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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 23 de julio de 2014

 Blog de Rafael Argullol

Disparad contra la ilustración

En los últimos tiempos, algunos de los mejores profesores abandonan precipitadamente la Universidad acogiéndose a jubilaciones anticipadas. Con pocas excepciones, las causas acaban concretándose en dos: el desinterés intelectual de los estudiantes y la progresiva asfixia burocrática de la vida universitaria. La mayoría de los profesores aludidos son gentes que en su juventud apostaron por aquel ideal humanista e ilustrado que aconsejaba recurrir a la educación para mejorar a la sociedad y que ahora se baten en retirada, abatidos algunos y otros aparentemente aliviados ante la perspectiva de buscar refugio en opciones menos utópicas.

El primero de los factores es objeto de numerosos comentarios desde hace dos o tres lustros. Un amigo lo resumía con contundencia al considerar que los estudiantes universitarios eran el grupo con menos interés cultural de nuestra sociedad, y eso explicaba que no leyeran la prensa escrita, a no ser que fuera gratuita, que no acudieran a libros ajenos a las bibliografías obligatorias o que no asistieran a conferencias si no eran premiadas con créditos útiles para aprobar cursos. Aunque podría matizarse la afirmación de mi amigo, en términos generales responde a una realidad antipática pero cierta, por más que todos los implicados en el circuito de la enseñanza reconozcan que no se trata de la mayor o menor inteligencia o sensibilidad de los universitarios actuales con respecto a generaciones precedentes, sino de otra cosa.

Esta "otra cosa" es lo que ha desgastado irreparablemente a los profesores que optan por marcharse a casa. Éstos no se han sentido ofendidos tanto por la ignorancia como por el desinterés. Es decir, lo degradante no ha sido comprobar que la mayoría de estudiantes desconocen el teorema de Pitágoras -como sucede- o ignoran si Cristo pertenece al Nuevo o al Antiguo Testamento -como también sucede-, sino advertir que esos desconocimientos no representaban problema alguno para los ignorantes, los cuales, adiestrados en la impunidad ante la ignorancia, no creían en absoluto en el peso favorable que el conocimiento podía aportar a sus futuras existencias.

Naturalmente, esto es lo descorazonador para los veteranos ilustrados, quienes, tras los ojos ausentes -más soñolientos que soñadores- de sus jóvenes pupilos, advierten la abulia general de la sociedad frente a las antiguas promesas de la sabiduría. Los cachorros se limitan a poner provocativamente en escena lo que les han transmitido sus mayores, y si éstos, arrodillados en el altar del novorriquismo y la codicia, han proclamado que lo importante es la utilidad, y no la verdad, ¿para qué preferir el conocimiento, que es un camino largo y complejo, al utilitarismo de laposesión inmediata? Sería pedir milagros creer que la generación estudiantil actual no estuviera contagiada del clima antiilustrado que domina nuestra época, bien perceptible en los foros públicos, sobre todo los políticos. Ni bien ni verdad ni belleza, las antiguallas ilustradas, sino únicamente uso: la vida es uso de lo que uno tiene a su alrededor.

Esta atmósfera antiilustrada ha penetrado con fuerza también en el organismo supuestamente ilustrado y, con frecuencia, anacrónico de la Universidad. Ahí podríamos identificar la otra causa del descontento de algunos de los profesores que optan por el retiro, originando, en el caso de los mejores, una auténtica sangría intelectual para la Universidad pública, cuyo coste social nadie está evaluando. A este respecto, la renovación universitaria ha sido sumamente contradictoria en estos últimos decenios. De un lado ha existido una notable voluntad de adaptación a las nuevas circunstancias históricas, con particular énfasis en ciertas tecnologías e investigaciones de vanguardia como la biogenética; de otro lado, sin embargo, las viejas castas universitarias, rancios restos feudales del pasado, han sido sustituidos por nuevas castas burocráticas, que predican una hipotética eficacia que muchas veces roza peligrosamente el desprecio por la vertiente científica y cultural de la Universidad. En los mejores casos, por consiguiente, los centros universitarios se aproximan al funcionamiento empresarial eficaz, y en los peores, a una suerte de academia de tramposos.

Lógicamente, ni unos ni otros resultan satisfactorios para el profesor que quería adaptar el credo ilustrado al presente. Si la Universidad pública se articula sólo con intereses empresariales, está condenada a aceptar la ley de la oferta y la demanda hasta extremos insoportables desde el punto de vista científico. Los estudios clásicos o las matemáticas nunca suscitarán demandas masivas ni estarán en condiciones de competir con las carreras más utilitarias. Pero el día en que el consumo de tecnología no suscite ya ninguna curiosidad por los principios teóricos que posibilitaron el desarrollo de la técnica y la Universidad se pliegue a esa evidencia, lo más coherente será rendirse definitivamente y olvidarse de que en algún momento existió algo parecido a un deseo de verdad.

Mientras esto no suceda, al menos definitivamente, el riesgo de una Universidad excesivamente burocratizada es el triunfo de los tramposos. No me refiero, desde luego, a los tramposos ventajistas que siempre ha habido, sino a los tramposos que caen en su propia trampa. La Universidad actual, con sus mecanismos de promoción y selectividad, parece invitar a la caída. En consecuencia, los jóvenes profesores, sin duda los mejor preparados de la historia reciente y los que hubiesen podido dar un giro prometedor a nuestra Universidad, se ven atrapados en una telaraña burocrática que ofrece pocas escapatorias. Los más honestos observan con desesperanza la superioridad de la astucia administrativa sobre la calidad científica e intentan hacer sus investigaciones y escribir sus libros a contracorriente, a espaldas casi del medio académico. Los oportunistas, en cambio, lo tienen más fácil: saben que su futura estabilidad depende de una buena lectura de los boletines oficiales, de una buena selección de revistas de impacto donde escribir artículos que casi nadie leerá y de un buen criterio para asumir los cargos adecuados en los momentos adecuados. Todo eso puntúa, aun a costa de alejar de la creación intelectual y de la búsqueda científica. Pero, ¿verdaderamente tiene alguna importancia esto último en la Universidad antiilustrada que muchos se empeñan en proclamar como moderna y eficaz?

Los veteranos profesores de formación humanista que últimamente abandonan las aulas creen que sí. Por eso se retiran. No obstante, es dudoso que su gesto tenga repercusión alguna. Para tenerla debería encontrar alguna resonancia en el entorno en que se produce. No es así. Nuestra Universidad, como nuestra escuela, es un mero reflejo. La sociedad en la que vivimos no sólo no tiene intención de compartir los ideales ilustrados, juzgados ilusorios e inservibles, sino que dispara contra ellos siempre que puede. Desde el escaño, desde la pantalla, desde el estudio, desde donde sea. El pensamiento ilustrado no ha demostrado que proporcionara la felicidad. Y esto se paga.

 

El País, 07/09/09


[Publicado el 29/9/2009 a las 15:36]

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Comentarios (11)

  • Siento que el mundo se hunde en la miseria del consumismo y con él, los valores de los ideales no materialistas. Mi nivel académico es medio y mucho menos universitario, algo que siempre me arrepentiré, pero eso no me impide tener una cultura ideológica, con unos valores asentados. Desde fuera y con una visión fria del sistema, no hace falta ir a la Universidad para observar todo lo que se comenta. Por la calle, en galerias de arte, bibliotecas, hasta en la publicidad, que antes era mucho más creativa, claro está siempre con ánimo de lucro. Pero ahora se basan casi totalmente en quien aparece junto al producto, olvidando a éste y más todavía al mensaje "entre lineas". La juventud no estudia para aprender, estudia para tener un trabajo mejor que el joven de al lado y si para eso tiene que ir a una academia o Universidad mejor, irá a esa. O nos pasamos al extremo opuesto, que es el de la juventud que va a donde le paguen más. Sin tiempo ni ganas para al menos una afición medianamente creativa.
    El problema sigue siendo el de siempre: el dinero. Siempre ha existido y siempre existirá, pero ahora se ha vuelto supremo. Por encima de todo. La gente no crea lo que le guste crear, crea algo diferente a los demás para poder ganar el dinero que los demás ganan. Nos estamos volviendo muy "a la americana", muy competitivos. Y esto se puede aplicar perfectamente tanto a las carreras universitarias como a los puestos de trabajo de a pie.

    Soy fotógrafo, ilustrador y pintor artístico autodidacta y hago lo que me gusta, gane o no dinero, y me duele como se está prostituyendo este cultural mundo.

    Comentado por: Jose Miguel Collado el 03/11/2009 a las 11:58

  • Puestos a darnos golpes en la cabeza voluntariamente ( por aquello del "agitar antes de usar"), ¿ nos podría indicar, Ana, la lista de libros que recuerde del canon establecido por el señor Argullol? La lectura del canon de Bloom me dejó algo atónito porque ¿hubiera existido literatura sin Shakespeare? Yo creo que fuera de Shakespeare también hay vida reconociendo, sin duda alguna, su influencia en la literatura posterior.

    Comentado por: escoin el 05/10/2009 a las 12:11

  • Por si le sirve de consuelo ,sr.Argullol,
    lucanon de lecturas en la universidad de barcelona,hace veinte años ,cambiaron mi vida.Me dieron un gran golpe en la cabeza del cual todavia no me he recuperado.saludos.Ana

    Comentado por: ana el 01/10/2009 a las 21:53

  • Sólo los paletos puden tener una visión negativa de los profesores (universitarios o no),y de los maestros ( no los olvidemos) y en este país hay mucho "paleto". Con el boom económico de hace poco, nos creimos ser nuevos ricos, y ya se sabe que los nuevos ricos suelen ser bastante horteras.
    Otra cosa es el funcionariado : no es bueno criticar negativamente a todo un colectivo, porque hay funcionarios de todo tipo : buenos, buenísimos, malos y malísimos, como en cualquier colectivo laboral, pero el funcionario que no hace bien su trabajo ( mejor dicho, el que se toma el mundo por montera) ve, por norma general, que su puesto de trabajo no peligra. Muy gorda la tiene que hacer un funcionario para que se le expulse del trabajo por medio de un expediente. Ojo, que no soy ni liberal ni neoliberal, no se me entienda mal. Todos sabemos a lo que me refiero.
    Pero, volviendo al tema del artículo del señor Argullol, soy el primero en lamentar la desilusión de ciertos profesores valiosísimos pero, del mismo modo, también me irrita la actitud de aquellos que, una vez lograda la cátedra o la plaza de profesor titular, se transforman en seres prepotentes, necesitados de una claca que le ría las gracias, con un muy escaso interés por hacer bien su trabajo : enseñar al que no sabe y desea aprender. A todos nosotros (porque los servicios públicos los pagamos entre todos) nos puede resultar "caro" ( y no me refiero únicamente a la cuestión pecuniaria) un administrativo absentista, pero un profesor universitario (o de educación secundaria) que no tiene mucho interés por la docencia, ése nos sale carísimo a todos.
    Al señor Argullol se le ha criticado que dejara "tirado" a un grupo de alumnos de la UB . Sus razones laborales tendría. Posiblemente, hubiera sido más cómodo no hacerlo, aunque entiendo el probable enfado de sus alumnos, unos alumnos a los que no les daba lo mismo el profesor que impartía la asignatura : es decir, unos alumnos críticos, y eso no está nada mal. Menos mal que podemos disfrutar de los escritos del señor Argullol y de tantos otros, aunque no podamos asistir a sus clases.
    Respectoa lo que dice Pau, acuérdese del lema de Cela : "quien resiste, vence". No siempre se cumple, pero en ocasiones sí. Le deseo mucha suerte.

    Comentado por: escoin el 01/10/2009 a las 21:38

  • No sé si le sirve de consuelo, pero yo soy un claro ejemplo de joven con un enorme interés humanístico por la literatura, la historia, la filosofía y las humanidades al que esto le ha sido más bien contraproducente ya que no lo pasó bien en muchos momentos de sus estudios y que se hartó de ver como sus compañeros sólo iban a por la nota y el resto no les importaba porque era inútil.
    Acabé los estudios hace poco, pero nunca ejerceré de mi carrera, (periodismo) porque en ningún momento me supe mover de manera práctica (y siempre había alguien más rápido con curriculum mejor)y apenas encontré nada que motivará.
    Me pregunto que tendría que cambiar, aunque me temo que la cultura humanística está condenada. Para un estudiante es más rentable e inteligente saber moverse por internet y encontrar las respuestas en la web con facilidad que saberlo él. Es más importante saber hacer multitud de operaciones con el Excel que hacerlas uno mismo mentalmente. Y estos son requisitos que te piden en entrevistas de trabajo. Luego está la concepción negativa y despreciativa que se tiene los profesores y del funcionarado en general, no sólo por parte de los estudiantes, sino por parte del que no quiso o no pudo estudiar y el corbateado negociante preocupado del dinero y la diversión y de ahí no sale. Es un mal social que tiene su origen en este sistema depredador que fomenta lo fácil, útil, rentable y cuantificable. Parece que se ha renunciado a pensar en aquello que no vaya a proporcionar dinero, o votos.

    PD: Su libro "El héroe y el único me encanto". Gracias

    Comentado por: Pau el 01/10/2009 a las 12:07

  • Perdone, Josep Puig, pero ya no estaba acostumbrado a que alguien hiciera uso del annexus latino.
    Ciertamente, lo añejo puede ser estupendo. Fíjese usted que yo me dedico a la enseñanza de las lenguas clásicas en la educación secundaria. "Lenguas muertas", dicen los bárbaros.
    Saludos.

    Comentado por: escoin el 30/9/2009 a las 10:08

  • Dije ANEJO y no AÑEJO.
    De todos modos lo añejo puede ser estupendo, por ejemplo nosotros o el mismo Ribera del Duero.
    Por último y desgraciadamente, lo que necesitamos pocas veces coincide con lo que tenemos a mano.
    Saludos

    Comentado por: josep puig el 30/9/2009 a las 06:58

  • Por cierto, Josep Puig, no acierto a comprender de qué manera se puede decir que "sapere aude" sea un idealismo añejo.
    ¡Si lo necesitamos ahora más que nunca!

    Comentado por: escoin el 29/9/2009 a las 21:52

  • Y no crean que lo digo por el resentimiento o por despecho hacia alguien en concreto, porque ya ni me planteé bailar al son de cierta música. De mi paso por la universidad de los 80 y 90, aprendí más fuera de la universidad (por ejemplo, en las conferencias del Instituto de Humanidades de Vía Laietana-el "Casal del Metge", más tarde en la "Casa de Caritat") que en las desalentadoras clases.

    Comentado por: escoin el 29/9/2009 a las 21:27

  • Usted conoce mucho mejor que yo, señor Argullol, el sentir de los profesores universitarios humanistas. De lo que sí que puedo hablar con conocimiento de causa es de mi paso por la universidad (repito, mi paso) : los profesores universitarios que tuve representaban una casta funcionarial en su mayoría que desperdició la inquietud intelectual de muchos compañeros a base de no motivar, de repetir lo que ya se podía leer en los manuales, de faltar a clase repetidamente a causa de su asistencia a congresos, de arrimarse descaradamente al poder (yo me sé de un director general de patrimonio con CIU....), de profesores en algunos casos muy mediocres que consiguieron su plaza universitaria a base de manifestaciones y no de méritos, profesores que en muchos casos cerraron las puertas a ciertos estudiantes brillantes porque no "bailaban al son que tocaba".
    Pero existieron excepciones, es cierto. Y desde aquí, quiero hacer público mi modesto reconocimiento a la labor del linguista Tusón, o a las clases de teoría literaria de Todó.
    Si alguno de esos arribistas, mediocres, desalentadores intelectuales se quejan, pues en cierto sentido recogen lo que sembraron.
    ¿Cuántas veces nos hemos preguntado, refiriéndonos a un profesor universitario mediocre, de qué ,anera se las había "apañado" para llegar hasta donde había llegado?
    Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Cierto, bien cierto.
    Si queremos un debate serio sobre la universidad española, el tema da para mucho.
    Únicamente lamento haber conocido muy pocos de los docentes a los que se refiere, señor Argullol, porque mi paso por la universidad fue desmotivador y decepcionante. Seguramente no acerté.

    Comentado por: escoin el 29/9/2009 a las 21:07

  • Ya Don Rafael, pero en el 94 nos dejó ud. tirados a mitad de curso (subrayo a mitad) de Estética en la Ub (la Central sí, ese lugar) en pos de la más caribeña Pompeu Fabra, donde jugosos cocos crecen y el polvo digo yo lo quitan mulatos con barretina ¿Tan desinteresados le parecimos? Éramos no menos de 200. Le escuchábamos como si fuera Ud una mezcla de Chamán, estrella del rock y abuelo de Heidi.
    Así que lo del "Sapere Aude" y otros idealismos anejos y paredaños se lo toma cada uno como le conviene y cuando le conviene.

    Comentado por: josep puig el 29/9/2009 a las 19:26

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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