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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

miércoles, 20 de agosto de 2008

Blog de Rafael Argullol

El estigma

Rafael Argullol: El enemigo último es la muerte porque si no existiera podríamos reiniciar el intento cuantas veces quisiéramos.

Delfín Agudelo: Quizás debido a esta concepción del arte y su protesta por no tener ese tiempo extra en vida es que encontramos constantemente una incomprensión -a veces rechazo- frente a la idea del suicidio. Y en el caso de un artista, existiría una sensación de rabia por parte del lector/espectador que pensará en la privación de ese "extra de vida ajeno" que bien pudo haber dado más creaciones.
 
R. A.: Acabas de decir una cosa muy interesante: el arte es ese tiempo extra frente a la muerte con el que nos dotamos. Lo que subyace a cualquiera de las miles de definiciones que se han dado sobre el arte es que el hombre en algún momento determinado se dota de lo que hemos llamado arte para concederse un extra de tiempo frente a la radical falta de tiempo que es la muerte. Pero el suicidio es otra cosa. La incomprensión es doble: el suicidio en general y el artístico. El general implica una incomprensión que supongo que se ha estudiado muchas veces, vinculada a la propia moral cristiana y fundamentalmente a la moral católica, y de otras consciencias religiosas que de alguna manera marcó con fuego a los suicidas y al entorno familiar del suicida, que quedaban marcados. Tenía algo de estigma. En ese sentido, dentro de la propia mitología aún acrecentó más la negatividad del suicido, el hecho simbólico de que Judas el traidor se suicidaba. Ese sustrato mental cristiano se ha proyectado. Este hecho, por ejemplo, rompía muy claramente con la percepción del suicido en sociedades como la griega o la romana, que no eran solo más abiertas al suicidio, sino que muchas veces se le concedía una función noble. En Roma se instituyeron incluso rituales de suicido en que el amigo íntimo ayudaba al otro a suicidarse, muy lejos de considerarse un atentado contra el honor.
 
Aquí, en nuestra cultura, el suicidio ha tenido muy mala prensa, sobre todo en el área católica, y curiosamente la sigue teniendo en un momento en que se han desacralizado tantas herencias de la cultura católica. El suicidio sigue siendo un tema tabú. No solamente porque no se podían enterrar en campo santo es que todavía es un tabú. Hace unos meses me llamó la atención un titular de La Vanguardia que informaba del suicidio como primera causa de muerte entre las personas que tenían entre 20 y 55 años, lo que lo situaba en la primera causa de muerte, incluso por encima del cáncer y de enfermedades cardiopáticas. Y sin embargo no se habla jamás del suicidio.

 

[Publicado el 12/2/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: suicidio, tabú, artista]

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Comentarios (7)

  • Y sí, Chiqui, al final la muerte es lo que uno se cree o discurre mientras vive.
    Que después ni te enteras.
    Cristo también puede verse como un héroe griego.

    Comentado por: amalia el 13/2/2008 a las 05:33

  • Amalia, en ese caso también serían suicidas – y así se ve fuera del mundo musulmán – aquellos que se atan una bomba al cuerpo y con su muerte intentan llevarse con ellos a los que impiden el desarrollo y práctica de su religión en la tierra: los musulmanes fundamentalistas.
    Más que suicidas son mártires, a la antigua usanza cristiana. En el caso musulmán, el Coran, ofrece la salvación, y reunión con Alá… cientos de vírgenes, manjares y jardines a aquellos que mueren por la causa musulmana.
    El mismo ‘negocio’ que se les ofrecía a nuestros mártires y santos en tiempos de las cruzadas.
    ..................
    Sería interesante saber cuántos suicidas se arrepienten en el último segundo de vida! Creo que todos.

    Comentado por: chiqui el 12/2/2008 a las 21:22

  • Es que el cristianismo te promete la vida eterna después de la muerte y yo protesto: no quiero ser inmortal después de la muerte sino por no morirme nunca.
    Nunca aceptaron el suicidio porque es como renunciar un poco al monopolio de la muerte: "sea la voluntad de Dios".

    Un suicida más:
    Henry Roorda.
    También Roorda urdió el suicidio como una obra de arte. Se puso, por así decirlo, en sus manos. Tanto es así que fue escribiendo un librito titulado “Mi Suicidio” para provocar morbo en los lectores y saldar deudas con sus acreedores. Incluso estuvo tentado de dar una conferencia en la cual se anunciara su suicidio para el final, pero temió dejar una huella imborrable en el local de su amigo.
    Roorda era profesor de matemáticas en Lausana. Decía que la vida del común de los mortales era la aburrida vida de las hormigas: invertir la juventud en preparar la vejez. Él quería disfrutar de todos los caros placeres de la vida pero, ¡ay!, no podía, claro.
    Sus amigos se ofrecieron en mantenerle pero para él esa también era una vida de esclavitud y agradecimiento.
    “Mi suicidio será un título más atractivo, pues el público tiene una afición muy pronunciada por el melodrama.”. Al día siguiente de acabar este libro, se suicidó con una pistola. Se podría de decir que era un pesimista alegre.
    Tenía 55 años.

    Comentado por: hermann el 12/2/2008 a las 20:47

  • No sé, Drau Drau, es algo que siempre pensé.Por qué esa idea de dejarse matar,de aceptar ese destino, de reforzar la idea de que la muerte redime, de que la vida es un paso hacia algo mejor,y que para llegar a ese estadio mejor hay que morir?.
    En realidad nunca sabremos si esa fue su idea original,pero es la que se decantó como filosofía del cristianismo.

    Comentado por: amalia el 12/2/2008 a las 13:59

  • Amalia, no entiendo muy bien por qué lo dices. Podrías explicarte?

    Comentado por: draudrau el 12/2/2008 a las 12:37

  • Qué contradicción la del cristianismo al condenar el suicidio.
    No fue acaso Jesus mismo suicida?

    Comentado por: amalia el 12/2/2008 a las 12:30

  • Es que el suicidio también lleva implícita una derrota, un rendirse ante las circunstancias y una incapacidad para enfrentarse a ellas e intentar vencerlas, por más que el mismo suicida no lo quiera o no lo pueda ver así en ese preciso momento.

    Y la derrota, el fracaso, la caída, son los temas menos agradables del hombre.

    Me imagino que tiene que ver con nuestras conductas atávicas: nos hemos pasado cientos de miles de años en la caza de grandes animales. Regresar sin ninguna presa a la cueva después de haber dejado a tanta gente a la expectativa y haber hecho todo lo posible, es algo que tiene que habérsenos quedado genéticamente grabado.

    Por lo demás, la resignación ante la adversidad puede llegarse a aceptar si no va acompañada de emociones negativas.

    Alguien que puede reírse de su incapacidad para enfrentarse a los obstáculos, puede vivir más sanamente y más feliz.

    Tal vez, sería bueno analizar más profundamente la capacidad terápica de la risa en circunstancias altamente negativas.

    Todo esto dicho al vuelo, claro.

    http://hjorgev.wordpress.com/

    Comentado por: HjV el 12/2/2008 a las 11:57

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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