El ruido eterno

El ruido eterno
La traducción castellana del título original (The rest is noise se ha convertido en El ruido eterno) resulta algo abstracta, pero en cambio el subtítulo no puede expresar mejor el contenido del libro: "Escuchar al siglo XX a través de su música".
El autor, Alex Ross, es un conocido crítico musical estadounidense, antiguo columnista del New York Times y actual colaborador de The New Yorker. Ahora mismo, mientras escribo, tengo en la pantalla un larguísimo articulo suyo, correspondiente al pasado 10 de agosto y titulado "Te infinite playlist" en el que da pistas acerca de las mejores páginas web para escuchar música clásica. También en su libro ofrece una página (http://www.therestisnoise/) a la que el lector puede acudir cada vez que en el texto se dice algo en exceso enrevesado para quien no sabe música, y pongo un ejemplo. En la página 215 de la edición española, al hablar del arranque de la Quinta sinfonía de Sibelius, dice Alex Ross: "... las trompas presentan un tema suavemente resplandeciente, cuyas primeras notas explicitan una serie simétrica de intervalos, a la manera de una mariposa: cuarta, segunda mayor, cuarta de nuevo...". Si el lector ha tenido la precaución de ir leyendo el texto con el ordenador bien a mano, al llegar aquí puede ir a la página web antes mencionada y escuchar el ejemplo musical correspondiente al pasaje en cuestión.
Pero la verdadera cuestión es: el lector que no sabe música, ¿se hará ahora una idea de lo que es una serie asimétrica realizada a base de intervalos que pasan de cuarta a segunda mayor, y de ahí a cuarta otra vez? Y ya puestos: ¿de verdad quiere decir algo que las trompas presentan un tema suavemente resplandeciente, a la manera de una mariposa?
Por descontado que en un libro de más de seiscientas páginas, y en el que se habla de centenares de músicos y músicas - incluyendo algunos de los compositores y composiciones más complejos del siglo XX - hay montones de afirmaciones tan vistosas como la anterior, y pongo otro ejemplo: en la página 25, al hablar de Salomé, de Richard Strauss, dice: "Tras habernos perturbado con insólitas disonancias, Strauss nos perturba ahora con sencillos acordes de goce necrofílico".
Este libro está siendo un fenómeno editorial en el mundo entero. Y en principio no parece muy sensato dar por sentado que, entre lo muchos millones de personas que lo han comprado, la mitad sortea sin problemas un pasaje en el que se hable del tritono (ese intervalo o semitono que separa las notas Do sostenido y Sol, más pequeño que la quinta justa y que, por provocar vibraciones incómodas en los oídos humanos, ha sido bautizado por los estudiosos como diabolus in música), mientras que la otra mitad no necesita preguntarse el significado de "dos notas chorreado como la sangre sobre el mármol" ( p.77), o que, leyendo el pasaje dedicado a Salomé, es capaz de identificar en su propia experiencia sensorial, qué es un goce necrofílico. Port lo tanto: si cabe la posibilidad de que las personas avezadas en técnica musical se sientan ofendidas por las descripciones metafóricas, y si los analfabetos del pentagrama seguramente van a perderse cuando Ross no tenga más remedio que dejarse de circunloquios y hablar de técnica, cabe preguntarse el porqué de su éxito en todo el mundo.
Si he de responder a botepronto, no me cabe la menor duda de que gran parte de su atractivo residen en el desbordante entusiasmo que transmite Alex Ross al hablar de música. En segundo lugar, su conocimiento de aquello de lo que habla: ofrece una avalancha de información, tanto a nivel anecdótico como histórico y testimonial, y ante la imposibilidad de retener tal cantidad de datos (algunos fundamentales) no hay más remedio que dejar el ejemplar bien a la vista y consultarlo de cuando en cuando. Y en tercer lugar, si el libro se lee con toda facilidad e interés es debido a la sorprendente capacidad narrativa de Ross.
En resumen: se trata de un libro que desborda entusiasmo y que está firmado por alguien que además de saber acerca de lo que habla, escribe bien. Es decir, un milagro. Y todo ello con el mérito añadido de estar refiriéndose todo el rato a la música clásica del siglo XX, "ese confuso pandemónium situado en el extrarradio de la cultura, según descripción del propio Ross.
El ruido eterno
Alex Ross
Seix Barral
[Publicado el 02/12/2009 a las 08:11]
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Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial Bruguera, Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.
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