Aerotuteo
Este pasado verano contraté un billete de Iberia, con precio de Iberia, para volar al otro extremo de Europa. Luego resultó que el vuelo de Iberia sería operado por Clickair, compañía de low cost. El día en que debía emprender el viaje me trasladé a los mostradores de Iberia, en la terminal 2 del aeropuerto, dado que los carteles de Clickair no aparecían por ninguna parte. Pero los mostradores de Iberia también parecían clausurados, a excepción de uno en el que un empleado informaba, con bastante fastidio, de que Clickair, filial de Iberia, acababa de fusionarse con Vueling, otra compañía low cost, y que por tanto había que hacer la facturación en los mostradores de esta última empresa. Como en los cuatro mostradores de Vueling había decenas de personas aguardando y, además, las máquinas de autofacturación estaban estropeadas o fuera de servicio, tuve que esperar cerca de una hora para obtener el billete de Iberia que había pasado sucesivamente a Clickair y a Vueling.
Todo eso podía soportarse más o menos estoicamente dado los actuales niveles de confortabilidad, esmero y educación en los aeropuertos, sobre todo en verano. Uno ya sabe que tiene que estar dispuesto a viajar en condiciones de extrema penuria, con dos palmos como espacio vital y con gritos de alegres compañeros de viaje que aprovecharán la ocasión para sacar sus cámaras digitales y hacer fotos sumamente originales. Todo eso se sabe. Más incomprensible es que por la megafonía los tripulantes te tuteen: "Ponte el cinturón, no fumes", y las cosas de rigor. El piloto también te tutea, indicándote que te lo pasarás muy bien, aunque luego cierre el pico durante una inacabable zona de turbulencias. Le pregunté a una azafata por qué nos tuteaban si realmente no parecíamos amigos tan íntimos unos y otros. Me contestó que era política de Vueling para hacer más agradable el viaje. El tuteo relajaba mucho. Era un trato moderno. Buen vueling.
Entonces cayó una maleta del sobrecargadísimo maletero y fue a dar directamente a la cabeza de una señora que tenía enfrente. Ésta exclamó: "¡Eso no pasaba ni en los autocares aquellos con gallinas!".
El País, 19/09/2009
[Publicado el 07/10/2009 a las 18:14]
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He estado de viaje ( no ha sido en avión) y no pude felicitarle el día de su santo. Hoy, a la vuelta, he pensado hacerlo a riesgo de equivocarme no solo en la fecha.
No creo pueda vd. imaginar cómo me alegra poder felicitarle, y no sólo por el día de su santo que poco o nada puede significar. El hombre, entre otras muchas cosas, es un ser de ceremonias, y en ocasiones como estas, creo es lícito aprovecharlas para manifestar pensamientos, que podrían parecer fuera de contexto, e incluso extraños, en cualquier otra ocasión. Además, con franqueza Sr. Argullol, tenía ganas desde hace tiempo de decirle que para mi ha supuesto ud. por su escritura durante años, y ahora en este blog, una singular sensibilidad que destaca con especial intensidad. Ya se sabe que los autores que leemos, que hacemos nuestros, dependen en gran parte de cómo somos o del reconocimiento de nuestras carencias intelectuales que otros saben darle forma; en definitiva, el “feelings” es algo que “sucede”.
En Mayo del 80 tuve la suerte - se olvida con frecuencia que somos más azar que elección - que me regalara un buen amigo, un librito editado en Icaria con su poemario “Disturbios del conocimiento”. Me pareció hermoso, sí, hermoso, y un tanto inquietante. Quién me lo regalo sabía lo que hacia. Quedé desde entonces atrapado en su decir; y ahí sigo. Luego llegaron sus otras obras publicadas en Montesinos, Ediciones Destino, El Fondo de Cultura Económica, Taurus, etc. Todo un largo camino lentamente andado, sin prisas; cada libro tenía entonces su tiempo, y yo los iba disfrutando, y después de leídos, esperando el siguiente. Sus libros, y en esas concretas ediciones que he nombrado, forman sin lugar a dudas, parte de mi biografía.
También pude escucharle una vez hablar en mi ciudad sobre el silencio; me reforzó con su hablada presencia lo que de ud. ya pensaba. Ahora, en este blog sigo escuchándole con la misma atención.
Con la publicación de su obra en Acantilado (excelente colección), he oído decir en alguna ocasión, que su escritura “es un lujo”. Yo, lo he dicho y ahora lo repito aquí, no lo creo. Sí así fuera, sería prescindible, y pienso, sinceramente, que su obra es una necesidad, una singularidad imprescindible dentro del actual mundo del pensamiento escrito en nuestro país. Al menos, así me lo parece.
En fin Sr. Argullol, sólo deseaba felicitarle aunque sea con retraso, pero también quería que supiera por qué. Hoy, ahora, en este blog, con sus propuestas, lecturas y espectros, cómo Sherezáde, mantiene mi pensamiento en estado de vigilia dentro de la cháchara y murmullo cotidiano, reguardándome de esa aburrida y desasosegante “oración matutina” de la lectura de los diarios a la que estamos avocados.
Comentado por: Pablo el 11/10/2009 a las 19:55
Aparte de toda la tortura y falta de respeto que describe, Rafael, Vueling tiene una megafonía que nos dejará sordos a todos si nos descuidamos la próxima vez y no llevamos tapones. Debería Ud. reclamar a Iberia, pero yo lo intenté una vez y fue inútil. Desde entonces (hace 5 años) no he vuelto a comprarles un billete. Buena suerte en la próxima.
Comentado por: maria benjumea el 08/10/2009 a las 23:34
Leo con atención el artículo del autor; pero aun hay compañías peores, bueno hablo ee mi experiencia. Ryanair, la compañía irlandesa de bajo coste(Bueno, entre multas y demás trucos enmascarados al final te sale como otra de bandera). Fue un viaje a Madrid, hace poco tiempo, para la ida pagamos la novatada de las multas enmascaradas (No imprimir correctamente el billete, etc), te cobran hasta por respirar a bordo, metafóricamente hablando. A la vuelta, casi en la pista de despegue, abortan el mismo y regresamos otra vez al punto de partida; nadie decía nada; al final nos dicen por el altavoz que había un problema mecánico que lo iban a solucionar. Me levanto, me dirijo a la cabina para preguntar por el protocolo a seguir; me dicen que nadie puede salir del avión, que es un problema mecánico sin importancia.... la bomba de combustible que no da las señales correctas... Sin importancia? respondo, joer, quiero bajar el avión, no me fío a volar en semejantes condiciones. y si pasa luego en el aire que nos quedamos sin caldo...? Lo siento, de aquí no baja nadie. Al final subió a bordo un ingeniero, estuvo en cabina diez minutos y el avión despegué. Todo el pasaje nos encomendamos a los santos habidos y por haber. El viaje fue eterno, largo... incómodo, pero aterrizamos a salvo... Un fuerte aplauso, no a la compañía, si no a los santos rompió el silencio existente durante el vuelo. Amén.
Comentado por: Abelardo Martínez el 08/10/2009 a las 19:58
Muy divertido...Lo cierto es que yo no tengo ninguna queja con los pocos vuelos que he hecho en Iberia.
Divertidísimo si me lo imagino a usted como parte del espectáculo que describe.
Comentado por: me el 08/10/2009 a las 19:28
tiene absolutamente toda la razón el autor
también la comentarista (¿dícese así?)
pero... ¿de verdad son "problemas" im-por-tan-tes?
yo estoy perfectamente consciente que he sido afortunado, muy afortunado (soy un vip, viajero im penitente), solamente he padecido anécdotas negativas menores, aunque sí algunas veces he estado muy próximo a las tragedias (un avión de una línea aérea que se estrelló en un vuelo posterior al mío, quizá incluso con las misma tripulación, por ejemplo...)
que la línea aérea transfiera al pasajero sin previo aviso... no es el ideal; pero es curiosa la sensación de efectuar un trasbordo en estocolmo a un avión que debía ser de la finn air, y en su lugar encontrarse gratamente uno de iberia; o en istanbul, sentirse rescatado del agobio policial, etcétera
en fin
seguiremos informando
Comentado por: jbv a 10.710 km el 08/10/2009 a las 16:14
¿Podría usted apartarme la gallina del cachete, por favor? Y el huevo, nada, déjelo en el bolsillo, el excremento sí le agredecería un pañuelo, gracias.
A mí me ocurrió, y le juro que es verídico, que el piloto nos deseó buen viaje a Málaga, me sobresalté y me incorporé en mi asiento puesto que yo iba a Córdoba. Antes de que mis reflexiones y/ o mis espasmos llegaran al exterior, el hombre carraspeó y con voz de sueño se disculpó y nos deseó buen viaje a Granada. Esta vez también me sobresalté, por un lado menos y por otro más. Finalmente un nuevo carraspeo, y el deseo correcto: Buen viaje a Córdoba. Corte de la comunicación, a tiempo para que no oyéramos el bostezo.
Comentado por: Bisiesta el 07/10/2009 a las 18:48
Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
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