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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 20 de octubre de 2017

 Blog de Rafael Argullol

Galería de espectros: "Melancolía hermética"

de chiricoRafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he visto el de la melancolía otoñal.
Delfín Agudelo: Te refieres a "Melancolía hermética", cuadro de de Chirico.
R.A.: Sí, me gusta mucho este cuadro porque pienso que es uno de los cuadros en los que se define mejor el lenguaje del primer de Chirico, que fue uno de los pintores verdaderamente rupturistas hacia el surrealismo. Uno de los pioneros, si no el pionero quizás más destacado en el inicio del surrealismo. Plantea ese escenario urbano desnudo, ese escenario que él llamaba pintura metafísica y que en todos los casos se remitía a los escenarios urbanos del quattrocento, pero despojado de todo elemento humano y que da esa sensación de incomunicación y de ausencia del factor humano que tanto fascinaba, por ejemplo, a Michel Ángelo o Antonioni. Por un lado es un de Chirico muy maduro y por otro lado sin embargo viene a recoger una de las tradiciones iconográficas más ilustres de todo el arte occidental, que es la tradición de la melancolía. De Chirico nos presenta esa estatua dentro de su cuadro, otorgando un efecto muy de chiriciano: él pinta esculturas, y esas esculturas pintadas por de Chirico en realidad tiene todos los rasgos de lo que ha sido la melancolía a través de la historia, esa dejadez, ese abandono, ese estado intermedio de lo que podríamos llamar la nostalgia de un mundo perdido y un estar en suspensión con respecto al presente. Por tanto, en suma, sería un cuadro en el que de Chirico nos mostraría de manera muy brillante que la auténtica vanguardia estaba basada en un estudio muy profundo y al mismo tiempo muy subversivo de la propia tradición.

[Publicado el 02/2/2009 a las 16:31]

[Etiquetas: de Chirocoo, melancolía hermética, galería, espectros]

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Comentarios (3)

  • El texto de Huxley parece ser más nostálgico que melancólico. Tiene un aire de sentimentalismo rousseauniano ingles. La melancolía tiene su fundamento en el Tiempo más que en los hechos. La escasez del Tiempo de vida es la raíz de la melancolía; la toma de conciencia del tiempo finito. En “Viejo muere el cisne” el mismo Huxley desarrolla esa utopía de los humanos desde que fueron expulsados del Jardín del Paraíso, de la prolongación indefinida de la vida. Pero el tiempo del melancólico no tiene pasado, presente y futuro; es la percepción de ”todo el tiempo” en relación con su tiempo de vida lo que hace aparezca en él eso que se llama melancolía.

    Comentado por: Pablo el 04/2/2009 a las 10:35

  • Este es un fragmento de un texto de Aldous Huxley acerca del daemon meridianus, responsable de la acedia.


    El siglo XIX no inventó la acedia. El aburrimiento, el desánimo y la desesperación han existido siempre, y han sido padecidos con igual intensidad en el pasado que en la época actual. Pero algo ocurrió que hizo a estas emociones respetables y dignas de confesarse públicamente; ya no son pecaminosas ni se les considera meros síntomas de una enfermedad. Ese «algo» que ha ocurrido es simplemente la historia a partir de 1789. El fracaso de la Revolución Francesa y la aún más espectacular caída de Napoleón plantaron la acedia en el corazón de todos los jóvenes de la generación romántica —no sólo en Francia sino en toda Europa—, quienes creían devotamente en la libertad o cuya temprana juventud se intoxicó con la ideas de gloria y genio. Luego vino el progreso industrial con su pródiga multiplicación de inmundicias, miserias y riquezas mal habidas; la profanación de la naturaleza bajo la industria moderna bastó de por sí para apesadumbrar a muchas mentes sensibles. El descubrimiento de que la emancipación política, por la que tanto y tan obstinadamente se había luchado, resultaba ser simple fruslería y vanidad mientras que la servidumbre industrial se enseñoreaba, fue otra de las terribles desilusiones del siglo.

    Causa más sutil del triunfo del hastío fue el desproporcionado crecimiento de las ciudades. Acostumbrados ya a la vida ferviente en esos contados centros de actividad, los hombres hallaron que la vida fuera de la urbe les resultaba intolerablemente insípida. Y al mismo tiempo se agotaban a tal grado por la agitación de la vida urbana que terminaban prendándose del monótono hastío de la provincia, de las islas exóticas e incluso de otros mundos —cualquier puerto de reposo era bueno. Y para coronar esta vasta estructura de fracasos y desilusiones, llegó la espantosa catástrofe de la Guerra del 14. Otras épocas han sido testigos de desastres y han padecido desilusiones; pero en ninguna otra centuria las desilusiones se sucedieron a tal velocidad y sin intervalo como en el siglo XX, por la simple razón de que nunca antes el cambio había sido tan rápido y profundo. El mal du siècle era un mal inevitable; de hecho, podemos presumir con cierto orgullo que tenemos derecho a nuestra acedia. Para nosotros no es un pecado o un padecimiento de hipocondriacos; es un estado mental que el destino nos ha impuesto.¨

    Comentado por: amalia el 03/2/2009 a las 08:40

  • Mirando esta pintura de Chirico sobre la melancolía, no puedo evitar pensar en aquel comentario realizado cuando se presentó el espectro de Zaratrusta (o algo después; no recuerdo bien) cantando aquello de “!Oh hombre! ¡Presta atención”.

    Pero no todo es vanguardia. Existe en la cotidianidad esa gran melancolía que cantaba Zaratrusta; y el pasado sábado, cuando fui con mi amigo Natanael a ver la película de Olivier Assayas “Las horas del verano”, creí reconocerla. Los franceses siguen haciendo un gran cine. No de vanguardia. Un cine cotidiano, distinto y hermoso. El argumento es sencillo en apariencia: los afectos, una herencia y los recuerdos; en fin, una historia “pequeña”, pero enormemente real y entrañable, de la gran melancolía. También es verdad que es sofisticado el ambiente social donde se desarrolla la acción, pero en definitiva, lo que se narra se da, sucede, en todos los órdenes sociales. Hay en la película ese “algo más” que la hace bella, distinta, reconocible e interesante; especialmente en los detalles. Detalles, que se pueden “seguir” fácilmente gracias a la forma en que se narran. Es una película muy francesa y europea. Nuestra.
    .
    Cuando salimos del cine, fuimos a casa de Natanael a tomar una copa, y mientras hablábamos, tomo un libro de su biblioteca y me leyó un poema que comento había publicado en su juventud en una revista universitaria.

    El poema decía así:


    “ No te entregues a las cosas. No te des
    A los hermosos objetos que te rodean
    Y en donde un día has de sufrir la ausencia
    De aquellos que a tu afecto negaste.
    Cuida sólo el amor,
    La amistad, la ternura a las personas. Así,
    Cuando estés ausente, cada una poseerá
    El don que con ella compartiste,
    Sin que la sombra de la codicia
    Pueda enturbiar tu recuerdo,
    Ni el goce de la belleza dar al olvido
    Los afectos que paciente cuidaste.”


































    Mirando esta pintura de Chirico sobre la melancolía, no puedo evitar pensar en aquel comentario realizado cuando se presentó el espectro de Zaratrusta (o algo después; no recuerdo bien) cantando aquello de “!Oh hombre! ¡Presta atención”.

    Pero no todo es vanguardia. Existe en la cotidianidad esa gran melancolía que cantaba Zaratrusta; y el pasado sábado, cuando fui con mi amigo Natanael a ver la película de Olivier Assayas “Las horas del verano”, creí reconocerla. Los franceses siguen haciendo un gran cine. No de vanguardia. Un cine cotidiano, distinto y hermoso. El argumento es sencillo en apariencia: los afectos, una herencia y los recuerdos; en fin, una historia “pequeña”, pero enormemente real y entrañable, de la gran melancolía. También es verdad que es sofisticado el ambiente social donde se desarrolla la acción, pero en definitiva, lo que se narra se da, sucede, en todos los órdenes sociales. Hay en la película ese “algo más” que la hace bella, distinta, reconocible e interesante; especialmente en los detalles. Detalles, que se pueden “seguir” fácilmente gracias a la forma en que se narran. Es una película muy francesa y europea. Nuestra.
    .
    Cuando salimos del cine, fuimos a casa de Natanael a tomar una copa, y mientras hablábamos, tomo un libro de su biblioteca y me leyó un poema que comento había publicado en su juventud en una revista universitaria.

    El poema decía así:


    “ No te entregues a las cosas. No te des
    A los hermosos objetos que te rodean
    Y en donde un día has de sufrir la ausencia
    De aquellos que a tu afecto negaste.
    Cuida sólo el amor,
    La amistad, la ternura a las personas. Así,
    Cuando estés ausente, cada una poseerá
    El don que con ella compartiste,
    Sin que la sombra de la codicia
    Pueda enturbiar tu recuerdo,
    Ni el goce de la belleza dar al olvido
    Los afectos que paciente cuidaste.”






















    Mirando esta pintura de Chirico sobre la melancolía, no puedo evitar pensar en aquel comentario realizado cuando se presentó el espectro de Zaratrusta (o algo después; no recuerdo bien) cantando aquello de “!Oh hombre! ¡Presta atención”.

    Pero no todo es vanguardia. Existe en la cotidianidad esa gran melancolía que cantaba Zaratrusta; y el pasado sábado, cuando fui con mi amigo Natanael a ver la película de Olivier Assayas “Las horas del verano”, creí reconocerla. Los franceses siguen haciendo un gran cine. No de vanguardia. Un cine cotidiano, distinto y hermoso. El argumento es sencillo en apariencia: los afectos, una herencia y los recuerdos; en fin, una historia “pequeña”, pero enormemente real y entrañable, de la gran melancolía. También es verdad que es sofisticado el ambiente social donde se desarrolla la acción, pero en definitiva, lo que se narra se da, sucede, en todos los órdenes sociales. Hay en la película ese “algo más” que la hace bella, distinta, reconocible e interesante; especialmente en los detalles. Detalles, que se pueden “seguir” fácilmente gracias a la forma en que se narran. Es una película muy francesa y europea. Nuestra.
    .
    Cuando salimos del cine, fuimos a casa de Natanael a tomar una copa, y mientras hablábamos, tomo un libro de su biblioteca y me leyó un poema que comento había publicado en su juventud en una revista universitaria.

    El poema decía así:


    “ No te entregues a las cosas. No te des
    A los hermosos objetos que te rodean
    Y en donde un día has de sufrir la ausencia
    De aquellos que a tu afecto negaste.
    Cuida sólo el amor,
    La amistad, la ternura a las personas. Así,
    Cuando estés ausente, cada una poseerá
    El don que con ella compartiste,
    Sin que la sombra de la codicia
    Pueda enturbiar tu recuerdo,
    Ni el goce de la belleza dar al olvido
    Los afectos que paciente cuidaste.”










































    Mirando esta pintura de Chirico sobre la melancolía, no puedo evitar pensar en aquel comentario realizado cuando se presentó el espectro de Zaratrusta (o algo después; no recuerdo bien) cantando aquello de “!Oh hombre! ¡Presta atención”.

    Pero no todo es vanguardia. Existe en la cotidianidad esa gran melancolía que cantaba Zaratrusta; y el pasado sábado, cuando fui con mi amigo Natanael a ver la película de Olivier Assayas “Las horas del verano”, creí reconocerla. Los franceses siguen haciendo un gran cine. No de vanguardia. Un cine cotidiano, distinto y hermoso. El argumento es sencillo en apariencia: los afectos, una herencia y los recuerdos; en fin, una historia “pequeña”, pero enormemente real y entrañable, de la gran melancolía. También es verdad que es sofisticado el ambiente social donde se desarrolla la acción, pero en definitiva, lo que se narra se da, sucede, en todos los órdenes sociales. Hay en la película ese “algo más” que la hace bella, distinta, reconocible e interesante; especialmente en los detalles. Detalles, que se pueden “seguir” fácilmente gracias a la forma en que se narran. Es una película muy francesa y europea. Nuestra.
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    Cuando salimos del cine, fuimos a casa de Natanael a tomar una copa, y mientras hablábamos, tomo un librito de su biblioteca y me leyó un poema que me comento había publicado en su juventud en una revista universitaria.

    El poema decía así:


    “ No te entregues a las cosas. No te des
    A los hermosos objetos que te rodean
    Y en donde un día has de sufrir la ausencia
    De aquellos que a tu afecto negaste.
    Cuida sólo el amor,
    La amistad, la ternura a las personas. Así,
    Cuando estés ausente, cada una poseerá
    El don que con ella compartiste,
    Sin que la sombra de la codicia
    Pueda enturbiar tu recuerdo,
    Ni el goce de la belleza dar al olvido
    Los afectos que paciente cuidaste.”


































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    Comentado por: Pablo el 02/2/2009 a las 19:26

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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