Destellos de vida

Destellos de vida
Stefan y Friederike Zweig fueron amantes durante más de treinta años y sólo al final, cuando la vida ya le tenía acorralado, el famoso escritor consintió en casarse (por lo civil) con su compañera de toda la vida.
Obviamente, una convivencia tan prolongada con uno de los escritores europeos más admirados y leídos durante la primera mitad del siglo XX, permitió a Friederike Zweig entrar en contacto con lo más granado de las letras y la cultura de aquella época. En algunos casos (sobre todo Romain Rolland y Joseph Roth), el afecto es mutuo y la relación prosigue al margen de Stefan Zweig. Con Thomas Mann, por el contrario, la falta de afecto es evidente y así seguirá hasta el final. Otros, como Albert Schweitzer, Albert Einsten, o Máximo Gorki son unos pocos de los muchos personajes de primera fila con los que trató el matrimonio Zweig y de los cuales Friederike ofrece unos relatos interesantes, fundamentalmente porque son de primera mano.
Sin embargo, el relato de la intensa vida social de los Zweig no es el aspecto más interesante de este libro que poco a poco se va convirtiendo en una crónica sobre un mundo que a principios de siglo era un paraíso lleno de lujos y privilegios para las cultas, refinadas y muy adineradas clases medias europeas. Pero que no iba a poder oponer resistencia a las sucesivas dentelladas que irá sufriendo: la Primera Guerra Mundial y la desaparición del Imperio Austrohúngaro; la Revolución rusa y la expansión de los movimientos revolucionarios; el recurso al fascismo para controlar a las masas obreras con la (falsa) convicción de que después será posible controlar al fascismo; emergencia de nuevas clases medias que lejos de reflejarse en los ideales que identificaban a la generación de los Rolland, Zweig, Roth y compañía, los atacaban con ferocidad preconizando el fin de todo ello.
La progresiva desaparición de las propiedades materiales y espirituales no se detendrá ni siquiera cuando a los otrora privilegiados ya no les quede más que la última y más irrenunciable de sus obligaciones: salvar la vida. Stefan Zweig, ya separado de Friederike y ahora sentimentalmente unido a "una muchacha enfermiza, treinta años más joven que él y que en lugar de ofrecer seguridad la exige" (según palabras de la ex esposa) tratará inútilmente de buscar un refugio en Brasil y al no encontrarlo recurrirá como solución a la dignidad y se suicidará en compañía de su joven compañera.
Al hablar de "crónica" se impone el calificativo de "doméstica", pues, curiosamente, este libro podría haberlo escrito un ama de casa que luchó lo indecible por crear un hogar en el que cupiesen y estuviesen a gusto todos sus integrantes. El problema para la abnegada y resolutiva Friederike era que ni la época ni los integrantes del susodicho "hogar" ser mostraron propicios a sus empeños. Respecto a la primera, la época, queda dicho que en Europa se estaba produciendo un cataclismo y, como reflejo del mismo en el libro, cada vez resultará más difícil encontrar casas baratas, las autoridades ya no permitirán que el dinero vaya de aquí para allá con la liberalidad de antes e incluso los permisos de residencia se irán viendo progresivamente restringidos en nombre de la obligatoriedad de prestar servicios militares o sociales a la patria. En este sentido, la imagen de Rilke "disfrazado" de militar es impagable.
Y en cuanto a lo segundo, los integrantes del hogar tampoco le daban facilidades al ama de casa, la cual tenía ya dos niñas cuando conoció a Stefan Zweig y, por decirlo en palabras de la propia Friederike, "perdió la cotidianidad" con él. Dado que el afamado escritor era poco dado a los lazos matrimoniales y la exclusivas sentimentales (dice ella en su diario: "Stefan me ha nombrado hoy su "conejilla mayor" permanente. No pido más: que disfrute de vez en cuando con las conejillas menores [...] siempre que yo siga siendo la conejilla mayor").
El hogar ideal, por tanto, debía tener un espacio independiente para que el conejo alfa pudiera consumar tranquilamente sus afanes literarios y sus ardores copulativos; otro espacio en el que pudiesen llevar una vida ordenada y sana las dos niñas con la institutriz, la niñera y el restante personal de servicio; y un tercer espacio para que el ama de casa, si no estaba desarrollando con su augusto esposo una intensa vida social por los balnearios y festivales de música y teatros de medio Europa, pudiese sacar adelante su propia carrera litería. Que semejante montaje le durase más de treinta años, y que Friederike aún tuviese arrestos para montarse una segunda vida en Estados Unidos con sus hijas y los maridos de éstas habla suficientemente en su favor.
Decir, finalmente, que el "tono ama de casa" parece fruto de una elección deliberada, o de una firme voluntad de no escribir el tipo de libro que hubiese escrito su "adorado" Zweig.
Destellos de vida
Memorias
Friederike Zweig
Papel de liar
[Publicado el 09/12/2009 a las 11:11]
Pues a mi, por el contrario, me perece interesantísimo este libro del que nos hablas. Es la primera vez que entro en este blog,y me gustaría felicitarte por esta reseña.
Al mismo tiempo, desearía saber más datos del libro, fecha y lugar de publicación, la editorial no me suena de nada, ¿donde se puede encontrar? Porque me intereresarçía enormemente conseguirlo. Te agradeceré que me informes de esos datos,
Un saludo,
Comentado por: Ariodante el 01/1/2010 a las 12:12
¿Cómo sabe, amigo de Castro, que Stephan fuera más mundano que Friederike, simplemente por ser escritor afamado? Peñazo de escritor, por cierto, en mi modesta lectura del susodicho. Si así fue, imagino que sería como los Vargas Llosa, Fuentes, todos esos cortesanos que tanto figuran y tan poco escriben. Perdone la digresión; es que SZ me cae gordo.
Comentado por: LaVingen el 21/12/2009 a las 17:42
Comentado por: juandiezdelcorral el 11/12/2009 a las 11:21
Comentado por: Luchino el 11/12/2009 a las 10:45
Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial Bruguera, Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.
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