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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 5 de julio de 2008

Blog de Rafael Argullol

Últimas palabras

Rafael Argullol: Evidentemente no hay nada más último que lo último, no hay nada más aparentemente definitivo que la última obra.
Delfín Agudelo: Pensemos en la consciencia última de estar escribiendo una última carta: la nota del suicido.
R.A.: Hay algunas realmente sorprendentes. Quizás la más que conozco es la que escribió Stefan Zweig cuando se suicidó en Brasil, porque es una carta de suicidio que alude a un fin de una determinada cultura que él ya no puede soportar. No es suicidio por infelicidad personal extrema, como muchas veces se da, sino como declaración de que vive en un mundo imposible. Y eso lo hace Zweig que se suicida en Petrópolis, antigua ciudad imperial cerca de Río de Janeiro, en los años cuarenta. Ha escapado como judío al hitlerianismo pero ya está en Brasil, y allí ha sido muy bien acogido, tiene incluso un gran éxito entre los lectores, lleva una vida relativamente feliz, tiene un novia de la que está enamorado que se suicida con él. Pero a pesar de todo realiza una especie de testamento diciendo que él había crecido y vivido en un mundo que había desaparecido, y cree que no puede seguir viviendo en éste que ya no es el suyo. Es un texto bastante significativo acompañado de un testamento artístico de carácter civilizatorio. Más habitual es el que está implicado diríamos en lo que es la infelicidad personal, en el cual ha habido determinados poetas y artistas que han dejado una especie de último testimonio de su situación, de su infelicidad, de lo que esperaban del mundo y no se ha realizado.

[Publicado el 31/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Stefan Zweig, sucidio]

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Comentarios (7)

  • Me quedo pensando en la última oración de Zweig.
    A qué amanecer se adelanta a sus amigos, si está dispuesto a entrar en una noche eterna, sin amaneceres posibles.

    Comentado por: amalia el 01/2/2008 a las 07:45

  • Efectivamente Gabriel Ferrater, pobre calamar, se dejó tentar por lo inefable... (¿Conocen el poema titulado literatura? Es extraordinario.)

    Si hay material biográfico para escribir bastante, hay que hacerlo.

    Comentado por: A. el 31/1/2008 a las 22:47

  • "Me suicidé para hacer sufrir a quien me mató"
    (Declaraciones apócrifas de Silvia Plath)

    Comentado por: Raquel el 31/1/2008 a las 21:43

  • Desde hace mucho me interesa este tema del suicidio en los escritores. Con permiso colgaré aquí aquella primera entrada sobre el Suicidio y la Literatura que escribí hace ya un par de años o tres en un par de foros. Luego siguieron decenas más; no hubo remedio. Un saludo.

    "No sabría nada de Gabriel Ferrater si no hubiera leído una entrevista al escritor Justo Navarro con motivo de la publicación de su libro F. hace algunos años. El libro no me proporcionó lo que esperaba, pero descubrí una biografía interesante.Ferrater era un poeta catalán, traductor, crítico y comentarista literario. Amante y exitoso con las mujeres. Excelente conversador y bebedor; al final de su vida quizá demasiado. Amigo entre otros, de Gil de Biedma, de los hermanos Goytisolo y de Carlos Barral. Fue en su juventud irregular con sus estudios y a pesar de codearse con la intelectualidad excéntrica de su época, sentía cierta envidia hacia ese círculo, pues no dejaba de ser algo provinciano y sin recursos económicos.¿Y por qué os hablo de este poeta medio desconocido? Bueno, si teníais alguna duda sobre mi pensamiento inquietante, aquí se resolverá definitivamente.Me llamó la atención un hecho clave en su biografía: su muerte. El poeta nació en 1922 y se suicidó en 1972. ¿Y?, os preguntaréis. Bueno, lo sorprendente de su suicidio es que en 1957, les confesó a sus amigos más íntimos que no llegaría a cumplir los cincuenta años. Dijo que no quería nunca llegar a oler como un anciano. No quería crecer, envejecer, como una suerte de Peter Pan ya maduro. Ese acto, premeditado y esperado, conformó a su biografía de un término redondo; como una obra enteramente de ficción. Planificó su final como una novela.Os preguntaréis que vaya tema, pero de siempre me ha resultado interesante el vínculo entre escritura y suicidio. ¿Quién no ha pensado alguna vez en el suicidio? Herodoto, el padre de la historia, ya decía que no hay hombre en el mundo que no haya deseado más de una vez no despertar al día siguiente. Y añadía que lo mejor de la existencia es su brevedad, tan lamentada con frecuencia. En fin, eran otros tiempos. Creo recordar que hacia el 96 o 97, se hizo un simposio sobre la cuestión en Madrid y hablaron muchos entendidos entre psicólogos, médicos, escritores... Me llama muchísimo la atención que artistas que han dedicado su vida a crear vida –aun siendo de ficción- sean capaces de acabar con la suya. Os sorprendería saber la cantidad de ellos que existen.Me gusta pensar en el suicidio. No como un acto real en el que pudiera incurrir algún día, (a pesar de todo, amo la vida) sino como un acto humano de elección trascendental; sublime. Es como tener una puerta disponible para salir. Ya lo dijo una vez Albert Camus: que el problema filosófico más importante era si la vida merece la pena o no vivirla, y escribió el Mito de Sísifo para explicarse.Sabemos que en las reglas de la vida está implícita la pérdida, la renuncia. En algún momento de la vida las cosas empiezan a ir realmente mal. Sabemos que se van a ir allegados queridos sin los que no concebimos igual el mundo. Que pueden producirse desgracias irreparables, y aun así firmamos vivir hasta el final. Pero hay algunos que agarran el rábano por las hojas y cometen un acto que es el final; la última acción y voluntad en el mundo.Un libro apasionante sobre el tema es el de Al Alvarez: El Dios Salvaje. Hace un repaso histórico sobre el suicidio. Profundiza sobre escritores como Silvia Plath, Sexton, Pavese... y comenta otros estudios sobre ensayistas del tema como Durkheim, Jhon Donne....El libro contiene elementos fabulosos como el caso del escritor Robert Burton que se suicidó en una fecha determinada para cumplir con una predicción suya astronómica. O la de un distinguido profesor francés que después de realizar un tratado sobre lo mierdosa que era la vida, donó sus bienes y acabó con la suya. O William Cowper que decía que el suicidio ofrece la ventaja obvia de huir de las agotadoras responsabilidades cotidianas.Aquí escribimos, y alguien nos contesta o no; y seguimos con nuestros quehaceres y nuestra vida y nuestra rutina. Pero imaginémonos un escritor que consagra su vida a escribir y no encuentra un triste eco a sus letras. Escritores que apuestan su vida a crear y viven en perpetua impotencia. Y vive en la pobreza y amargura más extrema. Thomas Chatterton se envenenó por no poder ganarse la vida escribiendo. O Maiakovski, héroe de la Revolución Rusa, quien dejó una nota (no se lo recomiendo a nadie). O Tadeusz Borowski, quien se gaseó en su casa después de librarse en Auschwitz del Zyklon B. O. Al igual que Primo Levi, que se lanzó por el hueco de una escalera incapaz de olvidar el sufrimiento y la incomprensión humana después de su paso por los campos de concentración y de vagar en un tren por toda Europa después de ser liberado.El caso de Horacio Quiroga es de los más dramáticos, si cabe: se suicidó su padre, su padrasto, su esposa, su hijo, su hija, y sus grandes amigos Leopoldo Lugones y Alfonsina Storni.En fin, hay material biográfico para escribir bastante".

    Comentado por: hermann el 31/1/2008 a las 19:57

  • He ido a las cartas de Séneca a Lucilio:

    "¿Qué importa perder lo que se nos va escapando gota a gota? Morir más pronto o más tarde es cosa indiferente; lo importante es morir bien o mal. Y ¿qué es morir bien? Sustraerse al peligro de vivir mal."

    "La mejor razón para no quejarse de la vida es que ella no retiene al que la quiera dejar. Las cosas humanas están muy bien dispuestas: nadie es desgraciado más que por su culpa. ¿Te place la vida? Vive. ¿No te place?, pues eres dueño de volver al lugar de donde has venido."

    Hay algo que no acaba de cuadrar en todo eso. En esa "impaciencia" de Zweig. Pero no sé qué...

    Comentado por: A. el 31/1/2008 a las 14:57

  • Qué fuerte,A.
    Séneca escribía a Lucilio algo con el mismo sustrato acerca del suicidio.
    Qué difícil es imaginar en nuestro tiempo que no sea un factor depresivo personal lo que lleva a alguien a suicidarse.

    Comentado por: amalia el 31/1/2008 a las 12:05

  • He ido a buscar las últimas palabras de Zweig en la red. Son impresionantes :

    "El mundo de mi propia lengua ha desaparecido y Europa, mi patria espiritual, se destruye a sí misma.
    Pero después de los sesenta se requieren fuerzas especiales para empezar de nuevo. Y las mías están agotadas después de tantos años de andar sin patria. De esta manera considero lo mejor, concluir a tiempo y con integridad una vida, cuya mayor alegría era el trabajo espiritual, y cuyo más preciado bien en esta tierra era la libertad personal.

    Saludo a mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer después de esa larga noche. Yo, demasiado impaciente, me les adelanto.
    Stefan Zweig"

    Ufff

    Comentado por: A. el 31/1/2008 a las 10:47

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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