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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 4 de diciembre de 2020

 Blog de Rafael Argullol

La línea de sombra

¿Alguien se acuerda del día en que descubrió que existía la sombra? Probablemente nadie. Y sin embargo, ¡qué día tan importante! De repente, me doy cuenta de que alguien, la sombra, me acompaña siempre y a todas partes. Solo la leve excepción del mediodía solar, un segundo tan solo, me libra del inseparable compañero. También la oscuridad, pero la oscuridad no es sino una multitud de sombras que nos rodea y nos abraza. O el sueño, si es que soñamos imágenes sin sombras, algo sobre lo que no nos pondremos nunca de acuerdo. El niño que acaba de descubrir su sombra se da cuenta de que no solo él tiene compañía: los otros niños también la tienen, y los adultos, y los perros y los gatos, y las casas, y las bicicletas. El mundo entero tiene un compañero del que no puede desprenderse. Las sombras son los testigos más fieles de nuestras vidas y, no obstante, no tenemos ni idea de la hora en que empezó para cada uno de nosotros ese testimonio. ¿Cómo sería un mundo sin sombras? ¿Más infeliz? ¿Más dichoso?

Es difícil responder a esta cuestión. Pero tenemos una pista en la historia de la pintura. A los pintores, por la razón que sea, les costó incorporar las sombras a su obra, no, obviamente, por insuficiencias técnicas sino, quizá, por un devoto respeto hacia la luz. Mi época favorita -o al menos la que me induce a un gozo mayor-, el Quattrocento toscano, permaneció casi ajena al tratamiento de la sombra. Aquellos maravillosos pintores, que llegaron a saberlo todo del arte de la pintura, se mostraron reacios en el momento de aceptar la sombra. En Ghirlandaio y Botticelli no la hay, como tampoco la hay en el gran Piero della Francesca, para quien todo, los colores y las formas, estaba al servicio de la luz. Estos florentinos, que vivieron en un tiempo atravesado por la violencia y fueron desprejuiciados con respecto a la mayoría de las cosas, demostraron un extremo celo en defensa de la luz. El universo de las sombras debía quedar al margen, sino del mundo sí del mundo ideal que creaba la pintura. Pero cuando se coló la primera sombra en la representación las sombras se apoderaron de todo. Miguel Ángel abrió la puerta hacia la poderosa negrura de Caravaggio, y tras éste las sombras se enseñorearon de la pintura europea.

No sé si aquella pintura florentina ha sido la mejor pero sí pienso que ha sido la más gozosamente serena. La causa no es tanto la ausencia de sombra, sino la negativa a dar un protagonismo radical a la frontera que separa la sombra de la luz. Porque, en efecto, el descubrimiento indisociablemente unido al de la sombra, aunque mucho más inquietante, es el de la línea de sombra. Apuesto a que el niño advierte la existencia de un territorio completamente ajeno a la niñez, algo que estará siempre dominado por la incertidumbre, desde el instante mismo en que advierte el cerco de las líneas de sombra. Simétricamente también para el viejo, esa frontera, la más intangible, es la que le transporta a las otras fronteras, a las ya vividas y a la que falta por vivir. La línea de sombra, aunque en apariencia solo sea el contraste entre las zonas de luz y de oscuridad, es puro tiempo; informa de las edades del hombre, informa de las gradaciones entre la vida y la muerte. Por eso, los genios florentinos pretendían ignorarla, y por la misma razón Caravaggio la recordaba siempre.

Si en la pintura la expresión de la línea de sombra exige el choque cromático violento, el torbellino de la forma, en la literatura el escenario idóneo es la calma, cuanto más absoluta mejor. En el espejo de la quietud se reflejan las líneas de sombra con una nitidez extraordinaria. De ahí que los escritores no hayan elegido la tempestad, sino la bonanza, cuando han querido escenificar los poderes de la línea de sombra sobre la condición humana. La tempestad introduce el caos pero también la resistencia y el coraje; por el contrario, la bonanza, la exasperante bonanza de días tediosamente iguales, invita a la laxitud y al desamparo. Nada se mueve, con la salvedad de la línea de sombra que, como la minutera de un reloj implacable, marca la tierra a fuego.

O el mar. De hecho, un mar en calma, sin viento, con las velas obligadamente caídas ha sido la escenografía favorita de los poetas que han rendido homenaje a la obsesión por la línea de sombra. Así era el mar que desesperaba a los griegos, camino de Troya, y que exigió el sacrificio de Ifigenia por parte de su propio padre, Agamenón. Así también era el gélido mar austral en el que queda encallado el buque del protagonista de la Oda del Viejo Marinero de Coleridge. Sin embargo, quien mejor supo explotar la potencia simbólica de la línea de sombra fue Joseph Conrad en un relato titulado precisamente así, La línea de sombra. Maestro en la descripción de tormentas y naufragios, Conrad alcanza su cima literaria al narrarnos los espejismos y trampas de una terrible bonanza. En medio del aislamiento y la inmovilidad el protagonista percibe "la misteriosa calma de las fuerzas del mundo". La línea de sombra, con impecable regularidad, marca ante sus ojos las horas y los días. Finalmente, todo -juventud, muerte, nacimiento incluso- está al otro lado de la sombra.

Lo cierto es que esta parece ser también nuestra situación. La esperanza es que, como ocurre en el relato de Conrad, una repentina ráfaga de aire cambie nuestra perspectiva. Entonces nos olvidamos del reloj de sombras y, con el viento ya a favor, marchamos alegremente en busca de una nueva tempestad.

El País, 10/04/2011

[Publicado el 12/4/2011 a las 08:11]

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Comentarios (5)

  • Su sombra dice:

    Estoy muy animado porque las personas mayores desaparecerán de aquí unos años y los jóvenes que ellos desprecian no lo podrán hacer peor que ellos.
    Señor Argullol yo leo, leo mucho, he leído "El héore y el único" y he aprendido mucho, pero comienza a pasar con usted como con Azua, Dragó o Savater, que envejecen y escriben peor y se convierten en unos conservadores rancios, rancios contemporáneos, Será algo natural por la edad, pero tiene que saberlo:
    La humanidad avanza si se carga las estatuas y los altares de sus padres. No le diré cuantas veces ha pasado eso porque eso lo sabe usted mejor que yo.
    Sólo decirle que yo estuve en la manifestación del 29-S y fue detenido, llevó una muleta por una lesión crónica desde hace diez años, un antidisturbios me empujó y yo se lo recriminé, sin insultarlo, otro empujón, otro empujón, otro empujón, porrazo va, porrazo va y caigo al suelo, me protejo, más porrazos, me resisto y al furgón. 52 horas en prisión y juicio por atentado contra la autoridad y lesión en el dedo del medio de la mano derecha. Imagínese que yo los denuncio por eso.
    Tengo mala suerte de ser cojo y llevar muleta, no puedo correr pero tengo muleta y si me protejo y un mosso al darme un golpe choca con ella se puede hacer daño en un dedito.
    Tengo la mala suerte de ser joven y si un mosso me da impunemente y sin testigos seis puñetazos dentro del furgón, en la cabeza y en el estómago, como soy joven y aunque lisiado, (minusválido, cojo, incapacitado o lo que quiera usted decir), fuerte y resistente, no me rompen la cabeza ni tan siquiera un dedito.
    Tengo mala suerte y soy un pobre que no vide en Sarria o Sant Gervasi sino en Sants, que sólo pudo pagarse la carrera de periodismo y no un master, poco importa que lea y mi cultive si los cultivados como usted nos desprecian sin conocernos sólo porque somos jóvenes y estamos cabreados, poco importan nuestras razones, porque sólo somos lumpen, somos radicales, somos antisistema y no tenemos medios en los que expresarnos que no sean los antisistema.
    un cojo, porque aún era joven y no tenía una edad respetable.
    Por cierto yo sólo conocía a uno, un periodista que estaba allí como periodista y yo también estaba como periodista, aunque no ejercía.

    Para conocer la realidad hay que estar en el meollo, hay que vivirla, los intelectuales de salón sólo la conocen de segundas o tercera o cuartas y luego pontifican, critican y juzgan, en fin.
    Muy bien, quédese usted con sus razones y conserve su luz que se apaga, consérvese hasta que no peda más.
    Antes de la huelga estaba pensando en comprar su carísimo libro, algo escamado ya viendo su deriva hacía posiciones dudosas, pero el poco dinero que tengo lo tendré que utilizar para pagar una multa y todo por no poder correr, como hizo usted, quien prudentemente corrió hacía un bar, huyó de los acontecimientos y luego se pone a hablar y juzgar lo que no vio.
    Será cosa de la edad.
    En fin disculpe el tono, pero es el que su artículo merece.

    Con admiración en crisis.

    Tengo valor y estoy muy animado.

    Comentado por: Pau Suau el 15/11/2010 a las 20:30

    Comentado por: robinjud el 16/4/2011 a las 15:13

  • La sombra del tenebrismo caravaggesco es un instrumento para acentuar violenta, enfática, teatralmente, los efectos lumínicos, como un escenario a oscuras sobre el que se arroja el chorro de luz de un foco sobre el personaje inerme o sobre algún detalle significativo del atrezzo. Sólo la luz puede propiamente pintarse, pues no es la pintura sino iluminación; y esa sombra pintada, nunca es pura oscuridad, sólo es propiamente sombra pintada cuando en ella se aprecian las delicadas gradaciones cromáticas, lumínicas, que desmienten una oscuridad absoluta.

    Comentado por: concebir es alumbrar el 16/4/2011 a las 12:36

  • Un romántico, genial!I

    Comentado por: Indira el 13/4/2011 a las 16:30

  • Me gustan las sombras... me gusta seguir a la mia propia. Me gusta ver su silueta ya que es mi continuación. . Me gusta como va mostrándome el camino que yo elijo. Me gusta ver su paso firme y armonioso. Me gusta sentir que es más grande que yo. Me gusta como nos identificamos mutuamente. Me gusta ya sea en una tarde calurosa de verano, como en una mañana fría de invierno ,o, callejeando por cualquier ciudad , a la luz de las farolas. Me reconforta y hace sentir segura de mi misma. No es fácil describir la personalidad de una sombra, de ahí lo difícil que resulta, serlo.

    Comentado por: sila el 12/4/2011 a las 21:22

  • Cómo se disfruta leyéndole. Da igual si uno no está familiarizado con los autores o pintores que menciona; su prosa arrolla: nos hace ver las cosas desde un ángulo nunca visitado. En mi caso, me hace querer saber más, vivir más, pensar más y recordar más. Nuestra memoria se va pareciendo a nuestra sombra, la vamos perdiendo si no prestamos atención a ella.
    Sí, habría que marchar - alegremente - a nuevas tempestades. Anímese, nadie mejor que usted para contarlas.

    Comentado por: me el 12/4/2011 a las 20:52

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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