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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 30 de mayo de 2020

 Blog de Rafael Argullol

El planeta de agua

En nuestros días tenemos, al parecer, poco tiempo para los espectros, sea porque nuestra memoria es frágil, o sea porque nos creamos cabalgando un presente desbocado desde el que sería peligroso mirar hacia atrás. Sin embargo, lo queramos o no, los espectros serán siempre nuestros compañeros inseparables. Shakespeare lo advirtió claramente al contarnos que no se podía llegar al fondo de las pasiones humanas sin la compañía de las presencias espectrales: Hamlet con el fantasma de su padre; Lady Hamlet, con los de sus víctimas. Mucho antes, en la Ilíada, Homero, para expresar el dolor de una amistad quebrada por la muerte, hace que Aquiles abrace en vano el espectro de su querido Patroclo, una sombra sin cuerpo llegada del Hades para ser tocada sólo con los sutiles sentidos de la memoria.

Creo que los antiguos griegos tenían, entre otras, esta ventaja sobre nosotros: no esperaban nada del más allá, al contrario de lo que nos enseñó el cristianismo, pero tampoco lo contemplaban con la indiferencia que nos exige el utilitarismo moderno. Su más allá, su Hades, era una patria de sombras que, si bien permanecían ya al margen del magma de la vida, podían ser convocadas por los vivos en forma de recuerdos, de evocaciones, de presentimientos y, por qué no, de emociones que la memoria impulsaba a renacer. Eso en definitiva eran -y son- los espectros que se aparecían en los sueños, en su versión más indómita, o en los propios pensamientos. Los muertos eran necesarios para los vivos y es posible que, en buena medida, la maravillosa imaginación incrustada en los mitos helénicos sea la consecuencia fecundísima de aquella necesidad: el Hades, el lugar de exilio de las sombras humanas, era una suerte de espejos en los que se reflejaban misteriosamente los afanes de los seres vivos.

Se me ocurrió que esto podía ser así, no leyendo a Homero o Shakespeare, sino viendo de nuevo la película de Andrei Tarkoviski Solaris. La primera vez que la vi, hace mucho tiempo, me resultó inquietante pero como detesto las películas de ciencia ficción -salvo2001 Odisea en el espacio y Blade Runner- no di demasiadas vueltas al asunto. Luego, pasados los años, cayó en mis manos el relato de Stalisnaw Lem en el que se había basado, no sin grandes problemas de adaptación, Tarkovski para su película. La narración de Lem es una pequeña obra maestra de la literatura de la espera, en la línea de Kafka o, todavía más, de Beckett. Durante años los astronautas de la estación solar Solaris acechan cualquier indicio que pueda originarse en el planeta del mismo nombre, descubierto, en la ficción, 100 años atrás. El planeta Solaris gravita alrededor de dos soles, uno rojo y otro azul, y está enteramente cubierto por un océano.

A lo largo de la espera los astronautas realizan todo tipo de experimentos para arrancar el secreto del planeta de agua con la misma fascinación con que los viejos racionalistas, reacios a aceptar las prevenciones de los iniciados, querían rasgar el velo que cubría el rostro de la diosa Isis. Solaris es sometido a radiaciones en busca de su materia íntima pero, paradójicamente, lo que acaba aflorando es de índole espiritual. Es verdad que el planeta de agua envía finalmente no sólo mensajes sino "visitantes" que conviven con los solitarios astronautas; sin embargo, estos "visitantes", como el padre de Hamlet para éste o como Patroclo para Aquiles, son conglomerados de recuerdos, culpas o pasiones aparentemente desvanecidas. Son espectros.

Al contemplar por segunda vez la película de Tarkovski me di cuenta de que es precisamente el territorio de las pasiones espectrales el que más interesa al cineasta ruso, quien reconstruye una delicada historia de amor entre el protagonista, Chris Kelvin, y su mujer, Harey, muerta, suicidada, una década antes. Es una extraña historia de amor, de las más singulares que haya ofrecido el cine. Si Hamlet recibe la visita de su padre en las almenas del castillo danés como recordatorio de una venganza incumplida, y Aquiles la de Patroclo en los campos troyanos como testimonio de una amistad que desafía a la muerte, Harey resucita para Kelvin con el propósito de sellar un amor inmortal aunque, desde luego, no inocente pues arrastra tras de sí tanto la dicha como la desdicha. Y así el planeta del agua, Solaris, obsesionantemente espiado durante años por los habitantes de la nave espacial, acaba teniendo una naturaleza sorprendente y turbadora: es algo así como el amplificador de la conciencia humana, que devuelve como vivo lo que erróneamente se considera desaparecido para siempre.

Ésa -no dar miedo, como en las malas películas- es la función de los espectros. Son los mediadores entre la muerte y la vida. Para sus correrías los hombres formularon los mitos y, por supuesto, también el arte que, en última instancia, tiene la misma misión que el planeta de agua: hacer soportable la espera y enviar inesperados huéspedes de vez en cuando.

Es cierto que todo esto se ve más claro en una fecha tan señalada como la del Día de Difuntos. Me acuerdo de que una vez, de niño, le pregunté a mi tía abuela, quien quería que la acompañara al cementerio, para qué servían los muertos, una pregunta, por otro lado, muy propia de nuestro presente. La mujer, fuera porque era medio sorda, fuera porque era realmente hermética, tenía fama de dar respuestas crípticas, algo así como una heredera de la pitonisa de Delfos. Contestó, más o menos: los muertos sirven para que los vivos vivan. Supongo que entonces me sonó a galimatías. ¡Pero tenía razón!

El País, 14/11/2010

[Publicado el 17/12/2010 a las 06:30]

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Comentarios (10)

  • Me, si no tienes inconveniente, me gustaria visitar tu blog pero, no sé por donde..

    Comentado por: sila el 20/12/2010 a las 14:28

  • Querido profesor: ayer he viajado escuchándolo en mi coche y el deleite ha sido el habitual, parece que el mundo recupera las dimensiones pertinentes cuando lo convoca su precisa atención, plena de halos variopintos y aureas proporciones . En cambio, a mí, su más humilde alunmo, no me ha dicho siquiera si ha recibido el libro de relatos que yo le envié hace un
    año. No hace falta que le confíe hasta qué punto sería valioso para mí conocer su opinión, por más dura que fuere. el título de mi debut LECTURAS PARA DESCONFIADOS, yo José Monjardín Pompeu Fabra se lo mandé. Su más leal anmijo se despide desde Galicia con un fuerte abrazo.

    Comentado por: jose monjardin el 20/12/2010 a las 10:21

  • Soy la misma "me", que empezó aquí con "chiqui". Recuerdo tu seudónimo; me gustaría ahora volver a ver tus comentarios pero me deprime 'volver'. Cuánta razón llevas: lo que escribimos se parece más a nuestro espectro que a lo que somos. Leyendo "Visión desde el fondo del mar" así siento a su autor, como a un espectro. Para mí algo más verdadero que lo que somos en vida.
    A veces vuelvo a mis antiguos comentarios en mi propio blog, o incluso entradas, y no me reconozco. Sólo que están en mi blog y firmadas por mí...Me asombro de lo que escribí. Cuando escribo lo hago desde muy hondo, cuando me leo veo a otra persona que casi no reconozco.
    Gracias Sila.

    Comentado por: me el 19/12/2010 a las 23:45

  • Si algún día se decide a leer su propia obra, puede que él mismo se sorprenda y, hasta en cierto punto, no se llegue a reconocer del todo.

    ME, no estoy segura de que seas la misma ME de hace unos años, cuando queríamos saber a cerca del espectro de R.A
    y que tú (si eres la misma persona de entonces) y yo, nos imaginamos su espectro y escribimos sobre este.. Pues aquí lo tenemos en más o menos un kilo de libro que, filtrándolo (ya que el escritor puede añadir su particular porción ; dulce, agria, alucinógena, haciéndonos dudar de su total autenticidad) se puede llegar a identificicar bastante a este, su, ¨espectro¨. No estaría mal que, cada uno de nosotros hiciese un repaso del suyo propio y así, si llega el caso, darnos el correspondiente rapapolvos, si precisa.

    Comentado por: sila el 19/12/2010 a las 22:20

  • Qué sería de nosotros sin los espectros. Ellos son los actores necesarios de nuestros recuerdos. Y en ese mundo intangible y paralelo, de realidades propias, vive la memoria. La memoria es, por así decirlo, lo único que nos liga a la consciencia, al pasado y también al futuro, cuando éste puede ser además otra realidad.

    Si damos por hecho que un muerto es materia de recuerdo para los “vivos”, únicamente, su tía abuela sabía lo que decía. Y cuando uno medita demasiado, razona, reflexiona sobre lo que es o lo que no es, no hace sino evocar lo que le ronda: espectros. ¿Acaso no es eso real?

    Un saludo
    CB
    (Genial artículo, y añado otro libro a mi lista…)

    Comentado por: C.B. el 17/12/2010 a las 21:49

  • Hombre,fran, no creo que el último libro del señor Argullol se haya escrito con el fin de lograr algo de celebridad....pero, si así fuera,ello diría mucho de nuestro nivel intelectual.....
    Yo estoy con Amelia. No es una novela "al uso", ni tampoco una autobiografía en sentido estricto. Es algo muy personal, ciertamente. Avanzas, retrocedes, subrayas,te interesas más por unas páginas que por otras, y vuelves a leer unas cuantas que te han gustado especialmente. No tengo ninguna prisa en acabar de leerlo, como mi helado....

    Comentado por: escoin el 17/12/2010 a las 20:37

  • Sí, sirven para vivir, pero posiblemente de otro modo. Nos acostumbramos a la presencia de alguien, pensando que ese alguien será eterno...pero esto es también muy humano. Mientras nos comemos un helado, no estamos pensando en que se acabará. Disfrutamos, lo saboreamos. Lo contrario, sería masoquista y un tanto enfermizo. Nos gustaría eternizar esos instantes de plena felicidad, pero son demasiado efímeros (o así nos lo parecen, con el paso del tiempo). Tenemos, como humanos, la certeza de que la fiesta concluirá en algún momento, eso sí, pero el sentimiento de pérdida deja un poso. Ya no somos los mismos, simplemente. Viviremos la ausencia de formas diferentes: a unos, les incitará a ejercitar su creatividad; a otros, la ausencia puede enseñarles a vivir de otra manera. Cada cual es amo de sus sentimientos, y de las respuestas a esos sentimientos.
    Vivamos, querida Lesbia, y que nos importen un bledo las habladurías de los viejos demasiado estrictos....
    En ese vivir, debemos ser nuestros auténticos protagonistas.Esa valentía nos pertenece.
    Desconfío de los manuales llamados de autoayuda...¡como si la vida se asemejara a las recetas de cocina!

    Comentado por: escoin el 17/12/2010 a las 20:02

  • Es una opinión.
    No creo que sea un ladrillo.Si lo es,es un ladrillo bastante sólido y atractivo, nada pesado. Quieres volver a él.Un libro muy personal, arriesgado ,atrevido , sincero, diferente ...
    Me parece estupendo que como creador se haya atrevido ha hacer algo así. Y no tiene por qué gustar a todo el mundo, evidentemente.Otra opinión

    Comentado por: Amelia el 17/12/2010 a las 19:47

  • Posiblemente este no sea el sitio ni el momento, pero no encuentro otro. A cuento de " Visión desde el fondo del mar": Un ladrillo de 1200 páginas que se podrían haber escrito en 20.
    Ionesco escribe: "La característica de la biografía de los hombres célebres es que han querido ser célebres. La característica de la biografía de todos los hombres es que no han querido o no han pensado es ser hombres célebres. (....) Un hombre célebre es asqueroso..."

    Comentado por: fran el 17/12/2010 a las 17:36

  • Sin los muertos no tendríamos pasado. De hecho, ni existiríamos.

    Comentado por: me el 17/12/2010 a las 15:46

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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