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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 31 de octubre de 2020

 Blog de Rafael Argullol

Trastos viejos, ancianos creadores

A punto de cumplir 100 años el realizador de cine portugués Manoel de Oliveira comentaba el otro día en un coloquio sobre su obra el inmenso placer que le proporcionaba cada nuevo rodaje. El ejemplo de Oliveira, quien hizo su primer documental en 1931, nada menos, es probablemente extremo pero puede relacionarse con los de otros cineastas longevos que últimamente nos han ofrecido notables películas, como Claude Chabrol o Sydney Lumet, para no referirme a directores como Clint Eastwood, el cual, entrega tras entrega, parece aumentar su excelencia a cada año que pasa.

Las palabras de Manoel de Oliveira acerca de su trabajo, y del disfrute que éste le continuaba procurando, me han recordado lo que afirmaban recientemente otros dos centenarios, o cuasi centenarios, que se mantienen en una plenitud creativa. Moisés Broggi, el cirujano que hizo decisivas aportaciones en la hospitalización de campaña durante la Guerra Civil, sigue escribiendo sus magníficas Memorias. Por su parte, Rita Levi-Montalcini, la neuróloga italiana, contaba graciosamente cómo había escapado de cualquier oferta de jubilación, aun a riesgo de quedarse casi sin dinero, y cómo seguía dirigiendo cotidianamente su laboratorio.

En los tres casos el común denominador era considerarse a sí mismos como seres capaces de ilusión y no como meros vestigios del pasado. Tenían proyectos de futuro en sus respectivas tareas. Naturalmente, uno puede reírse del hecho de que un anciano centenario albergue proyectos de futuro. Pero, más allá de que cualquiera es libre para establecer sus propias utopías, Rita Levi-Montalcini explicaba muy bien la causa última de su vitalismo de senectud. Venía a decir que no le preocupaba la muerte -necesariamente próxima dada su edad- porque tras tantos años de investigación científica sobre la vida no consideraba que ésta, y por tanto tampoco la muerte, pudiera medirse como lo que sucede a este "pequeño cuerpo nuestro". Su conclusión era que el cosmos merecería que lo viéramos de otra manera, menos mezquina si se quiere.

No sé si Oliveira o Broggi compartirían esta opinión pero, tan agnósticos como Levi-Montalcini, bien podrían hacerlo pues también ellos han apostado por atravesar la vejez como seres vivientes y no como meros supervivientes. Una elección que, no obstante, no resulta fácil en un mundo con drásticas fronteras cronológicas y siempre al servicio de la cadena productiva.

A este respecto, por más que se vincule originalmente al júbilo, la jubilación ha acabado por convertirse en nuestra sociedad en algo inquietante. Es completamente seguro que un viejo hoy, gracias a que ha alcanzado la jubilación -o a que ha sido alcanzado por ésta-, se siente en térmi-nos económicos o sanitarios más protegido que los viejos de otros tiempos; sin embargo, no estoy convencido de que haya habido el mismo progreso en cuanto al respeto que percibe por parte de la comunidad que le rodea. Es verdad que ahora tenemos viejos en buena forma física e incluso, gracias a los últimos inventos, con resurrecta sexualidad, viejos a los que vestimos como adolescentes y hacemos viajar de un extremo a otro del mundo en animados tours organizados, viejos que entretienen su ocio con todo tipo de maquinitas; pero ¿a alguien se le ocurre que tenga que haber asimismo viejos sabios?

Creo que, en nuestros días, a casi nadie se le pasa por la cabeza algo semejante. Y, sin embargo, quizá más de un jubilado -incluso con jubilación monetariamente notable- cambiaría sus viajes organizados, sus ocios televisivos y aun sus renovadas proezas eróticas por la percepción de sentirse respetado como alguien que ha consumido los años, precisamente, para adquirir ciertos conocimientos respetables. No sería de extrañar que en nuestra democrática civilización algunos ancianos fantaseasen secretamente, y sin atreverse a decirlo en voz alta, con aquellas remotas épocas en las que la vejez, contemplada como culminación de la existencia, veía compensada la inevitable fragilidad corporal con el don de la sabiduría, que los más jóvenes reconocían respetuosamente a la espera de que llegara, también para ellos, la edad senatorial.

Cuando hace un par de años vi los criterios con que se realizó el saneamiento de Televisión Española pensé que nunca la estupidez cronologista había llegado tan lejos. ¿Cómo podía ser que la condición principal para permanecer o no en el Ente fuera haber cumplido 50 años? ¿No se daban cuenta en el Ente, con el ingenio metafísico que la propia palabra denota, de la enorme sangría que este igualitario procedimiento significaba? ¿La permanencia de un imbécil o de un ignorante de 35 años debía implicar la expulsión de un talento de 60? Y, pensando ya no sólo en términos creativos sino también económicos, ¿cómo se podían arrojar por la borda tan lastimosamente años de aprendizaje y maduración de realizadores o guionistas que seguramente, tras los cincuenta, llegaban al momento dulce de su profesión? Dado que es indiferente la edad de los que no valen, la marginación de los que valen por motivos de edad me pareció un segregrarismo brutal.

Sin embargo, en esos dos años he comprobado que Televisión Española, el Ente, ha sido la vanguardia de un proceso que abarca a toda la sociedad. Con la misma excusa del saneamiento, a la que se añade hipócritamente la supuesta promoción de las jóvenes generaciones, la voraz maquinaria de las jubilaciones anticipadas, y más o menos forzadas por las circunstancias, actúa sin contemplaciones en los hospitales, universidades o medios de comunicación. En muchos casos gentes de gran valía se ven obligados a abandonar sus trabajos, justo en el momento de su máximo rendimiento, bajo la acusación implícita, a menudo, de estar impidiendo el acceso a los jóvenes y, en consecuencia, sin tener en cuenta que en la formación de éstos el asesoramiento de los maestros es imprescindible para asegurarse la línea de continuidad cultural que vertebra una sociedad.

Los efectos de esta política son desastrosos, incluso desde el punto de vista de la renovación generacional que se proclama, pues, con frecuencia, alentados por el igualitarismo cronológico que transforma a los que deberían ser maestros en trastos viejos, muchos de los jóvenes que acaban siendo promocionados no son los más talentosos o los más intelectualmente apasionados sino los más expertos en boletines oficiales y otras burocracias. De seguir así es muy probable que nos quedemos sin los jóvenes que podrían llegar a algo y sin los ancianos que ya habían llegado.

Miguel Ángel acabó el Juicio Final a los 70 años; Sófocles escribió Edipo en Colono a los 80; Goethe tenía 81 cuando puso la última línea a su Fausto.

 

El País, 07/12/2008


[Publicado el 20/1/2009 a las 08:00]

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Comentarios (8)

  • Supongo que debe ser agotador tener que escribir TODOS los días algo en un blog.
    Y terminará también siendo aburrido.
    Leeremos pues menos seguido a don Rafa.

    Comentado por: amalia el 21/1/2009 a las 14:29

  • Parece que la crisis incide también en la publicación de las entradas de los blogs de elboomeran, habrá que adaptarse.

    Comentado por: además el 21/1/2009 a las 10:21

  • Aprovechando la noticia de Delfin, que lamento, y por supuesto, sin critica alguna a esa decisión, rescato un comentario que hice en otro momento, y creo que esta "algo relacionado" con la entrada actual.
    La vejez "me" en el "mundo de hoy" creo que no es fácil para nadie. Para nadie. Los genios, aunque se quejen,(no todos se quejaran, pues parece incompatible la genialidad y la queja ante la muerte. Los poetas lo hacen y lo han hecho, pero es otro su ámbito) al menos digo, tendran, seguro, "posibles" para paliar sus carencias y servidumbres.!Qeé no es poco!.

    Comentado por: Pablo el 16/1/2009.

    Comentado por: Pablo el 21/1/2009 a las 10:09

  • La vejez "me", en el "mundo de hoy", creo que no es fácil para nadie. Para nadie. Los genios(?) aunque se quejen,( seguro que es una excepción, pues parece incompatible genialidad y queja ante la muerte) al menos se suponen tienen "posibles" para paliar sus carencias y servidumbres.

    Comentado por: Pablo el 16/1/2009

    Comentado por: Pablo el 21/1/2009 a las 09:54

  • Buenos días a todos.
    Queremos notificarles que, debido a cambios internos en el blog, la periodicidad de las entradas se reducirá. Publicaremos entradas los días lunes y jueves.
    Esperamos que nos sigan acompañando.
    Feliz día,
    Delfín Agudelo

    Comentado por: Delfín Agudelo el 21/1/2009 a las 08:37

  • Sí.
    Tooodos los casos, todos los ejemplos son válidos y respetabilísimos. Tanto de los longevos como el de los que abreviaron su permanencia en el valle de lágrimas.
    Pero...
    Ay. Que no sirva de respaldo para malas causas.
    Pienso que uno de los mayores castigos que debemos soportar los sudacas, es el caudillismo. Esos esperpentos que se eterniiiiizan, esos zombies, esos benefactoressalvadoreslíderesmesías, allí sí habría que fijar períodos claros,
    improrrogables, ¡breves!

    Comentado por: Jorge Barril Villalobos el 20/1/2009 a las 21:43

  • Pienso que se podría haberse encontrado para iluminar gráficamente la reflexión o comentario que hoy hace Argullol , una IMAGEN que representaría el “espectro de capitalismo” cada vez más puro y duro, y que se opondría a aquel otro fantasma, el del comunismo, que recorría Europa en otros tiempos. El cambio de paradigma, de valoración o sentido que sobre la “vejez-sabiduría-experiencia” se comenta, sería solo una anécdota derivada de ese espectro, pero importante y especialmente simbólica. Ya no estamos en esa vejez dorada, profunda y bella, de la que hablaba M. Tulio Cicerón.



    Manuel Oliveira, Broggi o Levi-Montalcini, constituyen tres vidas que nada dicen del hecho mismo de la vejez, y ello es así, porque los “hechos particulares” no prueban nada, y mucho menos la longevidad o su relación con la inteligencia, que son una pura contingencia. Lo mismo que los 70 años de M. Ángel o los 80 de Sófocles. John Keast murió a los 26 o 27 y nadie podría negar la feliz profundidad y belleza de su vida;
    Stefan Zweig y su mujer y A. Koestler y la suya, por ejemplo, la dejaron (¡sí, la
    dejaron voluntariamente ¡) y nadie se atrevería a poner en duda la riqueza intelectual
    y vital de sus vidas. Y no hablemos de esa estirpe larguísima de los
    Pavese, Hemingway, Silvia Plath, Alfonsina Storni, Gil Roësset, Alejandra Pizarnik ,
    Paul Celan…Se dirá, seguro que por muchos, que esas personas estaban “enfermas”. Y
    es que existe toda una ideología de la vida en si, que se estremece ante la idea de que
    alguién pueda dejarla voluntariamente, e incluso, que “es” otra cosa distinta de lo que
    a cada cual le pasa. Hubo un actor, George Sanders, que seguro que recordaran los que ya “cruzaron la mitad del camino de la vida”, que decidió suicidarse en la Barcelona de 1.972, a la edad de 65 años, dejando sólo esta nota “ Queridos me marcho porque estoy aburrido, siento que vivido mucho, lo sé. Os dejo en esta dulce cloaca. Buena suerte”.



    Por esa valoración actual de la vejez-sabiduría, tanto en lo intelectual cómo en los oficios, (al menos en Occidente, aunque nos creamos que Occidente es todo el mundo), también me molesto (una forma débil del cabreo cervantino) la hipocresía y ramplonería con que el Ente publico se comporto con sus prejubilaciones. Justamente ellos, que como PUBLICOS debieran dar ejemplo de la validez de la experiencia acuñada en el tiempo. Deberían haber sido más ciceronianos. Y más justos.

    Por último. Es claro que se esta produciendo una prolongación de “la vida”. En el paisaje urbano de cualquier ciudad se puede percibir claramente. Nunca se había visto tanta persona mayor con la mirada ausente, ensimismada o perdida, “transportada por desconocidos en sillas de ruedas”. Comentaba Noberto Bobbio , que un día alguien le recordó aquel dicho de que “No es que la vejez sea mala. Lo malo es que dura poco”, a lo que contesto él, “ que para muchos viejos, para muchísimos en la sociedad occidental moderna, la del capitalismo descarnado, la vejez no es que fuera dura, sino durísima”.

    Comentado por: Pablo el 20/1/2009 a las 16:53

  • No le creo a usted tan ingenuo, señor Argullol, como para no considerar otro factor determinante para este "saneamiento" laboral y es el exclusivamente económico. Aquellos que superan la cincuentena probablemente cuentan (o contaban) con un convenio laboral más favorable que el que ahora tienen las empresas, por lo que ganan más dinero, tienen mejor horario, etc. En el fondo de la jubilación anticipada está el tema de abaratar los despidos, contratos por obra, horarios flexibles, salarios más bajos acordes a la situación del mercado laboral, etc. Esa es de fondo la razón que más pesa.

    Comentado por: además el 20/1/2009 a las 15:07

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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