"Guapo" y sus isótopos

"Guapo" y sus isótopos
La frase inicial no puede ser más explícita acerca de qué va este libro. Pues dice:"Algunas veces no hay manera de dar una explicación precisa de la razón que rige la constitución de una determinada familia de palabras en nombre de una unidad de significación [...] ni menos aún de qué condiciones del significar son las que obran en semejante agrupación [...]". Por si fuera poco, aun sin conocer la explicación que rige la constitución de una determinada familia de palabras, dicha familia es reconocida y aceptada en público consenso y, al menos en sus términos centrales, sin vacilación alguna.
Recurriendo al benéfico y socorrido ejemplo, se considera que "bueno" y "bondadoso" son "afines", como también lo son "amable" y "bondadoso". Y sin embargo, la expresión "amable y bondadoso" se escucha sin estridencia alguna, mientras que, en cambio, si se unen los otros dos términos también afines, "bueno y bondadoso", se produce un rechazo. O por decirlo como se dice en el libro "salta la repulsión".
Lo mismo ocurre con la familia de palabras que da origen a lo que se investiga en este libro: se empieza con la palabra "guapo" y luego se van añadiendo "lindo", "bonito"., etc. Y cuando se empiezan a combinar entre sí, resulta que expresiones como "el niño es guapo y lindo" o "el niño es lindo y bonito" suenan estridentes, con la particularidad de que esa estridencia no remite a una explicación gramatical ni tampoco a una explicación lógico-conceptual precisa. La estridencia se sitúa en tierra de nadie, una vez pasados los controles de frontera de la jurisdicción gramatical.
Resulta innecesario insistir en que todo lo dicho es un escándalo y se entiende que, allá por los años sesenta y setenta del siglo pasado, espíritus inconformistas y algo irreverentes como Rafael Sánchez Ferlosio y Agustín García Calvo aquí, pero también Roland Barthes o Noam Chomsky y tantísimos otros por doquier, decidieran estudiar más a fondo la causa última de tantas y tan intrigantes inconsistencias como se detectan en el habla cotidiana..
La suya fue una aventura emocionante y arriesgada. Ellos mismos, desde el primer momento, pusieron de manifiesto el grave inconveniente que implicaba para su trabajo el hecho de que el objeto a investigar y la herramienta utilizada para llevar a cabo la investigación, eran la misma cosa, la lengua. Y sus enemigos, o al menos los más escépticos, no tardaron en señalar otra grave falla inherente a lo que los lingüistas hacían, pues según y cómo podría parecer que, por decirlo con la misma discreción y modestia que se dice en este libro, estuviesen tratando de adentrarse en esa tierra de nadie que surge una vez dejados atrás los controles de frontera de la jurisdicción gramatical. ¿Para qué? También se dice sin ambages al principio de este libro: "Para dar explicación precisa de la razón que rige...etc.".
Como he dicho, fue una aventura emocionante y arriesgada. Todavía no se ha terminado y aunque los lingüistas ya no reciben tanta atención mediática como antes (pienso por ejemplo en los ya mencionados Barthes y Chomsky siendo entrevistados en programas de televisión de máxima audiencia), nadie asegura que un día [los lingüistas] no vayan a salir otra vez a la palestra para anunciar que han dejado atrás la última frontera y que la ley ya impera en el universo entero. Por qué no.
"Guapo" y sus isótopos fue escrito en 1970 y pertenece a la época en que Rafael Sánchez Ferlosio se encerró en su casa para reflexionar sobre la lengua. Se dice que desde entonces guarda docenas de cuadernos escritos a mano que - confiemos en ello - irán saliendo a la luz en su debido momento. Pero quede claro que se trata de una investigación lingüística pura y dura, sin concesiones ni treguas. Los buenos lectores de Rafael Sánchez Ferlosio saben bien que siguiendo el discurrir de su prosa - lenta, reflexiva y conceptualmente compleja, o sea, lo que podría definirse como una escritura para adultos - de cuando en cuando surgen joyas que deslumbran por su sencillez y su potencia narrativa. Creo innecesario recurrir una vez más al pasaje de la noria en El testimonio de Yarfoz o a la lección de humildad que recibe el príncipe Nébride, que se las echa de agrimensor, a manos del hijo del fiel Yarfoz, pues él si que es un agrimensor de verdad. O las docenas de ejemplos que se podrían entresacar de sus trabajos de ensayo. Para bien y para mal este es un libro científico y no hay joyas ni excursos narrativos. En cambio si hay algo que distingue a las restantes obras de Rafael Sánchez Ferlosio, y es la posibilidad de asistir al espectáculo emocionante de una inteligencia desplegando toda su potencia en busca del concepto cuya falta de explicación da motivo a toda esta investigación acerca de una palabra como guapo, de la que el común de los mortales apenas si tendríamos nada que decir.
"Guapo" y sus isótopos
Rafael Sánchez Ferlosio
Destino
[Publicado el 24/11/2009 a las 06:26]
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Pues Javier, espero que tu si que hayas comprendido el significado de la primera frase del libro, por que lo que es yo, no me enteré de nada. En otro comentario en este blog, casi se me tildan de analfabeto, de forma sibelina claro, al no haber entendido muy bien la reflexión del autor, yo creía que iba de esperanza. si yo, que modesto poeta, que llevo cuarenta años escribiendo, o mal escribiendo no lo se; algún que otro libro a mis espaldas, no me entero de nada, y lo digo con toda la humildad, qué puede pensar un profano en estos mundos literarios cuando entre por aquí? Te lo digo con la mayor humidad del mundo, me siento un analfabeto en el boomerang. Este tipo de literatura y reflexionres para quien van encaminadas? Lo gracioso del caso, es que a veces entra gente, entra al trapo, dándo argumentos, debatiendo y reflexionando ante lo que nadie entiende, o alguien lo entiende de verdad?
Comentado por: Abelardo Martínez el 29/11/2009 a las 01:06
Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial Bruguera, Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.
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