Lecturas de los poderosos

Ilustración de Fernando Vicente.
Recuerdo uno de los dibujos más demoledores de El Roto acerca del afán de lectura de un político español contemporáneo. "Lee muchos libros", decía la viñeta. "Pero los caga enteros", remachaba el comentarista. La carrera de lecturas establecida entre George W. Bush y Karl Rove, con resultados anotados y tangibles, da que pensar sobre las virtudes intelectuales de quien pronto dejará de ser presidente de los Estados Unidos y ha sido el primer máximo magistrado norteamericano con un título de MBA (un máster en administración de negocios). En primer lugar, porque el número y el volumen de sus lecturas -un libro a la semana, a veces de 800 páginas- difícilmente es compatible con un intenso trabajo presidencial, que debería incluir una abundante lectura de prensa y de documentos. En segundo lugar, porque los géneros más frecuentados, biografías e historia, permiten establecer la hipótesis de que está preocupado sobre todo por su imagen como presidente, incluida la que pueda quedar para la posteridad, y por los motivos morales de sus posiciones y decisiones, mucho más que por el conocimiento de los problemas con que debe enfrentarse.
El mismo día en que aparece un artículo en la prensa española sobre esta cuestión, leo en el suplemento de libros de The New York Times, una reseña sobre un libro sugerente como es 'Los libros que influyeron en su vida', de Timothy W. Ryback, sobre la biblioteca de Adolf Hitler. Me entero de que el Führer era ya un ávido lector en la trinchera belga durante la Primera Guerra Mundial y de que llegó a tener 12.000 libros en su apartamento de Munich. Por supuesto, todo lo que había que leer para conocer y adoptar las peores ideas antisemitas del momento estaba en su biblioteca. Me entero por el autor del artículo de que Stalin también era un ávido lector, con una biblioteca propia de 20.000 libros. Y recuerdo mi visita al palacio de El Pardo, en 1976, recién muerto el dictador español y mi sorpresa al comprobar que en las estanterías de la biblioteca sólo había ejemplares de los anuarios de las diputaciones provinciales. El provecho que da la lectura y el amor a los libros se reparte de forma muy desigual. Leerlos no es garantía de nada, pero quien ni los ama ni los lee suele tener mucho ganado en el campeonato de la estupidez.[Publicado el 05/1/2009 a las 10:33]
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Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.

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