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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 23 de octubre de 2020

 Blog de Rafael Argullol

El destino en los pies

Una confesión. Siempre me han gustado los buenos partidos de fútbol. Y una proclama antipopular: cada vez detesto más el mundo que rodea el fútbol. Imaginas que el éxito universal de este juego se fundamenta en su belleza y sencillez. De hecho, no recuerdo otro deporte de equipo con reglas más elementales. Así, por ejemplo, en comparación, la reglamentación del baloncesto es mucho mayor. Un jugador ha de pensar continuamente en el paso del tiempo: tiene pocos segundos para atravesar la línea divisoria y algunos más para que su equipo pase el balón, pero no puede permanecer apenas unos instantes bajo la canasta y no está autorizado a retener casi nada la pelota entre sus manos. La ley del tiempo se convierte en una amenaza. Frente a esta legislación exhaustiva, la vida del futbolista en la cancha parece más despreocupada. El árbitro le dirá si comete falta o incurre en fuera de juego, mientras él solo debe preocuparse de que el balón no rebase la línea de cal del rectángulo trazado en el suelo y de que el balón acabe en el fondo de una portería que, por supuesto, no sea la propia.

Esta aparente simplicidad del juego, acompañada de los vínculos cómplices establecidos entre los componentes de un equipo y de la emotividad suscitada, explican el enorme contagio del fútbol en casi todo el planeta a lo largo del último siglo. Cualquier grupo de muchachos delimitan un campo y dos porterías con un puñado de piedras y pueden iniciar un partido. Todo esto es bien sabido y da lo mismo si se encuentran en un descampado de Manchester, en la playa de Copacabana o en los lindes del desierto del Sáhara. Naturalmente, no hace falta recordar que la televisión ha convertido esta facilidad -y esta plasticidad visual- en el mayor espectáculo del presente.

Un buen partido de fútbol es una representación muy atractiva que, como es obvio, incrementa su impacto emocional si el espectador se identifica con uno de los equipos contendientes. Todo esto es bien sabido y no creo que haya nada que objetar a la pasión del aficionado -al fútbol, al baloncesto, a la hípica o a cualquier deporte que a uno le venga en venga- siempre que tal pasión no se convierta en una obsesión. Lo malo de las obsesiones es que acaban siendo auténticos monopolios emocionales que aprisionan a quien incurre en ellos. Aún así no tengo ninguna duda de que uno es libre para abrazarse individualmente con la obsesión que más le guste, por detestable que parezca a los demás. Sin embargo, la verdad, encuentro altamente peligrosas las obsesiones colectivas.

Y esto es lo que a mi modo de ver está sucediendo progresivamente con el fútbol, no con el encantador juego que invita espontáneamente a los niños de cualquier lado, sino con un fenómeno que, además de ser mercantil, ha atravesado las fronteras de lo político e incluso de lo religioso. Claro que me resulta repulsivo que en las actuales circunstancias se desembolsen cantidades obscenas por el fichaje de tal o cual jugador, pero todavía me parece más preocupante que se abata sobre gran parte dela sociedad aquel monopolio psicológico que caracteriza a las obsesiones colectivas. No hace falta ser ningún profeta para aventurar que durante las próximas semanas la Roja -es decir, 11 individuos dándole con el pie al balón- va a protagonizar una epopeya de los sentimientos con connotaciones trascendentales. Y en otros países será la Azul, la Verde, la Amarilla o la Albiceleste. Durante días y días el destino de la humanidad, e incluso del cosmos, estará en los pies de unos muchachos millonarios que correrán arriba y abajo de un rectángulo de césped.

Dicho así, tan prosaicamente, suena a una broma. Sin embargo, ya se encargarán muchos de que no sea una broma, tal como viene sucediendo en los últimos lustros de una forma cada vez más acentuada. La metamorfosis religiosa del fútbol no cree que sea una exageración. Es cierto que las multitudes devotas existen desde hace mucho tiempo y que el Brasil de Pelé, la Holanda de Cruyff o la Argentina de Maradona (para no hablar de los clubes más importantes) suscitaban grandes adhesiones; con todo, en la receptividad de la muchedumbre, la pasión futbolística convivía con otras pasiones ideológicas, políticas y estéticas. Lo cualitativamente nuevo de los últimos lustros es que, al enaltecimiento de los demás horizontes, le ha sucedido el enaltecimiento de un espectáculo, el del fútbol, que ha invadido todos los territorios. Lo que ha ocurrido no solo es un gran negocio, sino también una curiosa, y a menudo grotesca, usurpación de metáforas. A medida que ha languidecido la conversación política, estética o religiosa se ha encumbrado lo que pomposamente se ha llamado el lenguaje del fútbol, lenguaje con miles de practicantes que ya no se refiere a un juego sino, como leemos con frecuencia, a unas "esencias", a una "identidad", a un "modo de ser", expresiones que en otro contexto siempre son sospechosas.

Los portavoces del lenguaje del fútbol son precisamente los que se arrogan el papel de sacerdotes de esa nueva religión de masas que, si es universal por su difusión, es decididamente tribal por los sectarismos de que se alimenta. Creo que se podría hacer una magnífica antología de la literatura esperpéntica con las decenas de filósofos y teólogos del fútbol que pululan por las tertulias radiofónicas y televisivas y, además, escriben suntuosos análisis en los periódicos. También sería útil para medir el nivel alcanzado por la oratoria recopilar las metáforas futbolísticas de las que se sirven, un día sí y otro también, nuestros dirigentes políticos y parlamentarios. Incluso se podrían añadir ciertos párrafos de desesperados obispos que no tiene más remedio que acudir a los símbolos del balompié para dar un indicio a los feligreses del desaparecido Dios.

Sin embargo, en lo alto de la jerarquía sacerdotal de la nueva religión, los encargados últimos de mostrar que la Roja no es un conjunto de 11 habilidosos pateadores de balón sino el retablo de los apóstoles de una redención en marcha, son los "comunicadores deportivos", los mismos que durante todo el curso futbolístico arengan a los creyentes con los comentarios más elementales y las consignas más sectarias.

Como no podía ser de otro modo, estos predicadores han incorporado a sus gritos el fanatismo de los viejos predicadores y la demagogia de los tribunos de la plebe. Su misión: dejar claro, por si no lo estaba, que el destino del ser humano pasa, no por la cabeza, sino por los pies. Y entre tanto ruido apenas queda nada del cautivador juego sobre la arena de la playa de Copacabana.

Si miro algún partido del próximo Mundial no duden que silenciaré la voz del comentarista.

 

El País, 06/06/2010

[Publicado el 11/7/2010 a las 14:07]

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Comentarios (9)

  • No me extraña, he leído parte de los comentarios a los que te refieres y, dan asco. También es verdad lo de la falta o mejor, la ausencia que se respira en estos blogs , pero a mí personalmente, me gusta tanto R.A.M. que sigo todo lo que escribe, lo que cuenta, lo que dice. La pena es que su nuevo blog no sea más dinámico, de momento, aunque creo que pasará a ser su blog o espacio definitivo , y seguro que todo tendrá un sentido, una calidad, en él. Los articulos que aparecen en éste, son perlitas para unos días.Seguro que estos comentarios le llegarán. Saludos.Famara

    Comentado por: Famara el 28/7/2010 a las 22:07

  • Cada día estoy más decepcionado y asqueado del blog boomerang. En todos los blogs hay moderadores que revisan los comentarios y el spam, menos en éste. Aquí se permite el mal gusto puro y duro, comentarios de fuerte contenido racista, con insultos explícitos hacia los autores de los textos o gente que comenta, se fomenta algo tan asqueroso como la pedofilia (comentarios publicados en el blog de la señora Sanjuana Martínez). Creo que se debería tomar cartas en el asunto e intentar solucionar todo esto por el bien del blog y de todos. Es lamentable y es una lástima, pues la mayoría de los artículos son de un alto nivel. No puedo decir lo mismo de los comentarios que se leen últimamente por aquí. Quien tenga problemas mentales que limpie su mierda en la consulta de un psicoanalista, pero no aquí.

    Comentado por: ESTRELLA el 28/7/2010 a las 12:02

  • leído después del mundial éste post adquiere el tono de una predicción cumplida, de un dardo de 50 puntos;claro que ahora es antipopular detestar el mundo que rodea al fútbol, incluso no estaría muy bien visto decir que no te gusta, serías antiespañol, un bicho raro cuando menos, y todo ésto en el transcurso de 1 mes. los que vivimos el deporte con gusto desde siempre (sea por simple afición, por placer, por que lo que practican nuestros hijos, amigos,...), o mejor dicho, yo que lo vivo por todo eso (odio ese nosotros usado impunemente éstos días, y no sólo por los más patéticos comentaristas deportivos); yo, decía, prefiero el desprecio del deporte razonado al estilo Ferlosio, Savater,... al entusiasmo del vecino del quinto provisto de trompeta y ataviado con bufanda, bandera,... que te mira sorprendido si te acercas a ver un partido del equipo de tu barrio, del colegio de tu hijo,... Después de éstos días de, sí, sufrimiento es la palabra, celebro el final del mundial y el acallamiento de toda exaltación y espero ansioso el comienzo de un nuevo y, como siempre callado, año deportivo.

    Comentado por: angel el 14/7/2010 a las 07:04

  • El fútbol es bello, es emocionante y es épico.
    Todos los periodistas y demás que viven de él, los aficionados que sustituyen su vida emocional por su equipo, dinero y demás tristezas pertenece a un debate aparte.
    El fútbol es bello. Nadie diría que el arte es una actividad meramente manual. No minusvaloremos la magia de este deoprte diciendo nomás que es una actividad pedestre.

    Comentado por: Juan Carlos el 13/7/2010 a las 16:23

  • El fútbol es para gente que es capaz de integrarse en grupos y sentirse parte de ellos, como los nacionalismos.

    Yo no soy capaz.

    Saludos.

    Comentado por: Alicia el 12/7/2010 a las 19:22

  • Es cierta esa atracción y ese entusiasmo que te embriaga. Dejamos a un lado tantas cosas, y aparece nuestra mezcla de pasión y ritual para unirnos al clamor de la vorágine,aunque sea de manera silenciosa, en torno a un juego y a sus protagonistas,un grupo de chavales millonarios, que en el caso concreto de esta selección, se rompen el alma jugando y disfrutando del juego . No siempre es así. Todo un espectáculo.Pero sí, los comentaristas se podrían quedar afónicos o la TV, sin voz. Saludos.ABA

    Comentado por: ABA el 12/7/2010 a las 14:52

  • Pienso que la esencia de cualquier deporte competitivo es más dramática de lo que usted la describe. El animus iocandi disimula una violencia que tarde o temprano se desvela en patadas cuanto menos.

    Subyace la idea de vencer, si no a toda costa, al menos con arguementos de más peso. (v.gr.mejor juego)

    La lucha por la supervivencia trasladada a lo políticamente correcto y estéticamente bello. Porqué el fútbol de calidad es bello, como también lo es la esgrima.

    Un saludo

    Comentado por: Néstor el 12/7/2010 a las 14:01

  • Claro como el agua. Qué bien escribe usted.
    Y eso hemos hecho hoy el pequeño grupo que nos hemos reunido para ver la triunfante final, bajar el sonido y ser nosotros mismos los comentadores...algunos tacos se nos han escapado cuando el árbitro no sacaba la tarjeta roja.

    Comentado por: me el 12/7/2010 a las 04:10

  • no espere al proximo Mundial para hacer lo que tu sugierres

    Comentado por: juan-andres el 11/7/2010 a las 23:24

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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