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El blog literario latinoamericano

martes, 14 de febrero de 2012

 Blog de Rafael Argullol

En busca del espacio perdido

Rafael Argullol: En cambio en París hay esa seguridad que te ayuda a ofrecerse como enciclopedia universal.
Delfín Agudelo: Sin embargo también considero que esa seguridad, esa clara consciencia que tiene París de sí misma, y que tiene el parisino de la ciudad en la que está viviendo, es en muchos aspectos el gran motivo de esa permanencia del spleen baudelairiano, y ya no solamente en términos del poeta, sino que es prácticamente que se ha trasladado a todos. Una vez que viajé con mis padres mi madre nunca podía guardarse el comentario de lo linda que estaba la ciudad cuando hablábamos con cualquier vendedor de cualquier tienda, y los tres vendedores reaccionaban con asombro, preguntándole que si en realidad creía que fuera así. Es casi como si la ciudad le pesara en exceso la carga que tiene sobre sí misma. Es como si París estuviera saturado de sí mismo.
R.A.: Esa saturación es lo que despertaba la figura del parisino antipático, que es esta especie de mezcla de exceso de seguridad o exceso de saturación. De todos modos ahí también habría que pasar página y ver que el París actual es bastante distinto probablemente de este que visitó tu madre, muy distinto del de la primera mitad del siglo XX; y absolutamente distinto del aquél del XIX. El París actual ha sufrido las convulsiones masivas que han sufrido otras ciudades, como las grandes ciudades españolas, las migraciones masivas, las migraciones del último tercio del siglo XX, y en estos momentos es una ciudad que está en plena transformación a través de unos Parises completamente distintos, muchos de ellos marcándose entre sí. Y esto ha disminuido esa figura de autosaturación y antipatíaa del parisino, porque la ciudad no sé si no está tan segura de sí misma, pero ya no está tan saturada, está más sometida a una especie de convulsión continua. Y eso a la larga no sabemos si será positivo o negativo, es algo bastante incierto. Pero dentro de la no capitalidad del mundo, es evidente que deberíamos otorgar la capitalidad a aquellas ciudades que efectivamente facilitan esos encuentros misteriosos con el azar, sean Roma, París, Nueva York, pero muchas veces también Benarés, Damasco, Istanbul, ciudades que quizá han permanecido al margen de lo que llamamos la modernidad más agobiante pero que tienen esa densidad de encuentros.

[Publicado el 22/1/2009 a las 10:46]

[Etiquetas: París, capitalidad, saturación]

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Comentarios (3)

  • Escribió Cesare Pavese el 28 de julio de 1.940 sólo esta sencilla frase en su diario: “No se recuerdan los días, se recuerdan los instantes”. Al volver de un Congreso de psiquiatría no freudiana celebrado en Buenos Aires la semana pasada , mi amigo Natanael me leyó un poema, que según él, estaba relacionado con ese pensamiento pavesiano que había servido de guía en una de las Ponencias del Congreso.

    Dice el poema:

    “Reposa el momento que vives,
    Crea de cada instante que te sorprenda
    Un recuerdo que habrá de acompañarte.
    No des al olvido el aroma del jardín
    Que esta mañana, soñoliento, te sedujo,
    Ni dejes pasar esa luz de Marzo
    Que la mediodía
    Asaltó tus ojos en las calles que paseabas.
    Retén el beso más allá de la caricia,
    Creándole memoria que lo hurte al silencio.
    Guarda con celo estos instantes
    Y alumbrarás otros momentos
    Que son ahora sólo un esperanza”

    Comentado por: Pablo el 24/1/2009 a las 11:51

  • El único espacio realmente perdido es aquel donde casi todo eran epifanías que acuñaron para siempre el alfabeto de nuestras emociones sensoriales e intelectuales. Desde ahí, podemos pensar con Tales, que “todo esta lleno de dioses”, y por consiguiente se puede buscar ese espacio perdido tanto en nuestras maltratadas ciudades de siempre, como en aquellas otras de diferente cultura si nos acercamos a ellas no considerándolas “exóticas”. El azar nos buscará siempre, sí es que tiene que buscarnos, en nuestra propia densidad, y fuera de ella, seremos analfabetos y ciegos.

    Comentado por: Pablo el 23/1/2009 a las 19:28

  • "de la escuela cínica (del griego κυων kyon, ‘perro’)
    MENEDEMO

    Filósofo de de la secta de Fedón y discípulo de Caloto Lampsaceno. Provenía de una familia noble. Se dice que era un gran supersticioso llegando a tal extremo que algunos filósofos dicen que iba vestido por las calles de furia y diciendo que venía del infierno para observar a los pecadores y luego bajar y contárselo al demonio. Su vestimenta constaba de una túnica oscura, en la cabeza un casco arcádico que tenía dibujado doce signos, con calzado trágico, barba bastante larga y un bastón de fresno en la mano. Los eretrienses lo enviaron a Megara a la escuela de Platón donde dejo la milicia; allí conoció a Estilpón y ambos navegaron a Élide y conocieron a Mosco y a Anquipilo ambos discípulos de Felón. Menedemo fue un hombre muy serio por razón de Crates que lo llamaba toro Eretrio y el esculapio Fliasio. Y Timón dice que era muy vocinglero y fútil en cuanto hablaba. Dicen que era un hombre sencillo y muy descuidado además no guardaba ningún orden para la gente que le oía porque no había asientos a su alrededor, sino que cada uno se sentaba donde quería. Apreciaba bastante a Arato y a Licofrón, poeta trágico; también a Antágoras Rodio; pero más que a todos veneraba a Homero, después a los líricos. Los discursos de Menemo eran muy difíciles de comprender. Era de ingenio cambiante e inventor de nuevas frases. Se dice que no escribió ni compuso nada. Al principio éste fue muy despreciado por la sociedad y los eretrienses lo llamaban perro más tarde restificaron y lo admitieron en el gobierno de la república. Fue embajador de Lisímaco y embajador de las cortes de Tolomeo.

    Finalmente según Heráclides murió a los setenta y cuatro años de edad.

    El cinismo moderno [editar]

    El uso moderno sugiere la definición de cinismo como la de una disposición a no creer en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones y acciones, así como una tendencia a expresar esta actitud mediante la burla y el sarcasmo.

    Casi 2000 años después de que ciertos filósofos griegos hubieran abrazado el cinismo clásico, en el siglo XVII y XVIII escritores como Shakespeare, Swift, Voltaire y, siguiendo las tradiciones de Geoffrey Chaucer y François Rabelais, utilizan la ironía, el sarcasmo y la sátira para ridiculizar la conducta humana y reactivar el cinismo. En el aspecto literario, figuras del siglo XIX y XX como Oscar Wilde, Mark Twain, Dorothy Parker, HL Mencken, utilizaron el cinismo como forma de comunicar sus opiniones bajo algunas manifestaciones de la naturaleza humana. En 1930, Bertrand Russell en el ensayo sobre El cinismo Juvenil pudo describir la medida en que (a su modo de ver) el cinismo había penetrado en las conciencias occidentales en masa, y puso nota especial en las áreas parcialmente influenciadas por el cinismo: la religión, la patria (el patriotismo), el progreso, la belleza, la verdad. La primera mitad del siglo 20, con sus dos guerras mundiales, ofrece pocas esperanzas a las personas que deseen adoptar un idealismo diametralmente opuesto al cinismo."

    Comentado por: objeto trybal no identificado el 23/1/2009 a las 07:04

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).  

Bibliografía


 
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).

En librerías a partir del 15 de septiembre

 

 
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Lampedusa (2008). El Acantilado, España

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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