena Basilio,lo sucedido confirma mi opinión sobre su perspicacia y capacidad persuasiva.Le felicito.
Comentado por: maleas el 03/1/2007 a las 21:17
Lo encontré.
Casuística de psicólogos.Ese es un conocedor de los hombres:¿para qué estudia propiamente a los hombres?.Quiere obtener sobre ellos ventajas pequeñas,o también grandes,¡es un politikus!...Acaso él quiera algo peor:sentirse superior a los hombres,tener derecho a mirarlos desde arriba.
F. Nietzsche
Crepúsculo de los idolos
pag.95
Alianza Editorial
Comentado por: maleas el 03/1/2007 a las 21:14
Me pone en un aprieto,creo que es en El crepusculo de los idolos donde Nietzsche trata de la sicologia como intrumento de dominación.No tengo ficha y mi memoria no es muy buena,pero ese me parece el sentido de algunas de sus reflexiones en ese texto.
Comentado por: maleas el 03/1/2007 a las 20:45
"Los que no somos verdugos y nos negamos a ser víctimas", 'maleas', ya tenemos bastante decencia así, ¿no le parece?, incluso estamos ya bastante jodidos con ello, ¿no cree? Nada más que revolcarnos en la plenitud (pasajera) de existir -nos queda. Perhaps.
'Maleas'
a qué se refiere con esa "primera descripción del sujeto" en Friedrich N. Siento curiosidad.
Comentado por: DOLAG el 03/1/2007 a las 20:20
La primera descripción del sujeto que conozco se la debo a Nitzche.Despues Lang lo escenifica en Dr.Mabuse.Finalmente Ernst Bloch,yo tampoco me cansare de recomendar su lectura,en especial El principio Esperanza albert,hace un analisis hermeneutico y a su praxis del sicoanalisis en que acaba calificando a Jung de fascista.
A los que no somos verdugos y nos negamos a ser victimas,nos queda,por usar la expresión de Azúa,continuar en la busqueda de la decencia.Y no rendirse.
Comentado por: maleas el 03/1/2007 a las 18:46
Comentado por: DOLAG el 03/1/2007 a las 17:39
No, la edad (o sea el tiempo, que no existe) no es importante, qué va, en absoluto... pero "ahora" (adverbio de tiempo) qué curioso, Albert se porta bien, no bebe, no fuma, él nos lo dijo...
Dicho lo cual,Albert, gente como Albert Pla no tiene edad. Y puedo asegurar que en mis labios esto es un elogio en toda regla.
Auden sabe de qué habla, 'simpática', pagó el precio, qué duda cabe. Puede que las mujeres tengan otra manera de saber lo que quieren, todo, lo quieren todo, dirán ellos, pero es todo, ¿verdad? y además otra cosa.
Comentado por: DOLAG el 03/1/2007 a las 17:35
La edad es importante ? alguien sabe que años tengo , una encuesta quien lo acierte le dedico una cancion
Comentado por: albert pla el 03/1/2007 a las 17:03
Y yo repito lo que puse ayer en Rioyo:
"Madurar significa cobrar conciencia de la necesidad, saber lo que se quiere y prepararse a pagar el precio que ello exige. El que fracasa es porque no sabe lo que quiere o porque le repugna el precio".
W. H. Auden- El prolífico y el devorador
Personalmente sigo sin saber lo que quiero (aunque la mayoría de las veces sé lo que no quiero) y normalmente me repugnan muchísimo la mayoría de los precios a pagar....estoy perdidiña.
Comentado por: La simpática bloguera el 03/1/2007 a las 16:50
Por lo que dice 'ortega' razono que el tal House ¿es una serie de tv? Vivir ailleurs tiene sus (des)ventajas...
Comentado por: DOLAG el 03/1/2007 a las 16:18
Algo de realidad al anochecer:
http://www.youtube.com/watch?v=8j_TDoOPnIA&mode=related&search=
Comentado por: DOLAG el 03/1/2007 a las 16:03
Camus decía algo así como que a todos nos gustaría ser un pagano rodeado de cristianos. Me parece que House va por ahí y lo que no nos llama la atención, aunque debería, porque tendemos a dar por sentado lo bueno, es que no le partan la cara cada episodio.
Comentado por: ortega el 03/1/2007 a las 15:41
Albert,
alrededor de los cincuenta años, la vida propia, aun la más "realizada", suele aparecer (aquí, en nuestro mundo, por supuesto) como un campo de ruinas.
Los tópicos sobre la existencia humana, ya enn forma de evidencia (ejemplo: el tiempo que pasa, esto es, la muerte que aguarda) ya de estadística (entre los 50 y los 60 años "caen" miles de individuos hasta entonces razonablemente sanos)inundan la conciencia individual y exigen balance.
Y es ahí donde se juega de verdad la "inteligencia" de la vida. Hay los que se quedan desnudos, ya para siempre enganchados a sus "frustraciones" y los que ¿maduran? y comprenden la irrealidad de todo --y de la eternidad.
Por ejemplo.
Comentado por: DOLAG el 03/1/2007 a las 12:24
No entiendo este articulo ? no es broma , no lo entiendo , solo me queda citar a vila-matas .
Aunque no entendamos nada
por Enrique Vila-Matas
Le oí decir en televisión al crítico Javier Aparicio Maydeu que en realidad Ulises de Joyce no es —como quiere el tópico— un libro infumable e ilegible, sino una gran broma —tal como dijo en su momento su autor—, una forma de dar trabajo a los futuros estudiosos de su obra. Quería con estas palabras Aparicio Maydeu desmentir todos esos prejuicios, temores y frases hechas que se han generado en torno al emblemático libro de Joyce. "Una obra maestra el Ulises, pero yo no he podido pasar de la primera página", es uno de los comentarios más habituales. Aparicio Maydeu trató de salir al paso de este tópico y explicar que no hay por qué temer a esa obra y que no es cierto que esté sólo escrita para lectores muy cultivados. Y es que si seguimos así, a este paso no nos atreveremos a leer ya nada que sea mínimamente inteligente.
¿Incomprensible el Ulises? Ni siquiera lo fue en el momento de su aparición, aunque, como todas las obras innovadoras, en su momento extrañó, rompió los hábitos de la percepción y volvió nuevo lo viejo. A mí en literatura sólo lo que me sorprende me interesa, diría que sólo me atrae lo que no acabo de entender de entrada. John Cage, hablando de sus lecturas infantiles, decía que tenía un sistema muy simple de saber qué le gustaba y qué no: le gustaba lo que no entendía. Si lo entendía, lo abandonaba desilusionado. Yo creo que vamos perdiendo el gusto por aventurarnos en lo incomprensible, por aventurarnos en todo aquello que nos resulta desconcertante, diferente, disidente, extraño, extranjero, excéntrico. "Los libros que amamos parecen escritos en una lengua extranjera", decía Proust. "Nada más cierto", dice César Aira. Y añade: "Todo escritor va hacia la claridad perfecta, pero el camino es un rodeo por lo incomprensible. Si va a lo claro por el camino de lo claro, suele quedarse en lo obvio, que es la forma más derrotista de la melancolía en literatura. El escritor hace un largo paseo por las sombras antes de llegar a la luz".
Los primeros críticos de Ulises no entendieron nada, pero en lugar de intentar bucear en las profundidades del innovador y atrevido texto escrito en una lengua extranjera confundieron la novela con un episodio de la vida real, y objetaron que era demasiado fluida o demasiado caótica. Ni se esforzaron ni se atrevieron a entender lo que parecía incomprensible y sembraron esa semilla de "libro incomprensible o ilegible" que perdura absurdamente todavía en nuestros días. Por eso me parece saludable que llegue ahora hasta nosotros, dentro de un atractivo volumen de la editorial Bitzoc, Críticas ejemplares, el mítico texto de Edmund Wilson que en su momento exploró con singular audacia e inteligencia la novela de Joyce y la acercó al lector medio a través de una crítica sólidamente vinculada a la brillante tradición crítica anglosajona: ese tipo de ensayo o crítica literaria en las antípodas de esa jerga feroz y cabalística que se extiende en nuestros días por las universidades que rinden tributo a la deconstrucción. Wilson acercó Ulises al lector pertrechado tan sólo con el bagaje elemental del buen gusto, de las lecturas minuciosas y detenidas y de la clásica intención de conducir al lector por un paseo de sombras que ha de llevarle a la luz. Wilson se inscribe en una sensata tradición, brillante y reacia a toda impostura terminológica, reacia a ese tipo de crítica oscura e impostora que tanto recuerda a la pérfida lengua tecnocrática de los economistas, ese lenguaje que funciona —como dice Piglia— como un elemento de encubrimiento muy notable. Precisamente fue el propio Joyce quien dijo en su momento: "Ya que no podemos cambiar la realidad, cambiemos de conversación".
Dice Wilson que, a pesar de sus dimensiones, Ulises no es más que —maravillosa, por cierto, la manera de Wilson de "cambiar de conversación"— la historia de un pequeño pero significativo cambio en las relaciones de una pareja —por ahí pienso que está emparentada con Uniones de Musil—, como resultado de la incidencia que tiene en su hogar la personalidad de un joven a quien apenas conocen. Es decir: todo en la novela de Joyce se desarrolla desde el punto de vista del incidente trivial, tal como sucedía ya, nos dice Wilson, en "Los muertos", el mejor de los cuentos de Dublineses, el volumen de relatos de Joyce que muchos críticos analfabetos insisten siempre en poner por encima de Ulises cuando en realidad están estrechamente comunicados ambos libros. Es sólo que, a primera vista, Dublineses parece más abarcable, comprensible.
Yo recuerdo que en mi adolescencia, cuando comencé a interesarme por el arte, sólo me sentía atraído por lo incomprensible. En cine, por ejemplo —un arte que me interesó antes que el literario—, me perturbaron con notable intensidad películas como El año pasado en Mariembad de Alain Resnais, que vi unas veinte veces en dos meses inolvidables de mi vida. Por la tarde, a la salida del colegio, remontaba el Paseo de Gracia hacia el cine Savoy y veía por enésima vez la película misteriosa de Resnais tratando, sin lograrlo nunca, de entenderla. La fascinación y estupor que no entenderla producían en mí hoy casi me parecen cómicas. Lo cierto es que, por ejemplo, yo presenciaba esa escena en el jardín francés en el que los personajes están cinco minutos sin decirse nada hasta que de pronto uno de ellos dice: "Mariembad". Sólo dice eso y pasan cinco minutos más hasta que otro personaje le contesta: "Mariembad".
Yo no entendía nada, pero me decía que tenía que entenderlo, que allí debía estar la profunda verdad del arte. Yo creo que nunca he sido tan feliz como en aquellas incursiones en el Savoy en las que intuía algo que luego ha sido la luz que me ha guiado en las tinieblas y en la dura lucha por la creación, por la innovación: entender puede ser algo absolutamente terrible. Y no entender lo más cercano a la vida, no entender obliga al lector a crear, es decir, le abre la puerta de la tolerancia, en definitiva de la comprensión, que es lo más civilizado y espiritual que existe en la lectura, en el arte. Aunque no entendamos nada. -
Comentado por: albert pla el 03/1/2007 a las 10:15
04/7/2008 19:43
Pues si Don Basilio, escriba...
Publicado por: chiqui
03/7/2008 14:57
Publicado por: tenedordepostre
02/7/2008 10:12
Publicado por: Lourdes
30/6/2008 08:17
Publicado por: tenedordepostre
28/6/2008 11:27
Es Triste pero real, me recuerda...
Publicado por: Rafael
26/6/2008 20:08
Vea nuestro caso es similar......
Publicado por: Desde Medellín
24/6/2008 14:07
Publicado por: Dhammapada
24/6/2008 03:12
Vea Usted, y pensar que por...
Publicado por: Marta E. Barbosa M.
23/6/2008 22:52
http://es.youtube.com/watch?v=O8...
Publicado por: me
22/6/2008 17:47
Publicado por: ROMINA MONSALVE
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