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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 16 de diciembre de 2017

 Blog de Rafael Argullol

Vida sin cultura

Quizá lleguemos a ver cómo será la vida sin cultura. De momento ya tenemos indicios de lo que está siendo, paulatinamente, un mundo que ha optado, al parecer, por desembarazarse de la cultura de la palabra pese a poseer índices de alfabetización escolar sin precedentes. Hace poco un editor me comentaba que el problema -o, más bien, el síntoma- no eran los bajos niveles de venta de libros sino la drástica disminución del hábito de la lectura. Si el problema fuera de ventas, decía, con esperar a la recuperación económica sería suficiente; sin embargo, la caída de la lectura, al adquirir continuidad estructural, se convierte en un fenómeno epocal que necesariamente marcará el futuro. El preocupado editor -un buen editor, de buena literatura- añadía que, además, la inmensa mayoría de los libros que se leen son de pésima calidad, desde best sellers prefabricados que avergonzarían a los grandes autores de best sellers tradicionales hasta panfletos de autoayuda que sacarían los colores a los curanderos espirituales de antaño.

De querer preocupar todavía más al editor, y a los que piensan como él, se podría analizar detenidamente la última encuesta sobre la lectura que hace unas semanas apareció en los medios de comunicación. No sólo un tanto por ciento muy elevado de la población jamás leía un libro sino que se vanagloriaba de tal circunstancia. Para muchos de nuestros contemporáneos la lectura se ha hecho agresivamente superflua e incluso experimentan una cierta incomodidad al ser preguntados al respecto. Dicen no tener tiempo para leer, o que prefieren dedicar su tiempo a otras cosas más útiles y divertidas. Nos encontramos, por tanto, ante una bastante generalizada falta de prestigio social de la lectura que probablemente oculte una incapacidad real para leer. Dicho de otro modo: el acto de leer se ha transformado en un acto altamente dificultoso y, para muchos, imposible. Me refiero, claro está, a leer un texto que vaya más allá de la instrucción de manual, del mensaje breve o del titular de noticia. Me refiero a leer un texto de una cierta complejidad mental que requiera un cierto uso de la memoria y que exija una cierta duración temporal para ir eligiendo en libertad, y en soledad, los distintos caminos ofrecidos por las sucesivas encrucijadas argumentales.

El pseudolector actual rehúye las cinco condiciones mínimas inherentes al acto de leer: complejidad, memoria, lentitud, libertad y soledad. Él abomina de lo complejo como algo insoportablemente pesado; desprecia la memoria, para la que ya tenemos nuestras máquinas; no tiene tiempo que perder en vericuetos textuales; no se atreve a elegir libremente en la soledad que, de modo implacable, exige la lectura. En definitiva, nuestro pseudolector actual ha sido alfabetizado en la escuela y, en muchos casos, ha acudido a la universidad, pero no está en condiciones de confrontarse con el legado histórico de la cultura humanista e ilustrada construido a lo largo de más de dos milenios. Este pseudolector -en el que se identifica a la mayoría de nuestros contemporáneos- no puede leer un solo libro verdaderamente significativo de lo que hemos llamado, durante siglos, "cultura".

Quien escuche una opinión semejante rápidamente alegará que hemos sustituido la cultura de la palabra por la cultura de la imagen, el argumento favorito cuando se conversa de estas cuestiones. De ser así, habríamos sustituido la centralidad del acto de leer por la del acto de mirar. Surgen, como es lógico, las nuevas tecnologías, extraordinarias productoras de imágenes, e incluso las vastas muchedumbres que el turismo masivo ha dirigido hacia las salas de los museos de todo el mundo. Esto probaría que el hombre actual, reacio al valor de la palabra, confía su conocimiento al poder de la imagen. Esto es indudable, pero, ¿cuál es la calidad de su mirada? ¿Mira auténticamente? A este respecto, puede hacerse un experimento interesante en los museos a los que se accede con móviles y cámaras fotográficas, que son casi todos por la presión del denominado turismo cultural.

Les propongo tres ejemplos de obras maestras sometidas al asedio de dicho turismo: La Gioconda en el Museo del Louvre, El nacimiento de Venus en los Uffizi y La Pietà en la Basílica de San Pedro. No intenten acercarse a las obras con detenimiento porque eso es imposible; apóstense, más bien, a un lado y miren a los que tendrían que mirar. La conclusión es fácil: en su mayoría no miran porque únicamente tienen tiempo de observar, unos segundos, a través de su cámara: de posar para hacerse un selfie. Capturadas las imágenes, los ajetreados cazadores vuelven en tropel a la comitiva que desfila por las galerías. ¿Alguien tiene tiempo de pensar en la ambigua ironía de Leonardo, o en la sensualidad de Botticelli, o en el sereno dramatismo de Miguel Ángel? Es más: ¿alguien piensa que tiene que pensar en tales cosas?

Paradójicamente, nuestra célebre cultura de la imagen alberga una mirada de baja calidad en la que la velocidad del consumo parece proporcionalmente inverso a la captación del sentido. El experimento en los museos, aun con su componente paródico, ilustra bien la orientación presente del acto de mirar: un acto masivo, permanente, que atraviesa fronteras e intimidades, pero, simultáneamente, un acto superficial, amnésico, que apenas proporciona significado al que mira, si este niega las propiedades que exigiría una mirada profunda y que, de alguna manera, se identifican con los que requiere el acto de leer: complejidad, memoria, lentitud, libre elección desde la libertad. Frente a estas propiedades la mirada idolátrica es un vertiginoso consumo de imágenes que se devoran entre sí. Al adicto a esta mirada, al ciego mirón, le ocurre lo que al pseudolector: tampoco está en condiciones de confrontarse con las imágenes creadas a lo largo de milenios, desde una pintura renacentista a una secuencia de Orson Welles: las mira pero no las ve.

De ser cierto esto, la cultura de la imagen no ha sustituido a la cultura de la palabra sino que ambas culturas han quedado aparentemente invalidadas, a los ojos y oídos de muchos, al mismo tiempo. El pseudolector, que ha aceptado que a su alrededor se desvanezcan las palabras, marcha al unísono con el pseudoespectador, que naufraga, satisfecho, en el océano de las imágenes. La casi desaparición del acto de leer y, pese a la abundante materia prima visual, el empobrecimiento del acto de mirar llevan consigo una creciente dificultad para la interrogación. En nuestro escenario actual el espectáculo tiene una apariencia impactante pero las voces que escuchamos son escasamente interrogativas. Y con bastante justificación puede identificarse el oscurecimiento actual de la cultura humanista e ilustrada con nuestra triple incapacidad para leer, mirar e interrogar. Cuando en la última reforma educativa se defiende enfáticamente que la lógica filosófica va a ser sustituida, en la enseñanza escolar, por la "lógica del emprendedor" no hace sino sancionarse el fin de una determinada manera de entender el acceso al conocimiento. Aunque ni siquiera quien ha acuñado esta frase sabe qué diablos significa la "lógica del emprendedor", aquella sustitución es perfectamente representativa del modo de pensar dominante en la actualidad.

El mundo político se ha adaptado sin titubeos al nuevo decorado, expulsando de su retórica cualquier conexión cultural. Esto habría sido imposible en los últimos tres siglos. Pero el mundo político, el que más crudamente expresa las oscilaciones de la oferta y la demanda, no es sino la superficie especular en la que se contemplan los otros mundos, más o menos distorsionadamente. La expulsión de la cultura -o de una determinada cultura: la de la palabra, la de la mirada, la de la interrogación- es un proceso colectivo que afecta a todos los ámbitos, desde los medios de comunicación hasta, paradójicamente, las mismas universidades. No obstante, en ninguno de ellos es tan determinante como en el de los propios ciudadanos, que han dejado de relacionar su libertad con aquella búsqueda de la verdad, el bien y la belleza que caracterizaba la libertad humanista e ilustrada. La utilidad, la apariencia y la posesión parecen, hoy, valores más sólidos en la supuesta conquista de la felicidad.

Y puede que sea cierto. Igual la vida sin cultura es mucho más feliz. O puede que no: puede que la vida sin cultura no sea ni siquiera vida sino un pobre simulacro, un juego que sea aburrido jugar.

Artículo publicado en El País.

[Publicado el 06/3/2015 a las 18:55]

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Comentarios (11)

  • Sin lugar a duda una vida sin cultura es parecido a una vida sin tener ni conocer el amor a Dios Padre, vacía, sin sabor ni interés por nada, en nuestros tiempos quizás exista la venta de libros, pero pareciera que no buscan por el romanticismo o la ciencia sino por literatura relacionada con la violencia, drogas y sexo barato.
    Si los políticos buscaran un poco más por literatura con sabor rico se podría transmitir esa sensación de querer probar también la felicidad, descansar leyendo Danielle Steel, quizás el mundo funcionara de distinta manera, una vida sin cultura es un hermoso tema a desarrollar y de entender que de pronto entra impotencia por querer ayudar a muchas personas a salir adelante, pero en realidad está fuera de nuestro alcance.
    Ahora el mundo es de la tecnología, hay poca comunicación familiar y más internet, los libros son tan importantes como las palabras de mi antiguo profesor de documentación “tanto sabes tanto vales”

    Patricia Regalado Febrero 4, 2016 .

    Comentado por: Patricia Regalado el 05/2/2016 a las 06:15

  • Al realizar la lectura, pude realizar una comparación sobre mi línea del tiempo a la actualidad ya que sino mal recuerdo mis estudios no me exigían actividades lectoras, solo era memorístico, y pienso que por tal motivo no cuento con esta cultura de lectura y peor aún como se manifiesta con la reforma educativa. Otro punto importante es la tecnología, consiente estoy de que es de muy valioso apoyo educativo, pero hoy en día no lo tomamos con conciencia sino como entretenimiento y huimos de cualquier esfuerzo que implique conocimiento.
    Por eso es de gran importancia retomar la cultura de la lectura y de escritura, ya que es cierto que aquello que no se escribe jamás se aprende.
    Empezar una sociedad de cultura con nuestros bebes rica en valores y cultura, ya que nosotros como padres somos los que damos los primeros ejemplos y fomentar desde el hogar la lectura.
    Interesante artículo.
    Saludos y felicitaciones.

    Comentado por: Maira Belen Maya Martínez el 30/4/2015 a las 21:21

  • A leer esto veo el triste reflejo de nuestra sociedad que se va consumiendo poco a poco en la apatíaabsoluta que se nos esta haciendo costumbre de no querer saber mas allá de un simple mensaje de texto, noticias frivolas que no nos aportan nada. Debemos de hacer un cambio por nuestro propio bien dejarnos de excusas absurdas y comenzar a explorar, a aventurarnos a desafiarnos con algo que además de ser interesante puede llevarnos a replantearnos como se esta direccionando nuestra sociedad.

    Comentado por: Lucero Vera Iturriaga el 28/4/2015 a las 04:26

  • Concuerdo mucho con las ideas del autor, actualmente vivimos en una sociedad donde abundan los pseudolectores y los pseudoespectadores, ambas posturas muy interesantes, sin embargo me enfocare a explicar mi opinión en el ámbito de la lectura.
    Surge actualmente la duda ¿Cómo motivar a las nuevas generaciones el gusto a la lectura?
    Sin duda no podemos obligarlos, por eso las lecturas que son “tarea” se vuelven extremadamente tediosas, aburridas, largas, pesadas y hasta nos dan sueño. Entonces, ¿cómo le hacemos para que les guste leer? Muy sencillo, que lean lo que les gusta, sobre cualquier temática, aventura, ficción, misterio, terror, comedia, tragedia, novelas, etc. Lo importante es conocer ¿Cuáles son tus gustos? Una vez que los encuentres, todas las lecturas que hagas sobre los temas que te llaman la atención los disfrutaras, aprenderás de ellos, te meterás en el papel, te sentirás parte de la historia, esa es la magia de los libros.
    Yo recomiendo leer a los clásicos. ¿Cuáles son esos? Según el ensayo, ¿Por qué leer a los clásicos? De Calvino dice que los clásicos son esos libros que no escuchas a alguien decir “estoy leyendo a…” sino que los escuchas decir “estoy releyendo a…”
    Los clásicos son esos libros que se han quedado en la memoria colectiva, que forman parte de la cultura general, esos que trascendieron el tiempo y el espacio y que siguen siendo disfrutados por cada generación, por cada nuevo lector.
    Sin duda alguna, cada persona tendrá una lista de “sus” clásicos. Son esos libros que nos permiten maravillarnos, emocionarnos, que nos permiten conocer muchos lugares y personajes fantásticos.
    A través de los libros podemos conocer el Infierno acompañando a Dante en su búsqueda de Beatriz; podemos navegar los mares a bordo del Pequod con el obstinado capitán Ahab, siguiendo a la ballena blanca; podemos recorrer el fondo del mar en el Nautilus junto al capitán Nemo; podemos conocer al Conde Drácula, leyendo a Bram Stoker; a Frankenstein, con Mary Shelley; los cuentos de Dickens; conocer las hazañas de Ulises en la Odisea; presenciar las grandes batallas de la humanidad. En fin, miles de libros que podríamos leer y aun así nos faltarían millones más.
    Leer a los grandes autores, semeja pararnos sobre los hombros de gigantes, pues una vez ahí, tendremos un mayor panorama del mundo, tendremos una visión más clara sobre nuestro entorno.
    Y ante esto surge otra duda, ¿Por qué leer a los clásicos en lugar de leer libros que nos ayuden a entender el entorno social, cultural, económico, político en el que vivimos? Porque leer a los clásicos, es mejor que no leerlos, decía Tarkovsky “El arte nos prepara para la muerte” ¿De qué manera? Nos prepara para muerte, porque nos hace disfrutar de la vida, nos hace que viajemos a más lugares de los que podemos visitar físicamente.
    Mientras le preparaban la cicuta, Sócrates aprendía un aria para flauta, “¿De qué te va a servir?”, le preguntaron. “Para saberla antes de morir”.

    Comentado por: Luis Miguel López García el 18/4/2015 a las 04:48

  • Concuerdo mucho con las ideas que desarrolla.
    Nuestra sociedad se ve caracterizada por una indiferencia hacia la cultura. Se lee sólo lo que no es complicado; lo que se mira no se observa ni se entiende, se mira sólo por entretenimiento; pareciera que toda actividad hoy en día lo único que busca es distracción. Sí, eso. La mayoría de las personas buscan simplemente entretenerse con algo, y vierten una atención fantasma en una televisión o espectáculo, quizá tan sólo para no pensar en sus propios problemas, y desviarse así de la realidad.

    Y es cierto también que carecemos de espíritu de interrogación. Rara vez nos preguntamos quiénes somos, qué es la vida, cuál es nuestro destino, qué amamos u odiamos y por qué, qué nos parece bello y verdadero.

    Gracias por su artículo, seguiré sus escritos.

    Vanessa Michelle López

    Comentado por: Vanessa Michelle López el 18/4/2015 a las 03:00

  • Nuestra realidad es triste. La tecnologia ha ido absorbiendo la mente de nuestros jóvenes.Sus lecturas se concretan en chats,la gran mayoria de las veces. Tener tan accesible la información por medio de un telefono inteligente, los aleja de cualquier esfuerzo que implique mas trabajo.
    Coincido que las reformas politicas a educación, no ayudan. generalmente estan elaboradas por personas ajenas la educación.
    Y politicamente esto conviene a un gobierno que prefiere a su poblacion esclavizada, fuera de todo bien, verdad y belleza.
    Que hacer? desde mi punto de vista, a un problema tan complejo, es seguir leyendo,asistir a eventos culturales. Que sean las acciones las que hablan.
    Teresa Jaime Hernández.

    Comentado por: Teresa Jaime Hernandez el 17/4/2015 a las 21:55

  • ...Puede que la vida sin cultura no sea ni siquiera vida sino un pobre simulacro, un juego que sea aburrido jugar.

    Este frase me además de agradarme mucho me puso a reflexionar bastante acerca de lo que comenta en su articulo, es muy interesante pero al mismo tiempo decepcionante darnos cuenta que la "vida sin cultura" es cada vez una realidad mas tangible no solo en las sociedades latinoamericanas sino en las sociedades y en el mundo en general. Al mismo tiempo me atrevo a decir que es un tema bastante interesante ya que es un campo de estudio muy amplio el profundizar e investigar debido a que se debe este cambio en los países y si es en realidad un cambio social o si es ya un problema latente,que mas bien, siempre ha estado presente pero en esta época actual con mucho mas impacto y presencia para un mundo tan globalizado y que al contrario de lo que podamos pensar esta cada vez mas sumido en medios electrónicos que no van mas allá de noticias de menos de sesenta palabras que en realidad sabemos de antemano ESO NO ES LECTURA.

    No estoy en desacuerdo con medios electrónicos como lo son este tipos de interacciones, pero creo si creo que hay una tremenda confusión entre lo que es "LEER" Y "MIRAR" un libro, un articulo, una noticia, etc.
    Definitivamente el problema actual es sin lugar a dudas "LA INCAPACIDAD PARA LEER" que poseemos la mayoría de las personas que no estamos acostumbrados a terminar nunca lo que empezamos ya sea por la falta de vocabulario, la falta de compresión para temas específicos y de mas, como comenta el autor no es una costumbre por que no es parte de nuestra cultura.

    Al romper las barreras que nos hacen pensar en los mitos de la LECTURA podremos encontrar mucha mas afinidad por temas que partan desde la EDUCACION hasta la IMPORTANCIA del acervo cultural.

    Comentado por: Laura Raquel Lozano Meneses el 16/4/2015 a las 06:55

  • El existir del ser humano hoy en día guiado por un consumismo extremo donde los intereses personales son encaminados a las posesiones materiales y posiciones sociales, no nos permiten ver más allá de nosotros mismos, y menos nos permiten tomarnos tiempo para ser lectores interesados en la historia y en las diferentes maneras de relatar la misma en cada uno de sus escritores. El día de hoy nuestra niñez está encaminada a los medios electrónicos, donde, si existen dudas sobre temas específicos simplemente se teclean en un buscador y un mundo de textos aparece frente a ellos en la pantalla con marcadores luminosos sobre las palabras escritas en el buscador.
    El mundo de fantasía que antes se podía crear en las mentes juveniles a base de escuchar el relato de los cuentos, el día de hoy se ve reemplazado por imágenes llenas de movimiento y color que cautivan las miradas de asombro en los niños, así mismo la falta de tiempo y de interés por parte de los padres para fomentar el habito de la lectura en los pequeños sigue marcando de por vida a las nuevas generaciones quienes hoy en día prefieren un millar de imágenes vacías a perder tiempo (como ellos lo llaman) leyendo un texto.
    La cultura se aprende desde la casa y se moldea en las escuelas a través de los maestros quienes son guía y dirección de las nuevas generaciones, sin embargo el compromiso que se debe de tener por una humanidad culta es de todos y se debes de fomentar desde casa la lectura.

    Comentado por: Néstor Byron Suárez el 16/4/2015 a las 05:28

  • No parece exagerado afirmar que en estos tiempos hay más lectores que nunca antes en la Historia. Parece ser, sin embargo, que cada vez se leen menos libros. La lectura de libros fue durante siglos actividad minoritaria, en paralelo con la producción limitada, manuscrita, de los mismos. Con la aparición de la imprenta, la producción de libros y el incremento exponencial de lectores comienzan a ser masivos, y una y otros van creciendo exponencialmente hasta llegar a nuestros días, en los que, al parecer, el proceso ha entrado en crisis, y tanto la edición de literatura -en el viejo sentido de la palabra- como la lectura de la misma parecen haber entrado en un proceso regresivo que ha hecho saltar las alrmas de la industria y de los profesionales del ramo, editores y profesores de humanidades principalmente.

    Don Rafael Argullol señala agudamente el paralelismo entre la, llamémosle así, crisis lectora, y la incapacidad aparente de la mayoría de los individuos para la contemplación, de tal manera que, más que observadores o espectadores de una imagen, convendría reputarlos de simples mirones, o, acaso, ni siquiera eso, degradados como están a la condición de simples operarios de móviles, tablets y cámaras, con los que convertir aquello que se tiene ante los ojos en algo ya definitivamente visto.
    Entiendo que lo que parece estar en franca decadencia no es tanto la lectura en sí, ni la cultura de la imagen, sino la reflexión. Porque si algo tienen en común la lectura sostenida de textos de cierta extensión y complejidad, y la contemplación, frente a la simple mirada, digámoslo así, superficial, de la imágenes, es el carácter reflexivo de una y otra actividad. Así que sería esto de la reflexión y, digámoslo ya, eso de pensar, lo que al parecer está en franca decadencia. Utilizo aquí el término pensar un poco a la manera de don Martin Heiddeger, que establecía diferencias entre cálculo y pensamiento, asociando la primera actividad al científico, y estimando la segunda como distintiva del filósofo.

    Pero si esto es así, si el pensamiento reflexivo -valga la redundancia- parece ser actividad, si no minoritaria, desde luego nada masiva, habremos de concluir que esto de pensar no es cosa de la masa, ni del individuo masa en que la masa se encarna, ese sujeto/objeto de dominación política característico de la última centuria y que parece condenado ya, definitivamente, a las cloacas de la historia, mal que le pese alguno. Pues entre aquellas masas de lectores ¿cuántos leían de verdad reflexivamente?, ¿cuántos lo hacían sencillamente por distracción y afán de entrtenimiento?, ¿cuáles eran las obras más vendidas en aquellos tiempos de lecturas masivas? A aquellos lectores superficiales de antaño han venido a sustituir los de hoy, que encuentran en las redes objetos de lectura más asequibles e interesantes que las viejas y nuevas basuras editoriales con las que un tiempo se les mantuvo entretenidos. Porque lo cierto es que no, pensar no es lo propio de las masas, ni de sus individuos, ni nunca los ha sido: pensar es esto que tú y yo, pocos o muchos que seamos, pero siempre incontables, como ahora, hacemos.

    Comentado por: hoy como ayer el 08/3/2015 a las 15:22

  • Parece que en el fluir de la vida, estamos pasando por una zona de rápidos donde se agolpan acontecimientos, hechos, sucesos, a mucha velocidad. Parece que para entender, comprender, asimilar, es necesaria la pausa, la constancia, la lluvia fina y no ni la torrencial ni la tormentosa y mucho menos la tsunámica. Pasar tales rápidos parece que implica ser tan rápidos y superficiales como tal fluir tormentoso. De hecho cuando se viaja parece que se viaje para relatar que se ha viajado y monologar posteriormente del viaje acompañado por las imágenes correspondientes que son las encargadas de demostrar que tal viaje se hizo. Se hizo. Se viaja para luego contar el viaje a quienes soporten tales cuentos de viajes que por repetitivos siempre son lo mismo: realizar el viaje, traer souvenires, fotografías, muchas fotografías. Da lo mismo a dónde se haya ido, con quién y cuándo pues en el siguiente viaje se repetirá casi el mismo esquema tanto a la ida, en la estancia y a la vuelta se volverá con lo mismo. Y se volverá a contar una vez más, a quien quiera escuchar/oir, otro relato idéntico en su estructura al que se narró la vez anterior. Consumir, consumir, consumir, ..., ni + ni -.

    NOTA: que los medios de formación nos pretendan hacer creer que las milicias del Estado Islámico han destrozado museos a la vez que se proyectaban imágenes de tales combatientes destrozando las esculturas que en su interior llevaban hierros parecidos a los de hormigón armado lo dice casi todo.

    Comentado por: Teodoro Bustillo Vicario el 08/3/2015 a las 10:13

  • Cierto.
    Las necesarias preguntas son escasas.
    Las prescindibles agotan.

    Gracias.

    Comentado por: Fernando Bayo el 07/3/2015 a las 00:35

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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