Nadie sabe nada
Algo debe de tener Davos, el singular rincón alpino, algo telúrico, algún encantamiento especial porque, como es bien sabido, el aquelarre actual, destinado a curar las enfermedades económicas de nuestra época, se desarrolla en el mismo lugar en que antes tenían que curarse las enfermedades del cuerpo. Que Thomas Mann situara su La Montaña Mágica en el lujoso balneario-sanatorio para tuberculosos de Davos puede entenderse, visto desde la actualidad, como una premonición de las posibilidades prodigiosas ofrecidas por Davos. En la novela de Mann el "mundo exterior" acaba siendo una mera abstracción para los protagonistas del "mundo aparte" instalado en Davos, considerado la auténtica realidad, con sus leyes, azares y certezas. En su extensa obra, Thomas Mann concentró las pulsiones del inicio del siglo XX en los perfiles de sus personajes, en las conversaciones entre Naphta y Settembrini, en el sortilegio que atenaza al protagonista, Hans Castorp, que sólo puede abandonar el "mundo aparte" de Davos, la montaña mágica, y volver al valle, a la vida, tras siete años de encantamiento. A la salida le espera la catástrofe: la Primera Guerra Mundial.
Naturalmente el Davos actual está muy lejos de las sofisticaciones descritas por el escritor alemán y, a menudo, se le representa más próximo a la cueva de Ali Babá o a la Isla de la Tortuga que al refinado escenario de La Montaña Mágica. Pero algo de materia literaria tiene, aunque sea en su vertiente negra, cuando los cronistas enviados al Foro acostumbran a hacer excelentes e imaginativos trabajos. Si yo fuera editor reuniría las mejores de estas crónicas a lo largo de años con un título del estilo Davos: profetas y embaucadores. Tendríamos un perfecto resumen de nuestra incertidumbre actual a través de las sucesivas ediciones del aquelarre. De hecho, que yo recuerde, la profecía ha ido tan acompañada del embaucamiento que se haría difícil deslindar una del otro al hacer balance. Hasta hace relativamente poco en Davos se hacían apuestas muy favorables para nuestro futuro, mientras que ahora parece que la rueda de la fortuna nos es francamente desfavorable. Lo peculiar de este casino es que, cuando la bola cae en la casilla adecuada, la hermandad davosiana siempre forma parte del bando de los ganadores y, por el contrario, cuando se desplaza al número perdedor los participantes en la fiesta miran hacia otro lado o declaran que, en realidad, ellos no son más que los crupiers.
Claro que existe, ahí, una gran materia literaria, y muy posiblemente el propio Thomas Mann, al situar La Montaña Mágica a principios del siglo XXI, en lugar de hacerlo cien años antes, habría sustituido a sus sutiles tuberculosos por este variopinto conjunto humano en el que se codean políticos, jugadores, profetas y estafadores con una naturalidad digna de encomio. Los diversos géneros, desde la picaresca a la novela negra, pasando por los tratados de buenas costumbres, están maravillosamente representados. Tengo particular predilección por los filántropos de Davos, tipo George Soros, auténtico Doctor Jekyll y Mister Hide de las finanzas mundiales, que en cada edición es capaz de renovar sus buenas intenciones con respecto al futuro de la humanidad.
No obstante, debo reconocer, que la edición actual ha recogido las andanzas de un individuo, a quien yo no había oído nombrar pero que con toda seguridad es muy importante, que tiene decididos rasgos shakespearianos, entre el Mercader de Venecia y Macbeth, con un toque de Dostoievski y otro de Beckett. Nuestro héroe se llama John Paulson y, según es descrito, tiene un sexto sentido para adivinar por donde irá el desastre, y para apostar en consecuencia. Este visionario de las tinieblas ganó en 2007 3.700 millones de dólares al olerse la crisis de Wall Street y hurgar, a su favor, en la herida. Desde entonces tiene ganado el derecho de ser reconocido como profeta. Tengo entendido que las gentes se le acercan para preguntarle por el próximo hundimiento que pueda avecinarse, de modo, que al seguir sus consejos, el apocalipsis produzca buenos réditos. Qué gran personaje literario John Paulson, el hombre que convierte lo funesto en puro oro. Pero en su última aparición en Davos, acuciado por los creyentes, Paulson ha soltado algo mucho más importante que una profecía. Ha dicho textualmente: "Nadie sabe nada". El profeta, en una acción de modesto repliegue, se ha hecho filósofo. Imaginen que el ejemplo cunde y que la próxima edición del grandilocuente Foro de Davos se inaugure bajo el lema "Sólo sé que no sé nada".
Y quizá sería el lema justo. La misma semana en que leí la confesión del profeta Paulson escuché dos confesiones similares. Me encontré a un conocido catedrático de Economía, que durante años había estado explicando cómo funcionaban verdaderamente las cosas en cursos y tertulias. Dijo, más o menos, "nadie sabe nada". Y al día siguiente me topé con un compañero de colegio, ya espabilado en los años escolares y posteriormente un gran empresario en negocios internacionales. Comentó: "la verdad, chico, es que nadie sabe nada". No es que no lo sospechara viendo la actuación de los políticos, pero me lo acabó de confirmar esta triple confesión del profeta, del experto y del mercader. "Nadie sabe nada": ¿entonces cuál ha sido la auténtica función de tantos davos a lo largo de tantos años? Puede que, en efecto, todo se haya vuelto tan endiabladamente complejo que ya no sepamos nada. Aunque también podría alimentarse otra hipótesis menos inocente. ¿No será que los davos han servido, precisamente, para esto: para que, en plena indefensión, podamos escuchar "nadie sabe nada"? No puedo dar una respuesta a esta suposición. Lo que sí he constatado es que, en medio del general desconcierto, sea éste interesado o no, la filosofía ha adquirido gran importancia en ese mundo de los negocios en el que todos lo ignoran todo de todo. Esa fundación fraudulenta sin ánimo de lucro que está cada día en las páginas de los periódicos por sus maniobras corruptas lleva por nombre lo filosóficamente más elevado. Se llama ARETÉ. Virtud, en griego.
El País, 06/2/2012
[Publicado el 12/2/2012 a las 10:44]
Muy bueno, como casi todo lo suyo, señor Argullol, incluso cuando nos somete a sobredosis como en visiones desde el fondo del mar. Creo que le interesará un extenso artículo referido a Davos, de Nick Paumgarten. Se publica en The New Yorker, Mar.5,2012.
De nada.
Comentado por: Úrsula el 13/3/2012 a las 21:09
Los Diablos de Davos Plaz. Los más altos ejecutivos de """Ingenieria Financiera""" del Mundo, juntos. Que que hacen, eso "ingenian", como siendo Rico, ser más Rico. Arreglar no arreglan nada. La paradoja "De la Montaña Mágica" es que uno de sus personajes esta basado en
Georg Lukács, el marxista de marxistas.
Comentado por: Hermano Marx el 01/3/2012 a las 23:27
Naturalmente, como ciudadano corriente no veo de Davos nada que no quieran que vea. Entiendo que una reunión de personajes que detentan todas las esferas de poder lo hacen porque les sale rentable. Aparte de los políticos, efectivamente, no son dados a exponerse al público. Pero lo hacen iniciando el Foro con un debate sobre el capitalismo. La primera pregunta en la primera sesión decía así: "¿Está el capitalismo del siglo XX fallando a la sociedad del siglo XXI?". Suena interesante y responsable pero no veo donde confluyen sus intereses con los de los ciudadanos que desean trabajar para vivir. Más bien creo lo contrario. Además de marcar las pautas quieren la razón. No lo pueden evitar.
Saludos,
Comentado por: Foro el 14/2/2012 a las 01:14
Porque sé . . . de enmudecer.
.
Sordos oyen, . . . acudían.
.
( Dicen mudos lo que fal-
ta en el camino
- HUMA AÁ AÁ AÁ A Á Noó
OÓ O Ó . . . - del universo ).
.
Quiero ver, verlo, ver-
m e a m i m i s m o ,
humano ver.
Comentado por: ´´´ el 13/2/2012 a las 20:36
No podían haber elegido mejor sitio. Incluso deberían adoptar el nombre de “Sociedad del Medio Pulmón”, pues algo me dice que ese selecto grupo no respira plenamente la realidad. No obstante, la analizan, diseccionan, interpretan y dirigen con la misma alegre despreocupación altiva de ser socios del elitista club de enfermos crónicos que ya conocen todos los secretos de la enfermedad. Han aceptado que el mundo está enfermo y se han hecho expertos en vivir con el mal, mirando con cierto desprecio, con superioridad a los ingenuos idealistas que no se resignan al malestar.
Desde aquellas alturas alpinas, de aire enrarecido y puro ¿qué somos para ellos nosotros, los que habitamos en el valle mefítico, sino una masa amorfa, bullente, muchedumbre larvaria desarrollándose, retorciéndose y alimentándose de la putrefacción que ya empieza a invadir el cuerpo social?
No bajarán de las alturas de la Premeditación, de las Cosas Últimas, las configuradas por el juicio de lo conveniente. Se mantienen alejados de las Cosas Primeras, las advertidas por el instinto, las que representan la Naturaleza, la espontaneidad, la materia, la inocencia, los niños, los animales…Viven en la cumbre de las Cosas Últimas, aquellas que se encuentran en la cabeza del hombre, en la Premeditación. Cuando el juicio alcanzó las Cosas Últimas, el corazón olvidó las Primeras. (Miguel Espinosa).
¿Cómo pueden entender, por tanto, los Mandarines de Davos las cosas del corazón?, ¿cómo pueden, en su selecto y refinado ambiente, con su exquisita y ceremonial cortesía, saber de la espontaneidad que sufre ante el dolor y la injusticia, que se sonroja ante el hambre y la humillación?
Acaso cuando, como Hans Castorp, deban bajar de la Montaña Mágica en que están instalados se enfrenten como el personaje de T. Mann, a la guerra y al horror a que nos condujo su Premeditación, su juicio sobre lo conveniente, olvidando la espontaneidad del corazón, ese pulmón que les falta para respirar plenamente la realidad humana.
Comentado por: bmh el 13/2/2012 a las 15:00
¿No saben nada los "señores" de Davos? ¿Los banqueros, los políticos, los economistas? !Qué cosas! Pues que miren los World Press Photo todo lo han hecho ellos. Es inaudito perverso (son perversos e inhumanos) que justo cuando empezamos a mirar a los países que más lo necesitan (los de siempre) estalle "la crisis" económica en los países ricos. ¿No saben nada los "señores" de Davos?
Comentado por: marta el 12/2/2012 a las 19:01
Una cosa es la Mayéutica, ayudar a parir de forma sócratica y otra cosa es forzar a laxar para acabar convirtiendo grandes desvencijados.Vamos digo yo, ¿no?...
Comentado por: Aidos el 12/2/2012 a las 15:00
Nadie sabe nada. Que personalizado sería "Lo único que sé es que no sé nada".Un igualarnos todos por la ignorancia. Verdad obvia y trivial que pasa a todos por el mismo rasero. Igualitarismo para compensar otros igualitarismos defenestrados. Pero a lo mejor no todos somos de la misma camada. Suiza no está en la UE.
Comentado por: Tioteo el 12/2/2012 a las 14:04
Hasta no hace mucho se hablaba del "pensamiento único" pero en realidad se trataba del no pensamiento. Se trataba de dejar simplemente que el más fuerte se imponga. ¿Qué tiene que ver eso con el pensamiento? Pero nos ha salido el tiro por la culata por que el más fuerte esta resultando ser China. ¿Cómo va a saber nadie nada?
Comentado por: p el 12/2/2012 a las 12:45
Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
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