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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 1 de junio de 2020

 Javier Fernández de Castro

El hombre que amaba a los perros

 

El hombre que amaba  a los perros

La historia es de por sí compleja, pues abarca los últimos años de la trayectoria política y vital de  Liev Davídovich Bronstein, más conocido como Trotski, y las circunstancias biográficas de un supuesto sicario de origen belga y llamado Jacques Mornard, aunque luego se sabría que se trataba de un joven barcelonés de nombre Ramón Mercader. Por lo tanto, y con sólo leer la sinopsis argumental, el lector ya sabe que se va a enfrentarse a una gran parte de la historia del siglo XX, contada además desde la perspectiva del comunismo soviético y, más concretamente, de la siniestra figura de Stalin. Las luchas por el control de la gran maquinaria estatal soviética y del movimiento obrero internacional. La pérdida progresiva de la batalla por parte de la opción trotskista y la progresiva insania de un Stalin que va atravesando todas las etapas de la más vil perversión del movimiento revolucionario. Desde la eliminación de los contendientes políticos mediante el destierro (primera etapa de la derrota de Ttrotski) a la eliminación física de dichos contendientes mediante asesinos a sueldo (etapa final de la derrota de Trotski) todo ello acompañado de unos métodos cada vez más sutiles en la aplicación masiva del terror: esta estupendamente descrito en la novela cómo descubre Stalin que la manera de quebrar a la mitad de sus oponentes consiste en forzarles a reconocer públicamente los peores crímenes y conspiraciones, aunque no tardará en descubrir que la forma más inmediata y eficaz de eliminar a la otra mitad de sus oponentes consiste en forzarlos a ser acusadores y verdugos de la primera mitad en trance de ser eliminada.  Y qué decir de la  figura del presidente de una de las repúblicas soviéticas cuya esposa es enviada a un gulag acusada de ser una judía conspiradora...

            O sea: no es una tapa fácil de contar y encima Leonardo Padura ha elegido una técnica narrativa no menos compleja. De entrada hay un narrador en primera persona al que no hay que confundir con el firmante del libro pues se llama Iván Cárdenas y es un veterinario al cargo de una clínica de ínfima categoría. Este Iván ha escuchado de labios de un exilado español oculto tras un nombre falso el relato de los últimos días de Trotski y las circunstancias de su muerte. Obsesionado por esa historia, y  aunque le aterran las consecuencias de lo que hace, opta por reflejar en un manuscrito las confesiones del exilado en el que no cuesta mucho reconocer  a un Ramón Mercader liberado de la URSS por estar enfermo de un cáncer terminal y al que le ha sido permitido instalarse en Cuba para que pase en paz sus últimos días.

            Sin embargo, este libro titulado El hombre que amaba a los perros no es la transcripción de los últimos días de Trotski  realizada por el tal Iván Cárdenas, pues éste le cede el manuscrito a su amigo Daniel Fonseca Ledesma, que lo lee y luego lo destruye como queriéndose desvincular de una historia siniestra, plagada de traiciones, debilidades y miserias pero que se resiste a morir porque ella (la historia) va pasando de unos a otros en un decidido empeño por sobrevivir y salir a la luz para ser conocida por todos.  Como si ella tuviese voluntad propia y se impusiese a la voluntad de quienes la escuchan y les obligase a contarla, aunque sea lo último que hagan en su vida.

            Pero debe quedar muy claro si este intento mío de exponer la técnica narrativa utilizada por Leonardo Padura invita a pensar que se trata de una novela confusa, farragosa o, lo que sería peor, difícil  de leer, la responsabilidad es sólo mía. Padura es un narrador de largo aliento y sabe situar al lector en el tiempo, el espacio y la perspectiva de quien habla en cada momento, y la historia que narra es de por sí lo bastante apasionante como para que no decaiga el interés. Y eso que son quinientas y pico páginas de prosa apretada y sin apenas diálogos. 

 

 

 

El hombre que amaba  a los perros

Leonardo Padura

Tusquets

 

[Publicado el 13/10/2009 a las 15:22]

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Comentarios (8)

  • Javier como siempre el maestro de la palabra

    Comentado por: festa bailarina el 20/9/2015 a las 18:28

  • De la mejores novelas que lei los últimos años. No queria terminarla, me incentivo a buscar biblio y novelas sobre los personajes históricos, que encontré: sobre la vida de Africa y Caridad. Aún busco sobre Andrés Nin y otros. Inolvidable. La recomiendo. Y soy exigente

    Comentado por: Marisa el 10/5/2015 a las 00:18

  • En esta novela no es dificil darse cuenta de cierta intencionalidad comparativa distanciada solamente por lustro y medio. Aunque se pretendíó eliminar el mal causado, el virus nos alcanzó inevitablemente.

    Comentado por: anthony el 09/5/2014 a las 13:52

  • Sentí un alivio de lectora al ver que en El hombre que amaba a los perros no utilizaba esa enorme cantidad de adjetivos que invaden los párrafos de sus novelas anteriores, que además son repetitivos hasta el cansancio. Algunos, incluso, no tienen ningún significado.

    Si bien este libro es muy interesante y posiblemente muy útil para quienes no supieran sobre la eliminación de Stalin de la vanguardia bolchevique y como se fueron construyendo las direcciones de los partidos comunistas en esa época, ni sobre el entramado del asesinato de Trotsky, considero que es repetitivo, no en adjetivos esta vez, pero si en situaciones y pensamientos reiterados hasta el hartazgo. Y me falta poco para terminarlo...

    Luego del inicio, pierde fuerza y sin duda podría haber sido más corto para mantener el interés y el impacto de la historia.

    Comentado por: Elsa el 31/5/2013 a las 18:27

  • No era el presidente de una república soviética, era ¡el presidente de la Unión Soviética!, que tiene mayor miga. La novela me ha gustado mucho, es compleja y sencilla a la vez, tiene tensión a pesar de que todo el mundo sabe cómo acaba y la historia de Iván es emocionante en el sentido estricto del término: la vida de alguien condenado a vivir entre el miedo y la compasión, como tantas víctimas del comunismo o de otras muchas dictaduras de izquierdas o de derechas. Quizá, por hacer una crítica menor, la extensión de la vida de Trotski o de Mercader es mucho mayor que la de Iván, aunque la de este es tanto o más interesante que la de aquellos. La parte de Trotski es más artificial cuando se pone histórica, y algunos personajes cercanos a Mercader (como Caridad o África) están, a mi humilde entender, mal resueltos. Pero son críticas menores. Es un libro de los grandes, de lo mejor que he leído últimamente. De hecho ya lo he regalado, antes incluso de acabarlo: la mejor señal de que me ha entusiasmado.

    Comentado por: Tx. el 30/8/2011 a las 00:47

  • El inicio es realmente prometedor, a la altura del título y de la emocionante sinopsis de contraportada. Ahora estoy en la parte de la historia de la madre de Ramón Mercader y tengo miedo de que todo haya sido un bluf y de que mis expectativas no se vean cumplidas. La manera como se cuenta la compleja trayectoria de Caridad no me parece verosímil ni se profundiza en los personajes de manera que el lector pueda entender la cantidad de acciones y reacciones que se suceden y que son difíciles de diregir. Aún estoy en las primeras páginas y puede (espero) que el trazo grueso se afine.

    Comentado por: Marian el 27/12/2009 a las 18:27

  • Pues le agradezco la reflexión. Estoy empezando la novela y, de entrada, me ha atrapado. Veremos si es así hasta el final. Debo decir que hasta ahora, Leonardo Padura, nunca me decepcionó, ni en novelas menores ni mayores, como fue para mí 'La novela de mi vida', a pesar de la utilización de la preposición 'por' de forma poco adecuada al decir de Elena. Seguramente el estilo no sea excesivamente depurado, pero hay veces que el gozo, el placer que ofrece el relato, la manera excelente de ensamblar historias, espacios y tiempos te hace olvidar de eso.
    Siempre he disfrutado leyendo a Leonardo Padura.

    Comentado por: estrella el 04/11/2009 a las 08:56

  • Tengo miedo de comenzar otra novela de Leonardo Padura porque cuando leí otra, «La novela de mi vida» (sobre el poeta cubano Heredia) el texto estuvo plagado de la preposición "por" para expresar la unidad de tiempo. Ejemplos: trabajé por dos horas; la busqué por unos minutos; la esperó por dos años, etc., etc.,etc. Era tan frecuente y torpe este uso que la lectura me irritó. Me imagino que este insistente "por" le viene del inglés y de la influencia que éste idioma tiene en su narrativa. Qué pena.

    Comentado por: Elena el 15/10/2009 a las 17:18

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

Edición alemana del libro Tiempo de beleño, Plaza&Janés, 1994 

 

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