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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 19 de julio de 2018

 Blog de Francisco Ferrer Lerín

Anfibologías y Ciudad Corvina

 

Francisco Ferrer Lerín ha publicado en estos últimos meses dos nuevos libros que se suman a su ya abundante bibliografía. Me refiero a Ciudad Corvina (Valencia, Banda legendaria, 2018) y Besos humanos (Barcelona, Anagrama, 2018 ). El primero de ellos es un texto híbrido de poemas y prosas o, si se me permite poemas en prosa; en el segundo, Ignacio Echevarría ha seleccionado y reunido una serie de textos, de carácter sobre todo narrativo, escogidos tanto de sus libros como de su blog personal.

 

José Luis Falcó.- Desde la perspectiva que confieren los años, ¿qué sentido tiene ahora para usted el que se le haya considerado casi desde el principio “padre nutricio de la generación novísima” y, quizá un tanto confusamente, “fundador del ala extrema de la escritura novísima”?

 

Francisco Ferrer Lerín.- La formulación exacta es 'padre nutricio de la secta de los novísimos' que, según creo, aparece por primera vez en la sección "Biografías" de Pasiones literarias (Ediciones del Bronce, 2001), un volumen que recoge las conferencias, que bajo este título, se impartieron en el Instituto Francés de Barcelona a comienzos del año 2000. En cuanto a 'fundador del ala extrema de la escritura novísima', aseveración recogida en el frontispicio de Cónsul (Ediciones Península, 1987), aunque insiste en mi condición fundacional, acota el alcance llevándolo al terreno de la radicalidad, cuestión, para mí, no del todo placentera. En fin, que sólo desde el humor y los buenos sentimientos pueden contemplarse tamañas atribuciones que, efectivamente, con el tiempo han perdido buena parte de su razón, no sólo por el contraste entre el tono desenfadado de mi enfoque inicial de la escritura y el tono profesional del enfoque inicial de mis compañeros, sino por la abismal diferencia en lo que vino después, la disparidad entre mi biografía y la de ellos.    

 

J.L.F.- Viene siendo habitual también el afirmar que su escritura no ha cambiado apenas, cuando parece evidente que, al menos tras la publicación de Níquel (2005) y Papur (2008), sí lo ha hecho, al producirse una ampliación léxica, temática y genológica en relación a sus propias vivencias y lecturas, aun manteniendo el ritmo como principio constructivo de sus textos. ¿Qué opina usted al respecto?

 

F.F.L.- Los escritores, concretamente los poetas, mantenemos, durante toda nuestra vida útil, una espada de Damocles en modo de desagradable sentencia, la que dice que sólo somos capaces de  escribir un poema y de que todo lo demás son repeticiones o, como mucho, ligeras variaciones del mismo. En mi caso no es que haya trazado un programa para desmontar esa teoría pero el carácter misceláneo de mi obra literaria surgida a partir de mi reaparición en 2005, tras treinta y tres años de agrafía, puede haber ayudado a confundir a los que, con ánimo indudablemente constructivo, llevaban tiempo advirtiendo del carácter monolítico, indeformable, casi ciclópeo, de mis más preciados versos.     

 

J.L.F.- Se le conoce también a Francisco Ferrer Lerín como creador del “Arte casual”, que ha definido como “el que se da entre objetos o grupos de ellos, materiales sin vocación artística que por su ubicación, colocación o combinación producen placer visual en el observador, sin haberlo pretendido el responsable de la situación”. Parece que este fenómeno se da también en su discurso literario, ya que al menos una parte del mismo no procede de artefactos artísticos, solo que en este caso sí hay una voluntad estética que los modeliza. ¿No?

 

F.F.L.- La vejez trae consigo, entre otros molestos disturbios, la pérdida de capacidad imaginativa. En mi escritura, sustentada en el manejo de generosas dosis de fabulación, la quema de neuronas puede tener efectos catastróficos, por lo que el apoyo en las fuentes es cada vez más necesario llegando ya, en esta etapa preagónica, a la utilización descarada de las mismas. Quiere esto decir que los materiales primigenios que siempre he utilizado -manuales, enciclopedias, prensa escrita- dejan de actuar como referencias para pasar a la categoría de citas o, mejor, de copias. Y aquí se da la circunstancia, hasta cierto punto semejante a lo que constituye la esencia del movimiento artístico que definí en un manifiesto en 1984 y que nombré como Arte Casual, que los materiales que hallo y que empleo en mis versos carecen, en principio, de vocación artística, literaria, y que en un proceso, a veces arduo, los procuro convertir en literatura, en poesía, al descubrir, a menudo, que bajo su aspecto ramplón se esconde un potencial estético.     

 

J.L.F.- La escritura de una serie de poemas de Ciudad corvina surgió, al parecer, de la lectura de dicho nombre en La Filomena de Lope de Vega. La Filomena es también un texto misceláneo, híbrido. ¿Hasta qué punto la lectura de los clásicos recorre y/o está en su escritura “vanguardista”? ¿Hasta qué punto la idea de “novedad” es, al menos en algunas ocasiones, el resultado de un olvido o desconocimiento de la tradición literaria?

 

F.F.L.- Los clásicos forman parte de la modernidad y como tales los leo y los venero. La manera en que tratan léxico y sintaxis me excita y me rejuvenece. Han quedado ahí esperando a que el lector curioso los descubra y que el escritor ávido de nuevas experiencias creativas los capture y los coloque en el lugar que se merecen que, a veces, no es el párrafo o el poema que se construye gracias a ellos. Por lo tanto la actitud reverencial que nos lleva a trasladarlos a nuevos predios ha de ser lo suficientemente firme para evitar que puedan caer en manos de dudosa higiene, que sólo reaparezcan en textos calibrados y justos. Y en eso estoy, o al menos eso es lo que intento. 

 

J.L.F. “Definición de poema” es el título del poema, que abre su libro. Ninguna poética hace solo referencia a lo que el autor entiende por poesía. Su espacio suele ser bastante más amplio y entre sus líneas se lee la vida, que a menudo se conjuga con la idea que el autor tiene sobre las vidas y condiciones de humanas. En “Definición de poema”, ¿está inscrita paradójicamente la imposibilidad de tal definición, pese a que en definitiva hable de la suya y de ese “detalle áspero”, generalmente culturalista, adjetivo con el que Lope criticaba también los versos de Góngora?

 

F.F.L. Casi nunca, por lo que a mí respecta, la redacción de un poema  disfruta de un plan previo. El poema que usted comenta podría resultar paradigmático en esta cuestión. Surge fuera de lugar, en un momento en que nadie me había encargado texto alguno y teniendo cerrado el cupo de  Libro de la confusión. De golpe, tengo la necesidad imperiosa de escribirlo, me siento ante el ordenador, y brota como un estallido. ¿Qué ocurre?, que a medida que progreso en su redacción me doy cuenta de que tengo ante mí una poética, como aquel poema "Tzara" de 1970, publicado en La hora oval (1971), que fue fruto de mi traducción de L'homme approximatif. Sin embargo, en esta ocasión, esta poética es más una declaración de principios vitales que un manual o un libro de estilo. En efecto "Definición de poema" abandona, no sé si derrotado, la posibilidad de definir qué sea la poesía para ensayar un balance de mi vida, y también la de mis semejantes. En cuanto a 'detalle áspero' remite a 'montes ásperos' que no sé ahora si fue cosa de Lope o de mi querido Góngora.  

 

J.L.F. Todo el resto de Ciudad corvina está atravesado por un triple eje temático ya presente en algunos de sus escritos anteriores: el paso del tiempo, la vejez y la muerte. ¿Qué supone para usted su irrupción en este libro, con más presencia quizá y tal vez con una mayor consistencia física y dramatismo teñidos de ironía?

 

F.F.L.- Teñir de ironía la muerte es una ingenua añagaza que empleamos los desesperados, creyendo que todavía podemos atraer parte de la vida. Los poemas de Ciudad Corvina son recientes, tan recientes que han sido escritos en el momento en que los ochenta años de mi cronología están más cerca que los setenta. Así, es normal que el paso del tiempo, la vejez y la muerte se muestren en toda su crudeza.  

 

J.L.F. La segunda parte del mismo está en su mayor parte escrita sobre cartas, tal vez mails, que usted ha recibido o que ha imaginado haber recibido. ¿La mayoría de estos textos podríamos considerarlos poemas en prosa que mantienen el tono rítmico de la primera y una cierta visión de la temporalidad humana, como ya se ha apuntado antes?

 

F.F.L. "Cinco cartas" forma parte de la correspondecia real, y ya no privada, mantenida con algunas de las protagonistas del libro 30 niñas. Mi intervención ha sido mínima, quizá la refundición en una carta de lo que se exponía en varias, y la supresión de datos biográficos demasiado precisos. Decidí incluirlas al ver en ellas una evidente carga lírica y, en especial, una gran riqueza formal y argumental.      

 

J.L.F. La tercera parte, bajo el título de “Cuatro poemas del Libro de la confusión”, de próxima aparición en Tusquets, parece retomar los ejes temáticos de la primera. Creo que es en ella donde se sitúan los poemas más intensos, como “Todo pirata vivo”o “Difícil término” (título que admite, por supuesto, una ambigua “anfibología”). Pero los dos últimos versos parecen ofrecernos un sentido oculto, referido, una vez más, a un tiempo pasado (“en ese año, / dejé de hacer comparaciones extraordinarias.”) ¿Se podría leer como un definitivo alejamiento de cierta visión estereotipada de las vanguardias históricas que se pretendieron ver en su escritura, por otra parte tremendamente realista?

 

F.F.L.- Soy un defensor irreductible de la intensidad, de ello mi voluntad de escribir poemas y, en el caso de la narrativa, mi voluntad de escribir textos breves, denominados "casos" por mi amigo y doctorando Antonio Viñuales. Esta intensidad, que conduce a veces a la asepsia temática y al estilo forense, he querido intensificarla en estos cuatro poemas finales que, como en el total de los que conforman Libro de la confusión, que publicará Tusquets este otoño, pretenden rematar con éxito una obra que ha buscado en el despojo de excrecencias, en la concisión, en la huida de la metáfora e incluso en la obsesión por la vehemencia, su seña evidente de identidad, su marca literaria. Nunca quise ser original y ni siquiera vanguardista, algunas complacencias pudieron ofrecer pistas equivocadas y de esa falta de rigor pido disculpas; otra cosa es que mi escritura resulte distinta a la que practiquen otros, pero es algo de lo que no me reconozco culpable, son cosas que pasan.   

 

J.L.F No me gustaría terminar esta entrevista sin referirme a Besos humanos. La intención del su editor, Ignacio Echevarría parece clara en el “Epílogo”. ¿Qué cree que ha supuesto o puede suponer para usted publicar un libro de este tipo en una editorial tan conocida como Anagrama?

 

F.F.L. Ignacio Echevarría ha seleccionado, ordenado y epilogado los textos que constituyen Besos humanos. Este volumen misceláneo está en la línea, por ejemplo, de Papur, Gingival y Mansa chatarra, es decir, recoge prosas éditas e inéditas datadas a lo largo de varios o incluso de muchos años, pero dispone de una particularidad respecto a sus predecesores, se publica en Anagrama, cuya penetración en el mercado es muy superior a la de los pequeños aunque minuciosos sellos que en estos años arriesgaron sacando unos relatos que sin el soporte de una potente imagen editorial es muy difícil que lleguen al gran público. Como resultado hay que decir que la respuesta de la crítica, nutrida y unánime, ha sido de asombro; ¿por qué tardó tanto en llegar este peculiar producto?    

--  

José Luis Falcó.

Suplemento « Posdata » del diario Levante.

30.06.18.

 

[Publicado el 01/7/2018 a las 19:21]

[Etiquetas: Literatura, sociedad.]

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Biografía

Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) es poeta, narrador, filólogo y ornitólogo. Traductor, al español, de Flaubert (Trois contes), Claudel (L'Annonce faite à Marie),  Tzara (L´Homme approximatif), Monod (Le Hasard et la Nécessité), Montale (Ossi di sepia). Ha publicado los siguientes libros de poesía: De las condiciones humanas (Trimer, 1964), La hora oval (Ocnos, 1971), Cónsul (Península, 1987), Ciudad propia (Artemisa, 2006), Fámulo (Tusquets, 2009) y Hiela sangre (Tusquets, 2013). Es autor de una novela, Níquel (Mira, 2005), reeditada y ampliada en 2011 por Tusquets bajo el título Familias como la mía, de El Bestiario de Ferrer Lerín (Galaxia Gutenberg, 2007), de un libro de bibliofilias, facsímiles y artículos titulado Papur (Eclipsados, 2008), así como de la antología de relatos breves Gingival (Menoscuarto, 2011). En 2014 Jekyll & Jill ha publicado la selección de materiales oníricos, Mansa chatarra, y Leteradura el libro de retratos literarios, 30 niñas.

Hoy vive en Jaca dedicado a la literatura.

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