El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 24 de mayo de 2012

 Blog de Basilio Baltasar

La profecía de Alexis de Tocqueville

Ahora que la izquierda ha sido desalojada del poder central, autonómico y municipal por una sociedad inquieta, deprimida y asustada, quizá sea el momento de llevar su batacazo electoral más allá de las retóricas lamentaciones. Si la debacle le anima a emprender la enérgica crítica de sus hábitos, la izquierda podrá descubrir la causa de su fracaso y quizá enmendar el rumbo de su errática deriva. Pero como es probable que no tenga la costumbre de ponerse en cuestión y carezca de valor para sacudirse a sí misma, le resultará muy útil leer el libro del lingüista italiano Raffaele Simone.

Se titula El Monstruo amable: Perché l'Occidente non va a sinistra y es la más despiadada reflexión que puede hacer un intelectual de izquierdas en contra de sus compañeros de partido, movimiento o corriente de opinión.

Sostiene Simone que la izquierda europea lleva tres décadas sin comprender los cambios que han alterado la faz del mundo y que esta ignorancia está en el origen de su terco fracaso. Una grave carencia intelectual y una empecinada miopía política ha lesionado gravemente su influencia y desprestigiado la autoridad de su proyecto histórico.

Las causas de este extravío son innumerables y las cita Simone con destemplado fastidio: la izquierda no se ha querido purgar moralmente por su complicidad con los regímenes mediocres, criminales y despóticos de los "Países del Este", ha fomentado indolentemente la perversión burocrática de sus partidos y sindicatos, se ha despellejado a sí misma en feroces rivalidades sectarias, se ha puesto en evidencia con la extravagante ambición de sus líderes, se ha enredado en las luchas intestinas de las camarillas nepotistas, los grupúsculos de poder y las repugnantes nomenclaturas, ha distorsionado con su demagogia oportunista el lenguaje corriente que le servía para comunicarse con la sociedad, la insuperable cortedad intelectual de sus grupos dirigentes ha impedido formular ideas coherentes sobre los terribles cambios que se avecinaban y que finalmente han tenido lugar, se ha conformado administrando tejemanejes, nombramientos, poltronas y licitaciones...

En suma, se ha negado a sí misma y ha consentido que sus ambiciones históricas fueran desmanteladas, arrinconadas o edulcoradas. Mientras tanto, un poderoso movimiento cultural y económico, ubicuo, amigable, inaprensible, moderno y afable, al que Simone llama la Neoderecha, ha impuesto al mundo los valores que hechizan, seducen y conquistan el corazón de una multitud disgregada, excitada y egoísta. Es la Neoderecha del Archicapitalismo la que ha transformado a la sociedad en una masa de público y clientes exentos de vergüenza y compasión y dispuestos a consumir, desear, endeudarse, divertirse y entusiasmarse en un mercado concebido para satisfacer el más mínimo de sus impulsos.

Con impecable argumentación y ritmo trepidante, el breve ensayo de Simone deja estupefacto al lector y mientras ridiculiza la arrogancia de una izquierda ajena a la envergadura de su catástrofe, dibuja el más desolador panorama que podemos imaginar para el inminente futuro de nuestro mundo.

Cita a Ortega, Passolini, Guy Debord, Hanna Arendt y Spinoza y descubre en el deslumbrante informe publicado en 1840 por Alexis de Tocqueville (La democracia en América) unos reveladores y preocupantes fragmentos proféticos.

Tocqueville "traza hasta el detalle los rasgos de un despotismo del futuro", vislumbra una figura dotada de un poder que nunca se había visto en siglos pasados, un poder capaz de "descender al lado de cada individuo para dirigirlo y guiarlo", un despotismo benigno que "degradará a los hombres sin atormentarlos", un tipo de opresión que no se asemejará a nada de lo que la ha precedido en el mundo.

La cosa es nueva, dice Tocqueville, y por tanto es necesario hacer un esfuerzo para definirla, dado que no consigo denominarla: "veo una multitud innumerable de hombres similares e iguales que dan vuelta sin tregua sobre sí mismos para procurarse pequeños placeres vulgares con los que dan satisfacción a su alma"; sobre ellos "se eleva un poder inmenso y tutelar, absoluto, minucioso, regular, previsor y amable que busca fijar a los hombres en la infancia; que quiere que los ciudadanos lo pasen bien, siempre y cuando no piensen en otra cosa que pasarlo bien.

Este poder no quiebra sus voluntades, las ablanda..."

[Publicado el 27/1/2012 a las 00:13]

[Etiquetas: Raffaele Simone, el monstruo amable, Alexis de Tocqueville]

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Comentarios (4)

  • Devastador, deprimente panorama, pero muy veraz: habrá de plantar cara a lo Real. Finalmente.

    Comentado por: Lector el 30/1/2012 a las 18:51

  • La profecía de Tocqueville ya está aquí, manifiesta y clara. ¿Y ahora qué? ¿el fín de la historia de Fukuyama? ¿otra guerra, como ha habido tras toda crisis profunda del capitalismo, que acaso puede ser definitiva?
    Cuando todas las alternativas a la profecía de Tocqueville han fracasado históricamente, cuando parece que el hombre no es dueño de su propio destino sino que vive inmerso en una colmena o un hormiguero que parece que tiene una voluntad distinta, indiscutible y por encima de la voluntad de cada uno de sus miembros ¿qué hacer, más allá de tomar conciencia de la opresión? ¿dónde huir, dónde esconderse, dónde buscar la libertad para ser uno dueño de su propio destino, para ser un hombre y no un eterno niño? Sólo nos diferenciamos de los personajes de Kafka en que sómos escarabajos satisfechos, pero también asustados, siempre temerosos de la bota que pueda aplastarnos.
    No se puede ser de izquierdas y llevar a los hijos a un colegio privado, o hacerte una mansión en Marruecos, o viviendo en una urbanización de lujo. El pueblo sin voluntad y sus dirigentes comprados. Victoria total de los empeñados en hacer de la humanidad una gigantesca granja. Yo dimito, me hago anarquista, o monje, o me muero de hambre en cualquier acera, lo mismo da.

    Comentado por: no creo ya en nada. el 30/1/2012 a las 17:15

  • Es increíble lo que acabo de leer viene a organizar una serie de sensaciones que desde hace unos años me persigue. Soy extranjera, pero llevo aquí más de quince años. Cuando vine de Porto Alegre, Brasil, traje conmigo una trayectoria de participación estudiantil e implicación política. Fui testigo y partícipe discreta en el apogeo lento, pero firme de la izquierda brasileña. El Partido dos Trabalhadores (PT) saldría paulatinamente del casi anonimato del 2% de votos en las elecciones generales al más alto puesto en Brasilia con tres legislaturas seguidas.
    Cuando me afinqué en España, tuve la sensación que la izquierda con fundamento y empuje no existía. Es decir, el Partido Socialista se asemejaba (sin ningún ánimo de ofender) a un partido de centro-izquierda populista que existía en Brasil. Izquierda Unida me pareció perdida, un poco huera y sin rumbo cierto. Todo me resultó tan rancio, tan caduco que estuve mucho tiempo indecisa de mi voto en las primeras elecciones que voté.
    Por un lado, el pueblo español no se implica mucho. Se queja, pero la mayoría de las veces no exige sus derechos de modo más contundente: poniendo querellas, cuando estas son pertinentes; manifestándose en la calle; concienciando a otros ciudadanos sobre la necesidad de luchar por sus derechos.
    Por otra parte, los políticos no temen a los ciudadanos, porque saben que con un poco de propaganda enmascarada de noticias, lograrán el voto fácil. Un pueblo sin consciencia de sus derechos es una masa amorfa fácil de modelar. Tanto es así, que España está tocada y casi hundida por el enorme número de robos, desfalcos, desviaciones de capital y otros miles de delitos contra la sociedad de bien estar. El descaro es tanto que lo raro es encontrar un ayuntamiento sin mácula. El pillaje del dinero público se extendió como un polvorín. Pienso que se tanta gente se animó a coger de lo ajeno es porque cree en la impunidad y en la ingenuidad de los ciudadanos.
    A la izquierda española le falta empuje para transformar esa masa en pueblo pensante. Pero, primero tendrá que quitarse todo tipo de ataduras rancias: los sectarismos encarnizados dentro de los partidos, los enchufismos en organismos públicos ( véase los departamentos universitarios, ayuntamientos, etc. y sus oposiciones a la medida), etc. Aunque, la revisión de los planteamientos ideológicos y del modelo económico-social adaptables a este tiempo es lo más básico y urgente.

    Comentado por: izquerdista sin partido el 29/1/2012 a las 00:02

  • Sin dudas profético, Tocqueville. Me permito señalar que buena parte de esa profecía tiene que ver con el rotundo fracaso del Cristianismo en cuanto sus mentores no supieron ubicar eficazmente a los pueblos y mucho menos a sus dirigentes,en una moral y una ética profundamente arraigada en la consciencia de los seres. Espero que en su discurso no haya Ud. entronizado el " y tu más" tan propia de las derechas,que son precisamente los hijos dilectos del llamado Cristianismo.Dicho esto con toda cordialidad hacia su persona.

    Comentado por: Gabon el 28/1/2012 a las 14:59

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Biografía

 

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.

 

 

 

Bibliografía

     Basilio Baltasar, editor

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