Las Actas Pin
Que los derechos sindicales, laborales y salariales, la cobertura sanitaria universal, la jubilación y las vacaciones pagadas sean un logro perecedero es una sospecha muy bien fundada. Durante décadas hemos creído que el Estado social ha sido el resultado de nuestra conciencia comunitaria y la conquista histórica de una inteligencia política forjada por generaciones de pensadores, evangelistas y hombres de acción. Sin embargo, ahora nos sorprende comprobar que los derechos de la ciudadanía europea no han sido más que una astuta simulación adoptada por miedo a la Unión Soviética.
Uno de los efectos colaterales de la catástrofe mencionada por Víctor Gómez Pin (el hundimiento de la Unión Soviética dejó a los mercados sin freno) también es catastrófico. Descubrir que las conquistas sociales sólo han sido concesiones estratégicas deja en evidencia un autoengaño de proporciones traumáticas. Ni fuimos tan fuertes, ni somos tan listos. Y nadie sabe cuánto nos costará restaurar esta ilusión.
La decepción nos obliga a concebir una rehabilitación urgente de la política pero es el conjunto de nuestra historia reciente la que debemos poner en cuestión. Habrá que considerar las modalidades de la guerra doctrinal entablada en Europa entre los dos imperios y comprender cómo se propusieron seducir a las masas proletarias. Por un lado, las promesas irredentas del paraíso socialista. Por otro, el soborno del bienestar. Nuestro papel en esta geopolítica ha sido más bien un triste soliloquio.
Los trabajadores europeos no están en condiciones de lamentar la pérfida dialéctica de los Imperios durante los años de la Guerra Fría (1945-1989), pero una precipitada lectura de lo dicho por Víctor Gómez Pin (la Unión Soviética combatía el Mal (de los mercados) puede incitar interrogantes equívocos: ¿supone eso algún tipo de parentesco de la URSS con el Bien?
Sin duda son malignos los efectos de unos mercados que campan sin regulación ni control (como ha sucedido impunemente), pero sería imperdonable obviar que la demoníaca concentración de poder oficiada por Stalin y sus secuaces fue algo más que un "exceso policial". La destrucción de la dignidad humana llevada a cabo en una nación sometida a la más perversa humillación carcelaria que se haya visto sobre la tierra no puede quedar fuera de nuestras consideraciones morales. Y en modo alguno podemos prolongar las ficciones elaboradas por cada Imperio para legitimarse ante una población crédula y expectante.
De ahí la pertinente pregunta formulada por Enrique Baca: ¿en qué se basan los contertulios para abominar de la explotación del hombre por el hombre?
[Publicado el 09/3/2011 a las 17:22]
[Etiquetas: Unión Soviética, El Muro de Berlín, Seguridad Social]
“De ahí la pertinente pregunta formulada por Enrique Baca: ¿en qué se basan los contertulios para abominar de la explotación del hombre por el hombre?”
Hay crímenes de pasión y crímenes de lógica. El Código Penal los distingue por la premeditación. Estamos en la época de la premeditación y del crimen perfecto. Nuestros criminales no son ya esos muchachos desarmados que invocaban la excusa del amor. Por el contrario, son adultos, y su coartada es irrefutable: la filosofía, que puede servir para todo, hasta para convertir a los asesinos en jueces.
Desde el momento en que, a falta de carácter, se recurre a una doctrina, desde el instante en que el crimen se razona, prolifera como la razón misma, toma todas las figuras del silogismo. Era solitario como el grito y he aquí que se hace universal como la ciencia. Ayer juzgado, ahora impone su ley.
Se trata de aceptar la realidad del momento, que es el crimen lógico, y examinar sus justificaciones: esto es un esfuerzo para comprender mi tiempo. Se estimará, quizá, que una época que, en cincuenta años, desarraiga, avasalla o mata a setenta millones de seres humanos merece solamente, y ante todo, ser juzgada. Pero es necesario que se comprenda su culpabilidad. En las épocas ingenuas en que el tirano arrasaba las ciudades para su mayor gloria o el enemigo era arrojado a las fieras ante el pueblo reunido, la conciencia podía ser firme y el juicio claro ante crímenes tan cándidos. Pero los campos de esclavos bajo la bandera de la libertad, las matanzas justificadas por amor al hombre, dejan desamparado, en cierto sentido, al juicio. POR UNA CURIOSA INVERSIÓN PROPIA DE NUESTRO TIEMPO, CUANDO EL CRIMEN SE ADORNA CON LOS DESPOJOS DE LA INOCENCIA, ES A LA INOCENCIA A QUIEN SE INTIMA A JUSTIFICARSE. (en qué se basan los contertulios para abominar de la explotación del hombre por el hombre?)
Se trata de saber si la inocencia, desde el momento en que actúa, no puede evitar matar. No podemos actuar sino en el momento que es el nuestro, entre los hombres que nos rodean. No sabremos nada mientras no sepamos si tenemos el derecho a matar a ese otro que está ante nosotros o de consentir que lo maten. Puesto que toda acción desemboca hoy en el asesinato, directo o indirecto, no podemos obrar antes de saber si, y por qué, debemos dar la muerte.
Lo importante por ahora no es, pues, remontarnos a la raíz de las cosas, sino, siendo el mundo lo que es, saber cómo conducirnos en él. En la época de la negación podía ser útil interrogarse sobre el problema del suicidio. En la época de las ideologías, hay que ponerse en regla con el asesinato. Si el asesinato tiene sus razones, nuestra época y nosotros mismos somos consecuentes. Si no las tiene, vivimos en la locura, y no hay más salida que la de encontrar una consecuencia o apartarse.
Pertinente y absurda pregunta la de Enrique Baca. El sentimiento de lo absurdo, cuando se pretende ante todo extraer de él una regla de acción, hace al asesinato por lo menos indiferente y, por consiguiente, posible. Si no se cree en nada, si nada tiene sentido y no podemos afirmar valor alguno, todo es posible y nada tiene importancia. Sin pros ni contras, el asesino no tiene ni deja de tener razón. Se pueden atizar los crematorios como puede uno dedicarse al cuidado de los leprosos. Maldad o virtud son azar y capricho.
Se decidirá entonces no obrar, lo que equivale por lo menos a aceptar el asesinato de los demás sin perjuicio de deplorar armoniosamente la imperfección de los hombres.
Quienes se decidan a obrar, a falta de un valor superior que oriente la acción, esta se dirigirá en el sentido de la eficacia inmediata. No siendo nada verdadero ni falso, bueno ni malo, la regla consistirá en mostrarse el más eficaz, es decir, el más fuerte. Entonces el mundo no se dividirá ya en justos e injustos, sino en amos y esclavos. Así, hacia cualquier lado que uno se vuelva, en el centro de la negación y del nihilismo, el asesinato tiene su lugar privilegiado.
Estas palabras de A. Camus, además de responder a Enrique Baca, creo que definen perfectamente nuestro tiempo y nuestro mundo.
Comentado por: Un bárbaro el 15/3/2011 a las 13:18
Aceptemos la definición de “cultura” como suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de la de nuestros antecesores animales y que sirven a dos fines: proteger al hombre contra la Naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí.
Centrémonos en los rasgos de la cultura que regulan estas últimas relaciones del individuo en tanto que miembro de una familia o un Estado.
El elemento cultural estuvo implícito ya en la primera tentativa de regular esas relaciones sociales, pues si tal intento hubiera sido omitido, dichas relaciones habrían quedado definitivamente al arbitrio del individuo; es decir, el más fuerte las habría fijado a conveniencia de sus intereses y de sus tendencias instintivas. Nada cambiaría en la situación si este personaje más fuerte se encontrara, a su vez, con otro más fuerte que él. La vida humana en común sólo se torna posible cuando llega a reunirse una mayoría más poderosa que cada uno de los individuos y que se mantenga unida frente a cualquiera de éstos. El poderío de tal comunidad se enfrenta entonces, como “Derecho”, con el poderío del individuo que se tacha de “fuerza bruta”.Esta sustitución del poderío individual por el de la comunidad representa el paso decisivo hacia la cultura. Su carácter esencial reside en que los miembros de la comunidad restringen sus posibilidades de satisfacción, mientras que el individuo aislado no reconocía semejantes restricciones. El resultado final ha de ser el establecimiento de un derecho al que todos hayan contribuido con el sacrificio de sus instintos, y que no deje a ninguno a merced de la fuerza bruta.
La libertad individual no es un bien de la cultura, pues era máxima antes de toda cultura, aunque entonces carecía de valor porque el individuo apenas era capaz de defenderla ante otro más fuerte que él.
El desarrollo cultural le impone restricciones, y la justicia exige que nadie escape a ellas.
Cuando en una comunidad humana se agita el ímpetu libertario, puede tratarse de una rebelión contra alguna injusticia establecida, favoreciendo así un nuevo progreso de la cultura y no dejando, por tanto, de ser compatible con ésta, pero también puede surgir del resto de la personalidad primitiva que aún no ha sido dominado por la cultura, constituyendo entonces el fundamento de una hostilidad contra la misma.
Seguramente el hombre jamás dejará de defender su pretensión de libertad individual contra la voluntad de la masa.
Buena parte de las luchas en el seno de la humanidad giran alrededor del fin único de hallar un equilibrio adecuado (es decir, que dé felicidad a todos) entre estas reivindicaciones individuales y las colectivas, culturales; uno de los problemas del destino humano es el de si este equilibrio puede ser alcanzado en determinada cultura o si el conflicto en sí es inconciliable.
Mi pregunta es si el neoliberalismo no supone un desequilibrio evidente. Si el capitalismo, en su evolución, no supone el intento de presentar lo que no es más que “fuerza bruta” del más fuerte como “Derecho”, y consiguientemente al “Derecho” de los más débiles como “fuerza bruta”.
No creo que el comunismo resuelva el conflicto entre libertad individual y derechos colectivos de un modo equilibrado. Suprimir la propiedad privada no supondría eliminar tal conflicto, aún subsistirían los privilegios derivados de las relaciones sexuales, fuente de envidia y hostilidad entre los hombres, y el instinto de destrucción, de muerte, intrínseco a la naturaleza humana, aún estaría ahí.
Pero no se trata de crear un paraíso en la tierra, sino de procurar en la medida de lo posible, atenuar el sufrimiento originado por una estructura social injusta, es decir, que socava el “Derecho” de los más débiles a favor de la “fuerza bruta” de los fuertes. Y eso es precisamente lo que supone el neoliberalismo cuando regula las relaciones económicas y productivas de la sociedad. Pues la acumulación de capital perpetúa este injusto desequilibrio, haciendo a los fuertes cada vez más fuertes y a los débiles cada vez más débiles. En este estado de cosas, legitimado por el perverso procedimiento de convertirlo en Derecho y Ley, no debemos asombrarnos ante la evidencia de que los propios Estados nacionales se hallan a merced de las grandes Corporaciones multinacionales, cada vez más fuertes y por tanto cada vez más capacitadas para no respetar los derechos de la colectividad, yendo progresivamente avanzando en sus abusos de poder.
Creo que dicho proceso va en contra de los fundamentos de la cultura, que supone una regresión a anteriores etapas de la evolución cultural humana, y que en última instancia nos conducirá a la barbarie más absoluta, a pesar de que Gómez Pin no crea posible tal regresión.
Comentado por: Un bárbaro el 11/3/2011 a las 13:43
La pregunta es si una figura como Stalin fué, es y seguirá siendo la consecuencia inevitable del pensamiento y la teoría de Marx. Creo que no. Sería pueril oponer las víctimas del capitalismo, pues en este caso acostumbramos a no condenar la ideología capitalista como responsable de los crímenes sino a determinadas personas en determinadas épocas. En el caso de Stalin condenamos la ideología y el pensamiento de Marx y sólo subsidiariamente a Stalin como producto insoslayable de la misma.
Marx es un pensador digno de tener en cuenta para analizar nuestro sistema social. Marx nunca sería marxista.
Estimulante debate el suyo, que debemos agradecer que hagan público a través de sus respectivos blogs.
Un saludo.
Comentado por: Un bárbaro el 10/3/2011 a las 01:06
Las conquistas sociales mencionadas en el primer párrafo no tienen por qué ser un logro perecedero.Si tal eventualidad sucediera, es la clase política la responsable directa de tal situación.Aún en el caso que las personas que actualmente se consideran en relación de dependencia,dejaran de formar parte de esa apreciación laboral,se supone que esas personas seguramente comenzarían a brindar sus servicios,profesiones, etc. de modo directo como cuentapropistas, tal como se considera en otros países.Los últimos 25 años se ha tenido a la UE como un modelo digno de imitar precisamente en base a todas estas conquistas sociales que dignifican a las personas y elevan sus niveles culturales,porque les permite conocer otros países, otras culturas,otros enfoques de la realidad.No me imagino los ámbitos europeos sin sus cientos de miles de turistas japoneses, chinos,hindúes,australianos, etc. etc.
Una alerta muy importante la que nos plantea el Profesor Gomez Pin.
Comentado por: Chabela el 09/3/2011 a las 22:05
Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.
Tengo una pregunta para mí
En la 2 de RTVE
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