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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 4 de julio de 2008

Blog de Rafael Argullol

Fuego, hielo

Rafael Argullol: Sí es un acto de vanidad pero también puede ser un acto más dignificado: puede ser un acto de amor propio.
Delfín Agudelo: Para legitimar o forjar este amor propio, el autor tiene dos opciones: que su escritura esté destinada al cajón, o destinada al estante de librería. El libro que sale del cajón debe aspirar a algo: de hecho, el texto que se cree literario debe tener alguna aspiración.
R. A: Un texto tiene que aspirar a ser el resultado de una gran verdad y una gran mentira. ¿Por qué tiene que ser una gran verdad? Porque tiene que partir de una radical experiencia propia. ¿Por qué una gran mentira? Porque tiene que aspirar a ser una construcción artística, y por tanto artificiosa, lo más rigurosa posible. Por un lado la verdad quema; por otro lado el artificio y la mentira son gélidos. Por lo tanto, un texto literario tiene que aspirar a ser hirviente y gélido al mismo tiempo, gran verdad y gran mentira. Y eso, donde se ve estupendamente, es en la literatura que ha tenido o quiere tener vocación directamente confesional o autobiográfica. Ahí vemos que el registro, el espectro es muy amplio. Un texto confesional, literario, que se queda en la gran verdad y en el fuego, es generalmente como un vómito que irá a parar a la papelera o al cajón, que no llega a publicarse. Saco las tripas, las entrañas de dentro, pero no las complemento con ninguna construcción distante, enfriadora, artificiosa. Esto es lo que podríamos llamar desde el punto de vista literario "Literatura Autobiográfica Suicida": desaparecerá, a pesar de ser una magnífica confesión. En la medida en que vas enfriando ese fuego, que vas añadiendo artificio a esa verdad, llegarás a construcciones que son cada vez más precisas. Hay escritos supuestamente confesionales que creo que han pasado por tantos filtros de construcción artificiosa, artística, que la verdad primera queda extremadamente reelaborada. Lo ideal, evidentemente, es el equilibrio entre la gran verdad y la gran mentira, entre ese fuego y ese hielo.

[Publicado el 07/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: escritura, creación, autor, cajón, artificio, verdad, mentira]

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Comentarios (19)

  • Bueno A., supongo que somos otros dos divididos por las muchas connotaciones que Flaubert nos dejo, como literato, como obra y como la persona famosa que es para todos.
    Has leido "El loro de Flaubert", si no recuerdo mal de JUlian Barnes? Es un bonito libro en el que, a traves de la minuciosa investigacion que el autor hace de Flaubert, de los espacios que habitó, de su obra, etc... uno entra fuertemente en los detalles que creo que hicieron de su vida una cosa muy especial, y no tan mediatizada por las neurosis ( innegables ) y los escepticismos como creemos. ( sino mediatizada sobretodo por un intelecto muy muy particular, que se vislumbra en su muy muy particular imaginacion )
    Pero no te puedo negar que la actitud ermitaña siempre huele mal, a reticencia desconsiderada, a miedillo.
    Pero te hare participe de una experiencia personal:
    Durante las manifestaciones que tuvieron lugar en barcelona hara unos 4 años, en una de esas cumbres del g6, 7, 8 o lo que sea ( o era una cumbre europea? ) recuerdo haber pensado mucho en la "Educacion sentimental". Sabes lo que es una manifestacion, una grande y violenta: Los sentidos a tope, gozando del caos que se apodera de una ciudad que nos es familiar y de ese comportamiento tan estupido y estimulante de las masas!
    Bueno, no paré de recordar esas escenas de "La Educacion..." en que Frederic pasea por la revolución del, 48?, creo que si. Flaubert seguro qu vivio ese caos y esa sensacion tan especial. Una pura vivencia.
    Pero todo esto me recuerda a eso que dijo Camus de que la gente confundia su temperamento personal con el de sus novelas, y que el habia metido en unos cuantos libros toda su "oscuridad", y despues se habia sentido aliviado y de alguna forma habia empezado a vivr.
    Quiza Flaubert vivio antes de encerrarse y despues sustituio vida por literatura.
    Sin duda a esa amargura le debemos lo que ambos admiramos. Sera el lado oscuro del destino del escritor que decia borges. Pero ese oscuro destino tambien es una vida!!!!!!!!

    Comentado por: comtemuffat el 09/1/2008 a las 01:09

  • El minotauro mirando más allá del laberinto. Antes de leer (releer, en realidad) el cuento imaginé que miraba el exterior con nostalgia. Ahora creo que esperaba la llegada de su “redentor”, de Teseo. O al menos que eso imaginó Borges sobre la figura de ese cuadro. Ese laberinto, tratándose de Borges recuerda a una biblioteca borrada, una vida imposible de leer, pero por entonces, Borges no debía estar aún ciego. Será literatura profética.

    Comentado por: escarola el 08/1/2008 a las 13:19

  • Escarola, Borges escribió La casa de Asterión después de ver el Minotauro de George F. Watts.Cuando vi la pintura fui Pierre Menard (otro cuento) y escribí lo mismo, lo único.
    Fíjate si tienes ganas.

    Comentado por: amalia el 08/1/2008 a las 11:08

  • Pero reconozco que debo leer más y mejor a Borges.

    Comentado por: escarola el 08/1/2008 a las 10:47

  • No idolatrar a Borges es siempre una herejía, pero no hacerlo frente a una argentina, una temeridad. Necesito hacer memoria, pues lo leí hace tiempo, y creo que me gustaron algunos de sus cuentos, vamos, que los encontré inteligentes, agudos, pero no emocionantes. Habla de sentimientos, recuerdo un relato sobre un arquitecto enamorado y loco, pero me parece que los esteriliza de tal manera convirtiéndolos en abstracciones, que sólo permite ahondar en ellos a través de la distancia . No siempre busco la emoción en literatura, a veces me apetece disfrutar de una mirada fríamente lúcida, pero mis entusiasmos se producen cuando existe una confluencia entre las emociones y las iluminaciones. Y por eso en definitiva Borges me puede gustar pero no me produce ni frío ni calor, nada de emociones extremas. Y con estas en literatura hay que tener cuidado, sí, porque tanto pueden conducir a la novela rosa como a las memorias de ultratumba de Chateaubriand.

    Comentado por: escarola el 08/1/2008 a las 09:54

  • También es cuestión de cada lector.Yo leo en Borges una mezcla indiferenciable de sentimientos y pensamientos.

    Comentado por: amalia el 08/1/2008 a las 00:06

  • La perfección -creo yo- sólo se soporta en dosis pequeñas, es como un perfume concentrado, una esencia.

    Comentado por: escarola el 07/1/2008 a las 23:55

  • Les dejo una poesía de Miguel d?Ors

    De misterio
    ¿Quién soy
    Ese intervalo de misterio
    entre la rosa ardiente que corto para tí
    y la rosa sombría que mi mano te tiende.

    Comentado por: escarola el 07/1/2008 a las 23:44

  • El desaliño, el descuido indumentario parecen revelar a veces sinceridad y pasión aún latiendo en las palabras, mientras que en la forma perfecta y elaborada, contenida, sospechamos el sacrificio del fondo. ¿Pero de qué clase de sinceridad se trata? No de la que se ajusta a la historia, a la efectividad de los hechos, sino la que atañe a la realidad oculta de las cosas. De ahí la fuerza con que nos sobrecogen ciertos escritos confesionales, genial aunque imperfectamente escritos.

    Comentado por: escarola el 07/1/2008 a las 23:32

  • ¡Ah no, no, no, Conte Muffat! ¡Insisto! Con Dostoievski tal vez me equivoco, pero con Flaubert no. Era un neurótico de ... Me parece genial, lo encuentro fantástico. Pero sin duda la vida debía asustarle lo suficiente como para esconderse en su madriguera de Croisset, de los embates de la Louise Colet, que a punto estuvo de endosarle un hijo.

    ¡Por otro lado, qué coño importa el déficit de vida si el superávit literario alcanza cotas tan altas!
    Pero, en fin, hay que reconocer que la vida existe.

    Comentado por: A. el 07/1/2008 a las 23:02

  • No siempre sere tan largo!

    Comentado por: comtemuffat el 07/1/2008 a las 22:37

  • Me subo al carro del blog incitado por Bai juyi, y despues de repasar varios comentarios, pienso que ya ire agarrando el hilo. Como presentacion solo dire que no os preocupeis por mis problemas de ortografia. Son imposibles de resolver.
    Para empezar, me llama mucho la atencion alguno de los comentarios de dias anteriores sobre el deficit i superhabit de vida en algunos escritores ( en especial uno de A.). A riesgo de que ya se haya comentado algo parecido dire: Me parece erroneo identificar una biografia aventurera con una literatura y hasta con un temperamento vitales, o vitalistas. Creo que por poco que se entre en la correspondencia de Flaubert (poco soy yo ) se advierte una vitalidad enorme en su persona, una fuerza vital demoledora. Que se encerrara para vivir y escribir no puede negar algo que su obra confirma constantemente: Era un sensual incorregible. Creo que disfrutaria toqueteando el botin de una señora lo que melville en una travesia entera. Pero no solo de sensualidad vive la vida: Dostoievsky: Su vitalidad es tan enorme que su obra se hace pesada por momentos, porque no somos ni la mitad de vitales, ni viviremos en años lo que el parecia vivir en una cena. Por no hablar de lo que viviria escribiendo. Lo de Nietzche, mas que superhabit, me parece sobredosis.
    Ante lo poco que he leido de los tres siempre tengo la misma sensacion: Que irreparablemente vivo y vivire menos que ellos.
    Ademas, creo que debajo de lo que llamamos nihilismo late muchas veces una vision de la vida feroz, cruda, intensa, y que para el lector esa fuerza subyacente puede ser más alentadora que deprimente la demolicion de ciertos valores, los que muy simplistamente creemos que dan sentido a nuestra existencia. ( y me refiero a los que implicitamente se destruyen, no a los "institucionales", y fundamentalmente a uno, quiza: el de la felicidad. ).
    Bueno, empiezo a contrapie: Iré leyendo mejor y contestando lo que toca.
    ( Avanzadilla: LA dicotomia hielo-fuego tiene solucion: leer biografias! ( no autos) a una buena mentira nada mejor que añadirle una buena confusion. )

    Comentado por: comtemuffat el 07/1/2008 a las 22:35

  • El comentario de escarola me induce a disentir, por una vez, de las palabras del profesor Argullol. Sí, la literatura como arte requiere un enfriamiento artificioso de lo confesional. Pero existe una literatura que es muy elevada (¡Dios mío, iba a decir sublime!) y que no es propiamente artística. Existen tratados filosóficos, ensayos, memorias y diarios íntimos que no sé si pueden tomarse como arte, pero que en tanto que textos (literarios en un sentido amplio del término) ostenan una riqueza de formas y significados que no tiene nada que envidiar ni a la narrativa ni a la poesía. Pensemos, por ejemplo, en la Autobiografía de Bertrand Russell, en la Biblia, en el "Borges oral" y en sus prólogos, en los ensayos de Montaigne, en el Fedón... Creo que esto puede explicar lo que dice escarola sobre los diarios de Cheever.

    Comentado por: Bai Juyi el 07/1/2008 a las 21:46

  • A Borges se le quiere o se le odia...y puede ocurrir todo ello en la misma persona, según lo que se lea de él.

    Comentado por: chiqui el 07/1/2008 a las 18:55

  • Don Rafael.Lo acabo de descubrir como escritor…Tendré que leer algo más que los blogs, pero en su escritura no veo artificio (el fuego lo lleva dentro y debe tener en casa un buen congelador…o viceversa!).
    Lo que entiendo es que es más difícil escribir llana y directamente que de una forma artificiosa... como ocurre con Bécquer, el estilo que parece brotar de una fuente, pero ha pasado por varios tamices de distinta densidad e intensidad.
    Como Pessoa (A.) y Ribeyro implican (Hermann)
    Como en el teatro...que la tramoya no se vea ni se oiga

    Comentado por: chiqui el 07/1/2008 a las 18:51

  • Amalia, hoy ni esperaba post nuevos: en buena parte de España es fiesta (traslado de la festividad de los reyes al lunes). Hoy las calles tienen el colorido de una pizarra emborronada, es un día muy melancólico, de transición. ¿Es San Agustín un precedente de Borges? Desconozco sobre todo al primero, no he leído sus Confesiones.Y Borges no termina de entusiasmarme debido precisamente a su geométrica frialdad. A veces la materia hirviente, recién sacada de la matanza, se convierte en arte de lo más alimenticio, estoy pensando en los tremendos diarios de Cheever. No he leído nada que me haya tenido más en ascuas.Y si eso no es literatura no sé qué puede serlo. Ahora estoy leyendo El Mundo de Millás, resulta extraño y emocionante el desnudo biográfico de un autor que siempre ha mantenido su yo a tanta distancia.

    Comentado por: escarola el 07/1/2008 a las 14:24

  • Sí, sí. "El poeta es un fingidor / finge tan completamente / que finge sentir dolor / del dolor que en verdad siente". Pessoa

    Comentado por: A. el 07/1/2008 a las 11:53

  • Lo simple y ordenado hace trabajar a la imaginación; lo artificioso, la fatiga. Para explicarlo mejor que yo, J. R. Ribeyro:
    "El arte del relato: sensibilidad para percibir las significaciones de las cosas. Si digo: “El hombre del bar era un tipo calvo”, hago una observación pueril. Pero puedo también decir: “Todas las calvicies son desgraciadas, pero hay calvicies que inspiran una profunda lástima. Son las calvicies obtenidas sin gloria, fruto de la rutina y no del placer, como la del hombre que bebía ayer cerveza en el violín gitano. Al verlo, yo me decía: “¡En qué dependencia pública habrá perdido este cristiano sus cabellos!”. Sin embargo, quizás en la primera fórmula resida el arte de narrar."

    Comentado por: hermann el 07/1/2008 a las 10:09

  • >La casa de Asterión... ahí me has desarmado, no lo sé, tiene mucho truco (Borges sabía tanto y era tan hábil) y a la vez es tan honesto, tan hondo. >
    Escarola, en el texto de hoy tienes a Borges pintado...

    Comentado por: amalia el 07/1/2008 a las 09:53

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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