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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 19 de septiembre de 2019

 Blog de Rafael Argullol

XI. La recepción literaria. El santuario de Davos

Davos (tomado de Wikipedia)Rafael Argullol: La verdad es que son muy oscilantes las preferencias literarias de cada época.

Delfín Agudelo: Oscilante también es el gusto inmediato que se puede sentir por una novela. ¿Cuántas veces ha sucedido que al público lector le hace falta algún tipo de desarrollo histórico para poder comprender -o, más importante aún, disfrutar- de una novela? Hay novelas que fueron publicadas en los años equivocados. Algunas reaparecieron después, pero muchas otras, descartadas ahora y olvidadas para siempre, jamás saldrán de la oscuridad. ¿Y si encontráramos ahora novelas rechazadas hace diez o quince años que otorguen algún tipo de fascinación que entonces no detectamos? O visto desde el presente: ¿cómo será esa novela que, publicada ahora, pase desapercibida hasta dentro de unos años, momento en que la podamos leer?

R.A.: No sé exactamente cómo podría ser si hablamos de una novela inédita; es decir, de la novela que en estos momentos se está escribiendo o del libro que en este momento se está escribiendo. Sí me atrevería a decir que hay determinadas obras que en su momento tuvieron un gran impacto, y que en estos momentos serían mucho más difíciles de hacerlas llegar al público. También podría hablar de obras que en su momento no tuvieron un gran impacto pero que sin embargo después, precisamente por esas oscilaciones del gusto, se convirtieron en obras de referencia. Se me ocurre, entre las primeras mencionadas, La montaña mágica de Thomas Mann. Cuando salió, a pesar de su enorme extensión, tuvo una acogida muy buena por parte del público. Si no recuerdo mal se vendieron alrededor de cien o doscientos mil ejemplares, que son números que actualmente otorgamos a estos best sellers prefabricados del mundo literario. Sin embargo, pienso que si ahora se publicara como inédita La montaña mágica, tendría en principio fuertes dificultades de implantación en el público, lo cual no quiere decir que en un inmediato futuro el tratamiento del tiempo y la enfermedad en el sanatorio de Davos- santuario actual de la globalización económica-, como también el tratamiento de la condición humana, no pudiera llevarle a ser una novela de referencia.

El segundo ejemplo es otro clásico, La línea de sombra o incluso El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Cuando salieron no tuvieron un gran éxito inmediato, y sin embargo al cabo de unos años se convirtieron en escenarios literarios de referencia. Por tanto, hay una ley difícil de identificar, una ley invisible no escrita, que vincula la calidad literaria y el impacto. Esa ley tiene distintas consecuencias. A veces se da una especie de sincronía entre la calidad y el impacto, y a veces hay una diacronía absoluta, sea porque en principio no tiene ninguna repercusión, sea porque la tiene y después desaparece. Hay otro efecto que podríamos llamar subterráneo, que es como las aguas subterráneas que desaparecen pero emergen cuando la gente lo exige.

Pienso también en una obra que más de una vez he citado, Bajo el volcán de Malcolm Lowry. Ésta sería una tipología distinta, porque es el tipo de libro que tiene toda una serie de lectores, una minoría que va manteniendo el culto a ese libro, que mantiene viva su memoria, y que probablemente en un momento determinado puede estallar y convertirse en algo que llega a mucha más gente. Es fascinante ver este entrelazamiento entre lo que es la calidad literaria y el impacto, porque hay muchas leyes distintas.

[Publicado el 29/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: novela, actualidad, recepción, preferencia literaria]

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Comentarios (5)

  • Tener una norma estricta y severa respecto a lo que debe o no debe uno leer, es absurdo. Más de la mitad de la cultura moderna depende de lo que no debería leerse. Los libros que le mundo llama inmorales son libros que muestran al mundo su propia vergüenza. Para tí y para mí, es así la vida.....

    Comentado por: Silasoy el 11/6/2008 a las 22:00

  • Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
    Para la libertad, mis ojos y mis manos,
    como un árbol caudal, generoso y cautivo,
    doy a los cirujanos.

    Para la libertad siento más corazones
    que arenas en mi pecho; dan espuma mis venas
    y entro en los hospitales, y entro en los algodones
    como en las azucenas.

    Porque donde unas cuencas vacías amanezcan
    ella pondrá dos piedras de futura mirada
    y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
    en la carne talada.

    Retoñarán aladas de savia sin otoño
    reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida
    Porque soy como el árbol talado, que retoño:
    porque aún tengo la vida.

    Miguel Hernandez

    Comentado por: verdad el 29/5/2008 a las 23:42

  • De acuerdo, pueees.
    Pensar en el suicidio, dudo que la acción misma ocurra en plena facultad mental, es una cobardía; lo difícil es vivir y en ello reside la fuerza. Unos minutos de dicha compensan por días de tedio y desesperación. No se crea único. Quizás tiene lo que necesita más cerca de lo que cree. Tampoco quiera lo que sabe que no está dispuesto a alcanzar. La imaginación se le concede a algunos para algo; a usted le sobra.

    Comentado por: volver el 29/5/2008 a las 22:17

  • “2 de Febrero – Tras enviarle a usted una carta que recibirá en dos o tres días (el cuatro, el cinco de Febrero) una carta que usted recibirá –con total seguridad- estando yo ¡ya muerto! acometo con toda firmeza la tarea de MATARME.
    Procedimiento para ello – somníferos potentes que ingeriré en suficiente cantidad como para provocar mi muerte.
    Causas. Por qués – Las causas de este “acto total” resumidamente hay que atribuirlas al hecho de haber perdido yo por entero mi condición animal. Antes de acometer mi nihilación ni un sentimiento animal habita en mí, ni una emoción animal habita en mí, lo cual, tras una reflexión fría, me hace valorar la “opción muerte” como la más sensata y exacta de las opciones para un ser de mi idiosincrasia, esto es “un ser estricto, disciplinado y bien estructurado”. Por lo cual fríamente me decido a abrirle la puerta a la muerte para que la muerte “pase hacia aquí” y me envuelva o para que yo “pase hacia allá”, hacia el otro lado, hacia el ámbito de la muerte que es también el ámbito de la perfección de la existencia, el ámbito de la potencia total de la poesía de la naturaleza.
    Reflexiones al respecto – Naturalmente los animales no se suicidan por lo cual para suicidarme “perfectamente” planeo este acto como un acto en el que yo no he de tener conciencia del más mínimo dolor –lo cual podría dotarme de reminiscencias corporales “animales”. Así pues en este acto no ha de interferir a ningún nivel ninguna “presencia animal desagradable”, ni el más mínimo atisbo de “dolor corporal animal”, y ha de ser un acto que una vez iniciado no ha de permitir ninguna posible marcha atrás, ningún posible retroceso hacia la “animalidad”, en plan: “Dado que al estar cortándome las venas a tajos me duele el brazo detendré todas las hemorragias, me vendaré todos los cortes y dejaré estar mi suicidio...” No. No ha de poder haber ningún posible desdecimiento. Esto ha de estar totalmente bien controlado y bien supervisado por mi cerebro y de manera definitiva y no ha de haber ningún posible espacio para el dolor en este acto. Y así mi muerte totalmente lógica es (¡y va a ser!) un “hecho exacto” e “insensible”, esto es, una muerte “cerebral” (y la muerte de un cerebral) al estar planeada totalmente desde el cerebro, una muerte perfectamente planeada desde el cerebro ¡como “solución” para mi cuerpo!, solución exacta y perfecta planeada y planteada desde mi intelecto dictador, esto es, desde mi cerebro “antinatural” y “anticorporal”, como ¡solución total a todo!, esto es, solución y respuesta al universo, por lo cual cualquier observador inteligente que quiera profundizar en “los por qués” de mi suicidio ha de abandonar por entero todas las hipótesis que remitan mi nihilación al descontrol o la solución al dolor corporal, ya que no se trata de eso en absoluto sino que sencillamente matarme es para mí solucionar mi vida y así descubrir el verdadero nombre de la incógnita despejada de la vida (que es la muerte), incógnita que, por otro lado, una vez que uno se sumerge en ella es una superación de “todo lo posible”. Para mí así como en un sistema complejo el todo es siempre algo superior a la suma de sus partes así también para mí “lo más sencillo” puede ser la solución a todas las complejidades; “lo más sencillo” (el suicidio) en tanto que solución total y general a todo. Por lo cual me mato y punto. Y no es una tragedia. Es sólo un hecho ponderado en su espiritualidad que deseo diseccionar ante ojos inteligentes una vez que está consumado. Pudiera haberme grabado también en una cámara de video y decir más o menos esto que digo en este dossier ante la cámara oralmente, esto es, que me mato y que estoy muerto y así dejar plasmado en imágenes mi testimonio y mi testamento humano así como también el propio suicidio, el propio hecho de morir durmiendo, ¡la propia muerte! etcétera, pero prefiero hacerlo por escrito. ¡Las palabras son para sabios! ¡Las imágenes no son nada más que para buitres carroñeros! ¡para seres sin “imaginación”!, así que yo explico mi suicidio y dejo constancia de mi suicidio ¡por escrito! ¡porque aún creo en el poder de la palabra! ¡creo en el poder de la palabra en un mundo que sólo balbucea! Es cierto. En un mundo en el que ya está todo “masticado” yo creo aún en el poder de la inteligencia. Creo en los esfuerzos lógicos, creo en las frases con sujeto y predicado, creo en las operaciones matemáticas con principio y fin, creo en esto que escribo y así creo también ¡en mi suicidio! que explico mediante estas palabras. No obstante “para redondear” la explicación de mi suicidio es cierto que usted puede asimismo ver también el cuerpo cadáver que escribió todas estas palabras...”

    Es cierto. Miro el cadáver de Carlos mientras voy leyendo el dossier. Por un momento tengo la sensación de que ante mí se interpreta la sinfonía de la muerte y de que el dossier que tengo entre manos no es más que “el programa de mano” de “la sinfonía de la muerte”. Sigo leyendo.

    “...el cuerpo cadáver que escribió todas estas palabras, el cadáver como prueba material, como imagen suficientemente sugerente para acompañar estas palabras, y así usted puede verlo y sentirlo “todo” ¿entiende usted?, usted puede verme, usted puede ver mi cadáver y mi cadáver es una conclusión y es una simplificación y es a la vez ¡una alegría! ¡una alegría en la superación de todos los pensamientos! por lo cual que yo esté muerto no ha de extrañar a nadie y menos a usted. Ya que usted y yo, sé, tenemos contemplada siempre la muerte como “posibilidad de perfección” ¿verdad? Y es así que “intelectualmente” siempre está ahí ... ¡la muerte! ¡La muerte! Sea como sea éste es un suicidio “realmente adulto”, un suicidio ejemplar, aleccionador, un suicidio en el que se contempla todo lo que significa ser adulto. Y ser adulto significa por un lado aceptar ¡la posibilidad del suicidio! Por otro lado ser adulto significa reconocer ¡la posibilidad del amor! Por otro lado ser adulto implica “saber lo que es” ¡el pesimismo y el optimismo! comprende, y así optar por el pesimismo o por el optimismo ¿sabe usted? ¡El pesimismo o el optimismo! Esa es la cosa. Pero qué es el pesimismo y el optimismo para alguien (artístico, intelectual) como nosotros ¿no? Qué es. Bien, señor, ahora se lo aclaro a usted –porque quiero así que usted “lo vea como yo”- y usted (¡al menos usted!) me entenderá:
    PESIMISMO: El arte y la ciencia están al servicio del poder económico de los hombres, nada más (son malignos instrumentos serviles al servicio del poder (¡político!) en un mundo de capitalistas arribistas por entero hipócrita y malvado y manipulador).
    OPTIMISMO: El arte y la ciencia están sólo al servicio ¡de ellos mismos! esto es ¡están “sólo” al servicio del espíritu! (¡del ser!) prescindiendo de la “política”, y son ellos –el arte y la ciencia y el “espíritu”- los que mandan ¡fatalmente! en el mundo.
    Bien pues, mi apreciado señor músico, al respecto de esto le diré que yo opté y he optado siempre ¡por el optimismo! ¿sabe? ¡por el optimismo! ¡por la fe! ¿sabe? Pero creer en el “espíritu” en el mundo (¡en la “inteligencia” en el mundo!) ¡es algo difícil! ya que el espíritu (del “arte”, ¡del ser!) en el mundo es demoledor y devora a sus hijos y a veces parece que es idiota o ciego ya que arremete ¡como una fatalidad! contra quienes quieren “realizarlo”, y naturalmente ahora no estoy hablando ni de Beethoven ni de Hitler ni de Novalis (aunque también)... ahora estoy hablando siempre de otra cosa. Siempre estoy hablando de otra cosa diferente a la que se piensa, otra cosa siempre intangible, y así nunca nadie sabe encontrarme donde ha de encontrarme. En fin. Era bonito cuando el mundo era al menos un teatro ¿verdad? Pero ahora ya sólo es ¡una carnicería! ¡el mercado de la carne sin alma! ¿sabe? eso es lo que es el mundo. Una carnicería totalmente idiota para animales y regida por animales. Un apelmazamiento de toneladas de carne sin sentido. Una “simplificación fetal” es el mundo. Al menos en otros tiempos los individuos creían en el arte y se lo tomaban “en serio” y así ¡se entusiasmaban! ¡se esforzaban! ¡creían en el destino! ¡en la fuerza! ¡en la inteligencia! ¡en la belleza! etcétera. Pero ahora ya la gente sólo lucha para perpetuar sus roles de “instalación en el latrocinio” ¿sabe? “pesimistamente” (“políticamente”), y así se sumergen en el útero de la banalidad ¿sabe usted? El mundo como el útero de la banalidad. Y los habitantes del mundo como partículas de un feto banal en el útero de la banalidad. Un feto que nunca verá la luz. Y el “hombre” como algo ¡que nunca nacerá! ¡algo que nunca se realizará! Sabe usted, el mundo y “la vida humana” es algo que todavía no ha nacido, ya que el mundo aún permanece en la muerte y así el mundo no es más que una posibilidad abortada de la vida. No es más que una “posibilidad abortada” de la vida al ser ¡la quintaesencia de la muerte! por lo cual ¡sólo desde la muerte puede uno creer en la perfección del mundo! ¡sólo desde la muerte puede uno creer en la exactitud del mundo! ¡sólo desde la muerte puede uno entender el mundo! Y así yo me suicido, tiene usted que saber, y me suicido “adultamente” para estar en sintonía con lo más perfecto y lo más exacto y lo más absolutamente sincero y verdadero que hay en la tierra y bajo la luna (que es la muerte). Mi suicidio es la realización de una humanidad “a-histórica” que se balancea en el trapecio de la muerte. En fin. Sea como sea yo desde hace ya bastantes años “sigo pensando” donde todos ya se han agotado; allí donde todo el mundo ya se ha agotado, allí donde todo el mundo ya se calla yo todavía conservo unas pocas palabras, unos pocos pensamientos para explicar ¡lo que pasa! ¡lo que hay! ¡lo que sucede en ese lugar al que nadie se atreve a llegar! ¿sabe? Pero lo que hay allí, lo que hay allí donde todo el mundo ya es cobarde e innoble y ya ha sido vencido no es más que la soledad y el frío, es decir ¡la humanidad! ¡el hombre! Allá donde toda la masa vulgar no llega y no sabe, allá donde toda la masa vulgar no puede más o ya se ha muerto, allá es donde habita el hombre y allá es donde estoy yo ¡absolutamente solo! y pregunto a la masa humana que puebla el mundo, pregunto a todos los que están detrás de mí ¿por qué me abandonáis? ¿por qué me dejáis solo? y no responden, y nadie sabe de lo que hablo, y todo el mundo tiene miedo y todo el mundo es absolutamente débil y estúpido y es por eso que me mato, sabe usted, porque no soporto ya esta soledad terrible en la que yo soy el único hombre. Y así quiero identificarme con la muerte y es por eso que me he matado y que ahora ya estoy muerto y le explico esto póstumamente. Sabe usted, hace ya más de veinte años que me afiancé en mi integridad, esto es, “mi ser exacto”, “mi ser adulto”, mi “hiperconciencia”, mi “soledad”. Desde hace veinte años todo es claro para mí siempre y así siempre veo las cosas tal y como son y nadie me puede engañar en ningún ámbito, en ningún aspecto, a ningún nivel; claro que “este tipo de perfección” que yo tengo implica renunciar al contacto con los hombres, implica renunciar al trato humano, sabe usted. Así pues desde hace veinte años vivo en un universo “perfecto” ¡creado por mi inteligencia! en el que no obstante “¡también!” –y mayormente debido a la soledad- se ha de contemplar ¡el miedo! ¡el suicidio! ¡la muerte! ¡la angustia! y ¡la psicopatía! como factores posibles allí, como “tropezones” en la gran sopa de la “inteligencia pura”, “la pura razón” ¿sabe? ¡el miedo! ¡el suicidio! ¡la muerte! ¡la angustia! y ¡la psicopatía! como invitados “ocasionales” al banquete real de la “inteligencia humana” etcétera (¡venidos desde un mundo imbécil!) ¿sabe usted? Y así, sabe, la verdad (de uno mismo en tanto que inteligencia) no es la angustia, pero en el ámbito de la verdad se puede dar la angustia. La verdad no es el miedo, pero en el ámbito de la verdad se puede dar el miedo. La verdad no es la muerte, pero en el ámbito de la verdad se habla de la muerte, se habla forzosamente de la muerte, es más ¡se ha de poder hablar una y otra vez de la muerte! Verá, en un mundo elevado cohabita la tragedia y existe la posibilidad de la tragedia. En un mundo elevado existe la posibilidad de la tragedia pero existe también la posibilidad de lo elevado. Lo elevado en lo que usted y yo (¡seres elevados!, no lo olvide, señor barítono) creemos. Pero nosotros, usted y yo, en la sociedad en la que vivimos no vivimos en un mundo elevado en absoluto sino que vivimos en la basura, por lo cual no existe la posibilidad de la tragedia ni del “suicidio trágico” en nuestro mundo-basura, sólo la posibilidad de la ridiculez y el “suicidio ridículo”, y así “aquí” todos somos potencialmente o de facto nada más que “suicidas ridículos” y así aquí nuestros suicidas no son más que payasos que tras toda una vida de “inmersión en la mediocridad y en la tontería en tanto que sociedad” se suicidan –si se suicidan- haciendo un ridículo espantoso, como en un mal número de circo ¿entiende? (¡ya que tendrían que matar y destruir a toda su sociedad!) Sabe usted, tendríamos que arriesgarnos a la posibilidad de la tragedia para salvaguardar ¡la nobleza! de nuestro mundo pero no nos “arriesgamos” a la tragedia en nuestro mundo y así vivimos en un universo mediocre e innoble en el que el dolor no existe y en el que la realidad no existe y en el que todo no es más que ¡una comedia atroz! ¡una comedia inhumana! ¿sabe?, un universo mediocre en tanto que sociedad ridícula en el que no se representan más que “pantomimas nepóticas simiescas” y en el que todo lo elevado desemboca una y otra vez en su “imposibilidad flagelada”. Vivimos en una sociedad cómico-ridícula en tanto que sociedad que niega el dolor y miente una y otra vez. Pero el dolor “realmente” existe y así el dolor ¡ha de poder ser expresado! Y así ha de poder existir ¡la belleza de la tragedia! ¡el arte elevado! ¡los grandes pensamientos! Ha de poder existir “algo más elevado que la muerte” en la vida. Pero es sólo muerte lo que hay en la vida. Por lo cual, sabe usted, tras veinte años de curiosidad resuelta, curiosidad que –desde que me hice adulto- me ha hecho moverme de aquí para allá, viajar, leer libros, escuchar sinfonías, ir a la ópera, ver obras de teatro, mirar películas, etcétera, y una vez que mi curiosidad se ha agotado y me ha hecho –finalmente- desembocar en la decepción, en ¡una decepción incontenible! ¡una decepción infinita! ¡una decepción inagotable! ¡una decepción que se desparrama por todos lados y desborda todas mis expectativas! digo que basta. ¡Basta! ¿sabe? ¡Basta! Es sencillo. He podido ir diciendo cosas más o menos locuazmente o lacónicamente en la vida y he podido ir viendo cosas sorprendentes o previsibles en la vida, y ahora que ya no quiero decir nada más ni ver nada más lo único que quiero hacer y lo único que quiero “saber hacer” es construir un “punto y final”. Un “punto y final” definitivo ¿sabe? Un punto y final digno en tanto que suicidio digno. Un suicidio digno, un suicidio frío, un suicidio sin ni un ápice de “sentimentalidad” ni de ridículo. Así pues llevo ya meses pensando en ¡materializar mi desaparición! ¿entiende? Como suicida digno. Aunque yo siempre he sido –de una manera u otra- un suicida digno, sabe usted. Un elucidador en el ámbito de lo humano extremado. Un “visitante regular” de lo obvio alienado. Alguien que “interpreta” su muerte (“su propia muerte”) ¡perfectamente! en la gran sinfonía del universo. Desde que soy “adulto” ¿entiende? me muevo en el ámbito de lo ineluctable y lo sólido, y así desde hace veinte años yo “sé” que me puedo matar ¡cuando quiera! Puedo decir adiós a una sociedad que no está preparada para ningún tipo de cosa elevada, una sociedad que no es apta para la belleza ni para la vida ni para la muerte ni para nada. Puedo matarme. Puedo poner fin a la farsa que es el mundo y que es a la vez “mi farsa” y “mi inadecuación” cuando quiera. Y ahora ha llegado el momento, sabe usted, en el que el curso de la naturaleza desemboca en su imposibilidad y en su disolución en el vacío, cerrando el ciclo ¿comprende? En fin. Desde que soy adulto soy un perfecto suicida. Soy un perfecto suicida en tanto que “hombre en esta sociedad”, igual que soy un perfecto anarquista en tanto que “racionalidad pura y sin concesiones”, un perfecto anarquista en tanto que “perfecto político de la matemática humana” así como también en tanto que “suicida”. Realmente cuando miro todos los hechos de mi pasado no puedo más que navegar una rabia retrospectiva y así instalarme en conclusiones apocalípticas que son terminaciones nerviosas de lo más terrible de las mitologías, lo más terrible de todas las cosmovisiones, sabe usted. Si me instalo en el odio y miro mi pasado y mis causas y las causas de todo desde los ojos del odio puedo caer fácilmente en “el laberinto de las crispaciones justificadas”. Puedo enfadarme cuando recreo una “hiperconciencia de mi pasado” igual que puedo enfadarme al ver “la asfixia” general y totalizadora en la que se basa “el mundo de mi pasado” cuando miro mi pasado. Reflexionando sobre mi pasado llego a los derroteros más salvajes de un intelecto totalitario, “totalizador”, que ve que todo lo que le rodea es feo y malo y tendría que ser ¡necesariamente! “transformado” o “destruido”, tanto en el pasado como en el presente, ¿sabe usted? No obstante no quiero incidir en el mundo. No quiero incidir en el mundo “ya”. No quiero incidir, no quiero probar a manipular a nadie desde la falsedad, ni para bien ni para mal. Ni a masas ni a individuos. Ni a colectivos ni a carácteres. Sabe usted, se podría manipular y tratar y maltratar “a cualquiera” desde la falsedad pero nosotros optamos por la opción difícil, por la opción elegante, por la opción superior que es “el amor total (¡a la humanidad!) en la exactitud” y que es un tipo de amor que supone ¡no aceptar intermediarios! entre nosotros y “todo lo demás”, comprende. Y así no hay intermediarios en nuestro amor. Sólo estamos nosotros y “todo lo demás”. Y así por un lado estamos nosotros, esto es, por un lado está el individuo, y por el otro lado está el mundo como “inteligencia”, sabe usted. Pero el mundo “como inteligencia” nunca está a la altura de uno. El mundo sólo está “a la altura” de uno en tanto que enemigo y como quintaesencia del mal ¡no como inteligencia! ¿sabe? Como inteligencia jamás. Realmente ¿sabe? desde una perspectiva matemática “la verdad” ocupa el mismo espacio que una “teoría conspiratoria”, exactamente el mismo sitio ¿entiende? (¡es “lo mismo”! ¡lo mismo! ¿entiende?) y así la verdad es “una dificultad” que supera los límites de la vida. En fin, sabe usted, yo ya he navegado como un barco ebrio todos los derroteros del lenguaje. Tanto mi lenguaje como el lenguaje del mundo. Pero el lenguaje en sí no es ningún valor ni tiene ya ningún valor en el mundo. Y el mundo no tiene ya ningún sentido. Hoy en día lo que manda en el mundo es el “diletantismo humano”, que no es otra cosa que “lo artificial demente”, lo cual es algo que nadie se atreve ni siquiera a empezar a pensar ni probar a explicar de ninguna de las maneras. Hoy lo que manda en el mundo no es otra cosa que “las enfermedades lingüísticas”, el mundo no es más que una enfermedad del lenguaje. Así pues el mundo no es más que una amputación de la lengua del mundo y el mundo no sabe nombrarse y el mundo no sabe lo que le pasa, por lo cual el único futuro posible para el mundo es la muerte, la muerte como sistema político cumbre en el que todo desemboca en el mundo. La muerte, el silencio. Llevo ya dos meses pensando en serio en suicidarme ¿sabe usted? (y “en serio” significa “cómo”, esto es: ¿salto desde un ático? ¿me tiro al tren? ¿me ahorco? ¿me tomo “ya” los somníferos?) pero antes he querido probarme a mí mismo desde “la frivolidad” , comprende, de tal manera que antes de matarme he realizado cosas extraordinarias probablemente, y lo que para mí son disparates probablemente, para probarme, sabe usted. Para comprobar y corroborar que nada ni nadie pueden desdecirme de mi determinante decisión de matarme, mi decisión de “poner fin”, ¡poner fin!, sabe usted.

    Comentado por: Suicidio el 29/5/2008 a las 19:08

  • También, para muchos, hay una edad para leer novelas y otra para vivirlas. Hace años que cuando entro en una librería me entra vértigo, nausea. Entre tantos libros debe haber uno que merezca la pena leer, pero cuál. Ni recuerdo la última vez que compré un libro, me deshago constantemente de los míos.

    Comentado por: me el 29/5/2008 a las 16:54

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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