La feria de los monstruos
Delfín Agudelo: Pienso mucho en lo que implica el cambio de cuerpo, lo que es mirarte distinto en el espejo no por el paso del tiempo. Por esto quizás me impresionan las cicatrices: si me hago una en la cara, me acompañará el resto de mi vida. Hasta los 29 años me había acostumbrado a esa cara; ahora necesito acostumbrarme al nuevo elemento. ¿Qué implicaciones tiene la gente que no ve una cicatriz, sino otra cara, con otros atributos, deseos y sueños¿?
R.A.: La cicatriz depende de si es voluntaria o involuntaria, asumida o no asumida. Una cicatriz que acaba siendo asumida es un centro de personalidad, y aquí te recuerdo que muchas asociaciones del siglo XIX, sobre todo en Alemania, tenían como seña de identidad una cicatriz, que era el sello más o menos salvaje de la asociación. Si estás orgulloso de la herida que ha producido la cicatriz, es bella; si estás avergonzado, la verás como peligrosa. Pero claro, lo que decías antes: a veces he visto esta especie de monstruos públicos que pasean por los platós de las televisiones, que se van interviniendo de una manera completamente superflua la cara, añadiendo capas y capas de intervenciones. No sé si te has fijado pero una de las cosas evidentes en esos rostros es la mirada perdida, porque si algo no se ha podido operar todavía es la expresividad de la mirada. Se van cambiando zonas y zonas, superficies y superficies del cuerpo; pero la intensidad de la mirad no se cambia. Tengo la impresión de tremendas miradas perdidas. Gente que no sabía en qué cuerpo habita. Eso es muy interesante porque a nosotros se nos da una especie de habitación cuando nacemos, y esa habitación más o menos la vamos cultivando con nuestras tensiones y contradicciones, pero asumirnos en otro cuerpo es como cambiar de siglo o de época, es algo muy violento. Hacerlo de manera completamente innecesaria, y de manera que eres presentado como un monstruo en la parada de los monstruos en la feria de las vanidades: tiene que ser algo realmente chocante por no decir patético. Hay una película que ahora, aunque sea un clásico, seguro que es considerada muy incorrecta desde todos los puntos de vista, que es Freaks de Ted Browning, una película de la década de los treintas del siglo XX, con una estética muy impresionista. En ella se enseñaban monstruos de ferias, que son los mismo que salen mucho en las obras de Valle Inclán. Recuerdo cuando pequeño que todavía había monstruos de feria que se pasaban por las ferias de los pueblos durante las fiestas mayores del verano. En una época en que nuestra piedad moralmente y políticamente correcta nos impide enseñar estos monstruos de feria, los hemos cambiado por estas nuevas criaturas consecuencias de la cirugía estética, pasando de plató en plató, que cumplen exactamente la misma función que en las obras de Valle Inclán jugaban los monstruos de las paradas de las ferias.
[Publicado el 13/8/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: monstruos, estético]
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Con la cirujía, los ojos pierden expresividad y la mirada parece perdida. Tendríamos que verlo como el anuncio del antes y después. A lo mejor no había tanta diferencia. En lo que sí se nota también es en los labios, la sonrisa, la forma de vocalizar al hablar. Pero en modo instantánea se les ve guapos. Habría que congelar el tiempo para que fuera perfecto.
Comentado por: lifting el 16/8/2008 a las 11:01
No sé a veces cómo nos reconocemos nosotros mismos, entre que "contengo multitudes" y el físico cambia aún sin cirugía hasta un punto indescifrable, a veces no sé quien soy. Menos mal que existen los parientes para refrescarnos la maldita memoria.
Comentado por: aliblue el 14/8/2008 a las 13:38
Posiblemente, la cicatriz con más auténtica personalidad de la literatura haya sido la de Ulises, delatora de la verdadera naturaleza del hombre por parte de la antigua(y, especialmete, atenta) nodriza Euriclea. Aunque Uliseshubiera cambiado de personalidad, allí tenía, en su muslo, la cicatriz :siempre sería Ulises, pasara lo que pasara. Quizás sea una bella metáfora del movimiento cíclico de la historia.
Por lo que respecta a la feria de los monstruos y la televisión, ésta última se está convirtiendo en una auténtica galería de los horrores. Antes la gente podría hacer cola para ver a la mujer barbuda, por ejemplo, pero ahora incluso muchos se toman la molestia de atender a las palabras de "recauchutadas" que venden, sin el menor sentido de la vergüenza, sus anodinas existencias.
Comentado por: escoin el 13/8/2008 a las 17:18
Y perdónenme el rollo, pero ¿no creen que existe también un canon anímico y no sólo corporal? ¿No trata la gente de alcanzar una determinada personalidad o de fingirla? ¿Servirán para eso los psicólogos? ¿Habrá clínicas del futuro donde se haga cirugía del alma? ¿Cambiará eso la mirada?
Comentado por: Afron el 13/8/2008 a las 13:27
Ah, los chistes, recuerdo los que se hicieron sobre las torres gemelas, no había pasado ni un mes. Aquí en España creo que se es mucho de eso o se era porque la cosa está cambiando pero de una forma, en mi opinión, ya excesivamente histérica, desproporcionada y enajenada, espero que sea tan sólo la novedad y que luego se les pase. De todas formas, el humor siempre es una manera positiva de enfrentar las desgracias, se queda uno en un entresíno, a veces por lo chocante pero la vida continúa y siempre es mejor que sea con alegría, digo yo.
"¿Qué implicaciones tiene la gente que no ve una cicatriz, sino otra cara, con otros atributos, deseos y sueños¿?" creo que eso es lo que le o nos pasa a la mayoría de la gente o a todos en general. Me he vuelto a acordar de Merrick. Es tremendo, supongo que la "cicatriz" es lo que vemos primero y si no nos empeñamos en cegarnos intencionadamente después descubrimos la "cara". ¿Pueden oponerse cara y cicatriz? Siempre he considerado las mías como parte de mi vida y no entiendo a esas personas que creen que han perdido belleza por tener un hilo discontinuo en la pierna, otra cosa es que la cicatriz sea altamente deformante, una mordida de un animal en el rostro o algo así. Es mi manera innata de sentir pero todo ello se ve acorralado por las influencias del entorno, y hay momentos en que uno se rompe o se doblega y crees que has perdido calidad por una cicatriz o por envejecer; porque al fin eso es lo malo, que se identifique belleza con perfección de muñeco y con calidad de la persona o que una vez alcanzado eso, respiremos aliviados por la aprobación social.
Pero sí creo que la mirada se vea también afectada por la cirugía estética, por esos levantamientos de párpados, supongo, que restan expresividad. Miradas perdidas en una cara de cartón piedra, el alma que no fue aceptada tal cual era y se refugia en el interior, quizás. O el alma que se sabe ignorada y se mantiene dentro mientras ofrece lo que piden, un cuerpo.
Comentado por: Afron el 13/8/2008 a las 13:23
Justamente leía a Quino, un genial (lo siento por el chauvinismo)humorista argentino.
Las tiras eran de la década del 60, y notaba que muchos de ellos serían hoy políticamente incorrectos,no estaría de acuerdo con los parámetros actuales.
Hoy los "monstruos" permitidos son otros.
Aquí (Alemania) hay un auge del humor político base Hitler, que a mí personalmente me perturba.No sé si ya pasó el suficiente tiempo como para reirse del tema.
Valle Inclán no leí.Procuraré.
Y si la mirada es el espejo del alma, como algunos sostienen,pobrecitos esos de mirada perdida...
Comentado por: amalia el 13/8/2008 a las 10:29
Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
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