Lección del héroe polaco

El desprecio de Jan Karski por el nazismo es una ejemplar lección moral
Las voces que se oyen crepitar en estos documentos evocan la epopeya de unos hombres y mujeres obligados a elegir su destino en un momento crucial de la historia europea, pero el relato de su lucha contra el nazismo no es el recuerdo de una hazaña bélica sino el sustento moral de la memoria que aún hoy encuentra su plenitud de sentido en aquella insurrección.
Cuando en 1977 Lanzmann consigue grabar en Nueva York su encuentro con el profesor Karski han pasado más de 30 años pero el antiguo mensajero de la resistencia polaca -el hombre que intentó detener el Holocausto-, estremecido por el llanto, debe interrumpir por un momento la filmación. Lo que en 1942 vio con sus propios ojos en el gueto de Varsovia y en el campo de Izbica Lubelska sigue tan vivo en su memoria como vivazmente escrito en un libro que debería figurar en el lugar de honor de cualquier biblioteca.
En su sobria y puntillosa narración Karski cuenta cómo se burló de la Gestapo, cómo visitó el gueto de Varsovia, cómo entró en el campo de exterminio, salió de Polonia, atravesó las fronteras de la Europa ocupada y llevó hasta Inglaterra y Estados Unidos la noticia que conmovería al mundo. Se entrevistó con destacados integrantes del Gobierno británico, con el presidente Roosevelt, con H. G. Wells, con Arthur Koetsler, con miembros del Pen Club, con periodistas y profesores, y con cuanto ilustre o influyente ciudadano estuviera dispuesto a escuchar el relato de la barbarie alemana. Impartió conferencias, publicó artículos y se mostró dispuesto una y otra vez a repetir con minuciosidad todo cuanto había visto con sus propios ojos.
A sus interlocutores, efectivamente, les consterna el delirante pogromo que se está ejecutando en Europa. Pero el transporte masivo de seres desquiciados por el miedo y la humillación, apiñados como ganado macilento en cloacas y fosas comunes, no consiguió movilizar las fuerzas necesarias para impedir de inmediato la matanza.
En 1981 Jan Karski recordó ante la Cámara de Representantes de los Estados Unidos el significado de aquel crimen y de aquella impotencia: "Soy un católico practicante. Y declaro que la Humanidad ha cometido un segundo pecado original. Este pecado la atormentará hasta el fin del mundo. Ese pecado me atormenta. Y quiero que así sea".
Un remordimiento inconcebible cuando empieza a escribir su libro, inmediatamente después de llegar a los Estados Unidos, en 1943, mientras difunde infatigablemente en universidades, periódicos y radios el grito de auxilio de los judíos encerrados en el gueto de Varsovia. Karski está animado por el convencimiento de lograr el despliegue masivo de bombardeos y de cuanta acción militar haga recular a los nazis. Es el joven patriota, exestudiante en la escuela diplomática, entregado en cuerpo y alma a servir al Estado organizado en la clandestinidad por la resistencia polaca. Es altivo, susceptible, valiente y orgulloso.
A lo largo de su seductor relato se manifiesta la ética de un catolicismo forjado en la opresión, el profundo arraigo de la convicción que alimenta a la nación polaca. La vida de los hombres y mujeres que se enfrentan al ocupante imbuidos por una formidable fuerza espiritual. Una nobleza reflejada en el libro gracias a la aguda penetración con que Karski sabe retratar el carácter de sus protagonistas.
Especialmente entrañable es la delicadeza con que nos habla de las "inolvidables mujeres" polacas. Es su abnegación, valor y engañosa fragilidad, la que da al informe de Karski ese tono de cántico a un futuro que en aquel momento solo puede imaginar como una promesa de independencia y democracia. La pecosa y desgarbada Danuta, la delgada y poco atractiva Bronka, la infatigable y optimista Wanda, la "sublime ingenuidad" de la escritora católica Zofía Kossac, del Consejo de Ayuda a los Judíos, nos enseñan cómo puede subsistir, en las infames condiciones de la ocupación, la simpatía, el afecto y la ternura.
Como todo lo que nos llega de una época anterior a nuestro nacimiento, el libro de Karski da la impresión de estar evocando un tiempo pasado. Pero su lectura revela precisamente lo contrario. No todo ha sido resuelto ni mucho menos cancelado. Aunque consiguiéramos saber por qué los Aliados no llegaron a tiempo o por qué entregaron Polonia a Stalin en la Conferencia de Teherán, temblaría todavía ante nosotros el eco de aquella atrocidad.
El intrépido desprecio de Jan Karski por el nazismo es una ejemplar lección moral pero más aleccionadora es la audacia con que hasta su fallecimiento quiso recordarnos nuestro "segundo pecado original".
[Publicado el 27/4/2011 a las 12:16]
"Pensaban, en efecto, en esas hecatombes de regimientos aniquilados, de pasajeros engullidos, pero una operación inversa multiplica hasta tal punto lo relativo a nuestro bienestar y divide por una cifra tan formidable lo que no le concierne, que la muerte de millones de desconocidos apenas nos afecta y casi menos desagradablemente que una corriente de aire."
"Recuperó su primera mediluna la mañana en que los periódicos narraban el naufragio del "Lusitania". Al tiempo que la mojaba en el café con leche y daba papirotazos a su periódico para que se mantuviera totalmente desplegado sin que hubiese de desviar su otra mano de su función de mojar, decía: "¡Qué horrible! Supera en horror a las tragedias más atroces". Pero la muerte de todos aquellos ahogados debía resultarle por fuerza reducida a una milmillonésima, pues, mientras hacía, con la boca llena, esos comentarios afligidos, la expresión que invadía su rostro, probablemente inducida por el sabor de la medialuna, tan eficaz contra la migraña, era más bien la de una dulce satisfacción."
Marcel Proust. El tiempo recobrado.
Comentado por: Un bárbaro el 09/5/2011 a las 23:18
Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.
Tengo una pregunta para mí
En la 2 de RTVE
¿Quién nos enseña a vivir?
Basilio Baltasar conversa sobre enseñanza y educación
con Fernando Savater, Josep María Flotats, Rafael Argullol y Paco Ibáñez.
21/5/2012 16:42
Fue en cierto modo afortunado al...
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01/5/2012 16:33
El buen escritor no se sitúa en...
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