Hacia la Inauguración

El presidente electo de EE UU explica sus medidas contra la crisis.
Todo va muy rápido. Más deprisa de lo que tardamos en contarlo. Obama ya advirtió la pasada semana de la profundidad insondable de la recesión en la que hemos entrado y de la necesidad de un esfuerzo serio y audaz para evitar que se prolongue durante años. Ayer lunes ya son muchos quienes dan por descontado que una gran parte de su programa deberá quedar en el cajón de su despacho a la espera de que amaine la situación económica. Sería suicida meterse en berenjenales que lastraran la recuperación como, por ejemplo, reformar el sistema de salud o lanzar las políticas prometidas de restricción de emisiones cuando lo que hay que hacer es poner a toda velocidad las máquinas de la economía de nuevo en marcha. Buena parte del cambio, el que afecta a políticas internas, quizás deberá esperar, sacrificado ante las urgencias de la crisis; pero otra parte, en cambio, la que afecta sobre todo a la política exterior, será objeto de la máxima celeridad. La tragedia de Gaza se encarga de clamar, a diez días del relevo presidencial, por esta última urgencia.
El mismo día en que Bush se despide de los periodistas que le han seguido en la Casa Blanca, se ve cómo Obama prepara el ambiente para su discurso de Inauguración. Junto al mensaje de esperanza y de cambio histórico, perfectamente previsibles, se empieza a intuir que imprimirá a sus palabras matices de dramatismo histórico alrededor de dos cuestiones: el pésimo estado de la economía y el papel de Estados Unidos en el mundo. En el primero, con el plan de grandes inversiones en obras públicas, educación, nuevas tecnologías y políticas sociales, el nuevo New Deal; en el segundo, con la paz en Oriente Próximo como objetivo perentorio, que hará falta alcanzar con una acción muy bien coordinada en todos los frentes: Afganistán, Irak, negociación con Irán y mediación en el conflicto entre israelíes y palestinos.
La ceremonia de los adioses en que está metido Bush prácticamente desde el 4 de noviembre ha ido dando cada vez más protagonismo a Obama, que está intensificando sus intervenciones públicas y acrecentando el esfuerzo pedagógico. Política es pedagogía, decía un socialista catalán de los tiempos de la República. Obama está dedicándose a fondo a la pedagogía política, porque debe conseguir que el Congreso le acompañe a la hora de aprobar con urgencia el plan de salvación económica y tiene la obligación de seguir renovando y generando el caudal de confianza entre los ciudadanos. Pero la lección central de pedagogía política será su discurso inaugural, que será escuchado con suma atención y leído luego con lupa, pues constituye un momento trascendental de la presidencia norteamericana, con especiales resonancias históricas y una extraordinaria repercusión política. Será la referencia que marcará el arranque de su presidencia.
El conjunto del planeta ya puede poner los relojes en hora. El 21 de enero habrá que estar listo para contar con las iniciativas que ponga en marcha la primera superpotencia con su nuevo y joven presidente al frente, que tendrá la obligación de convertir la retórica del solemne día anterior en realidades. Todo lo que está haciendo ahora se dirige a rebajar suavemente las expectativas de un lado, y del otro a concentrarlas en los dos temas ya anunciados: economía y Oriente Próximo; además del anuncio de un compromiso con los derechos humanos, con lo que significa convertir Guantánamo, Abu Ghraib y la legalización de la tortura en pesadillas del pasado. Pero en ambas cuestiones centrales se intuye que habrá novedades, muchas más novedades de las que suelen desechar con escepticismo los conservadores de todo orden.
[Publicado el 13/1/2009 a las 12:20]
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La política es el arte de lo posible pero en el caso que nos ocupa fines y medios son inseparables.En la entrevista que el otro día ofreció El País de Obama,algo parecía tener este : recuperación del empleo,disminuir la dependencia energética,modernizar y racionalizar transportes y sistemas de calefacción a si como una sanidad mas eficiente son parte coherente de un todo.Y si no se habla explícitamente del gasto armamentístico es sin duda por que no todo se puede decir abiertamente pero sin duda el escudo centroeuropeo pasará a mejor vida sin haber nacido.
Ya me gustaría que el gobierno de mi país tuviese tan claro algunas de estas cuestiones.
Comentado por: maleas el 13/1/2009 a las 23:32
Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.

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