El molesto factor humano
En la primavera pasada oí una conversación en un pub londinense que me ayudó a comprender lo que está ocurriendo en la actualidad mucho más que las herméticas páginas económicas de los periódicos o los confusos discursos de tantos políticos. Era un pub situado en la City, a dos pasos del Támesis, y la animada conversación tenía como protagonistas a tres jóvenes ejecutivos, de no más de 30 años, que consumían cervezas sentados en taburetes improvisadamente colocados en la acera, sin duda con el ánimo de gozar de la calidez inusual de la tarde.
Como hablaban alto era fácil escuchar lo que decían con un tono desenfadado y alegre. Cuando yo presté atención estaba languideciendo el tema de las mujeres, vinculado al inmediato fin de semana, y se introducía la cuestión del fútbol, con dos seguidores del Chelsea y otro del Arsenal. En cualquier caso, los tres jóvenes estaban más interesados por los negocios del fútbol que por el juego propiamente dicho, y el nombre de Román Abramóvich, o el de un eventual comprador del Arsenal que no logré descifrar, eclipsaban a los de los futbolistas.
Luego, sin abandonar el tono festivo, hablaron de cosas serias: del pasado y del presente, dado que el futuro parecía importarles más bien poco, al menos aquel día. Era claro que los tres contertulios se consideraban aspirantes a dueños del mundo y, en consecuencia, trataban al mundo como si fuera el jardín de su casa, con libertad absoluta para arrancar o plantar árboles donde les diera la gana. Era curioso estar al lado de estos propietarios del mundo, disfrutando, como ellos, de las cervezas y el cálido atardecer.
No se necesitaba mucha imaginación para entender que el poder que se otorgaban aquellos hombres no era fruto ni de ejércitos ni de grandes empresas imperiales -algo indispensable para sus abuelos- sino de la audacia, un poco alocada, y de la especulación. Tenían ideas muy claras y las expresaban con gran nitidez discursiva, lo que, con posterioridad, me facilitó la reconstrucción de los argumentos que aquellos tres bebedores de cerveza se habían comunicado, sin demasiadas disensiones y con una gran complicidad.
Para decirlo brevemente mis compañeros de pub aspiraban a una existencia en la que la ley del más fuerte se pudiera desarrollar sin trabas. No obstante, todo se producía pulcramente, civilizadamente. A diferencia de épocas remotas en que era necesario saquear ciudades o masacrar comunidades enteras, en la nuestra, afortunadamente, no debía realizarse un esfuerzo tan colosal. De hecho, en un momento determinado, uno de los tres bebedores se refirió displicentemente a su padre, que había heredado una gran empresa en Manchester y que había malgastado su vida tratando de conservarla y luego, en plena quiebra,
pactando una y otra vez con aquellos obreros a los que, finalmente, debió despedir entre huelgas y malas maneras. Este desgraciado empresario de Manchester, y sus desgraciados trabajadores, eran, en definitiva, los ejemplos de lo que debía evitarse a toda costa.
En sentido contrario, según creí comprender, el verdadero emprendedor de nuestros días es aquel que concibe su negocio sin el lastre de tener una empresa y, ya no digamos, unos trabajadores que quieran contratos y derecho de huelga, y a los que se debe echar entre desagradables malos modos. El emprendedor actual es un ser etéreo y casi invisible que anhela la pureza absoluta del beneficio sin ataduras de ningún tipo: sin una empresa repleta de inútiles trabajadores, sin patria que reclame bondades nacionales, sin religión que apele a inservibles comuniones, sin moral que proclame trasnochados imperativos. A ese negociante que pasea sus ávidos ojos por el planeta le basta con manejar a su antojo el sismógrafo de los beneficios y de las pérdidas. Ni siquiera debe pecar porque no debe darse por enterado de las consecuencias de sus acciones, sean estas el cierre de no sé cuántas fábricas o el desencadenamiento de no sé cuántas guerras.
De dar crédito a lo que oí en el pub de la City, el emprendedor ideal de nuestra época es, casi, un habitante del mundo de las ideas platónico: encarna la idea del beneficio sin límites, del utilitarismo sin concesiones, de la eficacia sin la coacción de una moral, y en especial de aquella rancia moral burguesa en la que los empresarios simulaban estar preocupados por el bien común de las naciones y por el destino de sus trabajadores.
Para aquellos tres alegres bebedores de cerveza, la crudeza, e incluso la gélida belleza, del beneficio puro excluía cualquier atención al factor humano. No debería negarse la posibilidad de que aquellos tres antiguos alumnos de una buena escuela de negocios hubieran coronado la fantasía de suponer que en el mundo de los grandes números los hombres habían acabado siendo una sombra superflua.
Todo eso podría parecer exagerado, las palabras un poco ebrias de tres jóvenes ejecutivos ambiciosos y sin demasiados miramientos, si no fuera porque la molestia que supone el factor humano parece anidar en la mayoría de las declaraciones a las que hemos asistido últimamente. Los hombres, con sus dolores y placeres, han desaparecido de la escena, y en su lugar han aparecido las cifras, acompañadas por un lenguaje esotérico, a menudo incomprensible para los propios que lo utilizan, que siempre tiene como objetivo justificar la sustitución de los seres humanos por los números. Los destinos individuales se desvanecen para dar paso a la eclosión de las magnitudes. Y naturalmente han surgido por todos lados profetas de las magnitudes, tipos que nos informan de lo que es eficiente y útil, y simultáneamente nos amenazan con el advenimiento de catástrofes apocalípticas, causadas siempre, no por la codicia y la especulación, sino por un abuso exagerado del factor humano por parte de individuos que cometieron el error de considerarse individuos en lugar de componentes de una cifra. Que los profetas de las magnitudes -o los catedráticos de Economía- actúen en esta dirección puede formar parte del espectáculo al que nuestra época es tan aficionada; más grave es que los denominados representantes del pueblo se hagan eco de sus profecías.
Y eso es exactamente lo que sucede. No pasa día sin que nuestros políticos, de cualquier ámbito, fustiguen nuestros vicios mientras alaban las virtudes de la eficiencia universal que se encarnan en el todopoderoso y endiosado mercado. Tenemos que arrepentirnos porque estamos al borde del precipicio. Puede ser cierto. Pero los súbditos del mercado que de tanto en tanto aspiramos a ser ciudadanos aún esperamos una explicación democrática de por qué somos o seremos precipitados al abismo.
Es verdad que, como nos aseguran, somos culpables de haber querido vivir demasiado bien, sin que el mundo esté hecho para esos lujos, pero quisiéramos que se nos hablara asimismo de la inmensa codicia, corrupción y torpeza que nos ha llevado adonde estamos. Los que deberían hablar callan porque no están en condiciones de decir la verdad que les hundiría. En este sentido, prefiero a los tres alegres bebedores del pubde Londres porque eran perfectamente sinceros a la hora de proclamar su falta de escrúpulos.
El País, 17/12/2011
[Publicado el 28/1/2012 a las 10:18]
Buenas noches a todos y a todas ustedes,
el "factor humano" se ha revelado en Grecia, después de un segundo plan de rescate europeo que impone unos recortes draconianos. Muchos niños ya acuden a las escuelas mal alimentados. Y esto en nuestra "civilizada" Europa.
El mercado, fue el mercado alemán, digámoslo por su nombre sin tapujos, y la posición geoestratégica de Grecia (más lo primero que lo segundo), lo que propició, animó y alentó la entrada de Grecia en un mercado europeo con moneda única. Grecia no cumplía en su día los criterios fijados en Maastricht, pero ....Grecia compraba casi todo su armamento militar a Alemania, país que alentó su entrada en la comunidad europea. Ahora, es Alemania la que estrangula al país con la exigencia de recortes cada vez más insoportables.
La idea de Europa, la Europa que se ha querido construir, ha fracasado porque era una idea espúrea, únicamente creada por y para el "mercado". Se han perdido de nuevo unos cuantos años en la pretendida "construcción europea". Y fracasará siempre, si se atiende únicamente al "mercado".
Lo mejor que puede hacer el país heleno es, simplemente, no pagar su deuda, como hizo en su día Argentina.
Alemania seguirá siendo poderosa, pero los griegos no se morirán, literalmente, de hambre.
Y no olvidemos tampoco que en la poderosa Alemania, muchas personas subsisten con sueldos misérrimos (de los llamados "minijobs", una vez aprobada una reforma laboral que redujo la tasa de paro a un precio....iba a decir altísimo, pero es más bien bajísimo).
El "factor humano", algo que no cuenta para el "mercado", a no ser que "humano" sea sinónimo de "consumidor". En ese caso, le pondremos a sus pies la alfombra roja, si es necesario.
¿Quién se cree esta idea de Europa? Nadie. ¿A quién beneficia esta idea de Europa(cui prodest?)? Pues a los mismos de siempre......
Saludos a todos y a todas ustedes.
Comentado por: escoin el 16/2/2012 a las 20:46
Hola a todos en primer lugar dar la enhorabuena al prf. Argullol, leo con detenimiento bastante de lo que escribe y normalmente estoy de acuerdo con muchas de sus tesis, en este caso difiero de su punto de vista y me llama poderosamente la atención que argulla con esa naturalidad y simplicidad el asunto del factor humano.
En primer lugar habria que decir que dicho factor (el cual habria que definir) no puede circunscribirse a un precepto que si bien puede ser compartido, habría que encuadrarlo en un espacio-tiempo el cual se ve "determinado" por la persona que habla y ademas por lugar en el que se encuentra.
Seguramente al margen de ese analisis esos yupis, estaban en la cerveceria con una ropa de algun modisto, llevarian un reloj de una marca determinada, un coche...es decir estan insertos en un sistema con una estructura (arquitectura)social determinada y con una estructuracion propia de espacio-tiempo de dicho sistema. Lo que quiero hacerle ver es ni mas ni menos que toda esa lucha simbolica es algo "humamo" y es lo que nos distingue de otros mamiferos. nadie hace las cosas y le da sentido a su realidad si no es con una construccion social de la.misma. Saludos
Comentado por: kalí el 01/2/2012 a las 13:51
Comentado por: me el 29/1/2012 a las 18:41
Como me gustaría que todavía viviera mi querido Miguel de Unamuno para que nos diseccionara todas esas paradojas de nuestro tiempo:
- La deshumanización del hombre
- La suplantación del mundo real por el mundo virtual (en lo referente a personas y avatares, también inversiones fantasmas y mercados en el aire)
- La pérdida de los derechos sociales en pleno apogeo del saqueo público con el pueblo de brazos cruzados.
Comentado por: Manuel Bueno el 29/1/2012 a las 00:23
Quizás lo que los tres yupies londinenses olvidan es que el factor humano puede dejar de ser humano y convertirse en factor armado. Aunque a veces me pregunto si no será eso, precisamente, el fondo de todo lo que está pasando...el preludio de la exterminación controlada de el factor humano "sobrante"
Comentado por: Zana el 29/1/2012 a las 00:17
Curiosamente he dado con este vídeo.(A este Detestable también se le dió bien las cervecerías).
http://www.nationalgeographic.es/video/national-geographic-channel/documentales/_apocalypse_the_rise_of_hitler_diseo-logo-nazi
Comentado por: Aidos sin alcohol el 28/1/2012 a las 22:03
"el emprendedor ideal de nuestra época es, casi, un habitante del mundo de las ideas platónico" uy tremenda frase!! vaya proyección metafísica. Oigan que el S.XX fue muchísimo peor. Pienso que estamos viviendo un problema hermenéutico que justamente viene de ese tremendo Siglo XX.
Comentado por: Aidos el 28/1/2012 a las 21:04
Tenía ganas de leer un nuevo artículo del profesor Argullol.
No soy una persona que lea mucho al margen de lo que se me exige en mis estudios de derecho. Bastante tengo con digerir la "comunis opinio" de los periódicos. Pero siempre guardo unos minutos para leer a Argullol, Azúa y alguno más porque me parecen personas leídas que diseccionan la realidad con objetividad, sin ver lo que uno quiere ver sino viendo lo que hay. Algún día tendré que sentarme a leer sus libros porque sé que me estoy perdiendo mucho.
escoin, muy de acuerdo con todo lo que comentas. Creo que nadie en nuestra sociedad quiere una sociedad desigualitaria como la de los BRICS, pero no sé si a causa de mi natural pesimismo o a pesar de él, veo que es a lo que nos estamos precipitando en España. Está siendo muy progresivo pero se empieza a percibir una sociedad polarizada y sin clase media.
La tecnificación podríamos decir que es algo neutro, pero de alguna manera es más difícil para un trader percibir el factor humano que para un asistente social. Trabajar en oficina, con corbata y datos de todo tipo con el fin de maximizar el beneficio dificulta mucho generar empatía.
Santo y seña tiene razón cuando dice lo del dinero plástico, es demasiado fácil crear dinero de la nada (los bancos) y que luego nadie responda del crédito. Porque el dinero es un derecho de crédito hacia el resto de personas y si al BCE le da por imprimir más dinero, el dinero de mi bolsillo pierde valor. Hoy en día los más ricos y poderosos no son otros que unos sabios que conocen los resortes del crédito y como hacer que acabe en su bolsillo en vez del de en enfrente. Obviamente lo que hacen es trampa. ¿Pero quién se lo impide?
Todo me cuadra si hago una interpetración pedestre del darwinismo. Homo homini lupus.
Comentado por: Néstor el 28/1/2012 a las 17:55
Hola de nuevo a todos y todas ustedes.
Bmh,entiendo lo que quiere decir, y estoy de acuerdo con algunas cosas de las que escribe.
No sé si para todos los economistas el "factor humano" es molesto. Creo que en otros países de Europa, en los que sin luagr a dudas existen economistas, gozan, o han gozado, de una prosperidad y calidad de vida envidiable. Pongamos el ejemplo de Suecia, por ejemplo. El problema es que, en mayor o menor medida, las actitudes poco cívicas y corruptas se han extendido. Esos tres jóvenes a los que alude Argullol son ejemplos paradigmáticos, pero la corrupción y la insensibilidad hacia cualquier otro que no sea "yo", está muy extendida.
Usted se preguntaba qué podíamos hacer. Yo creo, en mi modesta opinión, que la primera pregunta es ¿qué puedo hacer?. Está bien que denunciemos lo que consideramos injusto, pero los cambios empiezan por uno mismo. Santo y seña le respondió que no utilizando dinero de plástico, y es, por cierto, un buen inicio para todos aquellos que dispongan de esta posibilidad.
Les he puesto el ejemplo de Brasil. Allí todo, por barato que sea, se puede comprar con "dinero de plástico", lo que provocará un endeudamiento considerable de aquí a poco. Quizás , desde el punto de vista económico, todo debería ser tan sencillo como "no tengo, no gasto, a pesar de tener crédito disponible en la targeta". Idea peregrina, les parecerá a muchos de ustedes. Yo creo que no es así.
El espejismo consumista hace creer que se dispone de un dinero que, en realidad, se deberá devolver, tarde o temprano, con unos intereses abusivos.
"No tengo, no gasto". Eso es también economía.
Pero siempre nos quejamos "a toro pasado", ese es, desde siempre, nuestro gran problema, y no sé ya si en algún momento se cambiará esta dinámica. Cada uno de nosotros somos responsables de nuestros actos, no de los actos de los otros, sino de los nuestros. Idea también peregrina, pero piénsenla con calma.
Yo puedo criticar al político de turno por corrupto, pero luego no debería defraudar a hacienda, por ejemplo, o invertir en fondos de inversión en los que no se sabe qué se financia. En esto, el caso sueco o noruego es ejemplar.Una presión fiscal considerable, es cierto, pero unos servivcios envidiables a cambio. Yo ya firmaría.
Se nos quiere hacer creer que nuestro carácter mediterráneo es incompatible con una sociedad lo más diga y justa posible, y nos lo creemos. Mentira, mentira podrida. Otro argumento que se oye hasta la saciedad, o "ad nauseam". Pero claro, ahora nuestra presión fiscal es altísima, para poder pagar los desmanes anteriores.,, y no te quejes, que tienes trabajo....no como ese veintitantos por ciento de población que no lo tiene. Ese es nuestro drama.
Y es que, en realidad, cada vez nuestra ética está más empobrecida, y estamos totalmente despistados. Ayer cerró la compañía aérea Spanair, sin previo aviso y sin la menor consideración hacia sus clientes. Hace cosa de dos meses, su presidente hizo, o pretendió hacer, una charla en La Seu d´Urgell sobre buenas prácticas empresariales en un congreso, no se lo pierdan, que versaba sobre la mejora de la calidad de la educación. ¿No es esto mezclar churras con merinas? Hombre, ya está bien de tanto papanatismo. Si se quiere mejorar la calidad de la educación, empecemos por mejorar la formación de maestros y profesores, por no denigrarlos por defender sus condiciones y derechos laborales, y empecemos ya a ser padres y madres responsables. Lo demás, son "cuentos chinos".
Comentado por: escoin el 28/1/2012 a las 17:46
Si bien para los economistas el factor humano es molesto, nosotros, ese factor humano molesto, debemos, para entender las cosas, darle toda su importancia al factor humano que hay tras todas las fórmulas matemáticas y teoría económica de la Escuela de Chicago, pretendiendo hacer de la Economía una ciencia exacta. Y ese factor humano es el que nos presenta Rafael Argullol en este artículo. Pues tras la pretendida exactitud científica de la teoría económica está gente como los tres jóvenes que tomaban sus cervezas alegremente en un pub. Gente despreocupada, feliz, sin cargos de conciencia, educados para ser como son, posiblemente sin una idea clara de las repercusiones sociales de sus actos e investidos de un poder que ni por su juventud, ni por sus valores morales deberían ostentar. Frente a la doctrina indiscutible de que el mercado se regula por sí mismo en base a las fórmulas matemáticas desarrolladas por los economistas, nos encontramos con el factor humano que opera tras todas esas fórmulas matemáticas: la codicia, el egoísmo, la irresponsabilidad, la inconsciencia, el miedo...este es el factor humano por el que realmente se mueve ese ente abstracto investido de ciencia y matemáticas que llamamos mercados. Crisis de valores, moral que sólo podía desembocar en pobreza y miseria para millones de personas. En cuanto a la clase política actual pasará a la historia como la más nefasta y triste de cuantas haya tenido la democracia.
Comentado por: bmh el 28/1/2012 a las 15:04
Comentado por: Orion64 el 28/1/2012 a las 14:43
Buenos días, estimados contertulios y contertulias cibernéticas.
Bueno, mucha "miga" tiene este nuevo artículo.
"Querer vivir demasiado bien", en palabras del profesor Argullol, una idea que también se ha repetido "ad nauseam". Los que han querido vivir "demasiado bien" han sido los de siempre, los codiciosos de turno, sea el codicioso especulativo, el codicioso político falto de cualquier respeto sincero por la "cosa pública", o el codicioso y caprichoso inocente que "ha picado" el anzuelo del espejismo consumista más burdo. Pero estos "platos rotos" los estamos pagando todos, y eso no es justo, y a muchos de nosostros se nos culpa de "querer vivir demasiado bien", cuando lo que hemos deseado, al fin y al cabo, y deseamos, es llevar una vida digna. Lo que ocurre es que debemos reflexionar sobre el significado del adjetivo "digno", susceptible de múltiples interpretaciones, ciertamente. Hay cosas con las que no "se juega" peligrosamente, como son la sanidad y la educación, y las condiciones económicas y vitales de nuestros mayores. Yo no soy entendido en la materia, pero con un control racional del gasto público, seguro que debería haber dinero suficiente para que estos dos pilares básicos del llamado "estado del bienestar" no se hubieran resentido de la forma que lo han hecho.
Lo que más nos debería preocupar, según mi opinión, es en manos de quién hemos dejado el control de ese gasto. Independientemente de que la economía esté globalizada, aquí se ha despilfarrado dinero público a raudales en obras faraónicas "ad maiorem gloriam" de la casta política de turno.Los ejemplos creo que los podemos encontrar en todas las comunidades autónomas, pero ciertamente algunas se han distinguido más que otras. Y asistimos, no impasibles algunos y sí muy enojados, a una larga serie de cargos electos acusados de los más variopintos delitos.
Ahora se habla con admiración de los llamados países "emergentes", como la nueva tierra de promisión. Bien, ¿eso es lo queremos? ¿A costa de qué esos países son emergentes? Hace unas semanas visité Brasil por motivos familiares, país que desconocía por completo. País vasto y hermoso, ciertamente, pero con una fractura social más que considerable. En la pueta del hotel de la avenida Higiniépolis, me fijé en una imagen que puede resumir el estado social: un desheredado de la prosperidad económica se cruzó en su camino descendente con un "paseador de perros", los perros de la clase pudiente. Sus amos no disponen de tiempo para sacarlos a hacer sus necesidades. El desheredado bajaba la cuesta; el paseador, la subía. Quien conozca Sao Paulo, sabrá de sus cuestas pronunciadas, en todos los sentidos. Si aquí, en esta vieja y ensimismada Europa se pierde el sentido de la compasíón, en otros lugares del mundo los desheredados son invisibles. Señores, en Rio de Janeiro se estaban ocultando tras una tapia las favelas que se encuentran junto a la autopista. El país olímpico y sede del mundial de fútbol, no puede enseñar al mundo esa verdad incómoda, aunque es tal la magnitud de la fractura social, que dudo de la utilidad de mamparas. Y en el mismo Rio, hace dos o tres días, tres edificios se vinieron abajo a acausa, parece ser, del mal estado de las infraestructuras del gas porque, según dicen,la corrupción administrativa "campea a sus anchas" si se desea conseguir cualquier tipo de permiso o de licencia de obras.
Aquí, pues lo mismo, o vamos por el mismo camino. Pero con el esfuerzo de muchos, conseguimos unas condiciones mínimas y dignas a las que no debemos renunciar, inimaginables en otras latitudes.
Bueno, creo que ya me he extendido demasiado, aunque me he dejado otros aspectos por escribir.
Saludos a todos ustedes.
Comentado por: escoin el 28/1/2012 a las 13:25
Comentado por: Santo y seña el 28/1/2012 a las 13:25
Comentado por: bmh el 28/1/2012 a las 11:25
Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
Entrevista acerca de Del Ganges al Mediterráneo
22/5/2012 20:18
http://www.youtube.com/watch?v=d...
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22/5/2012 10:40
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