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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 4 de abril de 2020

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

Memorias

 

La primera y más urgente precisión  que exigen estas Memorias es que son  "un tolstoi" genuino, es decir, que no se trata del clásico producto rescatado de un cajón para rentabilizar la fama adquirida posteriormente por el autor. Lejos de ello, cuando el primer libro, Infancia, apareció por entregas en la revista Sovremennik (1852), Tolstoi alcanzó una notoriedad dentro y fuera de Rusia que luego se vería confirmada por los dos libros siguientes, Adolescencia (1854) y Juventud (1857).

No obstante, y aun siendo "un tolstoi" genuino, cabe otra precisión: el libro va ganando en intensidad según pasan los años rememorados, pues Infancia resulta un tanto edulcorada  debido a que rezuma una sentimentalidad algo llorona y que parece consustancial a la literatura rusa, pues la encuentras en Turgueniev y Chejov, pero  también el alguien tan inesperado como Dostoiewski. Según crece el narrador, y pasa de la adolescencia a la juventud, la naturaleza de los conflictos que se le plantean y las repercusiones de éstos en sus opciones vitales hacen que el relato tenga cada vez más fundamento. Y se pñarezca más al Tolstoi que uno espera en contrar.

De todas formas, lo que más llama la atención de esta obra primeriza es la compleja operación que lleva a cabo Tolstoi porque, pera empezar, el narrador en primera persona se llama Nicolas Petrovitch Irteneff, y las vicisitudes que cuenta se parecen bastante a las experiencias vitales de quien firma el libro, aunque como bien señalan sus biógrafos, las diferencias son muchas y muy significativas. Es más: el propio Tolstoi las tacharía años después de "insinceras" y de ser "una burda confusión de verdad y mentira". Pero justamente ahí reside uno de los aspectos más interesantes de este libro porque atañe a la (obligada) manipulación que lleva a cabo todo autor para convertir en material literario su propia experiencia vital. Justamente porque Tolstoi es uno de los grandes de la literatura mundial y su vida ha sido escudriñada hasta la saciedad, es posible seguir casi día a día los cambios y silencios que se perciben en las Memorias.  El Tolstoi real no llegó a conocer a su madre (muerta de parto cuando él tenía dos años) y en cambio asistió de niño a las muertes sucesivas de su padre, su abuela y la tía Aline, que fueron quienes se hicieron cargo de los cuatro hermanos cuando se quedaron sin madre. Nada de todo ello juega un papel importante en la vida de Nicolas Irteneff, a juzgar por cómo da cuenta de ello en sus memorias.  Y una vez alcanzada la juventud, la selección de material es aún más notoria, pues en el momento de ponerse a remedar unas memorias Tolstoi contaba ya 24 años y había llevado la vida turbulenta de los universitarios de la época, caracterizada por el consumo inmoderado de alcohol, las ingentes deudas de juego y la inevitable enfermedad venérea contraída durante alguna de las incontables visitas a los burdeles. Cansado de todo ello, se había refugiado en la finca familiar de Yásnaya Poliana, donde llevaba "una vida de total embrutecimiento" de la que fue rescatado por su hermano Nicolas, oficial del ejército y que se lo llevó consigo a la guerra de Crimea. Leyendo estas Memorias nadie diría  que  el autor real había vivido unas experiencias bélicas tan brutales como para impulsarle a escribir un relato, "El ataque" (1852), que debido a su crudeza fue publicado severamente censurado. La memoria de aquellos sucesos le impulsaría a regresar a ellos más de cincuenta años después para escribir Hadji Murad (1904), una novela que impresionó grandemente a Wittgenstein y que todavía hoy permite entender la raíz de la tragedia que, cada uno a su manera, están viviendo rusos y chechenos. Asimismo, aquellas experiencias bélicas  le permitirían escribir Relatos de Sebastopol (1855-1856, escritos por lo tanto mientras redactaba Juventud), de la misma forma que en 1863, y para pagar las pesadas deudas contraídas jugando al billar, volvería a la memoria bélica para escribir Los cosacos (1863)  en la que cobra una importancia especial la figura de Márenka, una joven cosaca a la que Tolstoi conoció en el balneario donde se había refugiado para escribir Infancia.

            De todo ello, la única alusión perceptible en las memorias tiene lugar en el último capítulo de Juventud, significativamente titulado "Mi desgracia": tras un desastroso examen, Nicolás  Petrovitch Irteneff se siente tan abochornado que por un momento especula con la posibilidad de pedir el permiso paterno para intervenir en la guerra de Crimea. Pero casi de inmediato rectifica y decide seguir estudiando.

Los que tanto gustan de identificar escritura y vida tienen en estas Memorias un ejemplo que les hará reflexionar sobre las artimañas y los trucos perceptibles incluso en un escritor tan irreprochablemente comprometido con la literatura como fue Tolstoi.

 

Memorias

Liev N. Tolstoi

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[Publicado el 07/9/2010 a las 09:45]

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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