La disolución del paseante
Rafael Argullol: Creo que en nuestros días el poder de la masa se manifiesta precisamente a través de esa uniformización que producen los terminales de los medios de comunicación.
Delfín Agudelo: Pienso en "À une passante" de Baudelaire. Siguiendo el análisis de Benjamin, la mujer de mirada penetrante cobra vida gracias a la multitud, porque es ésta quien le da vida al individuo. En el siglo XIX existía la necesidad de formar parte de la masa, para así ser conscientes de la modernidad. Pero ahora hay una serie de elementos que te permiten retirarte de la masa, y no puedo dejar de pensar en ciertas modalidades de turismo: olvidarse de la masa, evadirla a toda costa. Y no solamente en turismo: más de una vez, en la ciudad misma, optamos por las calles que la multitud no ha conquistado.
Rafael Argullol: Yo creo que se ha producido un cambio profundo en la percepción en lo que puede ser civilización o cultura. El escenario de la modernidad del siglo XIX y comienzos del XX encontramos dos protagonistas. Un caso es la multitud, y otra el paseante, que en Baudelaire adquiere el perfil de flâneur, o en Benjamin de conocedor de los pasajes de París. Ese paseante, en un momento determinado, detiene el paseo o su itinerario en un café. Si por un lado es la multitud y por otro el paseante, éste, a su vez, tiene dos escenarios privilegiados: la acera o el café. Ya es casi un tópico que gran parte de la cultura moderna ha sido de los cafés, de París, de Viena, de Buenos Aires. Creo que en nuestra época de la megápolis y globalización no existe ni la multitud en sentido histórico-moderno, porque no es englobada, ni en organizaciones obreras, o sindicatos, sino que es una masa de productores y consumidores que deambulan por la ciudad sin la conciencia anterior. Se ha destruido la figura del paseante, que se ha convertido en una figura casi imposible en nuestras ciudades altamente agredidas por los vehículos, por la enorme cantidad de gente, por la densidad demográfica. El paseante que iba conociendo cosas inesperadas en la ciudad está casi desapareciendo, porque hay pocas cosas inesperadas y porque lo que encuentra en su ciudad es lo que encuentra en otra ciudad, que es lo mismo a través de las grandes cadenas.
En tercer lugar, el espacio del paseante reposado en el café recibió una estocada de muerte también por las cadenas, por el fast-food, por la presencia del turismo masivo, por las migraciones, etc. Es por esto que en nuestro momento creo que ha dejado de identificarse ciudad y civilización o ciudad y creación de cultura, que es una identificación muy vieja y que llega a su extremo en el París, Viena, y Londres del XIX y casi hasta los años cincuenta del siglo XX. En el momento en que deja de identificarse se está produciendo una especie de nuevo retorno a una naturaleza no urbana, o una naturaleza que, para ser más justos, deberíamos llamar semi-urbana. Para muchos, el ideal de hábitat actual es un lugar en el cual se goce de ciertas ventajas de la comunicación mundial, de la presencia del cine y de la música mundiales, pero al mismo tiempo retirándose de las desventajas de una megápolis que ya no aporta aquella condición de creación cultural que el siglo XIX y hasta la década de 1950 se había hecho bandera.
[Publicado el 03/9/2009 a las 00:01]
[Etiquetas: Benjamin, Baudelaire, multitud, megápolis]
Comentado por: aquí el 09/9/2009 a las 20:07
Comentado por: catalina el 08/9/2009 a las 04:06
intento entrar a su blog y la dirección me remite a esta página, me gustaría que nos dieran información sobre su paradero o su nueva dirección en internet
saludos desde monterrey, mexico
Comentado por: catalina el 08/9/2009 a las 04:05
Me he reconocido en la figura del paseante, aunque más bien fui paseante, ahora ya no tanto. En cuanto a mi experiencia en una ciudad pequeña, pero próxima a las grandes, desde hace 8 años también se parece a la que describe. Desde esta pequeña ciudad e tiene el acceso que se quiere a lo que pasa en el mundo (gracias a internet), pero se puede vivir una vida más tranquila y con relaciones más personales y con, por ejemplo, una política local entendible.
Comentado por: popoff el 07/9/2009 a las 10:03
Creo que el paseante aún existe o puede existir perfectamente y la ciudad que intenta ser origen cultural también, depende también de la ciudad en cuestión. Algunas incitan más a ello, otras en cambio invitan a mirar únicamente a las nubes como búsqueda de verdad o belleza. En cambio, le doy la razón en esto: "la multitud en sentido histórico-moderno, porque no es englobada, ni en organizaciones obreras, o sindicatos, sino que es una masa de productores y consumidores que deambulan por la ciudad sin la conciencia anterior". La conciencia anterior, me parece que el hombre antes se sentía más protagonista y creador de su propia historia, más dinámico, mientras que ahora somos más receptores o pasivos aunque claro, de nuevo depende de a qué lugar del mundo nos vayamos. Quizás cuando las cosas van mal la gente se une y se vuelve más emprendedora. Cuando van bien, relajación y playa.
La sensación de sorpresa también puede darse aún, vaya si me han sorprendido esas fotos de El País de la prostitución en el mercado, le aseguro que sí.
La sensación que puede provocarme también una ciudad llena de sólo escaparates, uno tras otro y otro y otro más y gente en TODOS los lugares, aunque sólo sea uno, y deprisa, carreteras, es la de mareo y agobio y hasta ansiedad, sólo a veces. Luego uno respira a fondo, piensa, bueno, esto es lo que hay y sueña con la casita en el campo.
Comentado por: Bisiesta el 04/9/2009 a las 20:33
No estoy del todo de acuerdo con usted,andevar.
No creo que la degradación de las ciudades sea un proceso "natural". Cierto es que cada vez en mayor medida asistimos, por factores esencialmente económicos, a una población urbana más y más numerosa que extiende sus tentáculos más allá de la ciudad "stricto sensu", pero nuestros dirigentes políticos tienen la responsabilidad de hacer de las ciudades espacios un poco más habitables, más amables para el ciudadano.
Menciona usted París. Ya nos gustaría contar con los parques de esa ciudad,y acabar de una vez con las famosas "plazas duras" de diseño.
Cada uno sabe de su vida, de sus sueños que a menudo la realidad limita, pospone o hace olvidar, pero en lo concerniente al círculo vicioso que usted menciona, posiblemente nos haga falta bajarnos del tren y reflexionar, aunque sea una parada transitoria (o no). El círclo vicioso al que alude es la muestra más palpable de una total alienación. Repito que cada uno sabe la vida que lleva y las obligaciones a las que tiene que hacer frente, pero no olvidemos que también podemos hacer uso de nuestra libertad como individuos para romper ese círculo vicioso. Y esto requiere también algo ( o mucho, según cada caso) de valentía. Pero claro, los especuladores inmobiliarios y el poder económico nos han vendido algo (ese "algo" son muchas cosas)que ha convertido la vida diaria en un tren que no admite la posibilidad de ir a una velocidad más reducida, sin olvidar a los que el propio revisor ha expulsado del vagón por no poder pagar.
Disculpen mi extensión.
Comentado por: escoin el 04/9/2009 a las 15:00
Comentado por: A. el 03/9/2009 a las 18:00
la degradación de nuestras ciudades es un proceso natural en el sentido de lógico, es el resultado de la avidez de tantos humanos
no hubo nunca un Paris o una Viena perfectas, ahora están más masificadas
si vivimos sólo pata trabajar, y trabajamos sólo para consumir, ¿qué quieres?
lean "la Caida" de Steve Taylor
Comentado por: andevar el 03/9/2009 a las 13:35
Cuando estudiaba en la Universidad de Barcelona,me pasaba horas y horas paseando por el barrio gótico. Y el placer de entrar en librerías (muchas han desaparecido)para encontrar algún libro descatalogado (encontré el buscadísimo Curso de Literatura Europea de Nabokov, o el fantástico libro de Flaceliere sobre la Atenas de Pericles!!) o discos de vinilo (todavía no existían los cd´s) de segunda mano a buen precio, era inmenso. Caminaba y caminaba.Ahora, con unos años más y lejos de mi ciudad (y con serias dificultades para ir con asiduidad por una política de transporte público CALAMITOSA), ya no camino tanto, porque casi nada me sorprende ya en mi nuevo espacio. Pero me entristece leer en los periódicos o ver en la televisión la degradación a la que han llegado Las Ramblas.
No sé, debería meditarlo más detenidamente, pero en los nuevos espacios urbanos, si se busca la sorpresa, el caminante tendrá que trabajárselo de antemano. La sorpresa puede estar allí, pero ya no será tan gratuita como antes, por eso que dice Argullol de la uniformización.
Estupendo arículo.
Comentado por: escoin el 03/9/2009 a las 10:03
Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
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