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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 18 de agosto de 2017

 Blog de Rafael Argullol

Alegato contra la codicia

 Tras subir lentamente las escaleras,

arrastrado por la apretada multitud de pasajeros,

sale por la boca del metro de Syntagma,

justo delante del Parlamento, en el momento mismo

en que el reloj señala las nueve en punto.

A esta hora la muchedumbre llena la plaza,

y Dimitris Christulas, desconcertado

por el movimiento que observa a su alrededor,

busca refugio detrás de un árbol.

Enseguida saca el revólver

del bolsillo derecho de su americana

para dirigirlo a su sien.

Cuando su dedo índice roza el gatillo

se da cuenta de que su escondite no es perfecto.

Le observan, en efecto, una mujer empeñada

en arreglar una rueda del cochecito de su hijo;

y un vendedor ambulante de Senegal

que acaba de extender en la acera

una manta para los falsos bolsos de marcas caras;

y un muchacho montado en una bicicleta,

quien es el más cercano a Christulas

y el único que escucha sus palabras:

"no quiero dejar deudas a mi hija".

De inmediato se produce el silencio,

el silencio sobre Syntagma, sobre Atenas, sobre el mundo.

Al día siguiente, escandalizados, los noticieros

informan de la muerte de Dimitris Christulas.

Dan detalles: se había trasladado en el metro

desde su barrio de Ambelokipi hasta Syntagma.

Era un farmacéutico jubilado de 77 años,

y la tarde anterior le había pagado al casero

el importe del último alquiler de su piso.

En el bolsillo izquierdo de su americana

tenía, redactada cuidadosamente, una nota

con los motivos de su acción: era -según afirmaba-

demasiado viejo para empuñar un kalasnishkov y rebelarse,

como aconsejaba que hicieran los jóvenes,

y se negaba a buscar en la basura,

en contenedores y papeleras,

el alimento al que creía tener derecho

después de decenas de años de trabajo.

Los noticieros se extienden en estadísticas

sobre la difícil vida de los ancianos

y el terrible azote que cae sobre Grecia,

con la propagación de la epidemia de suicidios;

entretanto, muchos atenienses rodean el árbol

de la plaza Syntagma con flores y cirios.

Pero volvamos al silencio que se apodera del escenario

mientras Christulas percibe en la yema de su dedo

el extraño frío del gatillo. Ese silencio tenso,

abrumador, cargado de presagios,

más estruendoso que cualquier ruido.

Nadie puede escapar a ese silencio

porque está alojado en la boca del estómago,

en el hígado, en el pulmón, en la víscera más íntima.

Yo, os aseguro, no consigo arrancarlo de mí mismo

cuando veo a los Christulas

que no han tenido el arrojo de Christulas,

hurgar en los contenedores y papeleras de mi barrio,

la cara azorada, los ojos evasivos,

en ceremonias repetidas bajo el estigma de la deshonra.

Los nuevos mendigos, a diferencia de los antiguos,

-curtidos en la tarea, supervivientes de hierro-

se sumergen torpemente en la basura,

vacilantes, inexpertos, al borde del pánico,

como si estuvieran inmersos en una pesadilla

de la que ya no lograrán despertar.

Los hay a cientos por el centro de la ciudad,

con sus mejillas afeitadas, sus corbatas

y sus dignos trajes raídos, al principio.

Luego, a medida en que pasan los días,

desaparecen las corbatas, brotan las barbas

y los pantalones, ya sin raya, se exhiben sucios y arrugados.

El nuevo mendigo ya compite con el viejo mendigo

en el áspero dominio de la calle:

"un euro para comer, amigo";

"un euro para comer, hermano".

Algunos nada dicen mientras representan

en la obra el papel que nunca imaginaron.

Un anciano, en mi calle,

-un anciano de no menos de 90 años-,

vestido con un elegante abrigo negro,

con gesto digno deja el sombrero también negro

a sus pies, para las monedas,

y empieza a tocar con un oboe una pieza de Mozart.

Siempre es la misma,

una única pieza en su repertorio,

y la toca rematadamente mal;

y cuando alguien acerca la mano a su sombrero

para soltar una moneda, se sonroja

antes de saludar militarmente.

Otro, cerca de él, canta

-con mayor habilidad-

unas cuantas arias de ópera;

otro, ya enajenado,

hace ademán de bailar entre los turistas;

otro, quieto, muy quieto,

sentado en una sillita plegable

-de esas de pescador de caña-

mira con ojos despavoridos a la gente que pasa.

Y es difícil no sentir el silencio aniquilante

que rodea a la hermandad del asfalto,

el mismo silencio, el mismo

que se agolpa en la plaza Syntagma

cuando Dimitris Christulas

acerca la pistola a su cabeza.

Ese es asimismo el silencio

en el que se enroscan

las extrañas palabras del hombre

que tengo delante -un viejo, como todos,

aunque todos son viejos, ese tipo de hombres.

Busca también él algo en la papelera

y luego, de repente, señala con el dedo

a un edificio que está a su frente:

la sede de la Bolsa, neoclásica,

anodina, cerrada a cal y canto,

pues hoy es domingo, y las finanzas

también descansan en el Día del Señor.

Es un hombre encorvado, de aspecto tímido,

que me recuerda a mi padre

-a como era mi padre en sus últimos años,

bastante más bajo que en mi infancia.

Compro el periódico en el quiosco

situado frente a la Bolsa,

sin perder de vista el dedo que señala.

Hasta que veo que el dedo se hace puño

y el hombre amenaza al invisible adversario

que acecha detrás mío. Exclama:

"¡los codiciosos!, ¡los codiciosos!"

Lo dice con vehemencia pero sin gritar,

en voz muy baja, casi un murmullo,

como hacía también, airado, mi padre, en raras ocasiones.

"¡Los codiciosos!, ¡los codiciosos!".

Pasa junto a mi y se acerca

a la puerta acristalada de la Bolsa.

Algunos transeúntes se quedan observándolo

mientras sigue levantando el puño contra el edificio

y su imagen se agiganta en la distorsión del cristal.

Súbitamente el planeta deja de girar.

El sol del mediodía

clava en tierra los pasos y los gestos

-la ciudad, los paseantes, el puño amenazador-,

y otra vez estalla el silencio

que envuelve el último ademán de Christulas

allá en Syntagma, en el corazón de Atenas.

"¡Los codiciosos!, ¡los codiciosos!".

Detrás de la gran fachada de cristal

-como si fuera la gigantesca bola de un mago-

puedo contemplarlos claramente,

juntos, en el nervioso tropel de la compraventa,

y uno a uno, el depredador dispuesto

al asalto final sobre la presa.

"¡Los codiciosos!, ¡los codiciosos!".

En el espejo deformante

todos somos codiciosos o cómplices de la codicia,

pues, por cobardía o miedo,

renunciamos al deber de explicar que el hombre

era el único animal que se había preguntado

por lo que había tras la línea del horizonte,

y nos rendimos a lo más cruel y sangriento,

el único animal que atesora con avaricia

mucho más de lo que pueda necesitar en una vida,

y a costa de destruir la vida de los otros.

Todos somos codiciosos o cómplices de la codicia,

porque hemos permitido que un ser implacable,

nacido en la cloaca de la peor pasión,

se apoderara de la entera condición humana

y dictara sus brutales leyes al universo.

De modo que el codicioso,

bárbaro adorador del ídolo de oro,

avanza a cara descubierta, libre de toda atadura,

saqueador de la belleza, dueño del mundo.

Somos, pues, culpables.

Nuestro delito ha sido dejar

que el depredador que hay en nosotros

expulsara a todo lo noble y digno

que estábamos obligados a preservar

para seguir siendo considerados seres humanos.

Hemos dejado que se nos robaran

hasta las palabras, y ahora nuestro lenguaje

ya es el lenguaje del mercado, del beneficio,

del tráfico de almas,

sin ningún lugar para la compasión.

Nos hemos ofrecido en sacrificio

para ser carne de una rapiña sin límites

y nuestros restos yacen, esparcidos,

alrededor del altar.

Y falta ya muy poco

para que también la libertad

nos sea arrebatada

por el amor a la codicia,

que parece ya el único amor permitido.

O eso es lo que cree

ese hombre que amenaza sin ira a un edificio

-ese hombre que me recuerda a mi padre anciano-

mientras entona una acusación a los espectros:

"¡los codiciosos!, ¡los codiciosos!".

Y eso mismo es lo que cree

Dimitris Christulas, la mano apretada en la culata,

al observar la plaza Syntagma, centro de Atenas,

situada tan sólo a unos quilómetros

del corazón antiguo, la Acrópolis,

donde hace exactamente 2.454 años

se representó por primera vez Antígona,

y el hombre cantó a lo más elevado de sí mismo:

"Muchas cosas hay portentosas,

pero ninguna tan portentosa como el hombre"

proclama, en el teatro, el coro de ancianos.

Dimitris Christulas dispara.

Al caer se lleva consigo un retazo

del azulísimo cielo de Grecia.

 

 

Rafael Argullol 

6 de abril de 2012

[Publicado el 12/4/2012 a las 16:04]

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Comentarios (18)

  • Amigos: agradecemos difundir: Concurso de Cuentos para Jóvenes Nacidos en la década del 80. Informes: www.babeleditorial.com.ar

    Comentado por: Sergio Martina el 21/6/2012 a las 21:40

  • CANCIÓN DE AMOR A UN VIEJO DERROTADO
    .
    Descansó
    del imperio de la mano, el alfarero;
    Dios incluso, de ser Dios (y descansó).
    Quien rezaba…, de los rezos.
    .
    Fue a saber (¡el tacto!)
    de los trinos de los pájaros,
    del horizonte y mar
    después del barro
    .
    (que todo lo convierte en la caricia
    que le pide su labor.
    Y ve que es bueno).
    .
    Hoy descanso yo de mí. Era en MIRARTE
    (Aquel lugar y tiempo entre los dos).

    Comentado por: un cualquiera el 10/6/2012 a las 13:38

  • ¿No hay algo por ahí? Nihilismo sabemos que no.

    Salud Don Rafael.

    Comentado por: Tioteo el 08/6/2012 a las 08:18

  • No se vaya de vacaciones sin dejarnos algo nuevo...

    Comentado por: me el 04/6/2012 a las 11:19

  • Hola Sr. Rafael Argullol:
    Quiero invitarle a la exposición de fotografia y pintura "Confidencias"
    que se inagurara el 1 de Junio del 2012
    a las 20´00h en el Espacio GIC de la plaza
    Traginers del Barri Gotic.Habra una lectura de poesia a cargo del catedratico
    de la Universidad de La Laguna Sanchez Robayna
    y pinturas de autores canarios y fotografias de Sorel Seele(se acuerda de
    la portada del librode aforismos "El puente de fuego" cuaderno de travesia.
    Cordialmente

    Xavier L. Ortiz

    Comentado por: Xavier Lucas el 22/5/2012 a las 10:40

  • Señor Argullol:

    No nos deje durante tanto tiempo sin sus reflexiones y escritos. Creo que los necesitamos. Son balsámicos.
    Saludos,
    Escoin.

    Comentado por: escoin el 21/5/2012 a las 02:19

  • Respetuosamente pregunto si no se puede comentar a Iván.

    Comentado por: Rosa Mayo Marcuzzi el 05/5/2012 a las 16:03

  • I was studying some of your content on this internet site and I believe this site is rattling informative ! Continue posting .

    Comentado por: timon el 04/5/2012 a las 11:44

  • dejando a un lado, de momento, la literatura, la estetica..etc, etc, ahora solo cabe eticamente gritar !!!FRAUDE!!..!eso no fue lo que votamos!... !!esa no fue su oferta!....!elecciones anticipadas!! !!!YA!!!

    Comentado por: Pablo el 03/5/2012 a las 16:18

  • Christulas no me inspira empatía: a él le importa más el bienestar que la vida. No seais romanticones: con orines y en barracas también se puede vivir. Vivir. De eso se trata, no de lamentar bienes perdidos. R.-

    Comentado por: Rosita el 02/5/2012 a las 03:03

  • Bien, le entiendo perfectamente porque quiso ahorrarle un hipotético sentimiento de vergüenza, pero dada la situación en que nos encontramos, de nada valen estos sentimientos. A mí me sucedió lo mismo, y también con un compañero del colegio infantil al que no veía en muchos años. Se me partió el alma, y también dudé, lo reconozco. Comimos juntos aquel día, pero no vivo ya en mi ciudad, con lo cual no sé qué es de él en estos momentos. Pienso en él contínuamente, y en lo injusta que es la situación actual (para muchos otros, lo ha sido casi siempre, no lo olvidemos tampoco).
    Saturno nos está devorando a todos, pero no podemos dejar que devore los sentimientos también, y la indignación.
    Saludos a todos ustedes.

    Comentado por: escoin el 25/4/2012 a las 13:23

  • Acongoja, y más cuando has pisado y conoces Atenas.

    Comentado por: Néstor el 17/4/2012 a las 13:58

  • Juraría que incluso los elefantes se llevan un pedazo de ese cielo azul

    Comentado por: Aidos monista el 15/4/2012 a las 15:36

  • "El argumento de la obra" a que hacía referencia Gil de Biedma (y recoge aquí Argullol) se está convirtiendo para muchos en algo insoportable. Hay muchos Christulas, que se resisten a perder una mínima idea de dignidad. La vida, al final, les ha defraudado, en el sentido más completo de la palabra. Otra cosa es tener el valor o la determinación de cortar voluntariamente el hilo de la existencia. Su muerte es un fracaso de todos, pero Christulas fue quien tenía la menor responsabilidad. Un actor obligado por las circunstancias a representar esta última actuación, muy a su pesar. Quizás fuera el resultado también de un estado anímico depresivo (¡cómo no!), pero no fue un acto irreflexivo, como demuestra la redacción de su última carta.
    Lo he dicho anteriormente, y lo repito ahora de nuevo. Esta idea de Europa es espúrea porque nació únicamente como sinónimo de mercado. Hace falta una "aurora", pero sin una destrucción absoluta anterior.
    Foro, estoy de acuerdo con usted: casi siempre son "los otros" los culpables.

    Comentado por: escoin el 15/4/2012 a las 12:14

  • La acción radical de este hombre no debería dejar indiferente a nadie; ni siquiera a los que diluyen su responsabilidad en los 'otros', porque siempre son 'otros' los culpables del estado actual de las cosas.
    Mientras tanto, en España, siguen los casos de pensionistas embaucados por participaciones 'preferentes', cuotas 'participativas' y renta fija 'vitalicia' por no hablar de los expulsados de sus casas por avalar a sus hijos.
    A veces el hedor del 'sistema' resulta insoportable.

    Saludos,

    Comentado por: Foro el 13/4/2012 a las 17:37

  • Christulas en la inefable condición de Sócrates. Ese cielo debe y ha de ser el mismo que había -hay- hace más de 2400 años atrás, tras la pared de aquella prisión. Si perteneciéramos a un celeste distinto que se transforma en tiempo histórico, sería el más profundo dislate.

    Comentado por: Aidos monista el 13/4/2012 a las 13:13

  • Oda a los miserables.

    Comentado por: Tioteo el 13/4/2012 a las 12:22

  • Excelente!

    Comentado por: Marilena Pereira el 12/4/2012 a las 17:07

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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