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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

miércoles, 20 de agosto de 2008

Blog de Rafael Argullol

VI. El amor y la máscara. La carta de amor.

Rafael Argullol: Yo, que pienso que todo amor es amor propio, no creo que pueda amar aquél que no tiene una dosis sólida de amor propio porque el amor es un exceso.
Delfín Agudelo: Así como hay cartas de suicidio, también hay cartas de amor: las dos definen momentos de geografía interior. Centro de su propio universo, el amante que escribe la carta de amor desea que el sentimiento amoroso lo rodee de una manera precisa, pero que en momento alguno deje de lado la estela que él mismo ejerce.
R.A.: El propósito de una carta de amor puede ser muy variable. Hay un propósito muy directo y un propósito extremadamente oblicuo. En ese sentido, toda la historia de la literatura o bien ha sido una carta de muerte, de adiós, una elegía, o bien ha sido una carta de amor. Podemos analizar la literatura occidental como una sucesión de cartas de amor. Por ejemplo, la Divina Comedia es la gran carta de amor a Beatriz por parte de Dante, que nos deja un monumento literario extraordinariamente minucioso. El Werther es una carta de amor que está muy teñida de muerte pero no por esto deja de serlo. Madame Bovary sería una carta de amor por vía negativa. Tenemos muchas obras en las cuales se va representando o desarrollando más bien una estrategia respecto al amor, porque en definitiva en una carta de amor fundamentalmente lo que se busca es la cartografía de uno mismo, la cartografía de tus propios accidentes, de tus propias necesidades, de tus desiertos, montañas, valles, bosques; y a partir de ahí vas siguiendo esos senderos ocultos o enrevesados en medio de los accidentes.
Por tanto, hay tantas tipologías de cartas de amor como estrategias literarias que se han dado a lo largo de la historia. Desde el dardo fulminante hasta lo que sería una estrategia elaboradísima. Yo quisiera hacer un paralelo con el dolor y el placer; de la misma manera que estas dos ideas han suscitado comentarios y sensaciones simétricas, el amor y la muerte han hecho lo mismo. Es decir, a la muerte le pedimos mucho en cuanto la situamos como el mayor misterio de la vida. Y al amor le pedimos mucho porque le pedimos que nos regale esa segunda mitad de la frase que no tenemos. La vida, el cuerpo... lo que aprendemos siempre parece que nos da la primera mitad de la frase; entonces al amor le exigimos completarla. Y por eso realmente le pedimos mucho. Nos dejamos llevar por el dolor y el placer pero quizás les pedimos menos porque se trata de situaciones fulminantes. En cambio a la muerte y al amor le pedimos mucho. Singularmente, desde una óptica literaria, al amor lo definiría como el intento de escribir la segunda parte de la frase que necesitamos para completar lo que en una preciosa palabra podemos definir: entereza. Sentirnos enteros, completos. Y en ese sentido hay una infinidad de estrategias para intentar conseguir eso, desde la estrategia de Dante hasta la estrategia que puede ser un poema de Baudelaire que en principio parece que exprese radicalmente el anti-amor, pero esto también se convierte en una forma fulminante de amor.

 

[Publicado el 19/2/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: carta de amor, geografía interior]

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Comentarios (18)

  • No estoy de acuerdo con Escarola. La expresión es al revés: "Si tú me amas, ¿a mí que me importa?" Muy descarada!

    Comentado por: Globito de P. el 20/2/2008 a las 20:02

  • Pero no estoy de acuerdo en que el amor para ser auténtico deba ser correspondido, como decía Reno Bodei en su libro Ordo amoris "Y si yo te amo, ¿a tí qué te importa?"
    Como ven, la desesperación amorosa no está reñida con el humor.

    Comentado por: escarola el 20/2/2008 a las 09:45

  • Bueno, las cartas de amor que yo tengo encerradas en la maleta están llenas de sentido del humor. Como las que yo le escribía a él. No son géneros incompatibles.
    Estoy de acuerdo con A. en que el amor surge del reconocimiento de la incompletud en nosotros mismos y en el amado: no se puede amar lo que está perfectamente blindado en la perfección, se ama a través de las fisuras y las heridas del otro.

    Comentado por: escarola el 20/2/2008 a las 09:24

  • Chiqui tu relato me gustó, como siempre.
    Las cartas de amor serían más bien un género literario que un efectivo sistema de comunicación entre humanos mortales!

    Comentado por: amalia el 20/2/2008 a las 07:34

  • Pues yo de cartas de amor ná de ná. Me lo tengo merecido, era muy cínica y guasona en mi juventud. Algunos colaron unos poemas por ahí…sabían que me gustaba la poesía. Uno me dio un día cuatro folios, a mano, ilegibles. Me impacienté…no se entendía nada, pero lo poco que entendí incluía algo que yo no tenía previsto. Pobre chico, todavía recuerdo verlo en la puerta del ascensor para bajar los cuatro pisos, no quería cerrarle la puerta en las narices, y él no pudo esperar que el ascensor subiera. Salió escalera abajo más rojo que un tomate. Era un crío. Dos meses más tarde me llamó y para entonces un americano me había enganchado…de esto hace 30 años y no hay manera de quitármelo de encima. Pero ahora me arrepiento de haber sido tan descreída. La verdad es que me daba risa cuando los chicos se ponían románticos. Me moriré sin una miserable carta de amor. Creo que he cambiado bien poco en lo que se refiere al enamoramiento…No tengo arreglo.

    Comentado por: chiqui el 20/2/2008 a las 00:25

  • Estoy de acuerdo con la idea de que todo amor es amor propio. y siguiendo por ahí, queremos el amor para sentirnos enteros, pensando que nos traerá esa senación que nos falta. Pero el amor nos ofrece unos momentos en que nos sentimos borrachos de felicidad por conseguir lo que quisimos y después, si hay suerte, una tranquilidad y gran amistad.
    Por eso mismo, buscamos el amor para afirmar nuestro amor propio!
    Y si, todos los amores.

    Comentado por: Vito el 19/2/2008 a las 23:51

  • ¿Todo amor es amor propio? !!! ¡Por qué! ¿Por qué todo amor iba a ser narcisista? Tampoco es tan limitado el sujeto. Puede ser que el amor propio sea originario. Pero hay un momento en que uno "pierde" algo de este amor propio, para amar al otro. La pérdida no es un simulacro. Es real. Lo que hace posible el amor no es el exceso, sino la pérdida. Es lo que dice claramente el mito que pone Platón en boca de Sócrates en el Banquete. Eros es hijo de Penía, la Pobreza, y no de la riqueza. Si no hay cierto sentimiento de incompletud, falta, penía, ¿de dónde, demonios, iba a salir el deseo por el otro?

    En cambio en el Banquete la idea de que los dos se completan como dos mitades está puesto por Platón en boca de Aristófanes. De un cómico. Al fin y al cabo no deja de ser un chiste. Todo el mundo sabe que no hay dos mitades congruentes, sino dos enteros difíciles de armonizar.

    La idea de la literatura como 'carta de amor' es preciosa. El Banquete mismo es una carta de amor preciosa. Amor de Alcibíades por Sócrates en la superficie; amor de Platón por Sócrates, amor de la filosofía por la sophia, amor de la filosofía por el amor, amor de Alcibíades por Agatón (a quien intenta ligar con su relato,según interpreta Sócrates), de Agatón por quién sabe quién, etc., etc., etc.

    La escritura desde luego parece ser una forma privilegiada para la expresión del amor, mejor dicho, de la demanda de amor... La escritura coloca el otro siempre lejos y en el lugar del ideal. El Lector como el Amado molestan poco cuando no se empeñan en responder en acto.

    No obstante, si vamos de la literatura a las cartas de amor en acto ¿qué tienen que ver con el amor?! No es lo mismo la demanda de amor que el amor. El amor es recíproco o no es. Es en acto o no es. Lo demás son pajas mentales que alguna gracia tendrán, pero en fin... No hay que confundir la demanda (que, además es posiblemente demanda de reconocimiento más que de amor -reconóceme como digno de amor-) con el amor.

    La frase sin duda se hace inacabable...

    Comentado por: A. el 19/2/2008 a las 22:45

  • Tu chica tiene suerte Nicolás. Yo tengo una maleta llena de cartas de amor. Supongo que son de amor, pero yo diría que sobre todo son de ausencia.

    Comentado por: escarola el 19/2/2008 a las 21:53

  • escarola
    las cartas de amor no tienen por qué suplir ninguna presencia
    yo a mi chica le escribo cada día notitas amorosas

    Comentado por: Nicolás el 19/2/2008 a las 21:33

  • ¿Quién escribirá hoy día cartas de amor? Las últimas que se me ocurren son las de Pedro Salinas a su amada (más que amante) Catherine Whitmore, la musa americana que le inspiró “La voz a ti debida”, sus poemas sobre la ausencia. Efectivamente: el amor prohibido, la ausencia, el secreto… cóctel único para idealizar al amado o a la amada. Excusa perfecta para que el poeta nos deje volúmenes de poesía y cartas de amor.

    Ms. Whitmore dejó evidencia de lo mucho que le molestaba esta idealización de su persona por el poeta. Con casi ‘irritación’ comenta que no se reconocía ni en las cartas ni en la poesía. Ella era otra muy distinta.

    http://tinyurl.com/28dwaq

    Comentado por: chiqui el 19/2/2008 a las 19:53

  • Las cartas de amor suplen una presencia, la de la persona o la palabra hablada. En una carta de amor se expresa lo que sólo puede decirse en voz baja, susurrarse en la intimidad del propio yo. De manera que siguiendo la tesis de Argullol una carta de amor será siempre en cierto modo una carta ensimismada en la que el amor reflexiona sobre sí mismo, mientras el otro permanece a distancia. Las cartas de amor también hacen eso construir una imagen idealizada del amado -y del propio amor- Hace no mucho encontré entre las páginas de un libro de la biblioteca una apasionada pero torpe carta de amor de un jovencito, dentro de un volumen de Historia de la literatura española dedicado al renacimiento. Puede que la verdadera justicia poética hubiera sido destruir esa carta a conciencia, pero fuí compasiva, y sólo la trasladé al tomo del Romanticismo.

    Comentado por: escarola el 19/2/2008 a las 16:20

  • Vaya, eso si no es una carta de amor, por lo menos es un telegrama. Bueno, si tienen algún telegrama o -si se estiran un poco- una carta de amor y no se atreven a enviarlo, mándenlo a La Bola rosa, donde las tragedias y penas de amor se convierten en risa y comedias. Hoy estoy en un plan que..

    Comentado por: escarola el 19/2/2008 a las 16:02

  • Querido Rafael,
    llevo varias noches soñando contigo...

    Comentado por: N. el 19/2/2008 a las 13:34

  • Delfín, ahora que sé que existes... Excelente enlace:"El amante que escribe una carta de amor está rodeado de una vanidad infinita. Centro de su propio universo, desea que el sentimiento amoroso, como un ciclo lunar, lo rodee de una manera precisa, pero que en momento alguno deje de lado la estela que él mismo ejerce."
    No sé por qué pero me parece que me quedo con lo de 'vanidad' en vez de 'exceso de amor propio'.

    Comentado por: chiqui el 19/2/2008 a las 13:04

  • Don Rafa, muy difícil lo pone: ¿sólo puede amar aquel que le sobra amor propio? Estamos en una época de carestía amorosa, de falta de confianza en uno mismo, de desesperanza en un futuro mejor. Ya ve...quién podría amar bajo esas condiciones? Hay alguien por ahí a quien le sobre amor incondicional? Claro, tendría que venir con "esa otra mitad de la frase que no tenemos" y encajar perfectamente con la frase inicial. Qué pasa si queremos amar y ni siquiera tenemos la primera mitad de la frase?...uf!

    Comentado por: chiqui el 19/2/2008 a las 12:57

  • Bendito aquél a quien le ha sido dirigida una dulce y anhelada carta de amor.

    Comentado por: javi el 19/2/2008 a las 10:10

  • Me he repetido. Es que estas ventanitas no dejan ver lo que se escribe al principio y ocurren errores como estos.

    Comentado por: escarola el 19/2/2008 a las 09:30

  • Sr. Argullol, yo es que en estos blogs ya me siento casi como en casa, así que disculpe el descaro, pero me lo ha puesto muy muy a(¿cómo se dice?):
    http://es.youtube.com/watch?v=F_5VTDclFvk

    Va más bien en la línea de "Las amistades peligrosas:

    http://es.youtube.com/watch?v=F_5VTDclFvk

    Y perdone el descaro.

    Comentado por: escarola el 19/2/2008 a las 09:28

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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