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El blog literario latinoamericano

sábado, 18 de mayo de 2013

 Blog de Basilio Baltasar

El Mesías vive (y padece) en el Bronx

A los escasos lectores españoles familiarizados con las páginas de la Biblia no les escandalizará el atrevimiento de James Frey ni lo considerarán una blasfemia pues en "El último testamento" verán aletear el mismo espíritu que inspiró a los primeros evangelistas.

La salvedad más reseñable en este episodio del Mesías finalmente aparecido es la ausencia de esperanza. Como si el escriba no quisiera dar a los hombres la oportunidad de esconderse en un nuevo engaño sagrado ni animarles a encontrar consuelo en otro refugio imaginario.

El judío de estirpe davídica nace con los signos de la gran premonición, procura llevar una vida modesta, amable y pacífica en el Bronx de Nueva York, inspira ternura a los que se topan con él, pero la violencia que el mundo descarga sobre su frágil figura de hombre paciente y bondadoso, siembra las páginas de "El último testamento" de una amarga  desolación.

Ben Sion Avrohom es el nuevo Mesías pero se limita a repetir lo que del primero no se quiso entender. Que todo se reduce a amar a tu enemigo y a poner la otra mejilla cuando la tome contigo. Las consecuencias, obviamente para nosotros, son desastrosas. La mansedumbre excita el insaciable sadismo del mundo y Ben Sion acepta soportar su martirio ante los ojos atónitos del lector.

El Mesías regresa sin proclamas, ángeles ni trompetas, aparece en unos repugnantes barrios, violentos y miserables, y son otra vez los desahuciados, los desgraciados, los apestados, los primeros en comprender el extraño poder de su mirada y la incondicional absolución de su sonrisa.

Los condenados, los delincuentes, yonquis, prostitutas, los que habitan las alcantarillas de la ciudad, son los primeros en reconocerlo. Efectivamente, una sola palabra suya basta para sanarlos. Se liberan del dolor de ser y después de atisbar en sus ojos la inconcebible plenitud de no se sabe qué fuerza, se liberan de lo más importante: de sí mismos.

El libro de Frey ofenderá a los integristas -tanto como lo hizo el texto original a los antiguos devotos- pero el autor confiesa que sólo busca respuesta a una pregunta: ¿qué ocurriría si regresara?

Frey considera que los descubrimientos de la ciencia nos han situado en el último horizonte del conocimiento, al borde mismo de un desvelamiento formidable pero en verdad muy distinto al caudal de ilusiones que hemos incubado durante milenios. No hay nadie a quién rezar, dice Ben Sion, ni cielo ni infierno. Tan sólo hay la vida efímera de unos hombres cuya única redención será amarse mientras estén vivos en esta insólita pausa que hay entre dos eternidades vacías.

Ben Sion regresa para decir esto y quizá por ello es condenado de nuevo al sacrificio. Es el Maestro de Justicia de los esenios, el Nazareno de los cristianos, el Siervo Sufriente de Isaías, el chivo expiatorio de la tragedia humana. Y nos redime aceptando un destino espantoso. No porque sea la víctima de un padre brutal, de un hermano vengativo, de la indigencia, de un accidente, de un cirujano desalmado... Lo que nos parece inconcebible, nuevamente, es que teniendo el poder de librarse de todos los males, acepta cargarlos en su espalda, sufrirlos en un incomprensible gesto de mansa aceptación. El espectáculo de violencia e impotencia en la narración de Frey es conmovedor y difícilmente soportable.

[Publicado el 03/3/2012 a las 19:37]

[Etiquetas: James Frey, El último testamento, Mondadori]

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Comentarios (2)

  • El mensaje nuevo de Cristo es el de la no-violencia, la mansedumbre y el poner la otra mejilla frente a la ley del Talión del Antiguo Testamento, la religión de los antiguos monoteísmos, judaísmo e islamismo, que son más una religión de pueblos y por ello con un fuerte componente social, antes que religiones de la persona. En esto Cristo enlaza con la tradición oriental, con el cultivo del propio jardín de Buda.
    Cristo para hacerse comprender por los zelotes, que interpretaban la salvación del hombre en clave política, social, diferencia bien entre la dimensión espiritual y la dimensión social del hombre, estableciendo dos morales distintas, dando al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Cristo entiende que cambiando el espíritu del hombre, cambiará también la política del hombre pero que el cambio político no conduce al cambio moral o espiritual de los hombres y que por tanto no es un cambio real sino sólo un cambio superficial que en nada mejora la condición humana.
    ¿Cómo concibe Cristo el cambio espiritual del hombre? Sólo cree que el amor puede liberar al hombre de sí mismo, el amor incondicional hacia los otros y para que se entienda lo lleva al extremo de amar a los enemigos, poniendo ante el odio la otra mejilla. Esta moral en su dimensión social y política será causa a veces del martirio y de la muerte y Cristo mismo es el primero que lleva hasta sus últimas consecuencias su doctrina. Dolor y sufrimiento del cuerpo, humillación social, persecución, toleradas y asumidas desde la fortaleza del espíritu que ama, liberado de las pasiones y servidumbres del propio cuerpo, de los requerimientos sociales de la persona (vanidad, prestigio, dinero…) Liberación espiritual similar a la de las religiones orientales, basada en la aceptación del dolor y superación de las servidumbres biológicas de la carne.
    Cristo, fundamentalmente, piensa que esta liberación ya es suficiente por sí misma, sin necesidad de que además tenga un premio en otra vida. Su resurrección no es determinante, o en todo caso, no es una muerte y resurrección biológica sino espiritual.
    Morir y resucitar no es otra cosa que transformarse espiritualmente mediante el amor a los demás, única liberación, único paraíso accesible al hombre en su vida.
    Ben Sion es en realidad el nuevo Mesías, el que traslada en su pureza el mensaje de Cristo, adulterado por una Resurrección que no se llegó a entender o que fue preciso presentar como otra vida tras la muerte para la mentalidad de mucha gente que no entendía que única liberación posible era la del propio espíritu, y por tanto necesitados de seguir con su cuerpo, aferrados a un yo del que no les era posible liberarse.

    Comentado por: Heurtebise el 11/3/2012 a las 16:58

  • “Se liberan del dolor de ser y después de atisbar en sus ojos la inconcebible plenitud de no se sabe qué fuerza, se liberan de lo más importante: de sí mismos.”

    Sería la única liberación salvadora, la única revolucionaria en una sociedad basada en lo opuesto, es decir, en el culto a uno mismo,

    Pero no vale que esa liberación se produzca precisamente en los desheredados y humillados, porque acaso pudiéramos pensar que si acogen y entienden la mirada del nuevo Mesías es sólo porque no pueden, no tienen medios materiales, para seguir el culto a uno mismo establecido como religión oficial del Estado.

    La mirada del nuevo Mesías sería realmente poderosa si tuviera la fuerza de convertir a los ricos, es decir, a los que tienen todos los medios para cumplir adecuadamente con el culto a uno mismo.

    En todo caso, parece interesante el libro.

    Comentado por: la lábil libelula azúl el 05/3/2012 a las 18:01

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Biografía

 

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.

 

 

 

Bibliografía

     Basilio Baltasar, editor

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