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Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Rafael Argullol

Galería de espectros: Aschenbach

Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he observado al de Aschenbach deambulando por Venecia.

Delfín Agudelo: Cuando pienso en Aschenbach, de La muerte en Venecia, no sé si pensar en él como un escritor o como un músico en íntima relación con Mahler.

R.A.: Yo mismo al pensar y al sentir el espectro de Gustav Von Aschenbach a veces lo imagino como escritor, tal como nos lo presenta Thomas Mann en la novela, y a veces lo imagino como músico, según la recreación que realiza Visconti en su película. Generalmente la traslación cinematográfica de una obra literaria es inferior; en cualquier caso, es parcial. Pero aquí nos encontramos con un ejemplo en el cual la retraducción visual es casi o tiene casi igual calidad que la propia novela. Creo que fue un acierto por parte de Visconti convertir al escritor Aschenbach en compositor, porque el lenguaje cinematográfico a la fuerza es menos introspectivo. Y en ese sentido, la combinación de visualidad y de música representó una combinación muy potente, en el que el gran tema de Thomas Mann de la lucha, contradicción o incompatibilidad entre arte y vida se pone de manifiesto a través de una música fascinante pero difícil, sobre todo para su época como fue la música de Gustav Mahler. En ese sentido la aspiración a la belleza, que en la película discurre a través de esa seducción por el adolescente Tadzio, nos conduce al gran problema de Thomas Mann, según el cual el artista necesariamente estaba condenado a verse atrapado en los abismos de la sensualidad y que, como tal, siempre acabaría rompiendo el equilibrio moral. En la novela hay mucha más introspección: el protagonista es un escritor, lo cual lleva consigo que se recurra muchísimo al monologo interior. Sin embargo, el tema evidentemente es el mismo: el de la lucha entre ese difícil equilibrio que intenta mantener el artista, un equilibrio que le convierta también en un héroe del conocimiento, de la sabiduría, pero finalmente el volcarse hacia un desequilibrio de las sensaciones y de las pasiones que en definitiva es el destino final de Aschenbach.
Hay una derrota y una victoria en ese destino. Es una derrota en cuanto a que se desintegra su estructura vital, y llega a la muerte, a la agonía de la muerte. Todo su deambular por Venecia es una especie de continua agonía. Su victoria es que al final de todo el proceso se libera el centro pasional e instintivo, tanto en el caso del escritor como en el del músico, y es capaz, en cierto modo, de acceder a una belleza libre que previamente, mientras intentaba detentar toda esta convención moral, se hacía completamente imposible. En ese sentido, es interesante el desenlace de Thomas Mann, el cual habla de la locura del artista, rememorando el Fedro de Platón; extraordinario es también el de Visconti, que plantea el declive y descomposición física de un hombre, con ese maquillaje que le va cayendo por la cara, como signo externo, barroco, muy presente de una agonía; y al final esa agonía, sin embargo, parece que vaya acompañada por ese sentimiento de liberación que le hace que por primera vez pueda hablarle cara a cara a la belleza que venía persiguiendo. Por tanto, el espectro de Aschenbach siempre tiene, creo, algo de patético, como un hombre que ha tenido enormes dificultades o enormes imposibilidades para hacer conciliar su propia vida y el arte. Tiene, al mismo tiempo, algo de muy impactante y muy cercano, en el sentido en que plantea ese choque entre la razón y el instinto, entre la moral y la sensualidad, entre la libertad y la norma, que en definitiva siempre está presente en el arte.

 

[Publicado el 11/2/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Gustav Von Aschenbach, Thomas Mann, Luchino Visconti, Muerte en Venecia, galería]

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Comentarios (13)

  • Tadzio es Tadzio, sin duda.
    El Fedro del diálogo homónimo de Platón tendrá unos cuarenta años en la fecha dramática del texto.

    Comentado por: Marta el 11/6/2008 a las 19:55

  • Definitivamente, ao meu ver, tanto como compositot ou escritor este maravilhoso personagem imprimiu em minh'alma, tanto no filme como no livro, uma das mais impactante impressões que a arte é capaz.Sofri muito, mas sofri como se esse artista, realemte tivesse existido, ou se existisse.Aí a força criadora do talento de Thomaz Mann que teve a coragem de criar, partindo do seu próprio espirito. Chorei pelo brilhantismo da criação e também por ver, a que tantas coisas maravilhoas que o homem pode criar antes de pensar no mal, na guerra, e m todos os vicios que degradam o homem. Foi um momento de pura inspiração onde se percebe, nitidamenre, a centelha divina. se existir.
    Obrigado pelo seu talento
    Fernando

    Comentado por: luiz fernando de lellis el 19/2/2008 a las 02:34

  • Es la historia de un sueño. Cuando uno va alcanzar el Olimpo aún a expensas de la moral (en los sueños la moral es de perfil bajo) el sueño se desvanece o uno se despierta. En este caso es la muerte quién interrumpe el desenlace, qué otra cosa. Digo todo esto como una metáfora, claro.

    Ahora bien, casualidad que recién he visto la película y creo que no alcanza a la narración de los hechos que da el libro. Así como el néctar de la enfermedad, en Mann, va desarrollándose paralelamente y magistralmente (ves aún el lomo del libro de Mann mezclado entre el resto y sigue despidiendo ese airé malsano y épico); en el filme la transición es más rápida y en algún punto, incoherente y a saltos, no es tan creíble por estar casi impuesta. Incluso lo del maquillaje deshaciéndose por el calor es un recurso para ensalzar el momento, pero no se entiende muy bien cómo llega a ese estado de decadencia, por muy abandonado al destino que estuviere.

    Aunque bien puede ser por exigencias de metraje, etc. Visconti deja demasiado al azar el hecho de que una imagen vale más que cien o mil palabras.

    No quiero alargarme más pero, poco antes de ver 'Muerte en Venecia' reveía 'Una jornada particular' de Ettore Scola. Magistral dirección y película, soberbios Sophía Loren y Marcello Mastroianni. Pues bien, me repetía una y otra vez cómo hubiera llevado ese personaje Mastroianni en vez de Dirk Bogarde (me gusta este actor). O si Scola hubiera llevado la dirección.

    Comentado por: Nom Snad el 13/2/2008 a las 17:26

  • Tonio Kröger...
    Detlev Spinell!

    ...

    Comentado por: esperando la trilogía espectral, si se animan el 12/2/2008 a las 00:50

  • ¡Hola a todos! una recomendación: el último libro de Lucia Etxebarria: "Lo que los hombres no saben" una recopilación de cuentos eróticos. ¡Promete!

    Comentado por: Beatriz el 11/2/2008 a las 23:31

  • Gracias Delfin. Interesante y efectivamente no había visto estos enlaces. Dejé un comentario en la sección de aforismos pero parece que no lo acepta bajo mi alias 'chiqui'

    Comentado por: chiqui el 11/2/2008 a las 23:14

  • Agua estancada, tiempo estancado, presagio de la muerte. Como contraste, en medio de la corrupción, brota la belleza solar de Tazio.( Perdonen que hable así, es mi semana del tabaco. Y no lo digo por el estanco.)

    Comentado por: escarola el 11/2/2008 a las 21:44

  • Tanto en la novela como en la película puede sentirse la enfermedad como una espesa nube flotando en el aire, la opresiva sensación de las aguas estancadas. Al igual que en la Montaña Mágica, la enfermedad se convierte en síntoma de decadencia, puro y apestoso perfume de Venecia. Dos especialista en mundos decadentes y ruinosos, dos estetas en busca de la pureza efébica: Mann y Visconti.

    Comentado por: escarola el 11/2/2008 a las 21:21

  • Gustav Von Aschenbach siente una especie de conmoción ante la muestra de la belleza misma: intacta, inocente, angélica.
    Es un hombre solitario que se ha pasado la vida pensando historias y ahora ve; enfermizo, decadente y lleno de melancolía; la belleza y la juventud pasar por delante de su vida que galopa en retirada. Siente los últimos estertores hacia la pulsión de la pasión, de la vida. Digo yo.

    Comentado por: hermann el 11/2/2008 a las 21:20

  • Buenas noches a todos,
    Nos alegra mucho que la nueva sección de "Galería de espectros" haya encontrado tantos lectores contentos.
    Desde hace poco hemos incluído la sección de "Enlaces", que encontrarán debajo de la "Bibliografía". Para todos aquellos que quizás no los han visto, los invitamos a visitarlos.
    Feliz noche,
    Delfín Agudelo

    Comentado por: Delfín Agudelo el 11/2/2008 a las 20:17

  • Pues, Amalia, hablando de ignorancia… bueno no que no supiera que existía la novela y la película, pero ni leí una ni vi la otra.
    Don Rafa (espero que no le moleste la abreviatura porque me encanta) como alguien que ha enseñado a adolescentes que no les atrae la lectura, se me ocurre que si se les diera ensayos parecidos a los suyos, o los suyos! se animarían a leer más. Hace tiempo que no leo por placer...Muerte en Venecia; no sé si leerla en inglés o en español...Me inclino al inglés. Gracias

    Comentado por: chiqui el 11/2/2008 a las 19:28

  • A mí me pasó algo curioso, fruto de la ignorancia.
    Esa película me pareció tan perfecta y genial, me gustó tanto,que siempre pensé que sólo podría ser la imagen visual correspondiente uno a uno con el libro.Hasta tal punto uní a ambos en mi imaginario,que nunca dudé de haber leído el libro.
    Recién hoy, gracias al espectro de Aschenbach,me entero de su existencia.

    Comentado por: amalia el 11/2/2008 a las 12:49

  • ¡Siento verdadero pánico cuando Aschenbach, sentado en esa mesa desde la cual puede ver a toda la familia polaca, y entre éstos a Tadzio, nota cómo se acerca ese bailarín carnavalesco, tocando algún instrumento y saltando como si fuera la pesadilla de un siglo pasado!

    Comentado por: draudrau el 11/2/2008 a las 12:24

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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