Alegato contra la codicia
Tras subir lentamente las escaleras,
arrastrado por la apretada multitud de pasajeros,
sale por la boca del metro de Syntagma,
justo delante del Parlamento, en el momento mismo
en que el reloj señala las nueve en punto.
A esta hora la muchedumbre llena la plaza,
y Dimitris Christulas, desconcertado
por el movimiento que observa a su alrededor,
busca refugio detrás de un árbol.
Enseguida saca el revólver
del bolsillo derecho de su americana
para dirigirlo a su sien.
Cuando su dedo índice roza el gatillo
se da cuenta de que su escondite no es perfecto.
Le observan, en efecto, una mujer empeñada
en arreglar una rueda del cochecito de su hijo;
y un vendedor ambulante de Senegal
que acaba de extender en la acera
una manta para los falsos bolsos de marcas caras;
y un muchacho montado en una bicicleta,
quien es el más cercano a Christulas
y el único que escucha sus palabras:
"no quiero dejar deudas a mi hija".
De inmediato se produce el silencio,
el silencio sobre Syntagma, sobre Atenas, sobre el mundo.
Al día siguiente, escandalizados, los noticieros
informan de la muerte de Dimitris Christulas.
Dan detalles: se había trasladado en el metro
desde su barrio de Ambelokipi hasta Syntagma.
Era un farmacéutico jubilado de 77 años,
y la tarde anterior le había pagado al casero
el importe del último alquiler de su piso.
En el bolsillo izquierdo de su americana
tenía, redactada cuidadosamente, una nota
con los motivos de su acción: era -según afirmaba-
demasiado viejo para empuñar un kalasnishkov y rebelarse,
como aconsejaba que hicieran los jóvenes,
y se negaba a buscar en la basura,
en contenedores y papeleras,
el alimento al que creía tener derecho
después de decenas de años de trabajo.
Los noticieros se extienden en estadísticas
sobre la difícil vida de los ancianos
y el terrible azote que cae sobre Grecia,
con la propagación de la epidemia de suicidios;
entretanto, muchos atenienses rodean el árbol
de la plaza Syntagma con flores y cirios.
Pero volvamos al silencio que se apodera del escenario
mientras Christulas percibe en la yema de su dedo
el extraño frío del gatillo. Ese silencio tenso,
abrumador, cargado de presagios,
más estruendoso que cualquier ruido.
Nadie puede escapar a ese silencio
porque está alojado en la boca del estómago,
en el hígado, en el pulmón, en la víscera más íntima.
Yo, os aseguro, no consigo arrancarlo de mí mismo
cuando veo a los Christulas
que no han tenido el arrojo de Christulas,
hurgar en los contenedores y papeleras de mi barrio,
la cara azorada, los ojos evasivos,
en ceremonias repetidas bajo el estigma de la deshonra.
Los nuevos mendigos, a diferencia de los antiguos,
-curtidos en la tarea, supervivientes de hierro-
se sumergen torpemente en la basura,
vacilantes, inexpertos, al borde del pánico,
como si estuvieran inmersos en una pesadilla
de la que ya no lograrán despertar.
Los hay a cientos por el centro de la ciudad,
con sus mejillas afeitadas, sus corbatas
y sus dignos trajes raídos, al principio.
Luego, a medida en que pasan los días,
desaparecen las corbatas, brotan las barbas
y los pantalones, ya sin raya, se exhiben sucios y arrugados.
El nuevo mendigo ya compite con el viejo mendigo
en el áspero dominio de la calle:
"un euro para comer, amigo";
"un euro para comer, hermano".
Algunos nada dicen mientras representan
en la obra el papel que nunca imaginaron.
Un anciano, en mi calle,
-un anciano de no menos de 90 años-,
vestido con un elegante abrigo negro,
con gesto digno deja el sombrero también negro
a sus pies, para las monedas,
y empieza a tocar con un oboe una pieza de Mozart.
Siempre es la misma,
una única pieza en su repertorio,
y la toca rematadamente mal;
y cuando alguien acerca la mano a su sombrero
para soltar una moneda, se sonroja
antes de saludar militarmente.
Otro, cerca de él, canta
-con mayor habilidad-
unas cuantas arias de ópera;
otro, ya enajenado,
hace ademán de bailar entre los turistas;
otro, quieto, muy quieto,
sentado en una sillita plegable
-de esas de pescador de caña-
mira con ojos despavoridos a la gente que pasa.
Y es difícil no sentir el silencio aniquilante
que rodea a la hermandad del asfalto,
el mismo silencio, el mismo
que se agolpa en la plaza Syntagma
cuando Dimitris Christulas
acerca la pistola a su cabeza.
Ese es asimismo el silencio
en el que se enroscan
las extrañas palabras del hombre
que tengo delante -un viejo, como todos,
aunque todos son viejos, ese tipo de hombres.
Busca también él algo en la papelera
y luego, de repente, señala con el dedo
a un edificio que está a su frente:
la sede de la Bolsa, neoclásica,
anodina, cerrada a cal y canto,
pues hoy es domingo, y las finanzas
también descansan en el Día del Señor.
Es un hombre encorvado, de aspecto tímido,
que me recuerda a mi padre
-a como era mi padre en sus últimos años,
bastante más bajo que en mi infancia.
Compro el periódico en el quiosco
situado frente a la Bolsa,
sin perder de vista el dedo que señala.
Hasta que veo que el dedo se hace puño
y el hombre amenaza al invisible adversario
que acecha detrás mío. Exclama:
"¡los codiciosos!, ¡los codiciosos!"
Lo dice con vehemencia pero sin gritar,
en voz muy baja, casi un murmullo,
como hacía también, airado, mi padre, en raras ocasiones.
"¡Los codiciosos!, ¡los codiciosos!".
Pasa junto a mi y se acerca
a la puerta acristalada de la Bolsa.
Algunos transeúntes se quedan observándolo
mientras sigue levantando el puño contra el edificio
y su imagen se agiganta en la distorsión del cristal.
Súbitamente el planeta deja de girar.
El sol del mediodía
clava en tierra los pasos y los gestos
-la ciudad, los paseantes, el puño amenazador-,
y otra vez estalla el silencio
que envuelve el último ademán de Christulas
allá en Syntagma, en el corazón de Atenas.
"¡Los codiciosos!, ¡los codiciosos!".
Detrás de la gran fachada de cristal
-como si fuera la gigantesca bola de un mago-
puedo contemplarlos claramente,
juntos, en el nervioso tropel de la compraventa,
y uno a uno, el depredador dispuesto
al asalto final sobre la presa.
"¡Los codiciosos!, ¡los codiciosos!".
En el espejo deformante
todos somos codiciosos o cómplices de la codicia,
pues, por cobardía o miedo,
renunciamos al deber de explicar que el hombre
era el único animal que se había preguntado
por lo que había tras la línea del horizonte,
y nos rendimos a lo más cruel y sangriento,
el único animal que atesora con avaricia
mucho más de lo que pueda necesitar en una vida,
y a costa de destruir la vida de los otros.
Todos somos codiciosos o cómplices de la codicia,
porque hemos permitido que un ser implacable,
nacido en la cloaca de la peor pasión,
se apoderara de la entera condición humana
y dictara sus brutales leyes al universo.
De modo que el codicioso,
bárbaro adorador del ídolo de oro,
avanza a cara descubierta, libre de toda atadura,
saqueador de la belleza, dueño del mundo.
Somos, pues, culpables.
Nuestro delito ha sido dejar
que el depredador que hay en nosotros
expulsara a todo lo noble y digno
que estábamos obligados a preservar
para seguir siendo considerados seres humanos.
Hemos dejado que se nos robaran
hasta las palabras, y ahora nuestro lenguaje
ya es el lenguaje del mercado, del beneficio,
del tráfico de almas,
sin ningún lugar para la compasión.
Nos hemos ofrecido en sacrificio
para ser carne de una rapiña sin límites
y nuestros restos yacen, esparcidos,
alrededor del altar.
Y falta ya muy poco
para que también la libertad
nos sea arrebatada
por el amor a la codicia,
que parece ya el único amor permitido.
O eso es lo que cree
ese hombre que amenaza sin ira a un edificio
-ese hombre que me recuerda a mi padre anciano-
mientras entona una acusación a los espectros:
"¡los codiciosos!, ¡los codiciosos!".
Y eso mismo es lo que cree
Dimitris Christulas, la mano apretada en la culata,
al observar la plaza Syntagma, centro de Atenas,
situada tan sólo a unos quilómetros
del corazón antiguo, la Acrópolis,
donde hace exactamente 2.454 años
se representó por primera vez Antígona,
y el hombre cantó a lo más elevado de sí mismo:
"Muchas cosas hay portentosas,
pero ninguna tan portentosa como el hombre"
proclama, en el teatro, el coro de ancianos.
Dimitris Christulas dispara.
Al caer se lleva consigo un retazo
del azulísimo cielo de Grecia.
Rafael Argullol
6 de abril de 2012
[Publicado el 12/4/2012 a las 16:04]
Amigos: agradecemos difundir: Concurso de Cuentos para Jóvenes Nacidos en la década del 80. Informes: www.babeleditorial.com.ar
Comentado por: Sergio Martina el 21/6/2012 a las 21:40
CANCIÓN DE AMOR A UN VIEJO DERROTADO
.
Descansó
del imperio de la mano, el alfarero;
Dios incluso, de ser Dios (y descansó).
Quien rezaba…, de los rezos.
.
Fue a saber (¡el tacto!)
de los trinos de los pájaros,
del horizonte y mar
después del barro
.
(que todo lo convierte en la caricia
que le pide su labor.
Y ve que es bueno).
.
Hoy descanso yo de mí. Era en MIRARTE
(Aquel lugar y tiempo entre los dos).
Comentado por: un cualquiera el 10/6/2012 a las 13:38
Comentado por: Tioteo el 08/6/2012 a las 08:18
Comentado por: me el 04/6/2012 a las 11:19
http://www.youtube.com/watch?v=dgObI6h8DwE
Aunque no sea de su estilo, a ver si surge algo de efecto el estribillo… un abrazo, sila
Comentado por: sila el 22/5/2012 a las 20:18
Hola Sr. Rafael Argullol:
Quiero invitarle a la exposición de fotografia y pintura "Confidencias"
que se inagurara el 1 de Junio del 2012
a las 20´00h en el Espacio GIC de la plaza
Traginers del Barri Gotic.Habra una lectura de poesia a cargo del catedratico
de la Universidad de La Laguna Sanchez Robayna
y pinturas de autores canarios y fotografias de Sorel Seele(se acuerda de
la portada del librode aforismos "El puente de fuego" cuaderno de travesia.
Cordialmente
Xavier L. Ortiz
Comentado por: Xavier Lucas el 22/5/2012 a las 10:40
Señor Argullol:
No nos deje durante tanto tiempo sin sus reflexiones y escritos. Creo que los necesitamos. Son balsámicos.
Saludos,
Escoin.
Comentado por: escoin el 21/5/2012 a las 02:19
Cuando las situaciones escapan a nuestro control,las situaciones desesperadas nos llevan a hechos inverosimeles¿quien tiene la culpa?¿los otros? desgraciadamente en un mundo lleno de codicia e inmoralidad social puede que la respuesta sea si.
http://www.elsexoesfacil.com
Comentado por: Barcelona|Madrid|Escorts el 07/5/2012 a las 19:17
Comentado por: Rosa Mayo Marcuzzi el 05/5/2012 a las 16:03
I was studying some of your content on this internet site and I believe this site is rattling informative ! Continue posting .
Comentado por: timon el 04/5/2012 a las 11:44
dejando a un lado, de momento, la literatura, la estetica..etc, etc, ahora solo cabe eticamente gritar !!!FRAUDE!!..!eso no fue lo que votamos!... !!esa no fue su oferta!....!elecciones anticipadas!! !!!YA!!!
Comentado por: Pablo el 03/5/2012 a las 16:18
Christulas no me inspira empatía: a él le importa más el bienestar que la vida. No seais romanticones: con orines y en barracas también se puede vivir. Vivir. De eso se trata, no de lamentar bienes perdidos. R.-
Comentado por: Rosita el 02/5/2012 a las 03:03
Comentado por: Marta el 25/4/2012 a las 19:21
Bien, le entiendo perfectamente porque quiso ahorrarle un hipotético sentimiento de vergüenza, pero dada la situación en que nos encontramos, de nada valen estos sentimientos. A mí me sucedió lo mismo, y también con un compañero del colegio infantil al que no veía en muchos años. Se me partió el alma, y también dudé, lo reconozco. Comimos juntos aquel día, pero no vivo ya en mi ciudad, con lo cual no sé qué es de él en estos momentos. Pienso en él contínuamente, y en lo injusta que es la situación actual (para muchos otros, lo ha sido casi siempre, no lo olvidemos tampoco).
Saturno nos está devorando a todos, pero no podemos dejar que devore los sentimientos también, y la indignación.
Saludos a todos ustedes.
Comentado por: escoin el 25/4/2012 a las 13:23
Hoy vi a un antiguo compañero de clase pedir limosna ante un supermercado. Cambié de acera para que no me viese, para evitarle que pudiese sentir vergüenza, aunque sé que de nada tiene que avergonzarse, antes bien la vergüenza es de todos nosotros que asistimos impávidos, egoístas y cobardes al despojamiento de nuestra dignidad.
No has vivido
hasta no haber estado en una
pensión de mala muerte
con nada más que una
bombilla
y 56 hombres
apretujados
en catres
y todo el mundo
roncando
a la vez
y algunos de esos
ronquidos
tan
profundos y
tan bastos e
incleíbles...
oscuros
carrasposos
infrahumanos
resollantes
del mismísimo
infierno.
parece como si
se te partiera la cabeza
entre esos
sonidos
de muerte.
y los
olores entremezclándose:
calcetines sucios y
rígidos y
calzoncillos
con orines y
excremento
y por encima de todo eso
un aire que
circula lentamente
muy parecido
al que emana de los
cubos
de basura
destapados.
y esos
cuerpos
en la oscuridad
gordos y
flacos
y
encorvados
unos
sin piernas
sin brazos
otros
sin cerebro
y lo peor de
todo:
la total
ausencia de
esperanza
les
envuelve
les cubre
totalmente.
no se puede
soportar.
te
levantas
sales
caminas por
las calles
subes y
bajas
aceras
pasas edificios
doblas la
esquina
y vuelves
a subir
la misma
calle
pensando
todos esos hombres
fueron
niños
una vez
¿qué
les
ha pasado?
¿y qué me
ha pasado
a
mí?
está oscuro
y hace frío
ahí
fuera.
Charles Bukowski. Pensión de mala muerte.
Comentado por: ..../)...../)....../)......./)...... el 24/4/2012 a las 15:49
Comentado por: Tioteo el 23/4/2012 a las 20:54
Comentado por: alegato contra la codicia el 20/4/2012 a las 00:50
Comentado por: Marta el 19/4/2012 a las 19:06
Comentado por: Néstor el 17/4/2012 a las 13:58
Comentado por: Aidos monista el 15/4/2012 a las 15:36
“Vivir más conlleva un riesgo financiero importante".
FMI
Llegará el día en que se haga realidad "El Carrusel" de "La fuga de Logan".
El mantenimiento de la vida está a cargo de computadoras (ahora lo está a cargo de fórmulas matemáticas que conforman esa ciencia fría y abstracta que denominamos economía)
Los habitantes viven una vida dedicada al ocio y el placer.(¿No es esa la denominada alienación del hombre moderno por la llamada cultura del espectáculo?)
La longevidad está limitada a los 30 años de vida. (Para mantener la viabilidad logística y económica de la sociedad, ordenada según las fórmulas matemáticas de las computadoras, de los que cuentan, de los que reducen la vida a números y cifras)
La sociedad de Logan se da en el Siglo XXIII.
Comentado por: ¿No nos estamos acercando a ella a pasos agigantados? el 15/4/2012 a las 14:12
"no quiero dejar deudas a mi hija"
la tarde anterior le había pagado al casero
el importe del último alquiler de su piso.
demasiado viejo para empuñar un kalasnishkov y rebelarse
se negaba a buscar en la basura
ceremonias repetidas bajo el estigma de la deshonra
"¡los codiciosos!, ¡los codiciosos!"
el depredador dispuesto
al asalto final sobre la presa.
todos somos codiciosos o cómplices de la codicia
nos rendimos a lo más cruel y sangriento
avanza a cara descubierta, libre de toda atadura,
saqueador de la belleza, dueño del mundo.
sin ningún lugar para la compasión
Y falta ya muy poco
para que también la libertad
nos sea arrebatada
por el amor a la codicia,
"Muchas cosas hay portentosas,
pero ninguna tan portentosa como el hombre.”
Comentado por: Neoliberalismo, canto a la libertad: podemos elegir entre la esclavitud, el hambre o el suicidio el 15/4/2012 a las 13:48
"El argumento de la obra" a que hacía referencia Gil de Biedma (y recoge aquí Argullol) se está convirtiendo para muchos en algo insoportable. Hay muchos Christulas, que se resisten a perder una mínima idea de dignidad. La vida, al final, les ha defraudado, en el sentido más completo de la palabra. Otra cosa es tener el valor o la determinación de cortar voluntariamente el hilo de la existencia. Su muerte es un fracaso de todos, pero Christulas fue quien tenía la menor responsabilidad. Un actor obligado por las circunstancias a representar esta última actuación, muy a su pesar. Quizás fuera el resultado también de un estado anímico depresivo (¡cómo no!), pero no fue un acto irreflexivo, como demuestra la redacción de su última carta.
Lo he dicho anteriormente, y lo repito ahora de nuevo. Esta idea de Europa es espúrea porque nació únicamente como sinónimo de mercado. Hace falta una "aurora", pero sin una destrucción absoluta anterior.
Foro, estoy de acuerdo con usted: casi siempre son "los otros" los culpables.
Comentado por: escoin el 15/4/2012 a las 12:14
La acción radical de este hombre no debería dejar indiferente a nadie; ni siquiera a los que diluyen su responsabilidad en los 'otros', porque siempre son 'otros' los culpables del estado actual de las cosas.
Mientras tanto, en España, siguen los casos de pensionistas embaucados por participaciones 'preferentes', cuotas 'participativas' y renta fija 'vitalicia' por no hablar de los expulsados de sus casas por avalar a sus hijos.
A veces el hedor del 'sistema' resulta insoportable.
Saludos,
Comentado por: Foro el 13/4/2012 a las 17:37
Christulas en la inefable condición de Sócrates. Ese cielo debe y ha de ser el mismo que había -hay- hace más de 2400 años atrás, tras la pared de aquella prisión. Si perteneciéramos a un celeste distinto que se transforma en tiempo histórico, sería el más profundo dislate.
Comentado por: Aidos monista el 13/4/2012 a las 13:13
Comentado por: Tioteo el 13/4/2012 a las 12:22
Comentado por: Marilena Pereira el 12/4/2012 a las 17:07
Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
Entrevista acerca de Del Ganges al Mediterráneo
15/5/2013 12:40
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10/5/2013 00:11
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08/5/2013 16:34
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08/5/2013 03:42
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06/5/2013 16:18
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Publicado por: Celia Correa Góngora
05/5/2013 06:53
Publicado por: reynaldo vazquez c.
05/5/2013 06:52
Publicado por: reynaldo vazquez c.
28/4/2013 23:15
La lectura me dejo fascinada, es...
Publicado por: NORMA RODRIGUEZ RIVERA
28/4/2013 06:28
Excelente lectura que nos lleva...
Publicado por: Elisa Saavedra
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