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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 23 de noviembre de 2017

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

Nabokov y su Lolita

 

Advierto de entrada que se trata de un libro de apenas 70 páginas, pero advierto asimismo que se trata de un libro-trampa  que actúa a la manera de las bombas de fragmentación y lo explico: a las pocas páginas de iniciada la lectura uno siente que el deseo se le empieza a disparar en todas direcciones. Nina Berberova es una lectora imaginativa y con una potente capacidad de sugestión y aparte de ir saltando de un tema a otro dentro de una misma novela puede saltar de unas novelas a otras de un mismo autor (en este caso, claro, Nabokov), pero también a las novelas de otros autores, contemporáneos o no. Y lo hace mediante indicaciones precisas y casi como de pasada. Hablando de una técnica narrativa que ella denomina "apertura de las compuertas del subconsciente", cree detectar rudimentos de dicha técnica en Cervantes, Sterne y Dostoievski, pero de pronto, y casi como de reojo, afirma. "El ejemplo más próximo a nosotros es el proceso mental de Ana Karenina durante su último trayecto en calesa con el inolvidable episodio del "peluquero Tiutkin"". ¿Inolvidable?, se pregunta el lector mientras, abriendo las compuestas de su propia memoria, trata de recordar si el viejo ejemplar de Ana Karenina sigue en la estantería o si figura entre la lista de bajas provocada por el último (e inútil) intento de ganar el espacio vital perdido frente a los libros. Poco a poco, y según vayan siendo citados los libros de unos y otros, las notas mentales de alerta, o la lista de libros a comprar, se irá incrementado sin cesar porque, como digo, Nina Berberova habla de literatura con la misma soltura y conocimiento de causa con las que Ángel Nieto habla de motos. Y si hace falta una notable presencia de ánimo para no cerrar el libro de la Berberova y salir corriendo a buscar el ejemplar de Lolita, al poco rato la cosa se complica notoriamente  porque, además de Lolita, uno siente la ineludible urgencia de reunir toda la obra de Nabokov y comprobar libro por libro las continuas sugerencias y observaciones que se hacen de él.  Se da la circunstancia de que, además de una extraordinaria lectora, Nina Berberova  nació en San Petersburgo por los mismos años y a sólo unas pocas calles de distancia de donde nació Nabokov, por lo que además de unas experiencias vitales muy similares (el mismo entorno familiar y cultural, exilio forzoso casi simultáneo, peregrinaje de unas naciones a otras por culpa de la II Guerra Mundial, etc) ambos llevaron una trayectoria profesional muy parecida hasta que, a raíz de Lolita, Nabokov pasó a ser considerado un genio universal. Ella, mientras tanto, permaneció siendo una oscura emigrada que únicamente escribía en ruso hasta que, a la edad de 88 años, le llegó la fama. Su conocimiento de la obra de Nabokov - y de la mejor literatura contemporánea - le permite hacer unas vertiginosas lecturas transversales en las que, por ejemplo, pasa sin solución de continuidad del tema del doble en Nabokov a la comicidad en Dostoievski, todo ello salpicado de afirmaciones como: "Nabokov pertenece a una generación para la que ya no hay fronteras entre Aristófanes y Sófocles, así como tampoco entre Anouilh, Stravinsky y Miró". Y sin dejar tiempo al lector a recuperar el resuello, unas pocas páginas más allá, hablando del carácter ilusorio y absurdo del mundo en Nabokov, ofrece  esta cita de El ojo: "La persona que decide pone fin a sus días se encuentra perfectamente apartada de los asuntos mundanales. Sentarse a redactar su testamento en esos momentos sería un acto tan absurdo  como ponerse a darle cuerda al reloj...". Pero ser un buen lector consiste en tener un ojo capaz de encontrar sin hacer aspavientos el ejemplo que mejor ilustra lo que se está afirmando.

Y que es, justamente, lo que le falta a Hubert Nyssen, autor del epílogo que tan tristemente cierra este librito. Nyssen era el  editor del Actes Sud cuando cayó en sus manos una traducción de La acompañante, de la que era autora una tal Nina Berberova. Es lógico y comprensible que Nyssen se atribuya el mérito de haber visto de inmediato la calidad de ese relato y que, además de publicarlo con gran éxito, a partir de ahí estableciese una estrecha relación con la autora, de la que poco a poco iría publicando el resto de su obra. Pero, sean cuales sean sus méritos reales como editor (puesto a resaltar  la casi milagrosa recuperación para el mundo de aquella oscura anciana emigrada, Nyssen se guarda muy mucho de mencionar que en gran parte el éxito se debió a la atención que le prestó en Estados Unidos alguien editorialmente tan inverosímil como Jacqueline Kennedy Onassis) lo evidente es que fue un pésimo lector. Porque hace falta ser tosco para deducir que Nina Berberova, al hablar de Nabokov y su Lolita, en realidad se estaba quejando de su propia suerte y reivindicaba su derecho a la fama y el reconocimiento. Que mucho Nabokov, mucho Nabokov y para ella, nada.

 Y qué. En el caso de que así fuera (y no lo es en absoluto) sería la forma de reivindicarse más elegante, culta y creativa que jamás haya hecho alguien  que se sabe injustamente tratado por la vida.

 

Nabokov y su Lolita

Nina Berberova

La Compañía

[Publicado el 27/9/2010 a las 10:22]

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Comentarios (1)

  • Excelente. Berberova es toda una prueba de que escribir es un acto libertad.

    Comentado por: Ifigenia el 30/9/2010 a las 14:46

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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