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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 13 de agosto de 2020

 Blog de Rafael Argullol

Apología desesperanzada de Europa

Junto con la cortedad de miras de los dirigentes políticos, uno de los aspectos más deprimentes de los últimos desastres europeos es la indiferencia con que los ciudadanos contemplan los acontecimientos. Naturalmente, se muestran preocupados ante los reveses económicos y sociales que pueden afectarles, pero no hay indicios de que Europa sea, para los europeos, algo más que una moneda que ha entrado en zona de zozobra. De ahí que, cuando las alarmas se han disparado definitivamente, algunas gentes se hayan preguntado por lo que significaría la desaparición del euro y, sin embargo, nadie parezca preocupado por las consecuencias civilizatorias del fin del sueño europeo, la verdadera catástrofe a la que, de no remediarlo, nos vemos abocados.

El síndrome del barco inmediatamente antes del naufragio domina ya los gestos, de modo que, empujados por el miedo, retornan los nacionalismos más feroces, sea por parte de los países que se consideran engañados, sea por la de los que se sienten despreciados y ofendidos. Cuanto más amarilla es la prensa que se hace eco del descontento, mayores son las acusaciones, y lo peor es que los ciudadanos, contagiados o por propia iniciativa, ya empiezan a lanzarse los dardos unos contra otros. El buque roza el remolino con una tripulación inepta y un pasaje enrabietado y apático.

Posiblemente la causa última de la deriva actual es la propia pobreza de la perspectiva espiritual que ha rodeado la construcción europea en la segunda mitad del siglo XX. Es cierto que se produjeron buenos éxitos en el proceso, como la supresión de las fronteras o la aceptación de una moneda común, pasos capitales para avanzar en la promesa de la unión, pero en todo momento faltó la audacia y creatividad necesarias para dibujar un escenario verdaderamente ilusionante. Si desde una óptica económica Europa consiguió una nueva prosperidad tras la II Guerra Mundial, culturalmente continuó siendo una potencia derrotada que perdía, década tras década, su pasada hegemonía. Max Ernst pintó maravillosamente bien la derrota europea en Europa después de la lluvia. Con los años, Europa se recobró en lo material pero no en lo espiritual, de modo que el desolado paisaje pintado por Ernst adquirió un nuevo simbolismo en la media centuria de

guerra fría y dominio americano, durante la que los europeos se sumieron en una paulatina aculturalización que les ha hecho perder casi toda seña de identidad.

La construcción europea apeló más al estómago que a la conciencia. Es verdad que en los primeros lustros hubo todavía estadistas de primera categoría. No obstante, cuando estos empezaron a escasear, se hizo evidente la fragilidad civilizatoria del proyecto europeo. Los avances en la comunicación y en el intercambio mercantil no supusieron un reforzamiento decisivo de la idea futura de Europa: los europeos empezaron a viajar de una punta a otra del continente, a comprar productos de todas las regiones, e incluso a traspasar estudiantes entre las más alejadas universidades, pero, paradójicamente, este dinamismo no apuntaló una arquitectura sólida que alojara un sentimiento común. Los europeos éramos llamados europeos en América o en Asia, pero en Europa seguíamos sin sentirnos europeos pese al mastodóntico despliegue de las instituciones de Bruselas y Estrasburgo. Nuestro pasado era común y, sin embargo, nuestro presente era brumoso y nuestro futuro, incierto.

El desafío sobresaliente que reveló este fracaso fue la aprobación de la Constitución Europea, documento que, en principio, debía sancionar el tercer nacimiento de Europa -tras los imperios romano y carolingio- y que, en la práctica, se transformó en el enésimo testimonio de una rutina burocrática que no implicaba para nada el entusiasmo de los europeos. La Constitución Europea fue, finalmente, un texto aséptico que en modo alguno recogía la herencia espiritual y moral del continente, y que no tenía ninguna posibilidad de suscitar una adhesión activa de los ciudadanos que, en gran parte, ni siquiera saben que existe un documento de este tipo. Al contrario, la fantasmagoría de esa Constitución fue el recuerdo multiplicado del páramo civilizatorio en que se había sumido Europa y el anuncio de que la fragilidad del edificio soportaría mal una sacudida como lo que ahora denominamos crisis. En consecuencia, cuando la sacudida se ha producido, los europeos, despavoridos ante lo que sucedía en su bolsillo, no solo se han olvidado de esa europeidad que nunca llegaron a tener sinceramente, sino que acusan con amargura a la madre Europa de todos sus males.

Y no obstante, el hundimiento del proyecto europeo sería lo peor que le podría pasar al mundo, al menos desde el punto de vista de la libertad. Europa todavía está a tiempo de explicar el porqué, y sobre todo de explicárselo a sí misma. Como ciudadano europeo me hubiera gustado que, en un radical ejercicio de autocrítica, la Carta Magna europea hubiera recogido nuestro pasado colonialista y expoliador. Era un buen momento para aceptar ante el mundo que durante siglos Europa había saqueado a los otros continentes. Y asimismo era un buen momento para recordar al mundo la aportación humanista e ilustrada, genuinamente europeas, a la libertad individual y a la democracia colectiva.

Era un buen momento y lo sigue siendo. En medio del torbellino de la llamada "crisis universal", llena de opacidades y equívocos, el único camino posible por parte de Europa es desplazar la centralidad del omnipresente mercado -protagonista espectral, pero absoluto- para devolver el eje de gravedad a la democracia. En esta operación, fundamentalmente cultural, Europa todavía podría ser fuerte y recuperar parte del amor propio desvanecido. Por contra, la definitiva disolución del proyecto europeo dejaría vía libre a opciones totalitarias que gozan de un prestigio, históricamente inesperado, como eficaces antídotos frente a la crisis. Para Putin, para el Partido Comunista Chino o para los jeques árabes la libertad es un estorbo para la buena salud del mercado. No hay duda de que un presupuesto de este tipo conduce directamente a la barbarie.

Y esta precisamente no debe ser la apuesta de Europa, si quiere ser fiel a lo mejor de sí misma. Como patria histórica de la democracia, su vitalidad depende de su predisposición a proponer la libertad como la medida que siempre debe prevalecer sobre las demás reglas del juego, en especial las leyes que quiere imponer el gran Moloch de la especulación a todos los ciudadanos del mundo, incluidos, por supuesto, los adormilados, pusilánimes y egoístas europeos.

 

El País, 12/11/2011 

[Publicado el 12/11/2011 a las 23:32]

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Comentarios (13)

  • Xavier Culleré Tomás :
    Aprovechando su comentario y como estamos a poco días de unas elecciones, no puedo por menos que recordar algunas cuestiones.
    Sólo van a ser recuerdos pues a veces la memoria a corto nos olvida algunas cosas. ¿O serán otras las causas?
    En un paso más en el proceso de evolución de la Unión Europea se elaboró una Constitución por un grupo de jerifaltes, que se denominaba “La Convención” -¡de pomposo recuerdo!- cuyo presidente era V. Giscard d´Estsing. Dicha Convención concluyó su trabajo el 10 de julio de 2003.
    El siguiente paso era el proceso de aprobarla en cada uno de los estados miembros. Lo que siguió fue el más puro cuento de la historia universal de la infamia.
    Abrió el baile España. Aquí se "celebró" un referéndum para consultar a los ciudadanos sobre el Tratado de Constitución para Europa el día 20 de febrero de 2005. El SI fue abrumador: 76,73%. Todo parecía ir sobre rudezas y más dando lecciones desde esta península.
    Siguió Francia. Otro referéndum el 29 de mayo de 2005. Salió un contratiempo. El resultado fue una victoria del No con el 55% de los votantes.

    En Holanda se consultó vía referéndum el 1 de junio de 2005. Los resultados oficiales mostraron que un 61,5% de votantes rechazaba la Constitución.

    Visto como se derrumbaban las previsiones los políticos debieron estrujarse las meninges. Nuevo Masked ball.

    Ya habiéndose tomado la decisión, Luxemburgo también tuvo referéndum el 10 de julio de 2005. Ganó el SÍ con el 56,52% emitidos pero la suerte ya la habían echado en Francia y en Holanda. Hay países con más prosapia que otros.

    En Irlanda estaba previsto que se celebrase en 2005 ó 2006. Tras el rechazo a la Constitución en el referéndum francés de mayo y en los Países Bajos en junio, el referéndum irlandés se pospuso sine die.

    Y también desapareció la Constitución. Se sustituyó de prisa y corriendo por el ahora vigente Tratado de Lisboa, sustituyéndose las consultas en referéndum por la aprobación en procedimiento parlamentario en 26 de los 27 estados miembros. Al menos en la teoría no era necesario aprobarlo en referéndum pues no tenía la categoría de Constitución.

    Pero como en Irlanda no se celebró el de la Constitución, decidieron aprobar el Tratado por ese medio. Irlanda dando problemas. Se celebró el 12 de junio de 2008. Rechazaron el tratado en la primera votación el 53,4% de los votantes. Las consecuencias eran radicales pues eso suponía que no entraría en vigor el Tratado pese a estar aprobado en el resto de estados. Para evitar el entuerto se celebro un segundo referéndum el 2 de octubre de 2009. El 67,13% de los votos resultó favorable al Tratado.

    El Tratado de Lisboa entró en vigor el 1 de diciembre de 2009.

    Salud para todos.

    Comentado por: Tioteo el 18/11/2011 a las 09:30

  • Entro sin llamar porque he visto la puerta abierta y he supuesto que era una señal de invitación.

    Hemos de recordar que el engendro que significó la Constitución Europea fue un texto elaborado por los diferentes países que formaban parte del proyecto unificador tras una larga negociación, que se aprobó por sus respectivos parlamentos y que en algunos casos se sometió a referéndum que no siempre se ganó. En este sentido es pertinente el comentario del profesor Argullol al lamentarse del poco interés que despierta la presente crisis en la población de Europa fuera del efecto muy directo que en sus vidas pueda tener.

    Ya sabemos que la democracia es el peor de los sistemas políticos si exceptuamos a todos los demás, por ello siempre recuerdo, cuando nos quejamos de que los políticos no nos dicen la verdad, que hubo un médico que anunció a su paciente la necesidad urgente que había de amputarle un brazo si no quería morir de cangrena. El enfermo montó en cólera acusando al galeno de no haberlo sanado antes y negándose con vehemencia a ser operado, “córtese Vd su propio brazo”, vociferó. El resultado de todo ello fue, evidentemente, la muerte del pobre hombre. A partir de entonces el médico nunca más ha vuelto a ser sincero con sus pacientes, ni casi con nadie.

    Saludos a todos y gracias por permitirme dejar mi comentario.

    Comentado por: Xavier Culleré Tomás el 17/11/2011 a las 16:08

  • Coincido con Vd. en que Socrates es la razón en estado puro,en el significado de "inédito", en la pasión que manifestó Jesucristo y en los remolinos que debemos nadar en aguas profundas para luego poder ser expulsados. Y lo dficil que es conseguir libros suyos en la Bibioteca Pública.

    Comentado por: Emy el 16/11/2011 a las 18:08

  • Gracias, Tioteo, por dejar la dirección de “Pienso pero Existo”. Me lo habría perdido si no fuera por usted.
    Don Rafa, me ha encantado oírlo y verlo. Me lo llevaría a mi blog pero no veo la forma de descargarlo.
    Podría haber hablado para sordomudos, lo habrían entendido por el juego de sus manos!

    Comentado por: me el 16/11/2011 a las 17:35

  • Què és el progrés?
    Una eina dels dèbils per sobreviure, que acaben utilitzant els aprofitats per tenir poder, una perversió de la raó, un intent inútil d'evitar la roda del patiment o tot junt?

    I què és Europa, el IV Reich o l'autocrítica que cites, no crec que pugui ser tot junt?!

    Comentado por: Piku el 14/11/2011 a las 10:38

  • Hola! Lo que quiero decir no tiene que ver con el tema, pero de todos modos lo voy a decir. Me alegró mucho tu presencia en la sede del ICR el pasado 3 de noviembre y también me dio algo de esperanza escuchar a alguien no pesimista que aún crea en la salvación de la humanidad, por muy difícil que parezca. Pero tengo que admitir que me atrajo más oírte hablar sobre literatura, pues mucha gente puede opinar y aportar ideas sobre la crisis, lo que esté mal y lo que tengamos que cambiar (aunque poca gente pasa más allá del solo expresarse) pero sí me mueve la forma en que cada escritor habla de su propio trabajo literario y el camino recorrido hasta su presente. Me da tristeza que no se puedan encontrar más libros tuyos por aquí. Un saludo lejano!

    Comentado por: Dulce Limon el 14/11/2011 a las 10:14

  • (sila) "curiosamente" algo parecido me ha sucedido en mí. También el año 73 estaba lejos de España,concretamente nací fuera de España pero al poco tiempo regresé. Nunca pedí la doble-nacionalidad,¿no sé por qué? únicamente era capaz de ver (que no es poco) que si lo hacía era dar un salto tremendo a todo lo que me rodeaba. Me quedé en la cotidianidad de aquellos tiempos para más desgracia mía. Desde luego, si tu profesor me hubiera hecho esa pregunta, mi respuesta hubiera sido la misma que lo fue la tuya.

    Comentado por: Aidos en Batiscafo el 14/11/2011 a las 00:20

  • Pertinente también es aseverar la voz del relincho de Nietzsche.

    Diversidad de descontentos

    "Los descontentos débiles, y en cierto modo femeninos, son los más imaginativos para el embellecimiento y profundidad de la vida. Los descontentos fuertes-las personas viriles entre ellos, para mantener la metáfora- lo son para el perfeccionamiento y seguridad de la vida. Los primeros muestran con ello su debilidad y modos femeninos, que con gusto se dejan engañar y fácilmente se contentan ya con un poco de entusiasmo y romanticismo, pero nunca se satisfacen del todo y sufren por ser incurable su descontento. Además son ellos los protectores de cuantos saben procurar consuelos de opio y narcóticos, por eso precisamente guardan rencor para quienes estiman en grado superior al médico que al sacerdote. ¡Por esto mantienen la prolongación de los estados calamitosos!. Si no hubiese existido en Europa un excesivo número de descontentos, desde los tiempos de la Edad Media, tal vez no hubiera surgido en modo alguno la famosa disposición europea para el cambio constante. Pues las exigencias de los descontentos fuertes son tan rudas y en el fondo demasiado modestas para que no puedan llegar un día por fin a su apaciguamiento. China es el ejemplo de un país donde hace muchos siglos que murió el descontento en gran escala y la disposición para el cambio; los socialistas y los idólatras del Estado en Europa podrían llevarlo fácilmente a una situación china y a una "felicidad" china por sus medidas de perfeccionamiento y seguridad también en Europa, supuesto que podrían extirpar aquí primeramente aquellos descontentos y romanticismos más enfermizos, tiernos, femeninos que por ahora existen aún en abundancia. Europa es un enfermo que está muy obligado para con su estado incurable y el eterno cambio de su padecer. Estas situaciones continuamente nuevas, estos peligros así como dolores y los medios de información nuevos asimismo cada día, han producido al fin una susceptibilidad intelectual que viene a ser casi tanto como genio y, en todo caso, la madre de todo genio".

    Afectuosos Saludos y...
    Libertad, Amor y Salud

    Comentado por: Aidos en Batiscafo el 13/11/2011 a las 23:33

  • Recuerdo de pequeña, cuando vivía en Australia en 1973, en clase había niños de todas las nacionalidades – como sucede ahora aquí- y el profesor un día haciendo una ronda a nuestras procedencias, al llegar mi turno y mencionarle de donde era, o al menos de donde era mi familia, él me contestó, eres Europea y yo rápidamente repliqué; NO, yo soy de España… hoy, después de 38 años, sigo sin percibir la diferencia que debería existir desde entonces.

    Comentado por: sila el 13/11/2011 a las 15:34

  • Bueno, vale la pena esperar un tiempo para leer los artículos del profesor Argullol.
    Estoy muy de acuerdo con todo lo que escribe, y son ideas que creo recordar que ya comentamos en este mismo blog hace un tiempo. La idea de una Europa unida creo que ha tenido unos pies de barro desde sus inicios. No nos engañemos, porque muchos han visto en Europa únicamente un inmenso ente burocrático y, particularmente, subvencionador (el famoso escándalo del lino, escándalos en la producción de aceite o leche, etc). Ha sido una Europa sin alma que se ha mantenido más o menos a flote mientras la situación económica era mejor que la de ahora. La moneda única y la supresión de fronteras fueron unos pasos decisivos, pero aquí se quedó anclada la idea de Europa. Supresión del cambio de divisas y de aranceles fronterizos, y casi nada más, a pesar de contar con becas Erasmus, por ejemplo. Y luego, imágenes que nos escandalizaron, como la de aquellos eurodiputados que entraban a la sede del parlamento europeo únicamente para fichar, y salían al cabo de un par de minutos con sus maletas preparadas para dirigirse al europuerto. Se quería una Europa unida, pero las diferencias entre los diferentes estados era escandalosa. Por ejemplo, en los salarios o en la jornada laboral de los trabajadores. Así no se construye una identidad que sea creíble para sus ciudadanos, porque se dan cuenta del "cambalache" económico y usurero.
    No se puede aceptar una idea de Europa con ciudadanos de primera, segunda, tercera y cuarta categoría, a no ser que demos como buena la idea platónica de república, en la que cada uno sabe perfectamente a qué atenerse, pero eso no es a lo que se aspiraba, al menos sobre el papel.
    Como mínimo, Platón reservaba el papel dirigente a reyes-filósofos, y aquí hemos tenido, ciertamente, usureros e incompetentes como dirigentes. Se cree, por ejemplo, que los estudios de económicas o de derecho son los únicos válidos para cualquiera que desee gobernar un país. Craso error, desde mi punto de vista. ¿Dónde están los humanistas, los filósofos, los profesores, los intelectuales? No sé si es cuestión de desesperanza o de apoltronamiento, pero se echa de menos otro enfoque en la política.
    No nos engañemos, si queremos que triunfe una idea de Europa, la educación es otro punto clave, lo cual ocasionaría un cambio de planes de estudio en todos los países miembros de esta supuesta unión europea. Esto, no se lo he oído decir a nadie, y creo que es fundamental.
    Ideas para evitar que Europa sea únicamente el Moloch de Metrópolis.

    Comentado por: escoin el 13/11/2011 a las 11:48

  • Aún nos queda la ética.
    Esto que parece tan ingenuo, que nos provoca tanto pudor, debe ser el principal motor para iniciar la resolución de la crisis europea. Aún puede lograrse. No hay que perder la esperanza.

    Comentado por: Paz el 13/11/2011 a las 11:21

  • Puede que Europa no haya superado el destino de ser campo de batalla si la guerra fría se hubiera convertido en caliente.

    Son tantas las vergüenzas que es difícil olvidar. Un ejemplo fue la guerra de Yugoslavia; ¿Cómo influyó Alemania R. F. y el Estado Vaticano al reconocer a la vez a Eslovenia y Croacia existiendo aún Yugoslavia y no habiéndose declarado la guerra?

    Aquí no se asume que estamos gastando para sostenernos las últimas joyas de la familia. Más parece todo esto una patocracia generalizada.

    Salud.

    Comentado por: Tioteo el 13/11/2011 a las 08:57

  • Por fin leo un análisis de la penosa situación que va más allá de los mercados y la moneda, para enfocar el asunto con la profundidad que merece. Gracias Rafael. Hay que despertar a los europeos para que despertemos Europa.

    Comentado por: Alex el 13/11/2011 a las 08:27

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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